Por Juan Aguilar*

Publicaba histéricamente Ambroz Evans-Pritchard en las páginas del Daily Telegraph, que la rebaja brusca de los precios "del oro negro» hundiría a Rusia exactamente igual como en tiempos de la Unión Soviética, olvidando lo lejana que está la actual Rusia de la de aquellos lúgubres días.

La Unión Soviética no pudo vencer realmente la caída de los ingresos de petróleo. La realidad es que, entonces, Arabia Saudí contribuyó al naufragio del imperio soviético al aumentar considerablemente la producción de petróleo de 2 hasta 10 millones de barriles por día en 1985. Sin duda, las sanciones actuales pueden dificultar el acceso de las firmas rusas a las tecnologías occidentales, influyendo  a fin de cuentas sobre los volúmenes de extracción del petróleo ruso. Pero para esto necesitan apretarse durante unos años, lo que es dudoso, tomando en consideración las pérdidas que actualmente tiene la UE. La reducción de la extracción del petróleo mundial y el refuerzo del crecimiento de la economía global pueden restablecer el equilibrio del mercado.

Al índice del mejoramiento de las perspectivas de Rusia sirve el crecimiento de su población por primera vez desde 1992. En realidad, a pesar de las sanciones, las finanzas del país están bastante estables. La deuda exterior de Rusia es de un total de 678 mil millones de dólares, lo que significa una reducción considerable en comparación con los 732 mil millones alcanzados a finales de 2013. Recordaremos, la deuda exterior de los EEUU ha superado los 6 billones de dólares, y crece constantemente. La habilidad desarrollada en el presupuesto ruso es alta, y el balance en las cuentas es positivo. En los acuerdos comerciales, Rusia ya se niega al uso del dólar. Incluso habiendo gastado 60 mil millones de dólares en apoyo a las compañías que tienen necesidad de liquidez en la divisa norteamericana, Rusia dispone todavía aproximadamente de 375 mil millones de dólares de reservas en divisas.

Aunque el crecimiento del PIB del país ha disminuido en comparación con el impresionante 4,25 por ciento alcanzado en 2012, se ha pronosticado incluso en esta situación un crecimiento del 1 por ciento, es decir no más bajo que el índice alcanzado en 2013. Irritado por las amenazas de la desconexión del SWIFT (sistema internacional de comunicaciones entre entidades financieras), Putin ha ordenado al Banco Central ruso comenzar la elaboración de un sistema de pagos nacional como alternativa. No podemos olvidar el proyecto «Águila Doble», que permite a los socios comerciales ajustar las cuentas del petróleo con el oro, lo que da la posibilidad de alejarse más del dólar.

Así que, puede ser que «las acciones locas» de Putin sean completamente lógicas en la realidad. Ya que Rusia no solo ha aumentado esencialmente la extracción minera de oro, sino que también ha doblado las reservas entre 2008 y 2014. (Ver: El jaque mate de Putin)

El presupuesto del Estado se había elaborado con un precio del petróleo a 96 dólares por barril. La caída por debajo de 70 dólares, claro, es dolorosa, pero Rusia puede afrontarlo. Serán reducidos algunos gastos y nada más. Además, la bajada de precio al petróleo es compensada por la caída del rublo con respecto al dólar. Las compañías petroleras rusas reciben los pagos en dólares por la exportación, pero dentro del país gastan en rublos. Esto significa que sus finanzas no sufren y el estado no se encontrará con una caída aguda de los ingresos en los impuestos. La extracción del petróleo en septiembre ha crecido hasta 10,6 millones de barriles por día; la exportación diaria rusa supera ya los 8 millones de barriles y suponen el 15 por ciento de todo el petróleo que se comercializa en el mercado mundial.

Por extraño que parezca, las sanciones de Obama pueden suponer para los EEUU un daño mayor que para Rusia. Si Rusia aumenta la extracción del petróleo para compensar la caída de los ingresos, los precios del petróleo bajarán aún más. Y la primera víctima de esto será la extracción de petróleo de esquisto. El petróleo fracking de los EEUU saldría más caro que la extracción tradicional de Rusia o Arabia Saudí, y después de la caída de los precios por debajo  de 70 dólares por barril, el fracking comienza a hacerse no rentable. Si los precios bajan hasta los 60 dólares, tendrán que cerrarse muchas explotaciones de esquisto y la importación del petróleo en EEUU crecerá de nuevo. Así, la caída de los precios del petróleo amenaza a la independencia energética de los EEUU, y eso a Rusia la fortalece más que debilita.

Al mismo tiempo, Rusia está muy por delante en el campo de la prospección geográfica y el desarrollo de infraestructuras. Putin acaba de firmar el acuerdo de suministro de petróleo a China por un plazo de 25 años, que sobreentiende la construcción de un nuevo oleoducto de 3 mil millas de longitud. Al Ártico se dirige la flota de rompehielos atómicos rusos para realizar nuevas prospecciones en más yacimientos, y el Ejército para su defensa.

Así que, al contrario de los que señalaba Evans-Pritchard en su ridículo artículo en el Daily, Putin no tiene intención de perder esta guerra, en realidad, solamente él comprende que esta guerra es un premio final. En el mundo de hoy la fuerza esencial es la geopolítica de la energía, la lucha entre los EEUU y Rusia adquiere así un significado especial. Putin no escatimará fuerzas para salir triunfante, y los inversores competentes saben que nos les conviene ponerse contra él.

*Director de Elespiadigital.com

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