Opinión

Salvo muy honrosas excepciones, como Asturias y la Comunidad Valenciana, donde sus dirigentes políticos, muy bien asesorados por cierto, han sido capaces de controlar la segunda oleada de la covid-19, España en su conjunto simplemente ha aprendido a convivir con la pandemia y a reaccionar tarde, ex post, ante el aumento de contagios. Mención aparte merece ese desastre político llamado Comunidad de Madrid.

Juan Laborda

 


 

Juan Laborda

Salvo muy honrosas excepciones, como Asturias y la Comunidad Valenciana, donde sus dirigentes políticos, muy bien asesorados por cierto, han sido capaces de controlar la segunda oleada de la covid-19, España en su conjunto simplemente ha aprendido a convivir con la pandemia y a reaccionar tarde, ex post, ante el aumento de contagios. Mención aparte merece ese desastre político llamado Comunidad de Madrid.

Además de batir todos los récords mundiales de contagios, además de intentar trucar las cifras, además de no hacer ningún tipo de prevención previa para frenar la oleada, además de no confinar cuando las cifras se desbordaban, como hacen el resto de comunidades, han negado la mayor, la brutal incidencia del virus en su comunidad. Son los negacionistas patrios de la covid-19. Merecen todo nuestro desprecio. Para entender el percal de esta tropa me remito a un tweet que la otrora directora general de la Salud Pública de la Comunidad de Madrid, Yolanda Fuentes, donde simplemente sugería que no hay nadie al mando de nada por estos lares de la capital del Reino.

Es en este nuevo escenario de segunda oleada donde nos tenemos que preguntar si, desde un punto de vista de la política económica, se está haciendo todo lo necesario para paliar los efectos perversos de la pandemia, tratando de proteger las rentas de las familias, evitando que el tejido de nuestras Pymes se hunda. La respuesta es que no. Salvo el diseño de los ERTE, que supone el derecho al subsidio de desempleo para los trabajadores temporalmente despedidos en virtud de los planes de ajuste del empleo temporal debido a la covid-19, sin que se exija una contribución mínima previa ni se reduzca el derecho acumulado, la inmensa mayoría de las medidas tomadas, y que han sido muchísimas, se han planteado bajo una restricción ficticia, la necesidad de preservar el control presupuestario por encima de todo.

Medidas fiscales insuficientes

Las medidas fiscales adoptadas inicialmente por el Gobierno español representaban alrededor del 3,5% del PIB, es decir, unos 37.000 millones de euros, estando sujetas a cambios tanto en la utilización como en la duración de éstas. Fueron complementadas con otras relativas a exenciones, aplazamientos, flexibilidad, ampliaciones de plazos o recortes en cotizaciones sociales o pagos de impuestos. Desde un punto de vista macro-financiero, a su vez, se tomaron iniciativas encaminadas a aliviar los problemas de liquidez de las empresas y familias españolas, con multitud de avales y líneas de crédito, pero sin garantizar ninguna renta, especialmente a los más vulnerables, mientras dure la pandemia en sus distintas oleadas. Y no nos engañemos, el fondo de recuperación europeo es un parche, cuyo impacto económico va a ser muy limitado, una vez que se haga inventario de los destrozos derivados de la covid-19.

En realidad, dicho fondo es una distracción de lo realmente importante: la austeridad masiva, que se mantiene. ¿Cómo es posible que en plena pandemia el consumo público de nuestro país apenas haya repuntado un 0,4% intertrimestral en el segundo trimestre? Simplemente, por el sacro santo mandamiento de mantener la austeridad fiscal por encima de todo, en un contexto donde los déficits presupuestarios se están disparando por la covid-19. Debido al gasto anticíclico y a los impuestos procíclicos, el presupuesto del sector público actúa como un poderoso estabilizador fiscal automático, por eso durante la recesión los déficits aumentan abruptamente. Si no fuera así acabaríamos en una Gran Depresión. La mejor política doméstica es la de buscar el pleno empleo y la estabilidad de precios, no la de perseguir déficits públicos o techos de deuda arbitrarios. El consumo público debería aumentar y mucho. Pero la realidad es que ni está ni se le espera.

Si esto no fuera poco, la situación en nuestra querida España se ve agravada por las sendas tomadas por nuestras élites a lo largo de nuestro pasado reciente, y avaladas en las urnas. El diseño que nos dimos como país hace tiempo que se tambalea, y sería necesario un nuevo pacto por nuestro futuro. El papel que nos 'asignaron' es inservible en los tiempos que corren. Por un lado, consolidó en nuestro país unas redes de poder especializadas en la extracción de rentas sin límites a la ciudadanía. Por otro, supuso una desindustrialización masiva, una tercerización de la economía y una bancarización excesiva. De aquellos barros, estos lodos.

Financiación destructiva

El problema de fondo ahora no es subir o bajar impuestos, sino terminar de una vez por todas con la austeridad fiscal. Quienes aún la siguen avalando no contemplaron, ni por asomo, la posibilidad de una recesión de balances, y/o una financiación destructiva, cargadas de caos y miseria. Lo más lamentable es que muchos responsables de la cosa pública aún siguen sin enterarse de lo básico. Los gobiernos no son ni familias ni empresas. Tienen el monopolio de crear dinero. El entorno actual permite aplicar otras políticas alternativas que no se están utilizando. Desde estas líneas no nos hemos cansado de proponerlas. ¡Es la hora de la economía política!

Permítanme dar un consejo final a aquellos que desde bambalinas mueven los hilos de la política de Sánchez. Hasta ahora todo parece cuadrar, un PP hundido electoralmente, el ascenso de Vox como reclamo masivo de votantes anti-trifachito, un Podemos atrapado en el Gobierno de coalición, y un Cs irrelevante electoralmente (por mucha encuesta trufada del CIS). Sin embargo, si al final no se protegen las rentas de los más débiles y no se apuntalan a nuestras pequeñas y medianas empresas, el ascenso de Vox podría descontrolarse. Y esa probabilidad no es baja.

Fuente: Vozpopuli

Las distopías literarias son un género muy joven. Y nació hace exactamente un siglo, en 1920, cuando la novela "Nosotros" fue escrita por el escritor ruso Yevgeni Zamiatin. Más tarde aparecieron otras distopías conocidas: "La fosa" (1930) de Andrei Platonov, "Un mundo feliz (Brave New World)" (1932) de Aldous Huxley, "La guerra de las salamandras" (1936) de Karel Chapek, "La granja" (1945) y "1984" (1948) de George Orwell, "451 grados Fahrenheit" (1953) de Ray Bradbury y demás.

Valentin Katasonov

 Uno de los pensadores y escritores más interesantes, mordaces y posiblemente amenazantes es aquel que no solo desafía las categorizaciones convencionales del pensamiento, sino que, además, ofrece una crítica profundamente penetrante de aquellas ilusiones elevadas por muchos a la santidad. Ernst Jünger (1895-1998), cuya prominencia literaria apareció en la Alemania de la República de Weimer a través de sus experiencias en el frente durante la Primera Guerra mundial, es justamente ese tipo de escritor. 

Keith Preston

 De los 45.327 colonos europeos que llegaron a América en el siglo XVI, hasta 10.118 eran mujeres. Su historia es poco o nada conocida, a pesar de que entre estas valientes se encuentran biografías tan asombrosas como la de Inés de Suárez, con un importante papel en la conquista de Chile, o la de una superviviente del calibre de Mencía Calderón, esposa del adelantado del Río de la Plata, que a la muerte de su marido se hizo cargo de la expedición por este territorio.

César Cervera

 Entrevista de Alexander Dugin a la política de Kesh (Argelia)

Mestek Lamine

 Julián Marías, en el segundo volumen de sus memorias, describió la Guerra Civil española de 1936 como «una ola de odio y criminalidad». En la semana de la aprobación de anteproyecto de Ley de Memoria Democrática, resulta pertinente recordar que el caso de Lluis Companys (detención en Francia, trasladó a España, consejo de guerra y fusilamiento) no es único, si no que hay otros muchos. Un buen ejemplo es el diputado socialista Julián Zugazagoitia. Pero hay más, y en ambos bandos. Sobre todo al principio de la guerra.

Redacción

 A comienzos de la Gran Guerra en julio de 1914, muchos políticos e intelectuales españoles criticaron al Gobierno y a la Monarquía por declarar neutral al país, produciéndose duros enfrentamientos con los que opinaban lo contrario. Ese debate elevó la tensión en los medios de comunicación a cotas muy altas, produciéndose, según lo calificó Pío Baroja, una «Guerra Civil de las palabras»

Israel Viana

 Ramón María del Valle-Inclán llevaba solo cinco meses viviendo en Roma como director de la Academia Española de Bellas Artes cuando, cuando sorprendió con varias reflexiones a favor del fascismo en una polémica entrevista publicada en el diario «Luz», el 9 de agosto de 1933. En ella, el famoso escritor gallego decía que Mussolini estaba haciendo «una gran obra» en Italia y que «si existieran unos Estados Unidos de Europa, la capital no podría ser otra que la Roma fascista». Pero lo que más no debía gustar al Gobierno de la época y sus seguidores es que también dedicó una serie de críticas contra la Segunda República, a la que tachó de «dictadura»: «España sufre ahora la dictadura socialista. Los egoísmos de esta clase esclavizan a las otras», aseguraba.

Israel Viana

España afronta la segunda ola del COVID-19 con el récord mundial de muertes por número de habitantes, una descoordinación sanitaria que puede llevar al caos, una crisis económica sin precedentes y un explosivo ambiente político e institucional.

Luis Rivas

 

Los constitucionalistas chorlitos andan indignadísimos porque el doctor Sánchez ha empezado a tramitar los indultos de los sediciosos catalanes y ha impedido asistir a los reyes a una entrega de despachos judiciales que se celebra en Barcelona, en su afán de embaucar a los indepes y conseguir que voten sus presupuestos, lo que le permitirá mantenerse en la poltrona. Pero el doctor Sánchez no hace sino actuar irreprochable y consecuentemente, según la delirante lógica constitucional.

Juan Manuel de Prada

 

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