Por Juan A. Aguilar*

Las declaraciones del coronel Alamán han levantado una gruesa polvareda, sobre todo, entre las organizaciones de la burguesía independentista catalana que se han retratado como lo que siempre han sido: grupos con una psicología victimista y resentida, siempre dispuestos a mostrar su cara más represiva o violenta para defender sus míseros privilegios.

Es verdad que el coronel Alamán es poco dado a la “finura dialéctica”. Pero los analistas serios saben que solo es la expresión “borde” de un malestar mucho más profundo en un amplio sector de las Fuerzas Armadas y en gran parte de la ciudadanía. La “salida de tono” del levantisco coronel ha empezado a sacar parte de ese malestar y se acumulan las noticias que llegan desde el ámbito militar. Recientemente, publicamos en este medio las declaraciones del general Rosety, y la “tormenta” ha continuado agitada, en parte, por el victimismo (o la falta de valor) del independentismo catalanista que se ha ido a “llorar” a Bruselas pidiendo amparo a unos burócratas privilegiados que solo pueden presumir de su desprestigio ante todos los pueblos europeos.

En la misma línea que Alamán, el coronel de La Legión Mariano Cañas, catalán de origen, ha expresado que “Como compañero del coronel Alamán, que se atreve a decir lo que la mayoría de españoles de bien pensamos, digo también que una Cataluña independiente ha de pasar por encima de mi cadáver”. El coronel Cañas, ya se había enfrentado a Morenés con una dura carta en la que, entre otras cosas, decía: ”Tenga usted en cuenta que militares, guardias civiles y policías hicieron un juramento de defender España y a lo mejor acaban cansándose de ser los tontos de la película y a lo peor, si se les necesita, no acatarán ni lo que usted decrete ni lo que les manden sus jefes superiores. Porque la lealtad a la Patria es infinitivamente más importante que ser lacayo de un partido”.

Otro coronel, José Luís García-Conde Gómez, se lanzó también a tumba abierta: “como militar que juró, como soldado y como cadete, defender la unidad de España no puedo dejar de solidarizarme con las declaraciones de mis compañeros Francisco Alamán y Mariano Cañas. (…) Inconcebibles son los comentarios que se leen en el sentido de que el Ejército está sólo para defender a España de los enemigos exteriores. ¿A qué España se refieren? ¿A la que quede tras el desgajamiento de alguna parte de ella? (…) Se ha roto este enlace pueblo-ejército como se pone de manifiesto en muchos comentarios. Y éste “estupendo logro” ha sido obra del Partido Popular en tiempos del señor Aznar. Con razón dice el Coronel Alamán: “Llevo años diciendo que el PP siente más odio hacia los militares que el PSOE. Con el PP en el Gobierno, los militares hemos sufrido los mayores ataques y las peores leyes…Si repasa usted las hemerotecas encontrará continuos ejemplos que certifican el desprecio que los dirigentes del PP han sentido siempre hacia el estamento militar”.” El coronel García-Conde ha aprovechado la ocasión para recordar a uno de los jefes militares más prestigiosos, víctima de la acción represiva de los Tardá y los Rajoy de turno: “Quiero también recordar y felicitar al Teniente General Mena, apartado del servicio por sus declaraciones en Sevilla acerca de la aplicación de la Constitución. Quiero decirle que no terminé su libro por el asco que me daba el comportamiento de quienes debían haberse solidarizado con él”.

No se queda atrás el coronel Jesús Flores Thies preguntándose respecto a las declaraciones de Alamán “la razón de que el Mando Militar en el Ejército guarde un silencio (¿de los corderos?) sepulcral en esta especie de polémica sobre artículos 8º y 14º, ya se sabe el “catorceavo”, como aquel Ministro de presunta Cultura. No pasará nada, dejarán que las aguas se tranquilicen, mirarán para otro lado y esperarán que el esfuerzo de un militar y su circunstancial repercusión “mediática” sea un capítulo más en el sainete en el que se ha convertido la política española”.

En un sentido menos emocional, pero más político, el comandante de Artillería José Luis Fuentes García, se ha expresado en términos ya muy comunes entre los ciudadanos españoles: “Hay que terminar con esta casta política inepta, parasitaria y corrupta”. Las palabras del comandante deberían ser, desde luego, más preocupantes para el Régimen juancarlista:Me uno incondicionalmente a la forma de pensar y sentir del coronel Alamán Castro. Yo también quiero que se me denuncie ante la fiscalía. Yo también soy el coronel Alamán. No podemos permanecer impasibles a la destrucción de España. (…) Hoy los españoles de a pie, el español trabajador hace tiempo que no tiene ni un minuto de tranquilidad ni de alegría. España se encuentra sumergida en esa mediocre climatología moral que antes no podíamos o no queríamos percibir. Nuestra situación a día de hoy les parece a esos 6 millones de parados, armando a esas familias que se encuentran en el umbral de la pobreza, algo insuperable que estamos fatalmente obligados a sufrir. Pero ya es tiempo que llegue el momento de nuestra liberación. Hay que terminar con esta casta política inepta, parasitaria y corrupta. Hay que terminar con estos políticos de café, pasillo y ministerio. (…) España no va a ser destruida por esta clase política inepta, corrupta y traidora a su patria. Antes la muerte. En España el experimento de la democracia monárquica parlamentaria, a día de hoy, ha fracasado con estrépito. (…) Un fracaso y un estrépito que se hace sentir y sufrir a diario por las calles de nuestra España”.

La palabra más común en la boca de los uniformados es “indignación”. Evidentemente, Alamán solo ha abierto un cauce de expresión, es solo la excusa llegada en el momento oportuno. Desde que el nuevo Gobierno asumió sus funciones y Morenés se hizo cargo de la cartera de Defensa, las relaciones con el estamento militar no han hecho más que enrarecerse día a día. La casta sabe que el problema no es el coronel Alamán, ya retirado y que, como sencillo ciudadano se limita a expresarse libremente, con mejor o peor fortuna. La casta debería considerar qué está haciendo para que haya un cierto apoyo a Alamán de muchos oficiales en activo que se están planteando una carta colectiva si se toman medidas contra el coronel, cuyas declaraciones han “volado” por la red informática y recibidas en la Brigada Paracaidista, en el acuartelamiento de La Legión en Almería, en el de Infantería de Marina de San Fernando (Cádiz) y otras importantes unidades militares; qué está pasando para que en ciertos círculos militares se hable de un “Movimiento de las Fuerzas Armadas”; para que el descontento y el cabreo se extienda entre las asociaciones militares, de las más conservadoras a las más progresistas y entre miles de reservistas que, tal como expresan en las redes sociales, se sientan abandonados, cuando no despreciados…

Son muchos los comentaristas que ya se hacen eco de una realidad. A los mandos de nuestro Ejército se le ha privado de la palabra, de los medios para desarrollar sus funciones de manera eficaz, así como se le ha alejado de las regiones en las que al parecer molesta a los políticos separatistas y nacionalistas. Así, esta digna Institución ha de permanecer callada ante insultos a la Bandera de los españoles, a los pitidos a nuestro Himno Nacional, o a las quemas indiscriminadas de todo lo que suponga la identidad nacional en aquellos territorios españoles víctimas de la propaganda secesionista. La dejación de funciones de la casta dirigente nos ha traído grandes manifestaciones independentistas en Cataluña y que hayan crecido las políticas que pregonan el odio y el desprecio por todo los español, y esto es ofensivo para hombres honrados y fieles a una vocación, a un juramento y a un destino superior, como son los ciudadanos que han escogido la Milicia como vocación de servicio a la comunidad nacional.

No se puede negar por más tiempo la realidad, a pesar de que el aparato propagandístico del Régimen, sus medios subvencionados y sus canales públicos, pretendan seguir ocultando a los ciudadanos cuál es la situación. Los militares y las Fuerzas de la Seguridad del Estado están descontentas y alarmadas con la situación nacional, se sienten maltratadas y hartas de permanecer en silencio como si fueran ciudadanos de segunda en una cada vez más “presunta” democracia. El malestar militar coincide, salvando las lógicas distancias, con buena parte del movimiento de los “indignados” al menos en tres grandes puntos: denunciar a la casta política como responsable de la situación por la que atraviesa la Nación, la perversión de la democracia en dictadura partitocrática y la necesidad de abrir un proceso constituyente para acabar con la desestructuración nacional por el desquiciamiento del sistema autonómico y las políticas antisociales que llevan a millones de españoles a la desesperación.

La casta política y oligárquica del Régimen haría bien en reflexionar sobre todo esto antes de que la convergencia de todos los sectores sociales descontentos provoquen las condiciones para una “tormenta perfecta”. Y si no lo hacen… allá ellos. Cuando la indignación se desborde ya no valdrán los lamentos y los lloriqueos cobardes en Bruselas o Washington de unos privilegiados que ya han hecho demasiado daño a este pueblo. Todo tiene un límite.

* Director de Elespiadigital.com

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