Por Pedro Vázquez*

El Nuevo Modelo de Ejército Español

El actual Ejército español, desde la suspensión (que no supresión) del servicio militar obligatorio, es un ejército profesional (de metier que diría el general De Gaulle[1]). Esto supone una fuerza militar que se basa en la dedicación intensiva de un reducido número de militares, con una muy alta capacitación, con una dotación material adecuada y una velocidad lumínica de intervención - respuesta.

Es un ejército necesariamente reducido. Ha perdido ese carácter de mantenimiento de orden público que tuvo durante los siglos XIX y XX. Igualmente, también ha renunciado a su carácter interventor en la política nacional,  pero también ha desaparecido su influencia positiva sobre la sociedad en cuanto a encuentro de la juventud española de los cuatro puntos cardinales del país, la posibilidad de obtener conocimientos profesionales a soldados socialmente desfavorecidos, o la transmisión de valores como el sacrificio por los demás, el patriotismo  o la sacralidad del deber.

El rol de las Fuerzas Armadas españolas es la eliminación relámpago de cualquier amenaza exterior. Se entiende que esa amenaza va a ser puntual y no una formidable masa de enemigos barriendo la nación de frontera a frontera, como fueron los grandes choques armados de las Guerras Mundiales. Renuncia al número a favor de un entrenamiento y de unos medios manejados por profesionales.

La pregunta del millón surge cuando nos paramos a pensar en las posibles amenazas externas en el sentido militar convencional clásico. En realidad sólo hay una: Marruecos. Desde los años cincuenta del pasado siglo, todos los choques armados con un país extranjero han sido protagonizados por el reino alauita. Ifni, Sáhara y Perejil. Las pérdidas territoriales en todos los choques citados han correspondido a España, excepto el último episodio. Marruecos, no obstante,  nunca ha perdido territorio.  Es normal, por tanto, que los distintos gobiernos marroquíes vean siempre en la confrontación con España una forma de posible ganancia. Hasta ahora nunca pierden, en el peor de los casos, permanecen igual.

Una vez localizada la amenaza exterior,  es preciso decir que el Ejército de la nación, en su nuevo formato, es perfectamente capaz de enfrentarse y vencer ante semejante rival. No obstante, también lo era en los anteriores choques y, sin embargo,  decisiones políticas claudicadoras acabaron otorgando victorias (imposibles en el campo de batalla) a los africanos.

La principal debilidad y fuente de las derrotas de los ejércitos españoles siempre fueron los gobiernos.

No obstante, la Constitución reserva un rol de mantenimiento de la integridad territorial de la nación y de defensa del orden constitucional[2]. Nos podríamos preguntar si esa es una tarea para la que las Fuerzas Armadas tendrían posibilidades de éxito. Antes de nada, analizamos los antecedentes históricos inmediatos. En el pasado siglo XX, Cataluña se proclamó independiente en 1934 bajo la presidencia de Luís Companys. Bastaron unas horas para que el general Batet dispersara a las fuerzas separatistas y apresara al presidente del gobierno regional. ¿Ocurriría hoy un desenlace parecido?

Antes de responder, veamos sobre el papel los hombres en armas bajo  las órdenes del gobierno autonómico:

Policía autonómica:   16.654

Policía local                10.894

Total                          27.548[3]

El número de efectivos del Ejército de Tierra en esta comunidad es aproximadamente de 300. Podría ascender algo más si añadimos a los efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, pero a duras penas alcanzarían  la unidad de millar. Es poco probable que esta exigua y fragmentada fuerza pudiera evitar su captura o destrucción. Desde luego, ni soñar en emular a Batet.

En caso de una unilateral e ilegal proclamación de independencia, el nuevo modelo  de ejército español no tendría la más mínima oportunidad de evitarla y, por tanto, de salvaguardar la integridad territorial como le encomienda el artículo 8 del título preliminar de la Constitución Española.

Lo que pasaría después entra dentro de la especulación. Pero lo que sí está claro es que al abandonar el factor numérico, se abandona la posibilidad de hacer frente a una situación como la descrita.

Si hablamos de emergencias o catástrofes naturales, por definición, imprevisibles e impredecibles, la ausencia de efectivos numéricos en el nuevo modelo de ejército sería desde perjudicial a impotente según el plano de la tragedia o infortunio desatado. El ejemplo paradigmático es el caso del huracán Katrina en Agosto de 2005. Un ejemplo de fallo de estructuras de ingeniería en los diques que protegían la ciudad de Nueva Orleans dejó atrapadas a 66.000 personas y mató a 1833 ciudadanos. Se produjeron saqueos, asesinatos y otros delitos contra la propiedad y las personas.  Las fuerzas de policía se vieron desbordadas debido a que no podían estar a la vez ayudando a damnificados y combatiendo una inesperada ola de crímenes. La gobernadora de Luisiana movilizó a 58.000 soldados de la Guardia Nacional, que restablecieron el orden y completaron la ayuda a los perjudicados por la catástrofe.[4]

Estos “soldados” que aparecieron de la nada en Nueva Orleans salvando la situación, al más puro estilo de Oswald Spengler[5], son los “ciudadanos soldados”, civiles que se ofrecen voluntariamente a ser militarizados si la situación lo requiere. De gran tradición en un país joven como los Estados Unidos de América, son los descendientes directos de las milicias del siglo XVIII que se movilizaban en caso de peligro y que, por una determinada coyuntura histórica, acabaron enfrentándose y venciendo  al profesional y disciplinado ejército británico, logrando la independencia y el nacimiento de una gran nación.

¿Existe algo parecido en España?  Sí y no.

Como existir civiles rápidamente movilizables (activables) por el Ministerio de Defensa sí existen. Hablamos de los Reservistas Voluntarios. Se trata de un número aproximado de 6.000 personas, pero su empleo y organización no tienen nada que ver con esos 58.000 soldados que salvaron a Nueva Orleans en el año 2005.  En primer lugar, no existen unidades de reservistas ni una “guardia nacional” ni nada por el estilo. Los reservistas españoles están adscritos a unidades, centros y organismos de las Fuerzas Armadas. Desempeñan trabajos puntuales para los ejércitos en caso de necesidad, pero son trabajos que ellos ya realizan en la vida civil: informáticos, profesores, enfermeros, médicos, etc… No están adiestrados para mandar unidad alguna y, de hecho, independientemente de su empleo, los hay (aunque son minoría) que no tienen la formación militar de un soldado raso. Su consideración dentro de las Fuerzas Armadas es baja. Se dan casos de falta de respeto a oficiales reservistas y, en el propio Boletín Oficial de Defensa, es habitual que en un listado de reservistas no se respete ni su empleo ni siquiera el orden alfabético en su ordenación.[6]Este colectivo sólo presenta dos actitudes: o abandonar o aguantar estoicamente esperando la llegada de tiempos mejores.

La conclusión es que nos hallamos con unas fuerzas armadas que no poseen reserva. De necesitarla, la tendrían que crear de la nada con un material humano, o bien obligado o bien voluntario, pero sin formación militar alguna. Siendo optimistas, se podrían tardar tres meses en conseguir algo parecido a fuerzas de reserva capaces de comportarse como la Guardia Nacional que salvó a Nueva Orleans.

Una fuerza de reserva barata y realmente eficaz para la Defensa

El problema de los países dotados con ejércitos profesionales siempre es el número. Necesariamente reducidos, están pensados para acciones rápidas contra amenazas externas.  Entre los países del entorno  OTAN, el ejército británico es el que cuenta con una mayor tradición como ejército profesional, aunque ciertamente, no sea el único.

Tanto en el ejército norteamericano como en el británico, siempre se ha considerado la contingencia de que sus fuerzas profesionales pudieran ser desbordadas. En EE.UU. no ha habido guerra en su territorio desde 1865 y en Gran Bretaña tampoco desde el siglo XVIII y sin embargo, siempre han mantenido fuerzas de reserva como la Guardia Nacional en Norteamérica y el Territorial Army en el Reino Unido. Ninguna de estas dos naciones espera el desembarco de fuerzas de  otro país en su territorio. España es única en pensar que por no haber amenaza alguna de ese estilo es suficiente con dotarse con un ejército profesional sin ningún matiz. En el plano económico, el símil sería el de alguien que se gasta todos sus ingresos pensando en que nunca le va a sobrevenir un desembolso inesperado.

Así pues, tras todo lo dicho, comenzaremos por dotar, al menos sobre estas humildes hojas, de un modelo eficaz de fuerzas de reserva para un imprevisto o una emergencia.  A estas fuerzas se las tiene que hacer eficaces, numerosas y baratas.

Eficacia:

La eficacia comenzaría por la formación. El soldado de la reserva tiene que tener unos conocimientos equiparables al soldado en activo; el suboficial y el oficial deben mostrar una formación que les capacite para resolver las situaciones de liderazgo y contingencias variopintas. El soldado debe ver en sus mandos a alguien capacitado porque su vida puede depender de las decisiones del líder.

No obstante, la primera dificultad que nos encontramos es la disposición de tiempo. Lo normal es que el reservista pueda disponer de un mes de vacaciones laborables para dedicarse a la milicia.  Ese es el periodo mínimo de formación exigible para la clase de tropa. El plan de formación sería el siguiente:

TROPA:

Primer año: Un mes de formación militar básica. Al finalizar, obtención del título de reservista.

Segundo año: Un mes de formación específica.

Siguientes años: Un mes de servicio en la unidad.

Las formaciones de tropa se darían en los centros de adiestramientos de tropa.

Suboficiales:

Primer año: Un mes de formación en la academia de suboficiales.

Segundo año: Un mes de formación en la academia de suboficiales.

Tercer año: Un mes de formación en la academia de suboficiales. Obtención del empleo de sargento.

Años siguientes: Un mes de servicio en unidad, centro u organismo.

Oficiales:

Primer año: Un mes de formación en la academia general de oficiales.

Segundo año: Un mes de formación en la academia general de oficiales.

Tercer año: Un mes de formación en la academia general de oficiales.

Cuarto año: Un mes de formación específica en academia. Obtención del empleo de alférez o teniente. (Alférez para los que posean diplomatura o grado y teniente para los que posean licenciatura y/o estudios de postgrado).

Siguientes años: Servicio en unidad.

Formación continuada: En todas las convocatorias de cursos de formación continuada para personal militar, se destinará un cupo de alumnos provenientes de la reserva.

Selección:

Puede existir un problema grave en los ejércitos si no se resuelve el asunto de la selección de personal. En principio, todo militar, tanto de la reserva como profesional, debe de tener una acreditación de seguridad expedida por el CNI o CIFAS. Esta acreditación supone que, en principio, este individuo no supone una amenaza para la seguridad de la nación ni para los cuerpos y miembros de la Seguridad del Estado. En el pasado se dio el caso de que muchos miembros del terrorismo nacionalista vasco se ofrecieron voluntarios para las unidades que impartían formación para el uso y manejo de explosivos. El propio Ejército español formó a sus más despiadados e infames enemigos. En la actualidad, se puede dar el caso de que el Ejército español esté formando involuntariamente a yihadistas o a infiltrados en guarniciones clave como Ceuta o Melilla. Esto no se puede consentir. El pasado y presente de todo aspirante a soldado debe ofrecer unas garantías y si no se cumplen, denegar su entrada.

Comparativa con la formación actual de los reservistas.

En la actualidad, la formación del reservista se reduce a dos semanas de formación básica, que se reduce a una si el aspirante tenía ya formación militar previa, y una de formación específica.

Corrección y enmienda de la formación de los actuales reservistas.

Debido a la evidente falta de calidad y cantidad en la formación recibida, los reservistas actuales deberán comenzar este nuevo plan de estudios, aunque mantendrían el empleo alcanzado.

Organización:

Cada gran unidad tipo brigada creará, para el mes de activación de las reservas, una unidad menor tipo batallón, a la que destinará algunos mandos (1 Teniente Coronel, 1 comandante y dos capitanes). Se diseñará un plan de trabajo para esta unidad y se la mantendrá en actividad durante todo ese periodo (1 mes). Acabado ese periodo se disolverá. En caso de emergencia nacional, podrá ser activada la unidad de reservistas de cada brigada. Esto supondría un aumento temporal de una decena de batallones con una calidad aceptable.

Comparativa con la situación actual:

En la actualidad son los individuos reservistas los que se incrustan en una unidad de profesionales. Lo hacen por escasos días y suponen toda una alteración en el desarrollo de la actividad de los centros y organismos. Apenas aportan una ayuda y sí ocasionan molestias al normal curso diario de las unidades. La propuesta invierte los papeles: mandos profesionales se  incrustan en una unidad de reservistas aportando y solucionando las carencias de la misma en liderazgo y experiencia, aumentando el número de unidades y de efectivos.

Una nueva figura: el material reservista

Pudiera ser que un civil posea elementos materiales útiles para el ejército: un determinado tipo de todoterreno, un helicóptero, un avión, un barco, un submarino, etc… y que estuviese dispuesto a ofrecerlo temporalmente a las Fuerzas Armadas como contribución a la Defensa. Las autoridades militares podrían evaluar la idoneidad de ese material y decidir o denegar su aceptación según criterios de interés.

Financiación de las unidades de reserva una vez activadas

Los miembros de la reserva son profesionales de la vida civil, ya tienen su propio medio de vida y su sustento. Si la activación se produce en vacaciones, la empresa no paga un euro de más y el Estado puede desde no pagar nada, a pagar sustento o desplazamientos o una pequeña gratificación para los reservistas que se hallen en paro.  Todo dependería de la coyuntura económica.

Conclusiones finales:

El modelo de reservista voluntario en vigor no dota de mayor fuerza a los ejércitos, es caro y, excepto  casos contados, perfectamente inútil. De esto último se han percatado las distintas administraciones políticas que han ocupado la cartera de Defensa, pues en dos años alternos no han procedido a una activación general. El resultado es que España posee un reducido ejército profesional, pero ninguna unidad activable para caso de emergencia o infortunio imprevisible. Esto hoy no tiene importancia, pero la reserva se crea “por lo que pueda pasar” que, por definición, nadie sabe de qué se trata.

El modelo norteamericano de Fuerzas de Reserva, su Guardia Nacional, ha demostrado su eficacia durante 236 años de existencia. Consiguió la independencia contra un excelente ejército profesional y siempre ha sido un recurso en caso de catástrofe natural o revueltas puntuales. Tiene, no obstante, un peligroso talón de Aquiles. En realidad, ni es guardia ni es nacional, se trata de guardias (en plural) y son estatales (de cada estado federado) y las activa el gobernador del estado, no el Jefe del Estado Mayor del Ejército. Este sistema ocasionó en el siglo XIX  la terrible Guerra de Secesión. Los gobernadores de los estados separatistas del Sur tuvieron rápidamente un ejército a su disposición. Lo demás es historia. La Guerra Civil americana fue el conflicto que más muertes causó a Estados Unidos en toda su existencia (600.000 hombres). Es evidente que en nuestras manos estaría remediar ese terrible defecto para el caso español y bajo ningún motivo supeditar esta Guardia Nacional a ningún otro ministerio o autoridad que no sea el Ministerio de Defensa.

Una fuerza basada en ese modelo (con la excepción aludida anteriormente) resolvería el problema del pequeño tamaño del ejército profesional, dotaría de fuerza inmediata en caso de necesidad y sería barato. Una formación seria de los integrantes de esta Guardia Nacional Española, equiparable al standard del ejército permanente, garantizaría la eficacia para su actuación. La activación de unidades reservistas de esta guardia nacional sería especialmente relevante durante las campañas de incendios forestales, incrementando efectivos numerosos y eficaces. Lo que hay hasta ahora es caro, ineficaz y perfectamente prescindible tanto para la Nación como para sus Fuerzas Armadas, dilapida sus recursos económicos, no aumenta ni fuerza ni número de unidades, goza de baja consideración en cuanto a formación y no contenta ni a militares profesionales ni al colectivo de reservistas.

* Licenciado en Ciencias Físicas, DEA del doctorado de Paz y Seguridad Internacional del Instituto Universitario “Gutiérrez Mellado” y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Es de alférez del Ejército del Aire (RV)

 
 

[1] Vers l´armée de metier. Charles De Gaulle. Editions Berger-Levrault.

[2] Constitución Española. Título Preliminar. Artículo 8.

[3] www.idescat.cat

[4] Hurricane Katrina. National Guard´s finest Hour.www.ng.mil

[5] “Al final siempre es un pelotón de soldados el que salva la civilización”.

[6] El espía digital. “Los reservistas voluntarios se merecen un respeto”. Carlos González de Escalada.(Posiblemente , la mayor autoridad sobre reservismo voluntario en España. N.A.)



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