Por Ghaleb Kandil

Los más recientes sucesos acaecidos en Siria han aportado una serie de importantes indicios que tendrán consecuencias decisivas sobre el curso de la guerra con la que Estados Unidos pretende destruir ese país.

Contrariamente a las informaciones e impresiones de los estrategas estadounidenses y de sus cómplices europeos y árabes, transmitidas a través de los cientos de medios (prensa audiovisual y electrónica) que participan en esa batalla, los escuadrones de la muerte, los mercenarios y los grupos takfiristas traídos desde todas las regiones del mundo han sufrido un durísimo revés en los combates. Sin embargo, los responsables turcos y sus aliados habían prometido, al igual que hicieron el año pasado y en la misma época, que el mes del Ramadán sería el de la caída del resistente régimen de Siria. Esas ilusiones se disiparon nuevamente en el campo de batalla, donde las bandas armadas han dejado miles de muertos, heridos y prisioneros.

En efecto, la ofensiva general de los extremistas contra Damasco arrojó enormes bajas para estos últimos, según confiesan los propios medios occidentales. La fuerza conformada con mercenarios locales y yihadistas del mundo entero fue literalmente aniquilada por el ejército sirio que ahora persigue a los que aún quedan por los alrededores a la capital. Toneladas de armas han sido confiscadas y una pesada infraestructura ha sido destruida y desmantelada. Se necesitarán meses para reconstruir un poder destructivo similar… si logran reconstruirlo.

Y ya se conoce el saldo de la batalla de Alepo. Los extremistas caen por miles ante el metódico avance del ejército, que prácticamente ha logrado romper las líneas de aprovisionamiento de los mercenarios provenientes de los campos de entrenamiento que la CIA dirige en Turquía. Las bandas armadas tampoco logran hacer llegar refuerzos hasta la ciudad sin sufrir enormes pérdidas. Sus columnas motorizadas, compuestas de vehículos con tracción en las 4 ruedas y equipados de ametralladoras pesadas proporcionadas por sus sponsors regionales, avanzan a descubierto bajo el fuego de los helicópteros y aviones de las fuerzas armadas sirias y caen en las emboscadas que les tienden las unidades de élite infiltradas tras las líneas enemigas. Según expertos, un tercio de los extremistas son yihadistas provenientes del Magreb árabe, de Libia, del Golfo, de Afganistán, Pakistán y Chechenia. El director de la inteligencia de la Unión Europea, el francés Patrice Bergamini, reconoció (en entrevista concedida el viernes 17 de agosto al diario libanés Al-Akhbar) la importancia del papel de los yihadistas en el conflicto sirio y subraya que la opinión pública occidental ya está consciente del peligro que estos representan. Es evidente que la limpieza de la ciudad de Alepo y sus alrededores por parte del ejército sirio ya es sólo cuestión de tiempo.

Los graves reveses que las bandas armadas han sufrido en toda Siria demuestran que el Ejército Árabe Sirio, que cuenta con profundas bases ideológicas, asimiló muy rápidamente las lecciones de la guerra y que ha desarrollado estrategias de contraguerrilla en zonas urbanas y rurales, estrategias que le han permitido asestar duros golpes a los extremistas, a pesar de los enormes medios militares, materiales, financieros y mediáticos que una coalición de varias decenas de países ha puesto a disposición de esos elementos. Sin olvidar las sanciones que esos países han adoptado contra el pueblo y el Estado sirios fuera del marco de las Naciones Unidas.

Para comprender y predecir la evolución de la situación también es importante analizar el estado de ánimo del pueblo sirio. Sin un auténtico apoyo popular –apoyo que los medios de prensa occidentales se empeñan en tratar de ocultar– el presidente Bachar al-Assad y su ejército no hubiesen podido resistir la ofensiva y rechazarla. Este apoyo popular está determinado por 3 factores: la mayoría de los sirios están conscientes de que su país está siendo blanco de un complot tendiente a hacer de Siria un vasallo que se sumaría al campo occidentalo-imperialista y a sacarla por lo tanto de todas las ecuaciones regionales. Se trata, sin embargo, de un país que estuvo durante los últimos 40 años en pleno centro de la correlación regional de fuerzas y con el que siempre había que contar en el Medio Oriente. Estos amplios sectores de la población siria están apegados a la independencia política de su país y están dispuestos a luchar para defenderla. Eso explica por qué miles de jóvenes se ofrecen como voluntarios para unirse a las filas del ejército nacional sirio. Los expertos estiman además que un 20% de la opinión pública, que en algún momento simpatizó con la oposición, ha descubierto el verdadero rostro de los extremistas, que cometen salvajes abusos en las regiones que controlan (violaciones, ejecuciones sumarias, masacres, saqueos…). Los medios occidentales se hacen eco, cada vez más frecuentemente, de esos actos de barbarie. Aprovechando ese cambio de opinión de la población, sobre todo en las regiones rurales donde la gente está cansada de la barbarie, el Estado sirio ha establecido medios de comunicación que permiten que la población informe discretamente al ejército sobre la presencia de los terroristas. Esto explica cómo las unidades y la aviación han logrado realizar exitosamente ataques selectivos contra los escondites y las bases de las bandas armadas durante las últimas semanas.

Paralelamente a todos esos acontecimientos en el terreno, los aliados regionales e internacionales de Damasco dan muestras de una firmeza a toda prueba y desarrollan iniciativas políticas y diplomáticas, evitando así dejar el campo libre a los occidentales. El éxito del encuentro de Teherán, en el que participaron 30 países, entre ellos China, la India, Rusia, 9 países árabes y varios Estados de Latinoamérica y del sur de África, ilustra esa nueva correlación de fuerza.

La formación de ese grupo de Estados fue un fuerte mensaje a los occidentales y pone en serio peligro su proyecto tendiente a establecer, fuera del marco de la ONU, una zona de exclusión aérea en el norte de Siria.

Los últimos meses de 2012 serán decisivos en la elaboración de nuevos equilibrios regionales e internacionales y conformarán una nueva imagen a partir de Damasco, gracias a la victoria del Estado nacional sirio en la guerra universal contra él desatada.

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