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Por Eugenio Bregolat*

La ominosa deriva de Ucrania ha encendido las luces de alarma en el mundo entero. Así las cosas, ¿qué podemos hacer?

Si se llegara a un enfrentamiento militar entre Rusia y Ucrania -hay que esperar que no se produzca, pero no puede excluirse-, es evidente la superioridad militar de Moscú. Ucrania no pertenece a la OTAN y no cuenta, por tanto, con la garantía de apoyo militar del artículo 5 del Tratado de Washington. Los países occidentales ya han dicho que no emplearán la fuerza para defender a Kiev, pero han advertido a Moscú de que elevarán las sanciones económica si su presión aumentara.

Pero, puesto que los primeros perjudicados por estas sanciones serían ciertos países europeos, subsisten dudas sobre que llegaran finalmente a aplicarse. Y tampoco es seguro que doblegaran la voluntad de Rusia. Los cálculos basados en la racionalidad económica pudieran estrellarse contra el factor emocional propio del nacionalismo. La inmensa mayoría de los rusos apoyan a Putin y cabe que estuvieran dispuestos a soportar cierto empeoramiento de su situación económica en apoyo de reivindicaciones que ellos consideran justas.

Lo más sensato sería llegar a un acuerdo negociado. Rusia ha dejado claras sus condiciones. La primera, la modificación de la Constitución ucraniana para introducir el federalismo. Ello daría a las regiones con amplia población rusa una gran autonomía respecto a Kiev. La segunda, que el ruso se convierta en lengua cooficial de Ucrania. Y la tercera, un compromiso formal de que Ucrania no ingresará en la OTAN.

La Alianza Atlántica, en la órbita ex soviética

Esta última es la más importante de las condiciones. En su día, Estados Unidos y Alemania prometieron a Gorbachov que si Rusia aceptaba la integración en la OTAN de la Alemania reunificada, aquélla no se ampliaría hacia el Este. La promesa no se cumplió y Rusia considera que si, excluidas las repúblicas bálticas, otras ex repúblicas soviéticas fueran admitidas en la Alianza Atlántica, se franquearía una línea roja. Rusia entiende que en tal caso sus intereses vitales se verían vulnerados y está dispuesta a impedirlo. La decantación de Ucrania hacia la UE es percibida por Rusia como un primer paso hacia la OTAN. Y la presencia de ésta en Ucrania lo es como una amenaza inaceptable para la seguridad de Rusia.

El telón de fondo es que se cerró en falso el proceso de desistimiento soviético entre 1989 y 1991: pérdida del poder del Partido Comunista polaco y renuncia a la Doctrina Breznev, reunificación de Alemania, desmembramiento de la Unión Soviética. Todo esto fue posible porque Gorbachov no quiso utilizar la fuerza para evitarlo. Renunció con ello a las conquistas territoriales tras la II Guerra Mundial.

Gorbachov no consiguió ni la 'Casa común europea', ni ayuda económica, ni, contra lo que se le prometió, la no ampliación de la OTAN hacia el Este. Lo dio todo a cambio de nada. Occidente perdió una gran ocasión de asentar las relaciones con Rusia a largo plazo tratando a Rusia de otro modo. Ésta creyó haberse portado como un amigo y, a cambio, se sintió tratada como un enemigo. Y ésta es la explicación básica tanto de la actitud de Putin como del apoyo masivo con que cuenta en Rusia.

Estimo que la eventual negociación debiera empezar por reconocer los hechos que acabo de describir y, a partir de ahí, intentar cerrar ahora bien lo que en su día se cerró mal, ante todo con una garantía formal de que la OTAN no acogerá a nuevas ex repúblicas soviéticas. Las alternativas son peores para todos.

*Eugenio Bregolat fue consejero comercial en la delegación comercial de España en la URSS (1974-78) y embajador de España en Rusia (1992-97)

Fuente: ElMundo.Es (04/05/2014)

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