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altPor Ghaleb Kandil, Pierre Khalaf

Las ilusiones de algunos sobre sus posibilidades de modificar los equilibrios en Líbano y de concretar sus sueños de poner en tela de juicio la Resistencia y su legitimidad se han estrellado contra la dura realidad. Creían que, con la ayuda de la OTAN y de los árabes del Golfo –principalmente la de Arabia Saudita–, lograrían modificar la correlación de fuerzas, pero han fracasado nuevamente.

Cuando expiraba el plazo que habría convertido el gobierno de Tammam Salam en una oficina de atención de asuntos sin importancia, apareció por fin el humo blanco y los protagonistas se pusieron de acuerdo en adoptar una declaración ministerial que reconoce «el derecho del Líbano y de los libaneses a la resistencia contra la ocupación israelí». A pesar de tratarse de un derecho inalienable y reconocido en la Carta de las Naciones Unidas, algunos libaneses estaban dispuestos a descartarlo únicamente para servir los intereses de Israel y renunciando así al único factor donde reside la fuerza del Líbano.

A pesar de la ayuda del presidente de la República –quien llegó a calificar la fórmula que consagra el derecho a la Resistencia de «retórica vacía»–, el 14 de Marzo fracasó nuevamente. Sólo unas pocas horas después del carnaval oratorio del 14 de Marzo, la Corriente del Futuro se resignó a aceptar su derrota. La intervención de los diplomáticos acreditados en Beirut y de las grandes capitales interesadas en la situación libanesa acabó convenciéndolos de que era imposible modificar la correlación de fuerzas.

La escalada que emprendió el 14 de Marzo al rechazar el derecho de los libaneses a la resistencia contra la ocupación ilustra las disensiones existentes en las filas de esa coalición y la endeblez de sus apoyos externos, además de reflejar un increíble amateurismo político. Se pueden señalar, en ese contexto, los siguientes factores:

La reducción paulatina de la esfera de influencia de Arabia Saudita y el desmembramiento de la estructura que había creado, incluso en su espacio privilegiado del Golfo, donde el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) está desintegrándose.

Occidente, bajo la dirección de Estados Unidos, está desorientado y no sabe cómo actuar ante la contraofensiva de Rusia sobre el tema ucraniano. Moscú ha impedido que los occidentales capitalizaran el derrocamiento de Viktor Yanukovich. Alemania lanza señales de desacuerdo con sus aliados de la OTAN y parece tentada por la posibilidad de concretar una asociación euroasiática con Rusia.

Según la más optimista de las evaluaciones, está claro que los enemigos de la Resistencia son incapaces de emprender una ofensiva global, contrariamente a lo que creyeron –por un momento– quienes analizaron los acontecimientos de Ucrania demasiado a la ligera.

Los intentos de Israel por modificar las reglas juego se han estrellado en el terreno contra sólidas realidades y también contra varias respuestas, algunas de las cuales no han sido de público conocimiento y se mantienen en el misterio.

La determinación de las fuerzas políticas libanesas, aliadas de la Resistencia, y su manejo, muy inteligente, de la confrontación han logrado imponerse ante la obstinación de la Corriente del Futuro y del 14 de Marzo. Esas fuerzas pusieron sobre la mesa la carta de las consultas parlamentarias de obligatorio cumplimiento en caso de caída del gobierno de Tammam Salam. Enviaron mensajes sobre la posible designación de una nueva personalidad para formar un gobierno del que se vería excluido el 14 de Marzo. Incapaces de mantenerse alejados del poder más tiempo, los jefes de esta coalición se resignaron a aceptar la referencia a la Resistencia en la declaración ministerial. Estimaron que el actual gobierno libanés es lo mejor que pueden esperar en las actuales circunstancias, en que la amenaza del vacío planea sobre la presidencia de la República Libanesa.

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