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altPor Andranik Migranián

Aparte de las declaraciones de personas que aún no han salido de la época de la guerra fría, tales como los senadores John McCain y Lindsay Graham, los analistas de Fox News y los neocons, surge gente sobria que intenta ofrecer una valoración más objetiva y equilibrada de los acontecimientos. Está teniendo lugar una avalancha de información que demoniza tanto a Putin como a Rusia y que aspira a presentar a nuestro país como el agresor. Por desgracia, en este aspecto no sólo ponen celo expertos y periodistas, sino también personalidades oficiales. La gente como McCain no tiene ni idea de lo que habla: son representantes de las ideas de la guerra fría. Este senador estadounidense ya antes quedó como un idiota al pensar que Pravda sigue siendo el principal periódico ruso. Este es el nivel de conocimientos del establishment estadounidense sobre lo que ocurre.

Estas declaraciones las hizo también el secretario de Estado de los EE.UU. el pasado domingo en los principales programas televisivos políticos: Face the nation y Meet the Press. John Kerry también ha resultado ser una persona que vive en un mundo incomprensible. Ha dicho que el posible despliegue de militares rusos en la península de Crimea es una política del siglo XIX y que ahora estamos en el XXI. Felizmente se olvida de que es lo único a lo que se dedican los estadounidenses en el siglo XXI y también en el XX.

En las mentes de esta gente hay una especie de esquizofrenia: las acciones de otros las miden con unos criterios determinados, que no aplican en las acciones propias. En este sentido, hay un buen artículo en The Washington Post que dice que en muchos Estados de los EE.UU. los derechos de la comunidad LGBT están peor que en Rusia.

Los consejeros de Obama inducen al error al presidente de los EE.UU. Le han dicho que hay una invasión por parte de Rusia, aunque no hay ninguna invasión. Según los acuerdos, Rusia tiene derecho a tener hasta 25.000 militares en Crimea. Según mis datos, ahora sólo hay unos 10.000. Es decir, Rusia podría desplegar legalmente otros 15.000 soldados. Las acciones rusas, incluso las de aquellos destacamentos que bloquean las guarniciones ucranianas, han sido ejecutadas en correspondencia tanto con los acuerdos con las autoridades ucranianas como por los tratados suscritos con el todavía vigente presidente de Ucrania. Por eso es ridículo hablar de que se está infringiendo algún acuerdo porque una gente en Kiev esté protestando. Una gente, que desde el punto de vista de Rusia, ha perpetrado un golpe de Estado y son un poder ilegítimo.

En la situación dada, puede constatarse que el Oeste de Ucrania y Occidente en general han sufrido una demoledora derrota en Ucrania. En 2005, tras la revolución “naranja”, yo fui el único analista ruso que, para perplejidad de muchos en Rusia, Ucrania y Occidente, escribí un largo artículo ((Zumo de naranja con vodka o por qué Rusia ha vencido en la revolución “naranja”) en el que afirmaba categóricamente que mientras en la presidencia del país hubiese gente del Este gracias al apoyo del Sur y Este del país, no dejarían que estas regiones se auto-organizasen. Kuchma y Kravchuk comprendieron cuán peligroso es hacer movimientos escabrosos cuando te las tienes que ver con una frágil formación estatal en cuyo seno habitan dos naciones y dos lenguas. De facto, dos Estados.

Yo advertí entonces que mejor que llegara al poder Yúschenko -un claro radical-, que a Kiev llegara gente del Oeste y que con sus abruptas acciones destruyeran el Estado ucraniano. Mientras en Kiev se preservara la apariencia  de un poder legítimo, ese frágil equilibrio de alguna forma también se conservaría. Pero hay que decir que el sueño de los occidentalistas debía radicar en sostener a Yanukovich en el poder, pues precisamente Yanukovich, siendo un presidente del Este, siempre sería una garantía para la preservación de la integridad territorial del país.

La llegada a Kiev de radicales y ultranacionalistas –y encima de forma ilegítima- significa, naturalmente, la quiebra de la estatalidad ucraniana. Esto es precisamente lo que ha dado la posibilidad a Crimea de lograr lo que ni los propios crimeanos ni los defensores de Crimea y del Este de Ucrania en Rusia soñaban. Con la destrucción de la legitimidad del poder en Kiev, han tenido por primera vez la posibilidad de nombrar en Sebastópol a su propio alcalde y en Simferópol a su propio primer ministro, que provienen de formaciones políticas prorrusas.

De facto, estas regiones han obtenido la posibilidad de adquirir una independencia real, cosa que se plantea en el referéndum. Y además, dando a las autoridades de Crimea la posibilidad de no reconocer la legitimidad de Kiev, cosa que en realidad se corresponde estrictamente con la Constitución y leyes ucranianas. Los que han tomado el poder en  Kiev derrocando al presidente legítimamente electo, también han infringido los acuerdos alcanzados que garantizaron los ministros de Exteriores de Polonia, Francia y Alemania.

Además, los acontecimientos en Crimea han inspirado a los rusos y a los ruso-parlantes en Járkov, Donetsk, Lugansk, Dnepropetrovsk y Odesa, pues han dado la oportunidad a estas regiones de plantear la cuestión de la federalización del país.

(Traducido del ruso por Sergio Hernández-Ranera)

Fuente: IZVESTIA

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