El domingo 10 de junio se daba noticia en esta misma web del nacimiento de una curiosa “Asociación de Ex Miembros del Servicio de Inteligencia Español (AEMSIE)”. El tema se trataba con tanta objetividad que incluso se reproducía íntegramente el artículo de presentación publicado al respecto por uno de sus promotores, el general Ricardo Martínez Isidoro.

Como quiera que en aquella primera noticia crítica sobre AEMSIE (titulada “Los antiguos espías españoles quieren seguir en la brecha, dale que dale”), ya se advertía que si se abría un debate sobre el tema no iba a dejar de animarse, vaya, pues, de inmediato, esta opinión rápida y libre sobre el tema.

Congratula que, atendiendo a una de las primeras críticas lanzadas contra AEMSIE, su presidente, el coronel Juan Martín Roy, proveniente del Ejército de Tierra, haya rectificado a través de la Agencia EFE (16/06/2012) la presentación inicial de la asociación, que dejaba muy clara su exclusiva apertura a los antiguos miembros del CESID y del CNI, excluyendo a los del SECED, que fue la organización fundacional de los Servicios de Inteligencia. Un cambio de criterio plausible, aunque sólo sea como salvaguarda del principio de igualdad constitucional.

Lo que nos parece mucho más discutible es que el principal objetivo de la AEMSIE, cosa en la que insisten sus promotores, sea verdaderamente el de “difundir la cultura de Inteligencia”. Añadiendo que eso es así porque, en su opinión, “la sociedad no tiene muy claro la necesidad de los servicios de inteligencia y su labor”.

No vamos a entrar en si la sociedad española tiene o no tiene clara dicha necesidad, ni, mucho menos, si conoce o quiere conocer la labor que desarrollan los Servicios de Inteligencia, secreta prácticamente en todos sus términos, no tanto por su propia naturaleza como porque así lo establece de forma tajante el artículo 5.1 de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del Centro Nacional de Inteligencia. Lo que en todo caso rechina y choca con el buen entendimiento es que, si de verdad se quieren alcanzar esos objetivos, el instrumento para lograrlo sea este tipo de asociaciones de espías eméritos, en vez de una adecuada política de comunicación del CNI o del propio Ministerio de Presidencia del que depende.

Cualquier persona informada en la materia, sabe, por ejemplo, que sin una adecuada industria militar que la soporte, la defensa nacional es una pura entelequia, y que, siguiendo esa misma línea argumental, cuando un país carece de tecnología propia, en ese terreno específico y en otros ámbitos estratégicos concomitantes, la soberanía nacional simplemente no existe.

Estando a lo que estamos, es igual de evidente que sin una cultura de Defensa, la cultura de Inteligencia reclamada por AEMSIE es pura filfa y que, sin una cultura Nacional, el Estado es poco más que una teoría o un mero simulacro administrativo. Pero es que, sin cultura a secas, sobre todo en la versión alemana (kultur) de “cultura-educación” y “cultura-nación”, que hoy por hoy en España falta a espuertas, ¿qué significa la “cultura de Inteligencia”…? Pues nada de nada.

Dicho de otra forma, si el Servicio de Inteligencia tiene por responsabilidad principal la de defender “la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de Derecho y sus instituciones”, es decir la de servir a la Defensa Nacional, es obvio que lo que entonces se debe priorizar, y con razón, es la “cultura de Defensa”. Ese es un esfuerzo/necesidad nacido a raíz de que la Ley 17/1999, de 18 de mayo, de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas, impusiera un nuevo modelo de Fuerzas Armadas plenamente profesionales, rompiendo la cohesión que hasta entonces, y aun siendo débil, existía entre éstas y la sociedad civil a través del servicio militar obligatorio.

No obstante, la realidad es que en la actualidad este esfuerzo/necesidad para promover la “cultura de Defensa”, esta sumido en el mayor de los fracasos. Y no sólo por razones presupuestarias, sino porque, cuando ha existido dotación económica para ello, que la hubo, su diseño ejecutivo ha primado el interés endogámico y doctrinal de las Fuerzas Armadas, e incluso sus expresiones más académicas, frente al contacto real y llano con la base social...

Entonces, ¿qué sentido tiene en estos momentos difundir una “cultura de Inteligencia” de escaso contenido e interés social y sin subordinarla a una prioritaria “cultura de Defensa”? Quizás el de querer consolidar la generosa mamandurria de las ayudas económicas que le viene prestando la tesorería del CNI; es decir, el de seguir tirando el dinero de “la Casa” por la ventana y el de que algunos de sus fieles más recalcitrantes sigan mamando de sus tetillas, antes y después de jubilarse.

Durante la etapa en la que estuvo al frente del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, Josep Borrell puso de moda el término “ecologeta” para distinguir a quienes pretendían vivir del falso ecologismo de quienes, plenamente informados, eran auténticos ecologistas entregados al servicio de una vocación socialmente admirable.

En una materia tan delicada y cuestionada como la Inteligencia Nacional, también convendría distinguir entre los Oficiales de Inteligencia (agentes y analistas del CNI) con vocación de verdadero servicio a España, socialmente algo más que respetables, y los “culturetas” de la Inteligencia.

Si la AEMSIE continúa su legítima campaña de auto propaganda, estaremos encantados de seguir debatiendo el tema.

*Fernando J. Muniesa es analista y consultor de Defensa y Seguridad

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