Por Jerôme Bourbon*

El alalí ha sonado [Alalí: toque de acoso. Nota de la PT]. Dieudonné está desde ahora acosado por todas partes. Sus diversos espectáculos previstos en provincia han sido prohibidos: en Nantes, Burdeos y Tours. Manuel Valls el ministro “socialista” puso el huevo el día de la Epifanía. Envió una circular especialmente concebida contra el humorista franco-camerunés destinada a los prefectos conminándolos a prohibir de manera sistemática todos los espectáculos del rebelde, debido a “expresiones antisemitas e infamantes contra varias personalidades de confesión judía (…) y frases virulentas y chocantes a la memoria de las víctimas de la matanza de israelitas durante la Segunda Guerra Mundial, contenidas -dice-  en “El Muro”, su última creación.

Al recibir en el Palacio del Elíseo días antes de Navidad al CRIF [Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia. Nota PT]. por sus 70 años de existencia, Francois Hollande había dicho como un perrito faldero con una cinta alrededor del cuello :”Nosotros os escuchamos”. Y en efecto, el Jefe de Estado y todo el gobierno ejecutó inmediatamente las órdenes del gran Sanedrín, anunciando medidas enérgicas contra el humorista franco-camerunés. Para aquellos que aún lo ignoraban, ahora se sabe quién dirige este país, quién da las órdenes tanto a los políticos como a los medios de comunicación. Basta con leer la prensa escrita, desde Le Monde hasta Liberation, pasando por Le Point y Le Nouvel Observateur, para constatar que Dieudonné se ha transformado en el enemigo público n°1 y que todo está organizado desde ahora para destruirlo, destruirlo socialmente, profesionalmente y quién sabe, físicamente. Es de temer que todo esto termine muy mal. Incluso el Teatro de la Main d’Or de Paris (distrito 11 de París) el cual muchos pensaban que era Dieudonné el propietario, podría estarle prohibido y entonces no podría presentarse ante el público, a menos de desplazarse y hacer presentaciones de nuevo en bus, como ya lo hizo antaño, con todas las dificultades prácticas e inconvenientes que esto representa y, a condición que el gobierno no encuentre nuevos pretextos para impedirle estacionarse en algún lugar.

¿Sabían ustedes que el teatro de la Main d’Or, oh, cruel ironía, pertenece a unos judíos grandes donadores a la comunidad israelita y sionistas patentados?  El teatro donde se presenta Dieudonné varias veces por semanas, el humorista francés más prestigioso que existe después del malogrado Pierre Desproges, es propiedad de la Sociedad Amnesia, co-administrada por Georges Melka y Gabriel Lévy. Estos dos últimos, regresaron a toda prisa de Israel en la noche del domingo al lunes pasado y se reunieron el 7 de enero para tratar de encontrar una solución con el fin de expulsar del local al humorista. En circunstancia que Dieudonné ha pagado rigurosamente hasta ahora el alquiler y su contrato con la sociedad Amnesia expira sólo en 2019, algunos juristas habrían encontrado la falla para lanzar a la calle al humorista. El contrato fue firmado en nombre de la sociedad “Bonnie Production”, que Dieudonné creó pero que fue disuelta hace unos años. El nombre de la nueva sociedad de producción de Dieudonné cuya mujer es la gerente, “Las Producciones de la pluma”, no figuraría en el contrato. De todos modos se puede contar con Themis para sentarse en el derecho y obedecer a lo que dice el lobby.

Una vez más, el odiado Manuel Valls, que algunos imbéciles tomaron por un moderado cuando es un amigo del siniestro y repugnante Dominique Strauss-Kahn, se exhibe con desparpajo con una kippa y muestra su maleficencia. Ataca con una ferocidad nunca vista a un humorista anticonformista y valiente e incluso temerario, en lugar de tratar de resolver los graves problemas a los que está confrontado nuestro país. Pero no es sólo Valls el culpable, no son únicamente los poderes públicos, son todos los partidos (y particularmente l’UMP cuyo presidente, el israelita Jean-François Copé aprobó por cierto la circular del ministro del interior socialista), los periódicos, los editorialistas, quienes aprueban abiertamente la censura, la caza al hombre y otros, que manifiestan ciertas reservas sobre el método gubernamental empleado pero tienen el cuidado previamente de condenar a Dieudonné. Es el caso de Marine Le Pen que se declara conmovida y choqueada por las expresiones del humorista. Qué delicada y finolis ella!

En cuanto a nosotros, decimos francamente, sean cuáles sean las divergencias intelectuales y espirituales que podamos tener con Dieudonné, que le declaramos todo nuestro apoyo en estas circunstancias, nuestra simpatía e incluso nuestra admiración. Es necesario, en efecto, coraje, bravura, tenacidad, e incluso heroísmo para resistir a la aplanadora mediática. Dieudonné está hoy en día a punto de perder todo: su teatro, su herramienta de trabajo. Si no baja los brazos y continúa resistiendo con fiereza al sistema, Diedonné podría no sólo perder su situación social pero incluso su vida. Cuando observamos que la policía de Lyon ha arrestado a esbirros estremistas judíos que atacaron a personas anónimas porque simplemente habían hecho el famoso gesto de la “quenelle”, se puede medir el peligro al que se expone el humorista.

Lo hemos dicho y escrito a menudo : el problema judío es, se quiera o no, un asunto central. Los cobardes y los imbéciles nos reprochan de estar obsesionados con el tema. De ninguna manera. No somos nosotros los que hablamos ad nauseam de las horas “más sombrías de nuestra historia”. Sino que la cuestión judía es un problema teológico fundamental desde hace dos mil años y es también un problema político y desde ahora geopolítico con el sionismo y el estado de Israel. El problema del revisionismo histórico es algo esencial. Es la línea de separación entre aquellos que forman parte del Sistema y aquellos que se oponen. La Shoa es en efecto la viga maestra del nuevo orden mundial desde 1945, el dogma obligatorio al cual todas las instituciones y todos los individuos deben adherir, como hizo la Iglesia, más aún después de Juan Pablo II. Todos los partidos políticos, comprendidos aquellos de derecha o populistas, están obligados a someterse si quieren tener derecho de ciudadanía. Es lamentablemente lo que hicieron unos después de otros. El “affaire Wiliamson” mostró que incluso los tradicionalistas para ser reconocidos por los impostores del Vaticano deben adherir a la Vúlgata, que no es otra cosa que una blasfemia porque en su lógica no sería la muerte de Cristo en el Gólgota y su resurrección, las que constituyen el episodio central de la historia, sino la muerte de millones de israelitas en la cámaras de gas durante la segunda Guerra Mundial.

Vemos que lo que ocurre hoy  va mucho más allá de un asunto de “quenelle” o de un humorista controvertido. Toda la efervescencia actual muestra que vivimos en un mundo de tarados donde la verdad está prisionera bajo un tupido velo de mentira,  las libertades elementales son pisoteadas y el aire ya comienza a faltarle a nuestros pulmones.

*Jerôme Bourbon es director de Rivarol

http://youtu.be/SVlWCPGHC3E

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