Juan Antonio Elipe Songel

No existe ciudad española en la que, en algún balcón, plaza o incluso administración pública, no se vea ondear la bandera de Ucrania. Se dirá que es una mera cuestión de solidaridad con nuestros hermanos ucranianos, y respecto a la integridad de un país: horror por una guerra impuesta por Vladimir Putin, una invasión a un estado, el ucraniano, sujeto de derecho internacional y ejerciente de sus intereses patrios. Respecto del dirigente de la Federación Rusa la cuestión es más compleja al mezclarse la propaganda de guerra con la realidad de sus actuaciones, instrucciones y decisiones.

Las primeras razones que se invocan son claras:  Un país soberano como Ucrania no puede ser invadido por el capricho territorial, y el albur de otra potencia extranjera como la Federación Rusa. Se deslegitima la guerra por el mero hecho de la invasión a un país soberano y reconocido internacionalmente como es el caso. Desde esta perspectiva el estado invadido goza de toda legitimidad para defenderse y defender su integridad nacional vulnerada. Irreprochable argumentación legitimadora del derecho a la defensa del pueblo de ucrania. Debemos adentrarnos quizás, para conocer mejor los hechos y justificaciones, en la historia común de ambos pueblos. Una historia plagada de hechos históricos controvertidos que desdibujan cualquier intento deslegitimador del contrario.

La historia de ambas naciones nos lleva a la siguiente conclusión: la herencia que comparten ambos países se remonta más de mil años atrás, a un momento en el que Kiev, hoy la capital de Ucraniaera el centro del primer estado eslavo, la Rus de Kiev, el lugar de nacimiento tanto de Ucrania como de Rusia. La historiografía, si se examina con tiento, empieza a confundir a una y otra nación, lo que desde luego no justifica la invasión a la moderna y antigua Ucrania. En tiempos de la Rus de Kiev, esta federación de tribus eslavas dominó una gran parte de la estepa europea entre los siglos IX y XIII. Bajo el mando de la poderosa dinastía rúrika se pasó del paganismo eslavo al cristianismo ortodoxo en el año 987, base fundamental para el forjamiento de una cultura común que resistió a las sucesivas invasiones mongolas y se mantuvo por siglos. Es en este punto donde tanto Rusia como Ucrania consideran que surge su estado fundacional. No se puede hablar de un estado ucraniano en sí hasta 1917. Ese año el imperio ruso se retira de la I Guerra Mundial y en territorio ucraniano se desata un vacío de poder alentado por la guerra civil rusa. En este contexto, se crea en Kiev la República Popular Ucraniana, donde se concentran las aspiraciones nacionalistas ucranianas, y la República Popular Ucraniana de los Sóviets creada por Vladimir Lenin en Járkov. La Segunda Guerra Mundial trajo la Operación Barbarroja en 1941 y la invasión de la Alemania nazi. En el final de la Unión Soviética, que se materializa en 1991, el 24 de agosto de ese mismo año, el parlamento ucraniano declaró la independencia, posteriormente ratificada el 1 de diciembre de 1991 por medio de un referendo. Este paso, junto con la posterior firma del Tratado de Belavezha certificaron el final de la URSS y el reconocimiento como estado independiente de Ucrania. Crimea, una región de mayoría rusa, aprobó un referendo para unirse a Rusia en marzo de 2014 que no fue reconocido. Sin embargo, su anexión se efectuó pese a las protestas de la comunidad internacional en junio de ese año. Las regiones de Donetsk y Lugansk votaron en dos referendos convertirse en Republicas Populares independientes. La razón fue la misma, la mayoría de su población es rusa. Este último paso desató un conflicto armado entre prorrusos y el poder central, ya en manos del expresidente Petro Poroshenko, que no se ha detenido pese a la firma de los acuerdos de Minsk en 2015. Es en este contexto en que se produjo la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, todo ello avivado con la solicitud de ingreso de Ucrania en la OTAN y en la UE.

Lo realmente cierto, pese a las disquisiciones históricas, es partir de un hecho objetivo: Ucrania es un país independiente, reconocido internacionalmente que ha sido agredido en su unidad territorial con la invasión de un país extranjero. Bien, para reconocer que se posee legitimidad para hacer frente a la invasión de la Federación Rusa, procede comparar las circunstancias con hechos producidos en occidente con características y singularidades parecida.

Los supuestos idénticos, serían por ejemplo la invasión francesa de España por Napoleón, se podía argüir que, las tropas napoleónicas, no sólo invadieron España, además quisieron crear una nueva legalidad de cuño foráneo, pero respetando, de alguna manera, la territorialidad de la nación.  En 1808, la invasión francesa del territorio español generó la imposición por parte de Napoleón Bonaparte de un reemplazo del rey español por José Bonaparte. La justificación de la guerra la generó el Pueblo Español que en ningún momento asumió la nueva legalidad impuesta por los franceses. España se sintió agredida, vejada e invadida por una potencia extranjera.

Otro precedente históricosería, entre nosotros, durante la guerra de sucesión española, una flota angloholandesa tomó la plaza de Gibraltaren nombre del archiduque Carlos, los ingleses izaron su bandera y se apropiaron del territorio. En los años siguientes Felipe V hizo varios intentos de recuperar la plaza, lo que claramente no se consiguió. Carlos III lo volvió a intentar en los años 1779 y 1782. La historia de España ha sido una reivindicación constante de ese territorio como español, excepto, eso sí, en períodos de decadencia o de gobiernos felones en España.

España es un país reconocido internacionalmente, tiene legitimidad, es una de las naciones, o la nación más antigua de Europa y, está invadida en su territorio por una potencia extranjera, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Así pues, España cumple los mismos requisitos que Ucrania para justificar su “acción” contra el invasor. Salvando unas diferencias obvias: ni la cultura, ni los valores e ideas nos unen al ejército ocupante británico ni a la población asentada en el Peñón. No compartimos con ellos nada, o muy poco, si tenemos presente los “valores occidentales”y, en todo caso haber sido los británicos miembros, como lo somos nosotros, de la Unión Europea.

Dado que la legitimación de la guerra se busca por occidente en la singularidad internacional de Ucrania, va siendo hora de que España, en cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas, sin llegar a tanto, y por respeto a la legalidad internacional, inste a la inminentereversión del territorio de Gibraltar a la Nación Española. Respecto a la indemnización francesa debida por los hechos, actuaciones y tropelías del ejército francés napoleónico en España, si quieren lo dejamos pasar…

Fuente: Posmodernia

 

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