altPor Cyprian Darczewski*

Tengo antecedentes familiares que no me permiten ser un gran amigo de Ucrania. Me esfuerzo por superarlo y ser objetivo con este país, aunque no es fácil. No sé si conozco y veo más que mis compatriotas pero seguramente lo veo de otra manera. Y ¡caramba! no entiendo nada en esta vida.

El viernes volví de Ucrania Occidental donde doy clases en una universidad. Por supuesto, hablé con mis alumnos sobre la tendencia eurocentrista en su país. ¿Por qué quieren ingresar en la UE? – por el régimen sin visados. Todos mencionaron este aspecto. Y es un argumento fuerte. ¿Cuáles son sus expectativas en cuanto a la situación económica? – quieren ganar más. Me miraban con desconfianza cuando les explicaba que el ingreso en la UE no aumentaría sus sueldos. ¿Qué cambios esperan en la infraestructura? – que se arreglen las carreteras. No fueron capaces de aceptar que las carreteras las podrían arreglar ellos mismos. Y, finalmente, ¿cuáles son sus expectativas políticas? - ¡la dimisión del actual presidente Yanukóvich! Los alumnos no se pusieron de acuerdo sobre quién puede sustituirlo al descartar a los ex mandatarios Leonid Kuchma y Víktor Yúschenko e incluso a la opositora Yulia Timoshenko. Ninguno de mis estudiantes se mostró dispuesto a pagar más por el gas y la gasolina tras ingresar en la UE.

Después de una media hora de discusión el eurocentrismo de los jóvenes ucranianos menguó aunque no desapareció del todo – por lo de los visados. Fue curioso escuchar sus argumentos a favor de sustituir al presidente Yanukóvich: porque no quiere que Ucrania ingrese en la Unión Europea. Resulta que si la UE suprimiera los visados para los ucranianos, el presidente Víktor Yanukóvich podría permanecer en el cargo.

Una gran sorpresa, y desagradable, mis alumnos se llevaron al conocer que los alemanes y los franceses no apoyan la adhesión de su país a la Europa de los veintiocho. Y otra, aún mayor, al enterarse de que la Unión Europea puede suprimir, y lo hace a veces, el régimen de visados con los países que no forman parte de esta comunidad política. Pero siguiendo esta lógica, los polacos deberían haber solicitado disolución de todos sus gobiernos desde 1989 ya que hasta ahora necesitamos visado para viajar a EEUU.

La reacción de Polonia ante el deseo de Ucrania de integrarse en la UE es aún más inexplicable. ¿Cuál es nuestro principal problema? La creciente tasa de desempleo que alcanza ya el 13,3 %. Es por esta razón que varios millones de polacos están trabajando fuera del país. ¿Acaso la tasa de desempleo bajará con la adhesión de Ucrania a la UE? ¡Claro que no! ¡Todo lo contrario, aumentará! ¿Quizás mejore la situación de nuestros compatriotas en los mercados laborales europeos? ¡Tampoco! Justo al revés, porque será más difícil encontrar trabajo y los salarios bajarán. ¿Recibirá Polonia más ayudas europeas? Nada de eso, ya que habrá más mano de obra.

Entonces ¿por qué queremos que Ucrania entre en la Unión Europea? – Para liberarla de las «garras de Rusia». Pero ¿por qué si esto perjudica los intereses nacionales? Pues, para contrariar a Rusia. Pero ¿por qué? ¡Porque sí!

Sinceramente no comprendo lo que dicen los políticos polacos. Aseguran, por ejemplo, que la adhesión de Kíev a la UE ayudará al país eslavo a consolidar la democracia. Pero un momento... Cuando invitamos a Ucrania a firmar el acuerdo de asociación en Vilna ya reconocimos que es un estado democrático. ¿Dónde está esa democracia ahora? ¿Habrá emigrado? Todos coinciden en que hay que dialogar con Kíev. Convencido de ello, el canciller polaco Radosław Sikorski lanza acusaciones públicas de corrupción contra Víktor Yanukóvich y su Gabinete. Al leerlo he pensado que Sikorski estaba borracho o alucinando. Pero ahí quedó la cosa. Por lo visto, el político estuvo transmitiendo la postura oficial del gobierno polaco. Por lo visto, fue una sutil invitación al diálogo con Kíev...

Ante los partidarios ucranianos de la euro-integración que se manifiestan en Maidán, la plaza céntrica de Kíev, intervino el líder de la oposición polaca Jarosław Kaczyński. Siendo uno de los representantes más firmes de euroescepticismo en Polonia, en la capital ucraniana se transformó milagrosamente en un euroentusiasta. Kaczyński se alegró como un niño cuando la multitud acogió su discurso con exclamaciones de aprobación. Lástima que no le hubieran traducido que estas exclamaciones provenían de la Organización de Nacionalistas Ucranianos y el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA, por sus siglas en ucraniano), responsable del genocidio de más de cien mil polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Lástima, porque hace tan sólo cinco meses Kaczyński exigía declarar la masacre de polacos étnicos en Volinia llevado a cabo por UPA como un acto de genocidio.

Uno de los primeros decretos de Víktor Yanukóvich («este antidemócrata corrupto») tras llegar a la presidencia fue despojar al líder del UPA Stepán Bandera del título de héroe nacional consagrado y legitimado como tal por el anterior mandatario ucraniano («proeuropeo»), Víktor Yúschenko. No olvidemos que éste último se convirtió en presidente gracias al apoyo del ex presidente polaco, Aleksander Kwaśniewski. Así se lo agradeció, de forma muy
«europea».

Yúschenko, a su vez, sustituyó en la presidencia a Leonid Kuchma, un político acusado de dictador, al que Aleksander Kwaśniewski también había apoyado en muchas ocasiones. Seguramente esto no tendrá que ver con que la Fundación de Kwaśniewski fue financiada por el yerno de Kuchma cuyas donaciones se valoraban en millones de dólares. Pero no viene a cuenta ni merece la pena ser recordado porque por el canciller polaco sabemos que el único corrupto es Yanukóvich, nadie como él. Ni siquiera la condenada por corrupción Yulia Timoshenko.

Cuando intento analizar lo que está sucediendo en Polonia en torno al conflicto ucraniano, me parece que estoy delirando o me encuentro en un manicomio. Si yo, como buen patriota polaco, quisiera contrariar a Putin debería defender a Yulia Timoshenko. Porque en realidad, no se trata de Ucrania sino de Rusia y de Putin. A propósito de Rusia. La cadena pública de televisión polaca TVP tiene previsto sustituir a su corresponsal en Moscú. A la capital rusa irá un periodista ¡que no habla ruso! ¿Les parece un disparate? No lo es. Es que no tiene que comprender a los rusos, ni siquiera escucharles. Lo importante es que hable. ¿De qué? De lo que se espera que hable.

*Politólogo polaco, Varsovia

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