Pore Àngeles Martínez

En España, la mayoría de la ciudadanía vio en la entrada en el euro, un paso hacia la transformación social, situación que generó un sentimiento de progreso, desarrollo y prosperidad; un cambio de estatus que permitía ingresar de forma plena en la Unión Económica y Monetaria (UEM) y codearnos en igualdad de condiciones con el resto de los países europeos. Asimismo, la UEM no sólo suponía la integración en un Mercado Común sino la creación también de una moneda común: el euro. Sin embargo, su construcción como moneda se ha diseñado para que sea autónoma de los estados, pero con una total subordinación a los bancos y a los mercados financieros. De esta forma, los estados sólo pueden utilizar el euro, pero no pueden controlarlo.

La configuración del euro junto a la crisis actual posicionan a España ante una grave situación social; además, la crisis no es pasajera, el propio modelo de producción capitalista favorece la especulación financiera, el desempleo, la desigualdad, el cambio climático, el hambre, la crisis energética, de identidad, de valores, de ética y de democracia. Para unas personas el problema de la situación existente se encuentra en el euro, para otras, el problema sería aún mayor si España no estuviera en la Unión Monetaria (UM). Para analizar lo anterior, se plantea a continuación tres escenarios posibles a) permanecer en el euro b) salir del euro y c) la creación de un eurosur.

El primer escenario, permanecer en el euro, es una posición defendida fundamentalmente por los gobernantes europeos. Sus argumentos se centran básicamente en que no existe vuelta atrás, donde el euro es una cuestión central de la política económica. Las cuestiones que se defienden para justificar la continuidad están relacionadas únicamente con el sector financiero y empresarial, en ningún momento se justifica la permanencia en el euro con cuestiones sociales. Desde esta posición, la ruptura de la eurozona no tiene cabida, pero curiosamente los bancos y las grandes empresas se adecúan como si realmente esto fuera a ocurrir.

Uno de los autores que defiende la permanencia en el euro es Andrew Watt, Director del Instituto de Política Macroeconómica de la Fundación Hans Böcker. Al no existe ninguna disposición legal para que un país pueda abandonar el euro, cree que los costes serían indeterminados y probablemente muy altos. Interpreta que una salida de un país daría lugar a una rápida desintegración a través de los efectos de contagio, donde el deseo democrático de otros países a permanecer dentro de la UM sería pisoteado por los mercados financieros. Entiende además, que la salida de un país puede ocasionar una retirada máxima de depósitos bancarios, no sólo en el propio país, sino en otros países cuya población y gobierno han decidió permanecer en el euro. Le preocupa que la posterior devaluación ocasione una inflación elevada, un caos monetario y una inmediata parada de las importaciones; igualmente le preocupa que al dejar el euro uno o varios países, se produzca no sólo una estampida de ciudadanos sino también de inversiones. Por otro lado, opina que las políticas de austeridad se están ya relajando y permitiendo a Francia, Italia, España y a los Países bajos aflojar el “corsé de la austeridad”.

El segundo escenario: salir del euro. Se está desmantelando poco a poco el Estado de Bienestar en cada uno de los países de la UE. Las políticas neoliberales están consiguiendo lo que la derecha siempre ha soñado: reducir los salarios de los/as trabajadores/as, la negociación individual (frente a la negociación colectiva y frente a los sindicatos como agentes de la negociación), y el adelgazamiento de lo público a favor de los intereses privados; además de dejar a los Estados de la Eurozona desarmados ante los mercados. Por un lado, los Estados no pueden intervenir para devaluar su moneda; por otro lado, el Banco Central Europeo (BCE), no tiene ninguna obligación de actuar. La situación les lleva a la indefensión ante la especulación de los mercados financieros, y a aceptar condiciones que día a día deprimen más sus economías.

Economistas nada sospechosos como Kennet Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), o cinco Nobel de Economía, como James Mirrlees Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Christopher Pissarides y Thomas Sargent, dudan de la viabilidad o supervivencia del euro. En general, contemplan y recomiendan la salida del euro y la vuelta a la peseta, no sólo para realizar una devaluación y ganar competitividad sino para “volver a la peseta e imprimir mucho dinero y usarlo en inversiones públicas deseables y en políticas de empleo”.

Desde posiciones de izquierda, uno de los pensadores que está abanderando las tesis contra el euro se encuentra Castas Lapavistsas, economista griego y profesor en la Universidad de Londres School of Oriental and African Studies; es además, colaborador de la sección de opinión del diario londinense The Guardian y miembro de la Research on Money and Finance. Junto a autores considerados keynesianos y marxistas, ha realizado un informe donde se critican las medidas de austeridad de la Unión Europea ante la crisis. En su opinión, es necesario abandonar el euro para evitar “el aumento de la pobreza, la pérdida de derechos democráticos y de soberanía nacional en los países periféricos”. Desde la izquierda alemana, Die Linke, se cree también en la necesidad de una ruptura de la moneda única para que el sur de Europa pueda recuperarse.

Entre los autores españoles, se puede encontrar a Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla. En su opinión, “no contemplar la posibilidad de salir del euro es ya un error que nos va a costar muy caro”; entiende que para permanecer en el euro, se necesitaría un diseño distinto y otras políticas contra la crisis. Gregorio López Sanz, profesor del Área de Política Económica de la Universidad de Castilla-La Mancha, opina que “si estar en el euro significa aceptar las consignas estranguladoras de la Troika, salir del euro no tiene por qué ser una utopía y hasta necesario si no queremos caer en la quiebra absoluta”. Viçent Navarro, Catedrático de Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Pompeu Fabra, entiende que es urgente que se abra un debate en España sobre “el mérito o demérito de salirse del euro”, y critica que apenas existan debates sobre este asunto o que en la “izquierda apenas aparecen artículos que cuestionen la permanencia de España en el euro”.

El llamado euroecepticismo, no proviene sólo de la izquierda, también la derecha y especialmente los partidos de ultraderecha están teniendo un papel destacado. Un ejemplo es Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional Francés, quien entiende que la UE es “una anomalía global” y que se terminará por “colapsar como la Unión Soviética”, dando paso a una época de prosperidad económica. Su mensaje lo trata de extender incluso a España. En Alemania, el nuevo partido de derechas “Altenativa para Alemania” –que obtuvo en las últimas elecciones de septiembre sólo el 4,7% de los votos–, defiende la exclusión de los países del sur fuera de la eurozona, “porque no cumplen con los requisitos y las reformas estructurales para permanecer en la moneda única”. Su presidente, Bernd Lucke, piensa que “Alemania no debe abandonar el euro, sino los países del sur”. Interpreta que puede ser una oportunidad especialmente para países como Portugal o Grecia ya que recobrarían la competitividad de sus economías.

El tercer escenario, el eurosur, de momento existe pocas personalidades que argumenten claramente estas posiciones. En opinión de Oskar Lafontaine, ex ministro de Finanzas alemán y en su día uno de los precursores del euro, “los alemanes aún no se han dado cuenta de que el sur de Europa, incluida Francia, se verá obligado por su miseria actual a luchar contra la hegemonía alemana, tarde o temprano”. Para contrarrestar esta hegemonía neoliberal, se podría hacer un frente común entre los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España). De esta forma, se reaccionaría de manera sólida y conjunta, con el objetivo de frenar las políticas de recortes impuestas por la Troika y que tan bien se acomodan en Berlín.

En relación con la productividad de los países, sería necesario aplicar otros parámetros que no fuesen el PIB, y que estuvieran más en consonancia con otros indicadores, como por ejemplo pudieran ser, los de la “Economía del Bien Común” de Christian Felber. El análisis que se realiza a continuación, con los datos del PIB proporcionados por el Fondo Monetario Internacional a 2012, está elaborado bajo el mismo paradigma neoliberal que aplica la Trokia: “lo importante de un país es el crecimiento de su PIB”. Si se sumara el PIB de España e Italia, éste resultaría menor en un 0,48% que el de Alemania. El PIB de los eurosur (o PIIGS) más el de Francia sería un 4,35% superior al de euronorte; además, el PIB de los PIIGS estaría en un 34,78% por encima al de euronorte sin Alemania ni Francia. Con los datos obtenidos se infiere que el control del eurosur recae sobre Italia y España y el control del euronorte sobre Alemania y Francia. Si se produce una salida de Francia o se incorpora al eurosur, entonces cambiaría toda la estrategia de poder vigente. Alemania necesita a Francia en euronorte para mantener el control de la UE; por lo demás, el resto de países de euronorte son sólo meras comparsas puesto que el PIB de todos juntos suma bastante menos que el PIB de España e Italia.

¿Qué sucedería si se sale del euro y se vuelve a la peseta? No existe ninguna experiencia similar al euro, por lo que no existe certeza en los acontecimientos; bien es verdad, que hasta la fecha se han roto algunas uniones monetarias (Argentina o URSS) que sirven de paradigma. Entre las diversas cuestiones que pueden surgir, se destacan las fundamentales: a) Se aplicaría un “corralito” para evitar la “posible” huida de capitales; (aunque el corralito evitaría pocas fugas. Según el Banco de España a “julio de 2012 habían salido de España más de 235.000 millones de euros”). Las personas titulares de cuentas bancarias sólo podrían sacar en efectivo una cantidad máxima que podría ser aproximadamente entre 400-500 euros a la semana. b) Se aplicaría la conversión de la “peseta-euro” (en Argentina se fijó 1 dólar por cada 1,40 pesos), donde las deudas en euros se pasarían a pesetas, produciendo un alivio a los deudores. c) Se tendría que imprimir billetes y hacer monedas en pesetas, y mientras se hace esto, sería necesario estampar un sello en los billetes de euro para poder distinguir los españoles del resto. d) Cuando la peseta empezara a circular, posiblemente se devaluaría de golpe entre un 25-50% (como piensan algunos economistas). Por otro lado, la deuda pública se relajaría al convertirse en pesetas devaluadas.

En el caso de la ruptura de Argentina con la paridad peso-dólar y al devaluar su moneda, los productos del país se abarataron y aumentaron su competitividad. Se incrementó el gasto público, logrando una mayor redistribución de la renta que desembocó en un crecimiento económico debido al aumento de demanda interna. Se logró alcanzar en 10 años una subida del PIB del 90%, convirtiéndose en uno de los países con mayor crecimiento de Ameríca Latina; además, se redujeron las desigualdades, la pobreza y las tasas de desempleo. Todo esto fue posible no sólo por romper la paridad peso-dólar sino a la renegociación de su deuda externa, que posibilitó una reducción y un menor pago de intereses.

El problema de las uniones monetarias y del euro en particular es que están motivadas por decisiones económicas y financieras. En la construcción del euro no se ha tenido en cuenta ningún aspecto político o social; además, cada vez serán mayores los desencuentros entre los países del norte y los del sur de Europa, así como mayores serán, igualmente, las desigualdades sociales. Es prioritario abrir un debate sobre la necesidad o no de salirse del euro y responder a cuestiones como las siguientes: salir del euro ¿para qué?; sabemos cuáles son los criterios de la derecha al respecto, pero ¿hay alternativas al euro desde la izquierda?; ¿la salida del euro es una garantía de ruptura con el euroliberalismo?,

En realidad, no importa el euro, ni el eurosur o euronorte. Importa desactivar las políticas neoliberales impuestas en el mundo por el FMI y el Banco Mundial y, en Europa, por la Alemania de Merkel.

*Ángeles Martínez García es Doctora en Sociología

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