Por Cristina Sánchez*

¿Puede la industria mantener sus límites éticos, cuando se postula al servicio de un  sistema de producción capitalista que no parece frenarse ante nada ni ante nadie, protegido por leyes legisladas en parlamentos democráticos, cuyos miembros están en muchos casos pagados con los beneficios obtenidos de dichas transacciones?

El tráfico de órganos de fetos, como consecuencia de la decisión de las mujeres a interrumpir su embarazo, va mucho más allá de la legítima polémica moral o amoral, del aborto. Los millones de dólares que está generando este comercio en las últimas décadas en EEUU, desata una nueva controversia: de seguir demandándose órganos y tejido fetal de células madre a este ritmo, existe la posibilidad de que se pongan en marcha mecanismos y protocolos que inciten a decisiones, en apariencia libremente tomadas, mientras las administraciones, simplemente, miran para otro lado.

Según han denunciado varios medios de comunicación y prestigiosos miembros de la sociedad estadounidense, dedicados a distintos campos de la investigación, y otras disciplinas, las lucrativas cifras de esta práctica ponen en serio peligro la legitimidad de las investigaciones médicas, mientras se demuestran otros usos, como la existencia de tejidos fetales en las industrias de la alimentación y los cosméticos. La científica experta en fisiología, Theresa Deisher, en un discurso pronunciado en Washington, aseguraba que existen un millón ochocientas mil transacciones de fetos al año en EEUU. ¿La industria del aborto?

Bajo qué procedimientos se llevan a cabo estas prácticas y cuáles son los actores implicados

Por parte de la Administración Obama y, anteriormente, por la de Bill Clinton, el Laboratorio de Investigación de la Universidad de Washington en Seattle, según un informe de la revista MUNDO, “patrocinado por los Institutos de Salud (NIH, siglas en inglés) durante más de cuatro décadas”, llenó, sólo en 2009, “más de 4.400 solicitudes de tejidos y líneas celulares”, tal y como añade el Puget Sound Business Journal. MUNDO informa, además, de que la instalación de Seattle “ha recuperado los fetos de 22.000 embarazos, de centros de abortos en todo el país”, actuando bajo criterios arriesgados, cuanto menos. Scott Fischbach, director de la asociación Ciudadanos Preocupados por la Vida de Minnesota, asevera: “el feto debe de estar en una determinada fase de desarrollo antes de que el tejido cerebral se pueda cosechar para este tipo de investigación”. La cotización varía considerablemente, según las semanas de gestación del feto.

Un artículo publicado en worldmag.com, describe el gran negocio que el laboratorio público lleva a cabo con los fetos, poniendo de manifiesto una práctica de dudosa ética profesional: “Los registros de subvenciones del laboratorio de la Universidad de Washington indican que recibió 579.091 dólares de los NIH en un año, para comprar -como ya hemos avanzado-, 22.000 fetos. De acuerdo con una descripción del laboratorio, se le brindó en sus solicitudes de subvenciones más recientes, un incremento en los métodos de aborto no quirúrgicos que han creado nuevos obstáculos para la obtención de cantidades suficientes de tejido de alta calidad. Para superar estos problemas y satisfacer la creciente demanda, el laboratorio ha desarrollado nuevas relaciones con dos clínicas locales y distantes”.

Hemos señalado directamente a la Administración Obama y su antecesora por lo siguiente. Existe una ley federal que prohíbe esta práctica, trocear fetos para su venta, sin embargo, tal y como denuncia una organización naturista, “contiene una gigantesca laguna que permite la venta indiscriminada de partes de bebés abortados a la comunidad científica”. Exactamente, la ley dictamina como legal los “pagos razonables relacionados con el transporte, la implantación, procesamiento, preservación, control de calidad o el almacenamiento de tejido fetal humano”. Sin embargo, subrayan, la Administración no apunta directrices en cuanto a cómo deben de ser esos “pagos razonables”, ni lleva a cabo un procesamiento de las clínicas de aborto.

En esta misma línea, un artículo publicado en LifeDynamics.com describe cómo funciona la compra-venta:

“1) Un “mayorista” de partes de bebé  entra en un acuerdo financiero con una clínica de aborto en la que el mayorista paga mensualmente un “pago de sitio” a la clínica. Por este pago, el mayorista está autorizado a colocar un agente de recuperación en la clínica, donde éste tenga acceso a los cuerpos de niños muertos y un espacio de trabajo para recoger sus piezas. En la mayoría de los casos, este agente de recuperación es un empleado de la empresa mayorista. En otros casos, el agente de recuperación es un empleado de la clínica que fue entrenado por el mayorista.

2) El comprador – generalmente un investigador que trabajaba para una escuela de medicina, la industria farmacéutica, compañía de biotecnología o agencia del gobierno – proporciona al mayorista una lista de las partes que quiere del bebé.

3) Cuando las órdenes sean recibidas por el mayorista,  se envían por fax al agente de recuperación en la clínica;  las cosechas de las piezas son solicitadas y las envía al comprador a través de FedEx, Airborne o una empresa de transporte público similar.

4) Estas partes son “donadas” por la clínica al mayorista, que da la vuelta y “dona” al comprador. El comprador entonces le “reembolsa” al mayorista por el costo de la recuperación de las partes.”

En definitiva, nadie es técnicamente “comprador o vendedor”, es cualquier cosa, pero todos consiguen lo que quieren, y un montón de dinero cambia de manos.

Según el testimonio personal de Alberty, que trabajó para una agencia de Maryland de nombre Anatomic Gift Foundation, ésta “actuó, esencialmente, como una casa de valores entre las universidades, los investigadores que buscan partes del cuerpo y las clínicas de aborto que proporcionan la materia prima”. El testigo y sus colegas, acuden “a los abortos que ofrecen las mejores perspectivas de los donantes, para comenzar la disección y extracción de lo que necesitabamos antes de la desintegración (…) Íbamos a ver los gráficos del paciente y veíamos a quienes teníamos que descartar por tener anomalías fetales. Buscábamos a los más perfectos ejemplares para venderlos al mejor valor”.

Los secretos de la industria del aborto

Una ayudante de laboratorio que trabajó para esta misma empresa destapa lo que a todas luces supera cualquier cuestionamiento científico. “Fetos que están siendo diseccionados vivos, almacenados y vendidos en piezas para alimentar una vasta empresa de investigación”, según publica Celeste Mcgovern en Notivida.com.

La ayudante, que utiliza el pseudónimo de Kelly declaró, en una entrevista que apareció en el número de mayo de 1999, del video magacín “Life Talk”, -el primero de una serie mensual de vídeos realizada por la "Life Dynamics Inc.", un grupo pro-vida establecido en Denton, Texas, que admite tener espías trabajando en clínicas abortivas para descubrir sus secretos más estrechamente guardados-, lo siguiente: “miré a un par de fetos perfectamente formados, de unas veinticuatro semanas, que se movían y boqueaban en busca de aire. Excepto por unos pocos cortes de las tenazas quirúrgicas que les había extraído, parecían intactos. Hay algo equivocado aquí, tartamudeé. Se están moviendo. Yo no hago esto. No está en mi contrato. Vi al doctor tomar una botella de agua esterilizada y llenar el perol hasta que el agua cubrió las bocas y narices de los bebés. Entonces abandoné la habitación. Yo no quería mirar a aquellos fetos moviéndose. Fue entonces cuando decidí que aquello no estaba bien”. En sus declaraciones, Kelly da la espalda a la cámara, lleva una peluca, y su voz está electrónicamente modificada, pues asegura temer por su vida

¿Se extiende el tráfico de tejidos por todo el mundo dentro de respetados y autorizados laboratorios, para saciar la fulminante y multimillonaria industria biotecnológica? ¿Están siendo explotadas las mujeres, olvidando vilmente lo que sin duda es un duro trance en su vida -sin entrar a juzgar sus circunstancias personales-, para sostener los bancos de tejidos? ¿Quién se está beneficiando de este tráfico? Y ¿cuáles son las implicaciones sociales de su existencia? These are the questions.

La doctora Theresa Deisher, fisióloga molecular y celular, cuyo trabajo está reconocido a nivel mundial como experta en medicina regenerativa y a la que nos hemos referido al comienzo de este artículo, denuncia: “Un páncreas que proviene de un feto de más de ocho semanas cuesta 100 dólares75 dólares si el feto tenía menos de 8 semanas. Las orejas y los ojos pueden ir de 50 a 75 euros y el cerebro es lo más caro, 999 dólares si proviene de un feto de menos de 8 semanas, pero si está visiblemente dañado tiene un descuento del 30%. El pulmón y el corazón, en bloque, valen 150 dólares y un cadáver embrionario intacto de menos de 8 semanas cuesta 400 dólares600 si es mayor. La sangre del cordón umbilical sale a125 dólares, la columna vertebral a 150 dólares y la médula espinal cotiza a 325 dólares. ¡Ah!, si compra extremidades, está obligado a adquirir el par como mínimo. Son precios estipulados y fijados”.

La científica también explicó que en internet sus propios colegas intercambian información sobre cuándo el órgano humano de un feto está en mejor estado para ser utilizado. Por ejemplo, el mejor tejido de corazón se obtiene de un niño de 22 semanas de gestación.

En el documento enlazado pueden observar la relación de precios de partes de cuerpos fetales que aporta Campaña de la Coalición Vida (Campaign Life Coalition, en inglés).

¿Qué tienen en común la Pepsi y las vacunas?

Forum Libertas, diario digital, se hace eco de páginas que han denunciado el uso de restos de fetos humanos en la alimentación, como así lo ha hecho la cadena española Intereconomía, en su programa “Ciencia con paciencia”, informando que “Pepsi usa restos de fetos humanos abortados para edulcorar sus productos”.

La web, que manifiesta no estar sorprendida, advierte que a partir de sus propios estudios e investigaciones, con respecto a las “tóxicas y peligrosísimas vacunas”, se sabe que “la gran farma usa fetos humanos abortados para fabricar sus dañinas vacunas. Sólo basta leer la composición de las vacunas en los mismos folletos informativos que entregan sus fabricantes: Tejido diploide humano”.

Así mismo, otros mass media españoles, como el diario El País, se hace eco de tramas delictivas con motivo del tráfico de órganos fetales. Por ejemplo, en Portugal se investiga una red de blanqueo de dinero procedente del tráfico de fetos y órganos.  En este caso, una red internacional de falsificación de letras y garantías bancarias, descubierta por la Policía portuguesa, vinculada al blanqueo de dinero procedente del tráfico clandestino de fetos y órganos humanos. En cooperación, la Interpol trata de establecer las relaciones entre los traficantes de órganos y la red de falsificación de medios de pago.

En Austria es la empresa de cosméticos la que sirve el escándalo. Concretamente, el descubrimiento de un comercio ilegal de fetos y órganos humanos destinados a la fabricación de productos de belleza. En este caso, de embriones procedentes de las dos principales clínicas de abortos de la capital austriaca, vendidos regularmente en los últimos años. Las grandes empresas de este ramo han comprado también, publica El País, “testículos y meninges extraídos durante las autopsias a fallecidos en la policlínica estatal vienesa”.

¿Tiene el Estado de Derecho límites, medios y, lo que es más importante, voluntad de jalonar los beneficios de los grandes lobbies, empresas y grupos de presión? ¿Necesitamos recuperar valores, cuestionarnos y replantearnos procedimientos que hemos dado por definitivos? ¿Tenemos capacidad de decisión a estos niveles o la soberanía popular es una entelequia? Necesitamos respuestas.

*Redactora Jefe de Elispiadigital.com

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