Libros Recomendados

Nacho Alarcón

Una de las imágenes más icónicas de los últimos años en Bruselas se tomó en junio de 2017. En ella está Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea para el Brexit, acompañado de dos de sus más estrechas colaboradoras. Todos con papeles y documentación. Al otro lado está David Davis, negociador jefe del lado británico, acompañado por dos de sus colaboradores. Todos con las manos vacías sobre la mesa. La imagen se convirtió en la foto del Brexit, representando la improvisación, falta de preparación y de trabajo que acabó por convertir la posición negociadora británica en un auténtico fracaso.

Desde entonces, cualquier persona en Bruselas sabe que no debe salir nunca en una foto sin papeles, sin documentación. Para evitar que el fantasma de David Davis le pueda atormentar durante los próximos días, quizás los próximos meses. Nadie en Bruselas tiene las manos vacías porque nunca sabes dónde puede haber un fotógrafo. No es una exageración: prácticamente todo el mundo en la llamada "burbuja de Bruselas" conoce la imagen y lo que representó. Conozco personas que la tienen impresa y pegada a una pared. El equipo de Barnier alguna vez ha recomendado a sus visitas que posen con documentos para evitar que se repita la historia. Cualquier paralelismo que se pueda establecer con la foto de Davis debe ser evitado.

Sin embargo Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, cayó en la trampa de Davis. Tras varios días de encuentro, cansados, faltos de sueño y de fuerzas, los líderes europeos pueden llegar a bajar la guardia. En una fotografía en la que también estaban Emmanuel Macron, presidente francés, Angela Merkel, canciller alemana, Giuseppe Conte, primer ministro italiano, y el propio Sánchez, el español aparecía con las manos vacías. Volvía a salir así en una foto tomada por el equipo del primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis unas veinticuatro horas después.

Da igual que el presidente pueda llevar las notas en el móvil, o, incluso, que pudiera saberse de memoria todos los datos importantes para la conversación. Da igual, incluso, que en esa sala no fuera a hablarse de ningún punto de la negociación. No se llevan documentos porque se vayan a utilizar. Y llevar papeles, hojas de Excel o páginas subrayadas no es ninguna garantía de que ese líder vaya a negociar mejor. Es una cuestión de imagen, pura y dura.

De hecho, el equipo británico se quejó en 2017 de aquella foto: aseguran que, después de la instantánea, abrieron sus maletines y sacaron su documentación. Probablemente fue así, pero la fotografía ya estaba sacada y representaría el caos negociador del Gobierno del Reino Unido durante los dos años siguientes.

Sánchez sabe bien lo importante que es una fotografía en política europea, especialmente cuando quieres proyectar una imagen a tu público nacional, que es uno de los principales objetivos de las cumbres, como bien sabe Conte, que ha estado utilizando fotografías y vídeos del encuentro para lanzar mensajes a sus potenciales votantes en casa. Sánchez sabe lo importante que es porque hubo una simple instantánea que significó mucho para el Gobierno y de la que presumió mucho Moncloa: la tomada el pasado julio en la que el presidente charlaba mano a mano con Macron y Merkel mientras buscaban una manera de resolver el rompecabezas del nombramiento de los nuevos líderes de las instituciones europeas.

Las imágenes son solo eso, pero no pueden descuidarse. Menos todavía cuando se tiene la experiencia de Davis y se sabe que en el imaginario público bruselense eso es sinónimo de falta de preparación y de improvisación. Y son todavía más importantes cuando, desde el viernes en el que empieza la cumbre, mantienes a la prensa sin información por una supuesta estrategia de "facilitador" del acuerdo, porque es lo único con lo que transmites al exterior durante cuatro días de cumbre en la que decides aplicar un apagón informativo.

La realidad es que esas imágenes, en las que distintos jefes de Estado y de Gobierno suelen mover en el aire un buen número de folios, en el que señalan una cifra y subrayan una frase, es solo la punta del iceberg. Los líderes solo hacen una pequeña parte en la negociación final. Es importante que parezca que cavan las trincheras con sus propias manos y que poco menos que los documentos son escritos a bolígrafo por ellos apoyados en una pared, pero la realidad se parece poco a eso.

De hecho, Sánchez hizo algo muy bien al terminar los cuatro días de negociación: dar las gracias a los diplomáticos y funcionarios. Son al final ellos los que construyen prácticamente todo el acuerdo. Los líderes solo buscan poner la guinda política a un pastel cocinado por anónimos para el gran público, caras invisibles que nunca se llevan ni el aplauso ni el reconocimiento. De esta negociació España salió bien parada: de los 140.000 millones preasignados que calculó la Comisión para el país, de la cumbre europea Sánchez salió "satisfecho al 95%" al haber mantenido los 140.000 millones perdiendo, eso sí, 5.000 millones en transferencias que pasaron a ser créditos.

Pero, eso sí, en esta ocasión la cumbre fue especial, y cada líder solo pudo contar con un equipo pequeño de sus más estrechos colaboradores debido a la pandemia de covid-19. El presidente del Gobierno estaba completamente solo en sus pulsos con otros líderes, y eso significa que la negociación sí descansaba esta vez más en manos de los líderes, de sus capacidades personales y de su conocimiento del temario y de sus propias prioridades. Y para tranquilidad de todos es mejor asegurarse de ir siempre con documentos en las manos para evitar que aparezca el fantasma de Davis.

Fuente: El Confidencial

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

El Tiempo por Meteoblue