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Diego Fusaro

El concepto marxista de ideología permite arrojar luz sobre el nuevo paradigma de conocimiento médico elevado a ciencia del capitalismo terapéutico. En la estela de Marx, la ideología es la falsa conciencia necesaria: es la forma en que un orden histórico y socialmente determinado se presenta prodigiosamente como natural y eterno. Y, por lo tanto, elimina las huellas de su génesis y se vuelve tan natural como el curso de los planetas, por lo tanto, de tal manera que debe ser simplemente registrado, nunca criticado porque hacerlo se considera ilegítimo.

Siguiendo los pasos de Marx, la ideología es una "mala universalización" de interés particular, falsamente presentada como el interés del conjunto. En resumen, en extrema síntesis, la ideología es el discurso dominante que la clase dominante impone a toda la sociedad, con el único fin de santificar las relaciones que la ven como verdaderamente dominante: es, diría Marx, la dominación de los dominantes transferida a las cabezas de todos en forma de ideas dominantes.

La ideología funciona mejor cuando logra ocultarse, presentándose como conocimiento científico, aséptico y respondiendo plenamente a la objetividad de la naturaleza. No es difícil entender en qué sentido y sobre qué supuestos el discurso del médico, en el marco del nuevo capitalismo terapéutico, desempeña una función ideológica, en el sentido marxista. Este discurso, que parece anodino y no valorativo, termina por elevar al interés universal, objetivamente verificable, el interés del polo dominante, su reestructuración autoritaria y vertical de las relaciones de poder. En otras palabras, detrás de la cuestión de la salud y la emergencia sanitaria se esconde una relación social, política y económica que se está reorganizando y que, precisamente, se justifica, en su propia reorganización, por el logotipo médico-sanitario.

No debe escapársenos, pues,  que no exista ni siquiera una de las medidas médicas de urgencia que no se puede leer en una clave estrictamente política: del distanciamiento social al "encierro", de la prohibición de agruparse a las prácticas de vigilancia (aviones teledirigidos y aplicaciones de rastreo, reconocimiento facial y auto-certificación). Todas estas son medidas médicas y, al mismo tiempo, políticas: trazar una frontera clara entre la asistencia sanitaria y la política se hace casi imposible y es aquí donde reside el poder del nuevo paradigma del capitalismo terapéutico activado por el Covid-19.

Desde este punto de vista, se podría integrar el discurso de Marx sobre la ideología con el discurso de Foucault sobre los "regímenes de la verdad". Si, como se dijo, la ideología glorifica las relaciones de fuerza, eternizándolas y universalizándolas, los regímenes de la verdad, por su parte, no se limitan a describir la realidad, sino que le dan forma. En el entrelazamiento del conocimiento y el poder, dan legitimidad teórica al poder y, con un movimiento simétrico, lo conforman y estructuran. En el caso del discurso del médico, esto aparece claramente visible: por un lado, describe la sociedad "enferma" y, por otro, contribuye activamente a configurar sus relaciones discursivamente.

Por eso la ciencia médica, que quizás Carlyle definiría como "triste" a la par de la ciencia económica, es hoy la ciencia "del" nuevo capitalismo terapéutico en un doble sentido. De acuerdo con el valor objetivo del genitivo, tiene por objeto las relaciones y prácticas históricamente establecidas por el desarrollo terapéutico del nuevo capitalismo pandémico. Según el valor subjetivo del genitivo, es claramente un instrumentum del que el paradigma del capitalismo autoritario y terapéutico se sirve y se apropia para legitimarse, santificarse y auto-reproducirse.

Fuente: https://www.ilfattoquotidiano.it/2020/07/01/oggi-la-scienza-medica-e-la-nuova-ideologia-del-capitalismo-terapeutico/5851166/

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