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Javier Chicote

Fernando Muniesa (Madrid, 1945), consultor político y de asuntos de defensa y seguridad, acaba de publicar «La cara oculta del Estado. Historia crítica de los Servicios Secretos españoles» (Editorial Actas), su cuarto libro relacionado con el espionaje. No exento de polémica -ha pisado muchos barrizales-, trabajó en operativos secretos de los que se llevó vivencias «en primera persona» que le han servido para este relato.

Veo que no le gusta demasiado la ley de Secretos Oficiales.

Este libro es una valoración crítica y continua de los Servicios Secretos desde los orígenes hasta la actualidad. La base del sistema es la ley de Secretos Oficiales, que es el cemento de la Inteligencia española, la viga maestra que sustenta el modelo de

seguridad nacional, pero viene del franquismo, del año 68. Es un modelo que está deshilachado, que arrastra una serie de reformas pero sólo cosméticas. No tenemos un sistema coherente con los parámetros de la OTAN. Hay que diferenciar la inteligencia civil de la militar, por ejemplo. O la inteligencia interior y la exterior, como se hace en todos los países. Los agentes tienen que tener una formación diferente. Para lo que hace un ingeniero aeronáutico no te sirve uno naval… Son deficiencias que hay que revisar.

Es usted muy crítico con el Centro Nacional de Inteligencia y con sus predecesores.

La historia de los servicios secretos españoles está llena de despropósitos. Esta gente no da una a derechas… Con el tema del coronavirus me consta que a finales del año pasado una persona envió al CNI unos informes sobre la situación en China y los guardaron en un cajón… El CNI, y antes el Cesid, en vez de trabajar para el Estado han trabajado para el Gobierno y, lo que es más grave, para intereses partidistas del Gobierno, como favorecer a la UCD frente a rivales políticos. En el 23-F se supeditaron los intereses del Estado a los intereses de determinadas personas y grupos. Han usado la Ley de Secretos Oficiales como un cheque en blanco para poner el sello de secreto cuando se hace una guarrada.

¿Por qué cree que ocurre esto?

El Cesid no se transformó durante la Transición, no se democratizó, porque los políticos tenían pánico. El Cesid, por ejemplo, había presionado a políticos al descubrir que eran homosexuales. Por otro lado, todo se clasifica como secreto oficial y así no se entregan los papeles. Se ponen el sello de secreto de Estado para tapar corruptelas y corrupciones.

Dice en su libro que es bueno que un director de los Servicios de Inteligencia se mantenga tras un cambio de Gobierno, como ocurrió con Emilio Alonso Manglano y con Félix Sanz Roldán.

Sí, desde luego eso es bueno. Manglano era un tipo muy preparado, pero estuvo demasiado tiempo, 14 años, y al final se hizo felipista. Por cierto, era muy monárquico y, de hecho, a Manglano quien de verdad lo nombra es el Rey. El felipismo se fue degenerando una legislatura tras otra. La guerra sucia, las escuchas… Se hizo mal y nunca se debería haber llegado a eso.

¿Cómo valora la polémica que rodea al general Sanz Roldán (director del CNI hasta julio de 2019) con el excomisario Villarejo?

Sanz Roldán se metió en el lío de Corinna porque entró en intereses personales, en problemas del Rey. También le pasó en el tema del pequeño Nicolás, porque el chico tenía contactos con gente del Gobierno y para eso no están los servicios de Inteligencia, que se deben a la seguridad del Estado. En lo importante, en lo que tenían que estar, como en el independentismo catalán, ¡no se enteraron!

¿Por qué cree que el CNI funciona mal?

Porque falta profesionalización. Hay una endogamia tremenda. Al CNI no entra nadie por la ventanilla, porque son maridos, mujeres, tíos, sobrinos, muchos apellidos que se repiten… Llega un director nuevo y mete a sus enchufados, que luego se quedan ahí, en vez de profesionalizar el Servicio. Por otro lado, la ley que regula al CNI, de mayo de 2002, sólo la apoyaron PP y PSOE. Todos los demás partidos estaban en contra. Yo asesoraba a Coalición Canaria y preparé varias enmiendas.

Uno de los episodios más oscuros de la Inteligencia española es el de las escuchas y los papeles del coronel Perote, al que usted conoce bien.

Perote era el jefe operativo en la época de las escuchas. Hubo un momento en que vio que lo iban a convertir en el chivo expiatorio y decidió llevarse algunas copias de microfichas de su archivo, para protegerse. Perote ha tenido información para tumbar la democracia y no la soltó.

Hombre, algo le dio a Mario Conde...

Es verdad. Eso fue porque su abogado era Jesús Santaella, el mismo de Mario Conde, y le dijo al banquero «aquí tenemos información para lo nuestro» (el pulso que Conde echó al Estado tras la intervención de Banesto).

Entiendo que conoce en primera persona muchos episodios de los que relata.

Todos. He trabajado mucho en industria militar, para fabricantes estadounidenses, en temas de seguridad… Asesoré a la Guardia Civil en tiempos de UCD para evitar atentados de ETA. Hice bastantes cosas, como asesor externo, en tiempos de Juan José Rosón (ministro del Interior entre 1980 y 1982) y luego me quedé una temporada con Vera y Barrionuevo. De hecho, quien se encarga de poner a Barrionuevo de ministro es Rosón, porque lo veía como uno de los suyos. Barrionuevo fue muy torpe, y de Vera me gustaría decir que es un caballero. Estuve en una operación compleja que afectaba al Banco Bilbao y me acabó dando la razón. También he estado en operaciones que ha financiado el CNI fuera de España, por ejemplo en Guinea.

¿Qué le parece la reforma del Gobierno para incluir a Pablo Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia?

Cuando yo trabajaba en esto se vetó la entrada de los comunistas, de Izquierda Unida, en la Comisión de Secretos Oficiales, pese a que era un partido constitucionalista, y se lo tragaron porque eran muy pragmáticos. Y ahora entra Pablo Iglesias… No tiene ningún sentido, pues es un bolivariano, no te puedes fiar de ellos. Cogerán información y la malversarán. Si usted se quiere cargar el régimen no puede estar sentado en la cúpula del régimen, donde están todos los secretos del Estado.

Fuente: ABC

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