Ramón Martínez

En noviembre del año 2018 se publicó un artículo en la revista IT Now titulado Hackeo de cerebros para manipular la memoria. El artículo trataba sobre los peligros, en lo que a seguridad se refiere, de los actuales implantes cerebrales usados en medicina para tratar algunas enfermedades como Parkinson, depresión seria, etc. Los implantes médicos de última generación están dirigidos por un software que según Kaspersky Lab ofrece riesgos que permiten fácil acceso a posibles atacantes con intención de manipular u obtener información. Pero también advertía que los implantes comerciales para mejorar la memoria, que se espera lleguen al mercado en un futuro próximo, encerraban peligros aún mayores de los ya existentes.

El artículo informaba que muy pronto “los científicos esperan poder registrar electrónicamente las señales cerebrales que construyen recuerdos y luego mejorarlas o incluso reescribirlas antes de volver a colocarlas en el cerebro” y de esto se deduce que los científicos ya saben que los recuerdos se forman por medio de “señales cerebrales” que, como se sabe, se traducen en impulsos electromagnéticos que pueden ser registrados. También se deduce que, si los científicos saben que los recuerdos se forman gracias a señales cerebrales, es porque llevan tiempo trabajando en este campo. Lo cierto es que en una entrevista que concedió el neurocientífico Dr. Delgado a la UNED, con fecha de emisión 26-01-2003, reconocía que ya en los años 60 del siglo pasado había conseguido comunicar cerebros de monos con ordenadores, lo que implica que tenían capacidad de reconocer las señales cerebrales lo suficiente como para entablar una comunicación cerebro-ordenador en base a estas.

Según Laurie Pycroft, investigadora doctoral en el Grupo de Neurocirugía Funcional de la Universidad de Oxford, “los implantes de memoria son una perspectiva real y emocionante que ofrece importantes beneficios a la atención médica. La posibilidad de alterar y mejorar nuestra memoria con electrodos puede parecer ficción, pero se basa en una ciencia sólida cuyos fundamentos ya existen en la actualidad. Las prótesis de memoria son solo una cuestión de tiempo. Colaborar para comprender y abordar los riesgos y vulnerabilidades emergentes, y hacerlo mientras esta tecnología es relativamente nueva, dará sus frutos en el futuro”.

Pero no hay que olvidar que normalmente las aplicaciones científicas comerciales, especialmente en neurociencias, suelen salir al mercado mucho después de que ciertas investigaciones militares hayan desarrollado la base científica. Lo preocupante es como se pueden aplicar estos avances en neurociencias con fines militares. Algunos ejemplos son Internet, cuya base tecnológica se empezó a desarrollar por lo que hoy es DARPA en 1962, pero no fue hasta 1991 cuando se anunció públicamente a nivel mundial, y otro ejemplo es BCI (Brain Computer Interface) base tecnológica de la telepatía artificial, también desarrollada por la agencia militar DARPA a principios de los años 1970, pero no fue hasta 1990 cuando se empezaron a utilizar en medicina estas tecnologías con prótesis, y en el siglo XXI se utilizan también las tecnologías basadas en BCI en la industria de juguetes y de videojuegos.

En la entrevista otorgada a la UNED en 2003, se hace referencia a un trabajo del Dr. Delgado publicado en 1975 sobre comunicación entre cerebro-ordenador, y se sabe que DARPA inició  las investigaciones sobre BCI en 1970. El desfase entre el inicio de las investigaciones y la aparición de aplicaciones comerciales no es más que una muestra de la falta de transparencia que rodea la investigación científica desarrollada con fines militares, porque es muy forzado creer que una agencia militar como DARPA gaste su tiempo y dinero en desarrollar tecnologías con fines médicos en lugar de fines bélicos.

Los proyectos ML-Ultra, Pandora, etc., confirman el uso ilegal de tecnologías desarrolladas con fines militares. No obstante, a pesar de la opacidad que rodea el crimen organizado protagonizado por gobiernos, se tiende a calificar de teorías de la conspiración en lugar de investigarse cualquier denuncia. Tal es el caso de Julian Assange quien, tras denunciar y demostrar torturas sistemáticas de gobiernos corruptos, fue perseguido en lugar de ser investigados los denunciados, centrándose así los medios de comunicación y la opinión pública en Assange y no en los gobiernos corruptos.