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Ramón Martínez

Friedrich Nietzsche escribió en su obra Así habló Zaratustra un ensayo sobre “la cordura respecto a los hombres”. En este ensayo cargado de ironía y mordacidad exponía brillantemente la diferencia entre la vanidad y el orgullo. Son conceptos que para muchos son sinónimos, pero merece la pena precisar ambos conceptos para comprender que en realidad se trata de dos conceptos opuestos, y muchos reconocerán que gran parte de los males que sufrimos en política se podrían evitar si los ciudadanos tuviesen más clara la diferencia, porque de esta forma se podrían alentar los valores positivos y despreciar los valores negativos que perjudican a una sociedad honesta que se defiende contra la corrupción.

Según Nietzsche la vanidad necesita de espectadores y se alimenta de alabanzas y mentiras. Lo importante son las apariencias y la madre de todas las tragedias es la vanidad ofendida. Así, la vanidad no es más que el amor a una falsa imagen de sí mismo, que se infla a base de mentiras y que triunfa entre quienes tienen gusto por las apariencias. Dentro de quienes cultivan esta virtud, podemos encontrar todo tipo de personajes “ilustres” en la sociedad. Desde los que pretenden prevalecer como escritores gracias a rimbombancias pedantes que desfiguran el posible mensaje que quisieran transmitir, pasando por los “trepas” en la administración, ejército, Poder Judicial, etc. hasta llegar a la “cumbre” de la política donde los “representantes” del interés público consiguen dudosos títulos universitarios y hasta honores que contrastan con su mediocridad en sus respectivas actuaciones. Así se explica que la mentira sea tolerada sistemáticamente en la política española sin causar ninguna dimisión.

El orgullo en cambio desprecia la mentira. Una persona orgullosa se ama a sí misma por lo que es gracias a superarse mediante esfuerzo, y se ofende ante adulaciones y falsas alabanzas. Si se ofende un orgullo, entonces puede nacer algo mejor en la persona ofendida estimulando un espíritu de superación, porque amarse a sí mismo significa que tú eres lo que tú consigues por tu valía, y no aceptas ser lo que dicen que eres, o lo que un cargo conseguido de forma deshonesta hace creer que eres ante los demás.

Si realmente tuviésemos una sociedad orgullosa, no se permitiría esa impresentable casta política que desde generaciones asola el país con impunidad. Al no diferenciar entre vanidad y orgullo, algo tan legítimo y deseable como es el orgullo se desprecia socialmente como un defecto imperdonable. Creo que tendríamos una sociedad mucho mejor y más sana, si todos intentásemos tener más orgullo y menos vanidad.

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