Jad el Khannoussi

Alrededor de una década es el tiempo que lleva la crisis de Siria sin resolución alguna. Un largo periódo en el que se ha derramado mucha sangre y se han celebrado decenas de encuentros y cumbres sin ninguna solución. La encrucijada de intereses regionales e internacionales hace que estas últimas terminen siempre de una manera estéril. Y el único perdedor de esta batalla global es el pueblo sirio que, además de esa lucha, ha sido víctima de una dictadura feroz poco vista en la edad moderna. Pero, lo cierto es que, a pesar de esa situación nunca se llego a una confrontación a gran escala, hubo momentos de máxima tensión como el derrumbe del avión ruso en 2015 o el uso de las armas quimicas en más de una ocasión.

Una situación semejante atraviesa Libia por los mismos motivos a lo que, además, deben añadirse las enormes riquezas petrolíferas que abarcan sus arenas y la lucha por el gas en sus costas, así como una ubicación geoestratégica privilegiada que facilita el control total del África subsahariana. Estos factores han puesto de nuevo al país norteafricano en el tablero geopolítico global. Máxime en un contexto que se agravó aún más tras el último acuerdo entre el gobierno de coalición libio, quien goza de la legitimidad internacional -Acuerdo de Skhirate: Marruecos-, y su homólogo turco. Un acontecimiento que, al parecer, no gusta demasiado a otras fuerzas regionales y globales que está generando un clima de tensiones e intercambio de acusasiones de unos hacia otros. Se ha llegado a tal punto de tensión que se empieza a hablar del preludio de un conflicto a gran escala, en caso de que las partes implicadas no prioricen el diálogo por encima de las tentaciones estratégicas y energéticas, en especial, la enorme riqueza gasolífera que se asienta sobre ello esta parte del planeta: se estiman que en el este del mediterráneo existen unas reservas que rondan los 122 trillones de metros cúbicos de gas (aunque hay quien habla 170 trillones) y 1,7 mil millones de barriles de petróleo. Por tanto, ¿cuáles son las dimensiones estratégicas de dicho acuerdo? Y ¿cuáles son los intereses de los turcos y del resto de potencias?

Para entender cualquier acontecimiento o acuerdo es necesario conocer lo que ocurrió antes, lo que servirá para pronosticar lo que pueda occurir después. La raíz del problema surge, por un lado, cuando Ankara ratificar la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1982) que otorga a todos los países el derecho a trazar el límite de sus aguas terretoriales hasta 12 millas marinas. No obstante, el país otomano, a pesar de este principio internacional y de tener las costas más largas del mediterráneo, no pudo aprovecharse de sus riquezas naturales, a sabiendas de que gran parte de sus costas limitan con las pequeñas islas que pertenecen a Grecia desde el tratado de Laussana en 1923, que puso fin al imperio otomano. Y, por otro lado, Atenas aprovechó el vacío político que atravesaba Libia, a raíz del derrocamiento de la OTAN al Gadafi (2011), para expandir sus aguas territoriales en una sola dirección y, por ende, aprovechar todas sus riquezas energéticas en detrimento del estado libio y las aspiraciones turcas. Incluso, fue más allá al construir un eje regional en el que se incluían Chipre (parte griega), Israel y, por supuesto, Egipto que, después del golpe militar, andaba buscando legitimidad y un reconocimiento internacional que consiguió después de prescindir de gran parte de sus riquezas naturales a favor de estos países, en especial Tel aviv. El gas natural es una de las principales fuentes de energía alternativas al petróleo y que, sin lugar a dudas, está ganando más terreno en este nuevo milenio. El objetivo de esta maniobra griega con los demás países del mencionado eje era repartir los pozos de gas y excluir a Ankara de los procesos de búsqueda en estas conflictivas aguas saladas. No obstante, esta última no se dio por vencida y, en nombre del derecho de los chipriotas turcos, empezó enseguida sus maniobras de búsqueda de gas, a pesar del rechazo del eje mencionado junto a Washington y Bruselas. Desde el primer momento, el país anatoliano se mostro muy firme en sus intenciones, elevando el asunto a la categoría de interés nacional, aunque esto lo pudiera llevar a una confrontación bélica. No debe olvidarse que Turquía cubre el 75% de sus necesidades energéticas desde el exterior, una tarea que le supone un gasto de 40 mil millones de dólares de su PIB. Por tanto, la importancia de las riquezas de esta zona reflejan, por un lado, sus necesidades económicas y, por otro, tiene que ver con su nuevo rol de potencia regional y la importancia de ejercer este estatus, debido a factores históricos y económicos, conociendo que el país anatoliano aspira este año a alcanzar el ranking décimo de la economía global. Un contexto al que hay que añadirle el aspecto geoestratégico. No en vano, estamos hablando de una región que constituye un cruce de caminos entre tres continentes: Asia, Europa y África.

El pasado 27 de noviembre Ankara y Trípoli firmaron un acuerdo, calificado de exitoso para ambas partes, de cooperación en defensa y seguridad y que, sobre todo, traza el area de dominio marítimo. Tres días después el presidente Erdoğan ratificó que su país cumplirá al pie de letra su acuerdo con el Gobierno libio y que no va a retirar sus actividades de búsqueda, ni renunciar a sus derechos, ni tampoco el de los chipriotas turcos, sobre el gas del mediterráneo. Por su parte, el Alto Gabinete del estado libio mostró su compromiso con el acuerdo citado. Hay que destacar que dicho acuerdo otorgó al Gobierno libio un balón de oxígeno después de la última ofensiva del general rebelde Haftar, apoyado por fuerzas regionales e internacionales, en especial, los países del golfo (Arabía, Emiratos), Egipto y Francia. Esta última, se negó a otorgar al gobierno local barcas rápidas para la vigilancia de las costas. Paris, además de interpretar el papel de Washingtón, se alejaba de otros aliados como Alemania o Italia, que en su día colonizo al país norteafricano. Precisamente, de ahí viene la confrontación política entre ambos países. Algo insólito en el modo de actuar de estos países, ya que todos reconocieron la legitimidad del citado Gobierno, pero, lamentablemente, actualmente apoyan a un rebelde fuera de la ley contra un Gobierno electo. Entonces ¿Cuáles las ventajas que otorga a ambas partes del dicho acuerdo?

Para el Gobierno libio el acuerdo le garantiza la protección de 40 mil kilometros cuadrados de sus aguas con sus enormes riquezas energéticas, además, de ayuda militar turca, incluida una posible intervención directa, solicitud ya realizada por parte del gobierno de Trípoli en caso que la situación se inclinara a favor del generel rebelde Haftar. Por su parte, Ankara tendrá luz verde para prohibir a cualquier empresa las tareas de búsqueda en estas aguas saladas del Mar Nostrum, garantiza sus derechos, prohíbe militarmente el paso a cualquier proyecto de gasuducto que pasará por estas aguas –como, por ejemplo el gasoducto israelí que traspasará Grecia en dirección a Europa que amenaza a la dependencia de europea de Rusia-, es decir, ejercer de puente de paso energético entre europa y Asia, el gran deseo de sus dirigentes-. Pero esto no va a ser empresa sencilla para Turquía por la oposición feroz de otros actores como, por ejemplo, Arabia, Emiratos y su guerra abierta contra Ankara; o el gobierno egipcio que ya había pactado con una empresa italiana para realizar tareas de búsqueda en las citadas aguas y podría generar un desacuerdo con Roma, además de la incitación del gobierno egipcio a los norteamericanos a intervenir directamente en el problema libio, aunque Washingtón prefiere contentar a Ankara antes que los rusos asentasen denuevo en esta región. Realmente, sorprende mucho la actitud del país del nilo, el último acuerdo entre Tripoli y Ankara le permitio recuperar gran parte de sus zonas de influencia marítima de las que antes había prescindido a favor del otro eje. No obstante, el problema va más allá de esto: por un lado, la negación de Ankara a reconocer al gobierno ilegitimo de al-Sissi y todas las masacres que ha cometido contra el pueblo egipcio; y, por otro, el único rol que el Gobierno egipcio ejerce es de guardían de otras fuerzas externas y no sorprende verlo ejercer el rol sucio que hacen otros países de la región árabe.

Igualmente, no debe olvidarse a Rusia, un país muy implicado en el asunto libio. Las enormes reservas de gas descubiertas recientemenete en golfo de Sert ponen en tela de juicio la dependencia europea de su gas, lo que preocupa mucho al Kremlin. En este sentido, será decisivo el encuentro que mantendrán Putín y Erdoğan el próximo 8 de enero. Los dos presidentes intentarán, especialmente en el caso del turco, llegar a toda costa a un acuerdo que garantice el interés de cada uno. Turquía es consciente de que llevar a la práctica dicho acuerdo (con el gobierno libio) significa involucrarse de lleno en un enfrentamiento con las demás potencias. Aún así, es difícil hablar de momento de una posible confrotanción bélica a corto plazo. Porque, por un lado, Egipto es incapaz de involucrarse en semejante conflicto, a sabiendas de la grave situación de corrupción que atraviesa su ejército y, por otro, se puede generar un conflicto dentro de la OTAN y eso amenaza su unidad y permanencia. Para Ankara cualquier aventura militar va a ser complicada, debido a la naruraleza geográfica de libia y sobre todo la distancia que separa ambos estados, al contrario que Siria. Por tanto, quien sabe entonces, lo que pretende Ankara con esta maniobra es llevar a otras fuerzas a la mesa de negociaciones. Algo que garantice sus intereses y permitirá la continuidad del Gobierno libio en el poder.

Lo cierto es que la tensión cobrará nuevas e intensas dimensiones ante la petición del gobierno local a una posible intervención militar turca directa (ya aprobada por el parlamento turco). Libia se ha convertido en un espacio de lucha de intereses vitales para todos los actores involucrados. Por tanto, es inmaginable que una fuerza vaya a ceder frente a otras. Por este motivo, se podrá ver que cada una de las partes se implicará en apoyar a uno de los bandos, especialmente, en ausencia de acuerdos o reuniones internacionales sobre el asunto libio. Parece difícil pronosticar como terminará este conflicto, no se vislumbra una solución a corto plazo. Es probable que se cree un escenario similar al de la crisis Siria, es decir, que cada vez que termina un enfrentamiento se enciende otro. Ya Angela Merkel lo dejó claro hace unos dias de que hay una guerra por encargo en Libia.

En definitiva, en la lucha por el control de Libia y el gas del este del Mediterráneo se entremezclan diferentes dimensiones políticas y económicas de una gran complejidad que podrían encender la mecha de un conflicto en un futuro a medio plazo, sobre todo, si te tienen en cuenta la intersección de diferentes factores e intereses estratégicos y energéticos de los actores implicados. Alrededor de 100 países se están concentrando en el Mare Nostrum, todos buscan tener un pie allí. Estamos hablando de una región que históricamente ha ejercido un rol decisivo en el ascenso y descenso de los imperios de antaño y, por supuesto, ejercerá un rol decesivo en el nuevo y naciente sistema internacional.

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