Alejandro Requeijo

El número 43 de la Vía Laietana de Barcelona es el lugar en el que se ubica la Jefatura Superior de la Policía Nacional en Cataluña. Es un emplazamiento, por tanto, repudiado por los independentistas al ser la sede de lo que ellos consideran las fuerzas de ocupación. Ese ha sido el escenario en el que este viernes prendió la mecha de la que hasta la fecha ha sido la jornada más violenta de la semana de protestas tras la sentencia del procés.

Fueron cerca de seis horas de intensos enfrentamientos entre los antidisturbios de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y los mismos elementos radicales que vienen sembrando el caos desde que el Tribunal Supremo hizo pública su resolución. Los policías se vieron superados en varios momentos a la hora defender su fuerte en Barcelona. En las primeras horas, sufrieron una lluvia incesante de objetos que muy pronto convirtieron el asfalto de la calle en una alfombra de vidrio. Luego la situación empeoró todavía más en la Plaza de Urquinaona.

Los violentos fueron llegando poco a poco a Vía Laietana, que debe su nombre a los layetanos, un pueblo íbero asentado en la actual Barcelona. Durante la guerra civil se rebautizó como calle Durruti, en honor del dirigente anarquista. Ahí se alza el edificio policial que en los últimos años se ha convertido en una suerte de El Álamo para las fuerzas de seguridad del Estado, aunque solo sea por el aparatoso vallado que blinda su acceso de cualquier posibilidad de asalto.

De marcha estudiantil a batalla campal

Rara es la manifestación de corte secesionista que no acaba o pasa por delante de ese punto. Más extraño sería atravesar ese lugar sin dejar patente su rechazo a “la policía española”. “¡Ese edificio será una biblioteca!”, advierten habitualmente a modo de consigna los manifestantes en cada concentración. La de este viernes comenzó muy pronto. Se trataba de una convocatoria estudiantil en el marco de la huelga general en toda Cataluña para protestar por las condenas por sedición contra los líderes independentistas.

Los estudiantes aprovecharon para lanzar a los agentes todo tipo de objetos, desde huevos a botes de pintura o bolsas con basura. Eso provocó una primera carga policial y el arresto de tres jóvenes -dos de ellos menores- en torno a las 15 horas. Allí nadie sabía entonces que sería la primera de muchas intervenciones a realizar por la Policía. Estaba previsto que la violencia volviese este viernes a Cataluña en su versión más extrema, pero no que fuese a contraprogramar la multitudinaria concentración del independentismo oficial que a esas horas tomaba posiciones en torno a la Gran Vía de Barcelona. Este hecho prueba que los violentos escapan ya al control de la Generalitat.

La segunda carga no llegó hasta hora y media después, también provocada por la incesante lluvia de latas y botellas sobre los agentes. Hubo una tercera carga minutos después, pero eran apenas unos 25 agentes frente a cientos de radicales independentistas. Pronto se convertirían en miles, muchos de ellos procedentes de la otra concentración convocada por ANC y Òmnium.

Plaza Urquinaona

Los antidisturbios se vieron obligados a retroceder en varias ocasiones ante el empuje de los violentos, que empezaron a establecer y quemar las primeras barricadas. No fue hasta las 18 horas cuando la Policía, al verse superada, cambió las salvas por pelotas de goma (prohibidas por ley para los Mossos d’Esquadra). En el marco de este duelo se registró un cuarto detenido.  Una hora después, lograron despejar Vía Laietana y con ello se dio por defendido el fuerte. Pero quedaba más.

El problema se trasladó entonces a la Plaza de Urquinaona, un enclave especialmente complicado para la policía en situaciones como esta porque cuenta con varias entradas. Se hizo de noche y la peligrosidad aumentó. Desde la línea de los radicales se lanzaban tuercas propulsadas de tal manera que impactaban con extrema dureza sobre los agentes y también sobre algún periodista. Arrasaron con el mobiliario urbano, arrancaron el suelo para lanzar piedras a la policía, también tornillos de grandes dimensiones. Como el pasado miércoles, se vieron dos cócteles molotov caer a pocos metros de la línea policial.

La zona se sumió en una humareda fruto de las barricadas y las bengalas de los violentos y por los botes de humo lanzados desde las escopetas por los agentes. Llegó un momento en el que desde la línea policial tan solo se adivinaba lo que había al otro lado por la lluvia de proyectiles, piedras y material pirotécnico dirigido contra las fuerzas de seguridad. También por los gritos de júbilo cada vez que alcanzaban algún objetivo.

Un agente inconsciente

Un miembro de la UIP fue alcanzado y quedó gravemente herido. Sus compañeros tuvieron que llevarle en volandas y seminconsciente hasta una de las furgonetas policiales. Fuentes policiales informan a este periódico que es de Valladolid y se encuentra ingresado en un hospital. Una y otra vez subían y bajaban agentes de las furgonetas, aparcadas en Vía Laietana para llevar agua a sus compañeros así como munición. Hubo momentos en el que estuvieron desarmados y solo pudieron disparar salvas.

En torno a las 20.40 horas, cuando ya habían transcurrido varias horas de batalla campal, efectivos de los Mossos d’Esquadra acudieron en apoyo de la Policía Nacional. Varias furgonetas de la Brigada Mòvil de la policía autonómica recorrieron la Plaza Urquinaona para tratar de dispersar a los violentos. Fue solo un intento pues la algarada duraría dos horas más. Todo ello ante la atónita mirada de los clientes de los establecimientos de la zona, encerrados durante toda la tarde en su interior.

Trabajadores de un Burger King salieron a la carrera con bolsas de la citada cadena hamburguesera en la cabeza buscando protegerse con eso de la lluvia de objetos. Fue la imagen surrealista de la tensa jornada. La situación no empezó a estabilizarse hasta que la Policía logró entrar por uno de los laterales de la plaza y empujó a los radicales hacia la Ronda de Sant Pere. El golpe de gracia definitivo fue el efecto intimidatorio de ver aparecer por primera vez en su historia el camión cisterna de los Mossos, aunque el agua en este caso se empleó más bien para apagar barricadas que para derribar radicales. Una noche más, y ya son cinco consecutivas, la violencia inundó el centro de la Ciudad Condal. El balance desde que el lunes comenzaron las protestas deja un total de 128 detenidos y 207 heridos.

Anexo: Metanfetaminas y MDMA: las drogas halladas en mochilas de radicales 'indepes' detenidos

La noche del viernes al sábado pasados, Barcelona vivió unas horas de violencia extrema y sin precedentes en la memoria colectiva reciente de los cuerpos policiales. El caos se desbordó más allá del centro de la Ciudad Condal, donde desde el lunes los radicales habían centrado sus protestas tras conocerse la sentencia del ‘procés’. El epicentro de la batalla campal se situó en la plaza Urquinaona, donde ardieron contenedores de basura, se arrojaron botellas con ácido contra los agentes, se lanzaron adoquines rotos y también bolas de plomo proyectadas con CO2. Un número “considerable” de esos cientos de radicales separatistas -una minoría en comparación con el medio millón de independentistas que se manifestaron de forma pacífica esa misma tarde- consumieron “drogas psicoestimulantes”.

Diversas fuentes policiales explican a EL ESPAÑOL que, entre la treintena de detenidos esa noche, así como durante las jornadas anteriores, los agentes de los Mossos d’Esquadra y de la Policía Nacional requisaron “numerosas” dosis de metanfetaminas y de éxtasis (MDMA). Se trata de dos estupefacientes de la misma familia que generan euforia, hiperactividad y pérdida parcial del sentimiento de dolor físico.

Los agentes policiales hallaron las drogas dentro de mochilas, riñoneras, pequeños bolsos y en las ropas de los detenidos. Aunque “ni mucho menos” todos los arrestados portaban consigo este tipo de sustancias, sí las llevaba "un número considerable de ellos”, según explican las citadas fuentes. “Entendimos por qué siendo tan jóvenes estaban siendo tan sumamente violentos”, asegura un agente del orden que participa en el dispositivo policial que reprime las protestas violentas.

“Yo nunca había visto esto en Cataluña. No recuerdo, ni de lejos, una noche igual. Parecían hienas encendidas. Luego, cuando se veían detenidos, algunos rompían a llorar. Se daban cuenta de que esto no era un juego de niños”, añade otra fuente de un cuerpo policial. "Esto iba muy en serio".

Durante la noche del viernes al sábado resultaron heridos decenas de agentes de Mossos d’Esquadra y de Policía Nacional. Uno de ellos, un vigués desplazado hasta Barcelona a causa de las protestas, se encuentra en estado muy grave por el impacto de un objeto contundente en su cabeza. Presenta fractura de cráneo que le oprime las vértebras y se encuentra en una UCI. Las fuerzas del orden consultadas creen que se le pudo arrojar un adoquín roto desde la terraza de un piso de un edificio.

Por otro lado, una joven que participaba en las protestas de la última semana también se encuentra herida grave. Está ingresada en el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, según confirman desde el propio centro médico.

Como ya señaló EL ESPAÑOL, los disturbios de Cataluña poco tienen de improvisados. Grupos antisistema de diferentes puntos de Europa han reforzado el despliegue de los radicales en la capital catalana. Principalmente, la noche del 18 al 19 de octubre. Entre ellos circulan manuales de guerrilla urbana para atacar a la Policía y sembrar el terror en las calles de la ciudad.

Como revela ahora este periódico, a este hecho se suma el consumo de drogas estimulantes entre algunos de los jóvenes más radicales. Ese cóctel ha provocado que, en lo que va de semana, más de 300 agentes hayan resultado heridos. De ellos, 101 sólo en la noche del viernes al sábado. Los heridos en el lado independentista también se cuentan por cientos, aunque la cifra es indeterminada ya que muchos de ellos no fueron atendidos por personal médico, salvo los que sí presentaban heridas de consideración.

Fuente: El Español, El Confidencial

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