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Denis Lukyanov

El tema de la época soviética es muy sensible, especialmente en algunas repúblicas de la antigua URSS. Se puede decir con certeza que el sentimiento antisoviético es más fuerte en los países del Báltico. Los ciudadanos de esta zona tachan aquel período de su historia de "ocupación".

Quien ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión del legado soviético ha sido el primer jefe de Estado de Lituania, Vytautas Landsbergis. En una carta abierta dirigida al dueño de Amazon, Jeff Bezos, se quejó de que el gigante del comercio electrónico tuviera en venta artículos con símbolos de la "tiranía" de la URSS. Landsbergis se refirió en concreto a cojines de sofá y a camisetas para niños con la hoz y el martillo.

En su mensaje, Landsbergis acusó a la Unión Soviética de haber colaborado con las fuerzas de Hitler en crímenes de guerra y genocidio. Aquí es importante señalar que el exmandatario lituano exagera, porque la URSS nunca cometió ningún genocidio. Es más, no existe ninguna prueba contundente de que las autoridades de la URSS trataran deliberadamente de exterminar a algún grupo étnico.

Al mismo tiempo, es necesario reconocer que en la historia de la URSS hubo hambrunas —el caso de Holodomor en Ucrania—, hubo deportaciones de diferentes grupos étnicos por parte del Gobierno de Iósif Stalin, que sí desembocó en un número enorme de víctimas a causa de las malas condiciones de transporte y alojamiento. Y además existió una red de gulags a donde enviaban a los enemigos del régimen de Stalin.

Pero en ninguno de estos casos se trató de limpieza étnica deliberada a la que se refiere Landsbergis cuando recurre a la palabra "genocidio". Y menos aún la Unión Soviética pudo haber cooperado con la Alemania nazi.

Se puede concluir que a todas estas páginas oscuras de la historia de la URSS las une solo una cosa: se cometieron durante el Gobierno de Iósif Stalin. Sin embargo, los errores de uno de los gobiernos del país no deben ensombrecer todo lo bueno de la época soviética.

Un ejemplo emblemático sería el caso de Estados Unidos, que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial lanzó dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y mató como consecuencia a más de 200.000 civiles. Daño colateral, dirán. Pero, por alguna razón, a nadie se le ocurre prohibir los símbolos nacionales estadounidenses.

En su carta, Landsbergis llama a Jeff Bezos a prohibir la venta de mercancías con símbolos de la URSS este 23 de agosto, el día que fue firmado "el pacto Stalin-Hitler", precisamente hace 80 años. Con toda certeza se puede decir que el político se refería al Tratado de no Agresión entre la Alemania nazi y la URSS, que tuvo una parte secreta en la que las dos partes se repartieron las áreas de interés en Europa del Este.

En Lituania pronto hubo un Gobierno socialista y empezó a contar con la presencia del Ejército Rojo en su territorio. El nuevo parlamento prosoviético del país, al igual que los de Letonia y Estonia, proclamó estar a favor de la incorporación a la URSS. Lituania pasó a formar parte del país comunista como una república soviética socialista, es decir, el más alto nivel de la federación. La nueva república preservó su idioma y cultura. Pero todo esto cambió con la invasión nazi contra el territorio de la Unión Soviética.

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