Eva Lagunero

Lo que no nos cuentan sobre el actual conflicto en uno de los centros del capitalismo mundial

En la violencia que se vive en Hong Kong desde el pasado mes de junio, hay varios elementos que mueven a la duda y la reflexión, especialmente la imagen que de ella proyectan los monopolios mediáticos como surgida del ímpetu de un movimiento social con predominio de jóvenes “pro-democráticos” que viven supuestamente bajo el yugo de China. Al mismo tiempo, se van acumulando los datos que ponen en cuestión este cuadro.

Hace unos días, las agencias de noticias nos hacían llegar que las manifestaciones en Hong Kong iban a proseguir “pese a la advertencia de China de que podría usar la fuerza para sofocarlas”. Añadían queTrump y su Departamento de Estado estaban “profundamente preocupados” por que se usase la violencia con los manifestantes, y el presidente aconsejaba a su homólogo chino que se sentase con ellos a dialogar. En fin, ya sabemos lo “dialogantes” que son las fuerzas represivas del señor Trump, que, por otro lado, no se ha mostrado tan concernido por la violencia que su aliado Macron ha ejercido en Francia contra otros manifestantes. La noticia continuaba “informando” que lasprotestas en Hong Kong habían comenzado por una proposición de ley de extradición emitida por el gobierno local, que, según los opositores, “podría servir para que disidentes políticos (…) fueran trasladados a China para ser juzgados sin garantías”.

Realmente, a los medios que se limitan a reproducir estas notas de agencia, como hace Público, debería darles vergüenza; porque, más allá de lo risible que resulta pintar un Trump tierno y bonancible, lo que se afirma sobre la ley de extradición oculta la verdad. Con esta ley, que vinculaba a Hong Kong, Taiwán, China continental y Macao, las autoridades de Hong Kong habrían podido procesar a un ciudadano de Taiwán que fue a Hong Kong, asesinó a su novia embarazada, la descuartizó y volvió a Taiwán, desde donde no puede ser extraditado. La proposición de ley, además, comprendía como motivos de extradición 46 tipos delictivos que en todas partes se consideran graves, como el asesinato, la violación, el rapto, el asalto, el robo, etc., así como los delitos financieros y empresariales, también llamados “de cuello blanco”.

El problema no es China, sino Hong Kong

La República Popular de China poco o nada tiene que decir en la economía y la política de Hong Kong, una de sus “regiones administrativas especiales”. O al menos hasta ahora ningún grupo de la llamada oposición ha especificado dónde y cómo ejerce esa influencia. Tras la conclusión de las Guerras del Opio entre China y el Imperio británico en 1860, este último se anexionó Hong Kong, quepermaneció como colonia británica durante más de siglo y medio. Cuando Gran Bretaña se retiró, en 1984 negoció con China unaDeclaración por la cual acordaban que la isla se restauraba a China, pero esta se comprometía a no cambiar el sistema económico y político de Hong Kong durante 50 años. Similares acuerdos se tomaron en 1987 entre China y Portugal respecto a la isla de Macao, antigua colonia portuguesa. Ambas zonas fueron efectivamente transferidas en 1997 y 1999, y sus Declaraciones son tratados internacionales registrados en la ONU.

Como “regiones administrativas especiales”, estos territorios tienen leyes propias que les otorgan un alto grado de autonomía. O, en palabras del ex-presidente chino Deng Xiaoping, “Un país, dos sistemas”. En efecto, Hong Kong y Macao poseen sus propios marcos legales, gobiernos -de sistema multipartidista- policía, moneda, aduanas, selecciones deportivas, sistemas postales y educativos, políticas migratorias, así como competencias sustanciales en relaciones exteriores, que son diferentes e independientes de la República Popular de China.

Hong Kong es el modelo de ciudad neoliberal y de las grandes finanzas, paradigma del “libre mercado”, segunda en el ranking mundial de multi-millonarios, donde la brecha social se agranda cada vez munás, las clases medias se proletarizan, los salarios están estancados y los alquileres han subido un 300 por cien en la última década. Hong Kong, que con sus 7 millones de habitantes compone el 0,7 por ciento de la población china, pasó de representar el 27 por ciento delPIB de China continental en 1993, al 3 por ciento en 2017, con unporcentaje de pobreza del 20 por ciento, que en China era del 0,7 en 2015, según el Banco Mundial. Hong Kong posee, además, un peculiarsistema político que requiere que la mitad de los escaños del parlamento estén ocupados por representantes de las grandes corporaciones. Y, siendo el centro de las grandes finanzas, también lo es del crimen financiero. Entre 2013 y 2017, el número de transacciones sospechosas notificadas a la policía pasaron de casi 33.000 a más de 92.000.

Los intereses económicos de las grandes corporaciones como motor de las movilizaciones

Meses antes de que comenzaran las protestas en las calles, la comunidad empresarial y financiera expresó su oposición a la propuesta de ley de extradición. Sus dos partidos más representativos pidieron al gobierno de Hong Kong que exceptuara de la ley los delitos de cuello blanco. La Cámara de Comercio de Estados Unidos, que representa a más de 1.200 compañías, también se opuso a la medida, ya que “la posibilidad de que un alto ejecutivo internacional que resida o esté de paso en Hong Kong pueda ser arrestado y procesado por alegaciones de delito económico hechas por el gobierno continental (…) socavaría la imagen de Hong Kong como puerto seguro para las operaciones internacionales”.

Poco después estallaron las protestas en las calles en contra de la ley, exigiendo al jefe del ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, que la retirase, lo que en efecto se hizo poco después. Sin embargo, las manifestaciones continuaron, cada vez más violentas, con lanzamiento de piedras, erección de barricadas, bombas incendiarias, ataques a instalaciones gubernamentales, comisarías, periodistas, y, en general, adoptando tácticas similares a las que hemos visto en las operaciones de cambio de régimen promovidas por Estados Unidos y sus aliados en Ucrania, Venezuela o Nicaragua. Grupos de manifestantes enmascarados llegaron a ocupar el aeropuerto de Hong Kong, forzando la cancelación de varios vuelos mientras acosaban a los viajeros y agredían a periodistas y policías.

Una vez despejado el motivo de la ley de extradición, los objetivos de los manifestantes se tornaron vaguedades, como la expresada por una de las caras más mediáticas de las protestas “pro-democráticas”, el joven de 22 años, Joshua Wong: Que el gobierno chino “se retracte de la declaración de que las protestas son motines” y “restaure el sufragio universal”. Wong ha sido calificado en los medios corporativos como “adalid de la libertad”. Pero detrás de estos televisivos portavoces hay elementos como el Partido Nacional de Hong Kong o el Partido Indígena, cuyos miembros abogan por la total independencia de la región -algo que a Washington le suena a música celestial-, aunque debería resultar paradójico que estos partidos independentistas hayan participado en los disturbios ondeando las banderas de Estados Unidos, el Reino Unido e incluso la del Hong Kong colonial.

La mano de Washington

Estos grupos calificados en Occidente como “pro-democráticos” tienen, además, un importante apoyo mediático y económico en la figura del magnate local, Jimmy Lai, que se auto-titula “cabeza de los medios de oposición” y es conocido como el Rupert Murdoch de Asia. Ya enseñó sus credenciales cuando inyectó millones de dólares alOccupy Central de 2014, más conocido como Movimiento de los Paraguas. Desde entonces ha financiado a grupos anti-China y extendido, a través de sus varios órganos de expresión, lo que se puede denominar chino-fobia. Los medios occidentales no informaron de que este mes de agosto hubo una manifestación frente a su casa en Hong Kong, acusándole de ser un “perro guía” de Washington por desatar el caos en la isla y haberse reunido con el equipo de seguridad de Trump, incluido John Bolton.

El "disidente" de Hong Kong y "defensor de la democracia" Jimmy Lai, con el Asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. John Bolton en Washington

Las manifestaciones que se están produciendo contra el movimiento anti-chino no son noticia en esta parte del hemisferio. Es, sin embargo, de fácil comprobación otro aspecto silenciado en los medios: que el Estado norteamericano, a través de órganos como la National Endowment for Democracy (NED) ha invertido millones de dólares en las organizaciones sociales que forman la columna vertebral de la movilización anti-china.

El Partido Indígena, fundado por Andy Chan y presidido hoy porEdward Leung, es un elemento importante en las filas de la movilización. Combina el sentimiento anti-chino con llamamientos a la intervención de Estados unidos y Reino Unido. Según Chan “Fuimos colonizados por los británicos y ahora lo estamos por los chinos”. Por esoha pedido a Trump que aumente la guerra comercial contra Chinay lleve a cabo una “limpieza nacional” en Hong Kong, consignas que están en consonancia con las difundidas por el magnate Jimmy Lai. Este, en una entrevista en Fox News declaró que los honkoneses “se habían criado en los valores de occidente, que eran herencia británica, lo que les llevó a rebelarse cuando vieron que la ley de extradición amenazaba sus libertades”. Ya vimos cuáles eran realmente las libertades amenazadas.

Son los jóvenes, sin embargo, quienes han dado el tono estudiantil al escenario mediático de las revueltas. Al citado Joshua Wong lo han presentado como “campeón de la libertad” en las revistas Times,Fortune y Foreign Policiy, y fue protagonista de un galardonado documental de Netflix, titulado “Joshua: Teenager vs. Superpower” (Joshua: Adolescente vs. Superpotencia). Este mes de agosto apareció la foto de Wong y otros compañeros reunidos con la diplomática de Estados Unidos, Lulie Eadeh, consejera del Consulado General en Hong Kong, lo que provocó un conflicto diplomático entre Washington yBeijing, además de muchas preguntas sobre el contenido de esa reunión.

Estos contactos entre los promotores de las protestas y representantes del gobierno estadounidense no sorprenden, si tenemos en cuenta que,el joven Wong, poco después de la victoria de Trump, voló a Washington a recabar ayudas. En septiembre de 2017, él y sus compañeros Nathan Law y Alex Chow recibieron una carta firmada por senadores demócratas y republicanos en la que les felicitaban por sus “esfuerzos en construir una Hong Kong genuinamente autónoma”, y añadían que “Estados Unidos no puede permanecer al margen”. Un año después, el republicano Marco Rubio y sus colegas de partido “nominaban” al trío referido para el Premio Nobel de la Paz de 2018.

Uno de estos jóvenes, Nathan Law, pedía hace poco a sus camaradas a través de Twitter que persistieran en la lucha: “Tenemos que aguantar y mantener la fe, no importa lo devastadora que la realidad se presente”. Este tweet lo mandaba desde New Haven, (Connecticut), donde goza de una beca de estudios en la Universidad de Yale.

El problema no es la ley de extradición, que se usó para prender la chispa de la movilización, ni tampoco China, sino el gobierno y la economía de Hong Kong. El año en que finaliza el acuerdo entre la República Popular de China y el Reino Unido será el 2047. Mientras tanto, los poderes de Occidente procuran mantener su distopia capitalista en Hong Kong e ir fabricando consenso para sostener un largo conflicto con China.

Referencias:

https://www.globalresearch.ca/hong-kong-global-power-ideological-struggles/5686677

https://thegrayzone.com/2019/08/17/hong-kong-protest-washington-nativism-violence/#more-13591

https://www.globalresearch.ca/washington-meddling-affairs-hong-kong/5686605

http://canarias-semanal.org/art/25790/hay-algo-detras-de-las-amplificadas-protestas-de-hong-kong-videos

Fuente: Redacción Canarias Semanal

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