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The Saker

Todos sabemos que los neocons son, con mucho, el grupo más grande e influyente de patrocinadores de las guerras de agresión estadounidenses. Ellos son los que más hicieron lobby para la invasión de Irak, y son los que durante décadas han intentado todos los trucos sucios posibles para tentar a los Estados Unidos a realizar actos de agresión contra Irán. De hecho, en términos de derecho internacional, los neoconservadores podrían verse como una banda de criminales de guerra internacionales. ¿Por qué? Porque como ya lo he señalado varias veces, según las posiciones fundamentales del Tribunal de Nuremberg, el peor crimen posible no es el genocidio ni ningún otro crimen contra la humanidad. El peor crimen posible es el crimen de *agresión* porque, según los expertos que crearon el Tribunal de Nuremberg, el crimen de agresión “contiene” todos los demás delitos (por cierto, la Corte Penal Internacional toma la misma posición). En palabras del jefe de los fiscales estadounidenses en Nuremberg, Robert H. Jackson, “iniciar una guerra de agresión, por lo tanto, no es solo un crimen internacional; es el crimen internacional supremo que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene dentro de sí el mal acumulado del conjunto”. Según esa definición, cada uno de los presidentes de los Estados Unidos sería un criminal de guerra (por lo menos, que yo sepa; si puede pensar en un presidente de los Estados Unidos que no cometió el crimen de agresión, incluso contra nativos americanos, hágamelo saber). En cuanto a los neoconservadores, podrían caracterizarse bastante bien como una “conspiración criminal para cometer el crimen de agresión”. En un mundo sano, eso los convertiría en parias internacionales a la par con los locos de al-Qaeda (quienes, se den cuenta o no, fueron federados por los neoconservadores de EEUU y siguen siendo sus mercenarios no tanto contra Occidente sino sobre todo contra todas las otras formas de Islam -no Takfiri-, principalmente Hezbollah e Irán). De hecho, aunque la mayoría todavía tiene miedo de decirlo públicamente, creo que entre los analistas políticos está creciendo la conciencia sobre que los neoconservadores son una peligrosa banda internacional de matones belicistas.

Lo que, sin embargo, es menos conocido es que dentro de los EEUU, los neocons y sus aliados han sido una fuerza primordial para desmantelar la Carta de Derechos, especialmente la Primera y la Segunda Enmienda.

Hoy quiero dar un ejemplo simple pero contundente de cómo este tipo de cosas está sucediendo disimuladamente con muy poca oposición. Y para ese ejemplo, usaré el estado de EEUU en el que vivo actualmente, Florida.

Echa un vistazo a esta impresionante secuencia de eventos:

El 11 de abril, la Cámara de Representantes de Florida aprobó por unanimidad (114-0) el Proyecto de Ley de la Cámara de Representantes 741 que definiría el antisemitismo como:

  • “Una cierta percepción del pueblo judío, que puede expresarse como odio hacia el pueblo judío”.
  • “Manifestaciones retóricas y físicas de antisemitismo dirigidas hacia una persona, su propiedad o hacia instituciones de la comunidad judía o instalaciones religiosas”.

El proyecto de ley también proporciona muchos ejemplos de “antisemitismo”, que incluyen:

  • Pedir por, ayudar o justificar, el asesinato o daño a los judíos, a menudo en nombre de una ideología radical o una visión extremista de la religión.
  • Acusar a los judíos como pueblo o al Estado de Israel de inventar o exagerar el Holocausto.
  • Acusar a los ciudadanos judíos de ser más leales a Israel, o las supuestas prioridades de los judíos en todo el mundo, que al interés de sus propias naciones.

El proyecto de ley también establece que los ejemplos de “antisemitismo” relacionados con Israel incluyen:

  • Aplicar un doble estándar a Israel al exigir un comportamiento de Israel que no se espera ni se exige a ninguna otra nación democrática, o enfocar las investigaciones de paz o de derechos humanos solo en Israel.
  • La deslegitimación de Israel negando al pueblo judío su derecho a la autodeterminación y negándole a Israel el derecho a existir.

El 29 de abril, el Gobernador DeSantis y el Gabinete de la Florida se reunieron en Jerusalén (¡no es una broma!) para proclamar su apoyo al “estado judío” (sic) y declarar que DeSantis será el gobernador más pro-Israel en “América” ​​(sic). El hecho de que celebrar esa reunión en el extranjero sea una violación de la ley de la Florida no molestó a nadie (excepto a la Fundación de la Primera Enmienda de la Florida que presentó una demanda contra este ultraje). Tampoco el hecho de que Israel sea el último estado abiertamente y oficialmente racista en nuestro planeta. Lamentablemente, Florida no es una excepción, dos docenas de otros estados (incluido Texas) han aprobado leyes similares.

La diminuta y pequeña hoja de higuera que cubre la verdadera naturaleza anti-derechos civiles de tales leyes es la objeción de que tales leyes no violan técnicamente la Primera Enmienda ya que “solo” se aplican a las escuelas (FL) o que no prohíben la libertad de expresión como tal, pero “solo” permite el bloqueo económico de corporaciones e individuos que se atreven a profesar el punto de vista “equivocado” sobre Israel (TX).

Esto es, por supuesto, un completo disparate.

Ya que los neocons no pueden salir abiertamente y declarar “abolamos la Primera Enmienda”, usan lo que yo llamaría una “muerte legislativa por mil cortes”, lo que significa que en lugar de rechazar abiertamente la Primera Enmienda, simplemente la neutralizan imponiendo innumerables pequeñas limitaciones, regulaciones, interpretaciones, restricciones, etc., etc., etc. (por cierto, así es como las elites estadounidenses también están intentando desmantelar la Segunda Enmienda).

Como alguien que estudió en los EEUU y obtuvo dos diplomas aquí (1986-1991), puedo dar fe de que antes del 9-11 (9 de septiembre de 2001) las escuelas y los campus estadounidenses eran una placa de Petri maravillosa para todo tipo de opiniones e ideas, incluidas las muy controvertidas. La libertad de expresión en las universidades de los Estados Unidos fue total, y se entendió y se esperaba que todas las opiniones e ideas compitieran en sus méritos intrínsecos y no se analizaran cuidadosamente en busca de signos de crimethink. Esto ahora ha cambiado totalmente: con algunas excepciones, la mayoría de las escuelas de los EEUU (¡incluídas muchas universidades!) se han convertido en ideológicamente monolíticas, y la única opinión posible es el odio total a Trump y el apoyo incondicional a la pandilla Clinton.

El aspecto más tóxico de estas leyes de aplastamiento de la libertad es que se dirigen deliberadamente a los jóvenes porque la plutocracia gobernante aprecia plenamente el hecho de que los jóvenes son mucho más fáciles de moldear ideológicamente, de adoctrinar. Agregue a esto que la mayor parte del sistema “educativo” de los EEUU (junto con los medios de comunicación corporativos de los EEUU) está diseñado para estupidizar a los estudiantes y hacerlos compatibles (exactamente lo contrario de lo que se supone que debe lograr la “educación”), ya que todo lo que se requiere de más del 90% de la población estadounidense son solo los conjuntos de habilidades básicas que se necesitan para servir a sus señores y elites gobernantes (el 10% restante de las escuelas está mayormente reservado para los niños de la nomenklatura gobernante de EEUU, como médicos, abogados, ingenieros etc.).

Hay otro aspecto de esta deconstrucción a cámara lenta de los derechos civiles en los Estados Unidos que creo que es extremadamente importante señalar: creo que la naturaleza absolutamente ultrajante de tales leyes no es solo un efecto secundario de la infinita arrogancia de los neoconservadores, sino también una técnica de manipulación mental deliberada. Al estar tan “en tu cara” con su arrogancia ideológica, los neocons están obligando a todos a observar las leyes dentro de uno de dos campos: primero, aquellos que dócilmente aceptan lo que los neocons quieren, y aquellos que se atreven a resistir. El primer grupo se convierte entonces en un cómplice, un espectador que, por silenciosa aquiescencia, obedece, mientras que el segundo grupo se convierte en un objetivo para ser silenciado, por cualquier medio que sea necesario. Las similitudes en otras circunstancias son evidentes: 9/11, MH-17, Skripal, ataques químicos ficticios en Siria, etc. Los gobernantes del Imperio exigen que todos apoyen una narrativa que es evidentemente falsa, creando así una herramienta muy precisa para medir el grado de subordinación política de cada persona preguntada si la versión oficial es verdadera o no.

En este contexto, es bastante sorprendente ver que muy pocas personas se atreven a cuestionar abiertamente por qué y cómo una potencia extranjera adquirió ese control total sobre una supuesta superpotencia. Hay, por supuesto, muchas personas valientes que se atreven a cuestionar todo esto (los nombres de Cynthia McKinney, Ron Unz, Philip Giraldi, Paul Craig Roberts, Catherine Austin Fitts, Bonnie Faulkner, y muchos otros, vienen a la mente), pero su valientes voces son ahogadas por un huracán CAT5 de propaganda pro-sionista. Y, por supuesto, cuando todo lo demás falla, la insulsa y absurda acusación de “antisemitismo” se usa para desacreditar a cualquiera cuyos argumentos no pueden ser simplemente desestimados. Finalmente, el estado profundo de Estados Unidos ha sido muy eficaz en su apoyo encubierto a la corriente de todo tipo de movimientos, personalidades y medios de comunicación genuinamente racistas, como forma de desacreditar (por supuesta asociación) a cualquier persona crítica de Israel o del sionismo. Se utilizó exactamente la misma técnica para desacreditar el movimiento por la Verdad del 11 de Septiembre, que se ha visto afectado negativamente a nivel de base por todo tipo de simples teorías estúpidas (bombas atómicas, misiles rusos, armas de energía dirigidas, etc.) que ayudaron a “disolver” los estudios serios y rigurosamente científicos de lo que realmente sucedió el 11 de septiembre.

Una de las consecuencias más devastadoras de esta ortodoxia política sio-compatible en los EEUU ha sido que ningún político de los EEUU ha desafiado con éxito el control total del Gobierno de Ocupación Sionista (ZOG, un término muy desacreditado, pero totalmente preciso, en mi opinión).Cynthia McKinney lo intentó, y todos sabemos lo que le pasó. Aún más escalofriante es el hecho de que incluso personas como Ron Paul, Dennis Kucinich, Ralph Nader o Tulsi Gabbard decidieron claramente mantenerse alejados de este asunto, para no ser demonizados y removidos de cualquier posición de poder, como lo fue Cynthia McKinney.

Todo esto es enteramente deliberado. Simplemente verifique el lenguaje utilizado por la HB 741, que combina clara y repetitivamente cualquier rechazo o condena del sionismo (que es una ideología) con el odio a los judíos (como religión, etnia o raza; FWIW [acrónimo de “para quien desea saber”. Nota del Traductor], personalmente pienso en los judíos como una tribu, no una raza o etnia). Esta combinación es la piedra angular del poder sionista en Occidente, y esta es la razón por la que cualquier discusión sobre ella es considerada como una prueba incriminante de pensamiento criminal racista.

Sin embargo, aquellos que, como yo, vivimos en los Estados Unidos, están comparativamente mejor que cualquier disidente europeo, ya que en la mayoría de los países de la Unión Europea (y en Rusia, por cierto) ya existen muchas leyes que prohíben formas específicas de libertad de expresión, incluso las así llamada “negación del Holocausto” y la prohibición (vagamente redactada) de “discurso de odio”: no hay una Primera Enmienda en Europa y la prohibición de algunas formas de libertad de expresión siempre ha estado presente en Europa (el filósofo francés Alain Soral ahora está en riesgo de un año en la cárcel por varios “crímenes de pensamiento”. Escribiré sobre su situación en un futuro próximo).

Conclusión: ¡de muchas maneras, los rusos y los estadounidenses tienen el mismo problema!

Una vez que tomamos la decisión de llamar a las cosas por sus nombres propios, se hace evidente cuál es el problema de los Estados Unidos: los Estados Unidos no son un país genuinamente libre o soberano, sino un “territorio ocupado” gobernado por una pandilla transnacional de matones cuya ideología es tan racista, mesiánica y odiosa, como es posible (sionismo); por lo tanto, yo sugeriría que un “eslogan de liberación” perfecto en los Estados Unidos podría ser “restaurar la plena soberanía del pueblo”. Creo que Rusia tiene el mismo problema, aunque en menor grado (la diferencia más significativa es que todavía hay muchos patriotas en Rusia que están dispuestos a hablar en contra de este estado de cosas, pero sin caer en la trampa de apoyar los punto de vista racistas). Fundamentalmente, creo que sería justo decir que tanto Rusia como los EEUU luchan por liberarse del yugo de una pandilla transnacional de matones cuyo objetivo es la dominación mundial, literalmente (si eres lo suficientemente ingenuo como para creer que el sionismo es “solo” la defensa de una patria judía y la reubicación de cualquier judío amenazado en “Eretz Israel”, estás totalmente equivocado, ve por qué aquí).

Además, tanto Rusia como los EEUU también sufren la opresión interna de una clase dominante, que está corrompida hasta la médula y es profundamente despectiva de todos los demás. Y si bien estas personas no están unidas bajo un líder u organización, y si bien no tienen que tener reuniones secretas de coordinación, tienen intereses tan comunes que siempre e instintivamente, actuarán de forma concertada. Sé que no es bueno decir esto en 2019, pero para todos sus otros errores, Karl Marx estuvo bastante acertado al darse cuenta de que las luchas de clases son las que definen la estructura de la mayoría de las sociedades y que la conciencia de clase a menudo determina cómo actúan los que están en el poder.

Entonces, como sea que decidamos llamarlos (neoconservadores, sionistas, integracionistas atlánticos, 5º columnistas, etc.), estas etiquetas son todas situacionales, y todos sabemos con quién estamos tratando aquí y cómo operan estas personas. Y a aquellos que (inevitablemente) nos acusarían de algún tipo de cripto-racismo, simplemente responderíamos con las palabras de un judío muy famoso, San Pablo, quien dijo: “Porque no luchamos contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra los poderes, contra los gobernantes de las tinieblas de este mundo, contra la maldad espiritual en los lugares altos” (Efesios 6:12). Además, culpar a los judíos por el sionismo es tan lógico como culpar a los rusos por el bolchevismo, a los alemanes por el nacionalsocialismo o a los estadounidenses por el imperialismo: esto es contrafáctico y profundamente inmoral. Pero, no se preocupe, ¡el Papa ya ha declarado que los cristianos tienen que pedir perdón por “19 siglos de anti-judaísmo cristiano”! Supongo que pronto los latinos declararán a San Pablo como un “santo opcional” (como hicieron con San Nicolás). De hecho, a juzgar por la obsesión del Papa por denunciar el antisemitismo, podemos asumir con certeza que pronto tan notorios “antisemitas” como San Pablo, San Cipriano de Cartago, San Gregorio de Nyssa, San Efrén el Sirio, San Ambrosio de Milán, San Miguel Mártir y muchos otros pronto serán colocados como “opcionales”. Al final del día, espero que estas personas hagan que Cristo mismo sea “opcional”, nuevamente por su antisemitismo (especialmente en los Evangelios de San Mateo y San Juan, que seguramente serán “corregidos” en el futuro cercano).

Los rusos y los estadounidenses viven en sociedades muy diferentes con historias muy diferentes. Sin embargo, creo que en lugar de esperar en vano que algún día Rusia se convierta en un patrocinador (dentro de los EEUU. Nota del Traductor) de la “derecha alternativa” (patrocinada por el estado y, por lo tanto, verdaderamente racista), sería mucho más realista y productivo esperar que todo el pueblo de Rusia y los EEUU, independientemente de su raza, etnia o religión, unan sus fuerzas para luchar por recuperar su soberanía sobre su país. No importa qué ideología defiende la plutocracia transnacional siempre que el resto de nosotros nos demos cuenta de que la verdadera soberanía es el contraveneno que restaurará nuestras libertades y detendrá las guerras de agresión (de las que solo se benefician las élites gobernantes). Hoy los neocons son el enemigo #1 para los Estados Unidos. Los 5to columnistas rusos son el enemigo #1 para Rusia. Mostrar cómo trabajan para alcanzar los mismos objetivos es, creo, una de las primeras cosas que deben lograr aquellos que se resisten a estos matones. Parafraseando a Marx, sugeriría este eslogan: “¡soberanos de todos los países – uníos!”.

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