alt

Manlio Dinucci

El espíritu de sacrificio resulta conmovedor. Al extremo de hacer que la guerra pueda ‎parecer admirable. La receta consiste en: 1- encontrar un héroe joven y simpático; 2- exaltar su sentido del sacrificio y su muerte altruista; 3- decir que murió defendiendo a ‎los buenos contra los malos; 4- ocultar las barbaridades que cometió. Una receta vieja pero que sigue funcionando. ‎

Alrededor de 5 000 niños y adolescentes participaron en Pisa (Italia) en el «Día de la ‎Solidaridad» en recuerdo al mayor de paracaidistas Nicola Ciardelli, muerto durante una «misión ‎de paz»... la invasión de Irak.

Esa conmemoración, organizada anualmente por la Asociación ‎Nicola Ciardelli Onlus, creada por la familia del difunto, se ha convertido, gracias al importante ‎apoyo de las autoridades municipales –primeramente en manos del Partido Demócrata (PD) y hoy ‎bajo control de la Liga Norte– en laboratorio de una gran operación –en la que colabora un ‎amplio espectro de organismos y asociaciones– tendiente a «sensibilizar a los jóvenes estudiantes ‎sobre la importancia del compromiso de cada cual con la construcción de un futuro de paz y ‎solidaridad». ‎

Y el ejemplo es «el compromiso de Nicola en pro de las poblaciones desgarradas por los conflictos ‎que pudo ver durante las numerosas misiones en las que participó», misiones que le permitieron ‎‎«tocar con sus manos la devastación de las guerras y los sufrimientos de quienes las sufren, ‎los niños en primer lugar». ‎

Pero nadie ha contado a los 5 000 niños y adolescentes que participaron en la conmemoración la ‎verdadera historia de la guerra devastadora que Estados Unidos desató en 2003 contra Irak, ‎país que ya había sido sometido a un embargo que en 10 años provocó un millón y medio de ‎muertes, entre ellas alrededor de medio millón de fallecimientos de niños. ‎

Nadie les explicó que, para justificar la guerra acusando a Irak de tener armas de destrucción ‎masiva, se fabricaron «pruebas» que finalmente resultaron ser falsas. ‎

Nadie les dijo que, para acabar con la resistencia, se utilizaron todos los medios militares para ‎poner Irak a sangre y fuego: desde las bombas de fósforo blanco utilizadas contra la población de ‎Faluya hasta las torturas reveladas en la cárcel de Abu Ghraib.‎

En aquella guerra –a la que el ministerio italiano de Defensa se refiere como «Operación Iraqui ‎Freedom, dirigida por Estados Unidos para derrocar el régimen de Saddan Hussein, en el marco de ‎la lucha internacional contra el terrorismo»– participó el contingente italiano bautizado como ‎‎“Antica Babilonia”. En 2005 y 2006, el consejero político de los comandantes del contingente ‎italiano fue la actual ministra de Defensa Elisabetta Trenta (Movimiento Cinco Estrellas). En ese ‎contingente se hallaba el 185º regimiento de paracaidistas Folgore de reconocimiento y ‎designación de objetivos, fuerza vinculada al Departamento de Fuerzas Especialistas, donde Nicola ‎Ciardelli era oficial. ‎

Según el ministerio de Defensa italiano, el regimiento Folgore «opera infiltrando destacamentos ‎operativos tras las líneas enemigas en acciones directas que prevén acciones contra objetivos ‎desde la distancia utilizando el armamento de su dotación y todas las plataformas de fuegos ‎terrestres, aéreas y navales». Para decirlo más claro, después de encontrar el «blanco» humano, ‎ese blanco es eliminado directamente por tiradores escogidos o, indirectamente, marcándolo con ‎un dispositivo de laser que guía la bomba lanzada desde un avión de combate. ‎

Nadie explicó eso a los 5 000 niños y adolescentes que, en el momento culminante de la ‎conmemoración, aplaudieron a los paracaidistas del regimiento Folgore cuando saltaron en ‎paracaídas sobre el Ponte di mezzo (Un puente sobre el río Arno, en el centro histórico de Pisa. ‎NdlR.), como héroes de comics que defienden a los buenos contra los malos. ‎

Antonio Mazzeo reporta que el de Pisa no es un caso aislado. Los militares estadounidenses de la ‎base de Sigonella (en Sicilia) se hacen cada vez más presentes en las escuelas sicilianas, donde ‎imparten cursos de inglés o de cultura física, entre otros. En la base aérea de Sigonella, donde el ‎cura de una parroquia llevó niños a la base estadounidense en una «visita de instrucción», y en ‎las bases militares de Apulia se imparten curso de «alternancia escuela-trabajo» para alumnos ‎de la enseñanza media superior. También se ha sabido de casos similares en otras regiones de ‎Italia. ‎

Se trata de una verdadera operación de conquista militar de las mentes de las jóvenes ‎generaciones (y también de las demás). ¿Habrá maestros, estudiantes y padres dispuestos a luchar ‎contra esa campaña organizándose, frente a la cultura de la guerra, para promover‎ la cultura de ‎la paz?‎

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

RECOMENDAMOS