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Alexander Dugin

Presentamos aquí la traducción de una entrevista hecha por Andrea Scarabelli a Alexander Dugin del italiano. Traducción al español por Juan Gabriel Caro Rivera.

Uno de los rasgos de nuestra desgraciada época es la facilidad con la que se colocan etiquetas, tanto a los intelectuales como a las corrientes y fenómenos políticos. De derecha o de izquierda, populistas o elitistas, progresistas o conservadores… En la realidad de los hechos, la única distinción que todavía existe es la que opone intelectuales del pasado con los que prefieren ser contemporáneos del futuro. El segundo grupo (no muy numeroso, a decir verdad) comprende a los espíritus nacidos décadas antes – e incluso podríamos decir siglos antes, como Nietzsche – en la línea del tiempo de la Historia, a la vanguardia de una realidad que apenas está desplegándose en su totalidad. La historia de los grandes precursores, de estos cortocircuitos vivientes del tiempo, no ha sido escrita aún. Mientras tanto, seria bueno aprender a reconocerlos.

Esta semana presentamos a Alexander Dugin, quien no necesita presentación, que ha venido a Milán para presentar su libro Putin contra Putin, acabado de publicar por la Editorial AGA. Poco tiempo antes, el “consejero de Putin” (calificación siempre rechazada por el principal interesado en ella) acababa de sacar su monumental Cuarta Teoría Política, publicada en la NovaEuropa traducida por Camilla Scarpa y con un prefacio de Luca Siniscalco. Más que un libro, La Cuarta Teoría Política es una auténtica encrucijada del pasado, presente y futuro, que discute el agotamiento de las categorías modernas y los escenarios por venir. En el estado actual de las cosas, Dugin se encuentra entre los pocos contemporáneos del futuro, y este libro es una prueba de ello, la revitalización de un espíritu agudo que intenta superar las tres teorías políticas de la modernidad – liberalismo, fascismo y comunismo – los cuales, después de haberse enfrentado en el siglo XX, el “siglo de las ideologías” por excelencia, han perdido su fuerza propulsora, demostrando su incapacidad para interpretar el nuevo siglo. Era necesario una nueva hermenéutica, una nueva praxis, un nuevo método: es el desafío que nuestro tiempo nos pide. Y nosotros debemos estar a su altura. Es de todo esto que nace la Cuarta Teoría Política, “desarme” (usando literalmente este término) de las tres teorías políticas, esfuerzo titánico de adherirse al Zeitgeist, mirada transversal y anticonformista capaz de conjugar la Tradición y la modernidad, universum y pluriversum – una metafísica del populismo” como leemos en su interior.

Un libro de cualquier modo ligado a la realidad histórico-escatológica de Rusia, pero también un manifiesto por un mundo multipolar, de muchas dimensiones, por completo contrario al monoteísmo soñado por el mundialismo y el globalismo y enemigo del “racismo historiográfico” que ve la modernidad como la cumbre suprema de la evolución humana. Quien busca recetas fáciles puede dejar de leerlo:  este libro no fue hecho para él. La Cuarta Teoría Política no es una exposición doctrinal sino un método, una visión del mundo. No es una ideología, sino una metafísica de la historia, alérgica al activismo a la medida tan de moda hoy y defensor de un cambio interior. Mostrando la presencia, entre otras cosas, de numerosos autores apolíticos (en el sentido de Thomas Mann) y no alienados, entre los cuales se menciona, en las primeras páginas, Julius Evola, antigua pasión de juventud de Dugin, del cual años atrás hizo un “análisis de izquierda” de sus ideas. Haciendo referencia al filósofo romano, junto a Luca Siniscalco hemos ido a entrevistarlo, preguntándole cómo ha conocido su obra, y cuál ha sido el primer libro de Evola que ha leído. Y ahora habla Dugin:

Conocí a Evola entre mis maestros y amigos rusos, que habían descubierto el pensamiento tradicionalista en los años setenta. En ese entonces solo era un niño. A comienzos de los años ochenta había entrado en contacto con un grupo muy restringido, apenas existente en Rusia, ignorado por los círculos oficiales y compuesto completamente por disidentes. Éramos la minoría de la minoría, a un nivel casi infinitesimal. En el sentido de Guénon (ríe), que diferencia lo infinitesimal de lo inexistente, ¿no?

“El Principio del cálculo infinitesimal”, fue publicado en italiano…

Seguro. Bueno, ciertamente tenía un alcance infinitesimal, pero existía de todos modos (ríe). Al mismo tiempo, me había hecho con una visión alemana del Imperialismo Pagano, Heidnischer Imperialismus. Quedé tan impresionado por esta obra que decidí traducirla inmediatamente al ruso. Fue un encuentro crucial, diría radical. El universo descrito por Evola contenía el mejor ideal planteado que jamás había encontrado. Entonces no pude entender el porqué: provenía de una familia comunista, normal, aparentemente de clase media, sin embargo, sentí que pertenecía más al universo descrito por Evola que en el cual vivía. Era la certeza privada de algún tipo de fundamento. Con el tiempo me encargaron la traducción de varios libros de Guénon del francés. Bueno, desde ese momento – a comienzos de los años ochenta – me consideraba tradicionalista, y no he cambiado hasta ahora. Pertenezco a ese universo, con todos sus efectos.

¿En qué orden ha leído las obras de Evola?

Cabalgar el tigre, seguido de Revuelta contra el mundo moderno. Y después el resto: La tradición hermética, El misterio del Grial, Metafísica del sexo, Los hombres y las ruinas…

¿Cuál es su obra preferida de Evola?

Todas son muy importantes, pero la que más aprecio es Cabalgar el tigre. Ha ejercido una influencia metafísica fundamental sobre mí, sobre todo con su concepto de “Hombre diferenciado”, que se encuentra constreñido a vivir en la modernidad, pero perteneciendo a un mundo completamente diferente. Es a partir de esta idea que he desarrollado mi análisis del Sujeto Radical, vale la pena decir que es el hombre de la Tradición nacido en un mundo sin Tradición. ¿Cómo es posible para un tipo humano de este género, me preguntaba a mí mismo, vivir en un mundo donde la Tradición no está presente, sin haber recibido ningún tipo de tradición…? Bueno, nace de que el Sujeto Radical, que no se revela cuando la fuente de lo sagrado no es accesible, sino cuando fuera de sí no encuentra ningún legado de la Tradición.

¿En qué sentido?

La esencia de la verdad es de tipo sagrado. Hoy domina la nada, pero es imposible que la nada exista. La nada no es sino una forma exterior, en cuyo interior se encuentra lo sagrado. Es precisamente cuando se omite la transmisión regular de las formas de lo sagrado que aparece lo que llamo el Sujeto Radical. Y aquí volvemos al “Hombre diferenciado”, que hoy es más importante que la tradición misma. Quizás la tradición haya desaparecido precisamente para dar paso al Sujeto Radical. Desde este punto de vista, paradójicamente hoy el tradicionalismo es más importante que la Tradición. Toda esta idea, deducida de Cabalgar el Tigre, no implica obviamente la restauración de lo que fue, sino el descubrimiento de aspectos que en el pasado no habían existido. Por lo tanto, no se trata de un simple conservadurismo. Para nada. No queremos restaurar algo, sino regresar a lo Eterno. Que es siempre fresco, siempre nuevo: por lo tanto, este retorno es un proceder hacia adelante, no un retroceso. En otras palabras, el Sujeto Radical se manifiesta entre un ciclo que termina y uno que nasce. Este espacio límite es más importante que todo lo de antes y de todo lo que vendrá después. Podemos utilizar una imagen encontrada en la doctrina tradicional de los “Cuatro Ciclos”, los Cuatro Estados (el de Oro, el de Plata, el de Cobre, el de Hierro), difundido en tradiciones muy distintas: desde este punto de vista, la restauración de la Edad de Oro es menos importante que el espacio que existe entre el final de la Edad de Hierro y el comienzo de la misma Edad de Oro. Que es el espacio en que vivimos nosotros. Todos estos aspectos, regresando a Evola, en mi opinión están implícitos en su idea de Hombre Diferenciado.

Recientemente fue publicado su libro La Cuarta Teoría Política. El sujeto llamado para esta nueva metafísica de la historia es el Dasein, el ejercicio del cual hablaba Heidegger. ¿Hay un eco del Dasein en el Sujeto Radical?

Afinidades en un cierto sentido. El Dasein, en realidad, no es el sujeto radical, sino como ha dicho, está relacionado con Heidegger. Entre otras cosas, creo que Evola no llegó a comprender muy bien a Heidegger. En Cabalgar el Tigre hace un juicio superficial de él: Heidegger es mucho más interesante y profundo. He estudiado su pensamiento por años, escribiendo cuatro libros sobre él. El aspecto más importante del Dasein es el que describe al hombre no como una entidad dada. Normalmente solo pensamos al hombre con categorías como individuo, clase, sociedad, nación, que son solo formas secundarias. Queriendo definir al hombre en sus raíces más profundas, el Dasein es lo que queda cuando lo liberamos de todos los preconceptos culturales. No es fácil comprenderlo: se necesita hacer una destrucción radical – o deconstrucción – de todos lo aspectos socio-culturales, históricos, religiosos (también tradicionales), atribuidos al hombre. El Dasein no corresponde a ninguna de las definiciones del hombre. No es un individuo, ni es un colectivo, ni el Alma, el Espíritu o el Cuerpo: todo eso es secundario. En vez de eso es una presencia pura del intelecto: que se allá solo cuando se encuentra frente a la muerte.

Es el ser para la muerte del que habla Heidegger…

No se puede hablar del Dasein sin una confrontación con la muerte. En este momento ya no hay más nombres ni individuos: es entonces cuando se abre el Dasein. Es necesario, como propone Heidegger, repensar todos los conceptos de la política, de la sociedad, de la filosofía, de la cultural y sus relaciones con la naturaleza a partir de esta experiencia radical y existencial, de tal modo de pensamiento. Solo a partir de este espacio existencial libre de todo el resto es posible reconstruir una ontología científica, una ontología política, una ontología sociocultural…pero siempre y sólo a partir de este Despertar existencial. Y tal Despertar no es una idea trascendente, sino una experiencia inmanente, que debe volver a ser la raíz de la política.

En la Cuarta Teoría Política ha interpretado al pueblo a la luz del Dasein…

El Dasein, en todos sus efectos, es el pueblo. Sin el pueblo no podría existir ninguna entidad pensante. El pueblo asegura al infante una lengua, una historia, un espacio y un tiempo. Todo. Reflexionando, el Dasein se hace pueblo. No me refiero al concepto de la colectividad, que es una suma de individuos. Los cuales fuera del pueblo, no son nada. Y el pueblo existe sólo en cuanto Dasein, no individualmente, ni colectivamente. Es una forma existencial de comprender al pueblo, que se opone a las teorías de los liberales, con su idea vacía e insignificante del individuo; a los teóricos comunistas, basados en la clase y la colectividad, otro concepto vacío que no se opone al liberal, porque la colectividad no es sino una aglomeración de átomos individuales, como ya he dicho; y finalmente, a los teóricos nacionalistas, que se refieren al concepto de Estado nacional, otra idea burguesa antítesis del Imperio y de lo Sagrado. Evola, en este sentido, hizo la crítica más radical del nacionalismo. El liberalismo, el comunismo y el nacionalismo son todas formas anticuadas de interpretar el sujeto político.

Son las tres teorías políticas que la Cuarta superará…

Aquí llegamos al Dasein, el sujeto de la Cuarta Teoría Política. Este no puede ser menos que el pueblo: al infante le es imposible renunciar a la lengua, a la historia, una cierta mentalidad… Es imposible pensar sin una lengua, ¿no es así? La mía es una visión metafísica del intelecto y de la lengua, de la historia y de la sociedad. Basándonos en todo esto, renunciamos a las tres teorías políticas de la modernidad – comunismo, nacionalismo y liberalismo – debemos construir una nueva visión del mundo, una política en sentido existencial capaz de dar respuesta a todos los desafíos del presente: nuestra relación con otros, el género, la idea de un mundo multipolar… Por lo tanto, debemos pensar todo esto desde fuera de la modernidad occidental. Bueno, ha sido de comparar esta construcción teórica y los otros tres regímenes de la modernidad occidental que surgió la Cuarta Teoría Política. ¿Ha visto la encarnación de esta teoría en alguna forma política presente? El chiismo moderno es una expresión, en el mundo islámico, de la Cuarta Teoría Política. Mi libro ha sido traducido al persa, ¡y ha sido comentado que habla de la política iraní…! Que de hecho no es comunista, ni liberal, ni nacionalista. Creo que consideró el “populismo” – incluido el italiano – una forma de la Cuarta Teoría Política. Ningún populismo es fascista o comunista, y son profundamente antiliberales. El populismo es una reacción existencial del pueblo, que evidentemente no esta muerto, como vociferan los liberales, los mundialistas y los globalistas. Son todos ejercicios preparatorios de la Cuarta Teoría Política – que podría ser definida, entre otras cosas, como una forma de populismo integral. Ni de derecha, ni de izquierda, provisto naturalmente de una simpatía hacia la justicia social y el orden moral. Desde este punto de vista, la Cuarta Teoría Política es la metafísica del populismo.

Sin embargo, los aspectos metapolíticos del “populismo” han pasado desapercibidos en la política de Italia…

El populismo niega aplicarse etiquetas de derecha – fascista, nacionalsocialista – o de izquierda – comunista, maoísta, trotskista… Más el anticomunismo y el antifascismo son sólo tentativas de dividir el pueblo. El populismo propone abandonar ambos, tanto los dogmas del nacionalismo como los del comunismo, uniendo las fuerzas populares – de derecha y de izquierda – para conseguir el populismo integral, haciendo frente común en contra de los liberales, los globalistas, los mundialistas, residuos finales del ciclo final de Occidente. Estoy convencido que los mundialistas de hoy son los peores – peores que los fascistas o los comunistas. Una revolución contra ellos será la última misión escatológica de Occidente. El pueblo tenderá a una resistencia orgánica, estructural. La Cuarta Teoría Política, por lo tanto, es el intento de recuperar todo lo que no sea moderno ni occidental: lo premoderno, lo postmoderno, lo antimoderno, Asia, la tradición romana, el cristianismo ortodoxo, Grecia, el Islam. La modernidad occidental es el conjunto de todo lo que es m´zs negativo, Soros, los globalistas, los liberales… Eliminar el liberalismo significará superar todo lo que en Occidente tiene un carácter infame. Evidentemente es una lucha escatológica: y aquí la Cuarta Teoría Política se reincorpora al tradicionalismo. Siempre, no hace falta decirlo, con una mirada abierta al futuro.

Regresando a lo que decía antes, ¿Dasein y Sujeto Radical son diferentes?

Son similares, pero no creo que se pueda establecer una identidad. Son conceptos nacidos en circunstancias distintas. He escrito un libro sobre el Sujeto Radical y su doble – en el mismo sentido que Antonin Artaud, El teatro y su doble. Para mí, el Sujeto Radical es un modo de ser contra el mundo moderno, sin alguna razón particular, sin ser aristocrático o cristiano… En resumen, sin tener ningún tipo de contacto con una Tradición viva. Bueno, es que es el momento de la forma concreta y operativa del Sujeto Radical, que se abre de repente a la Tradición, siendo una forma. Pero esta es una revuelta que no proviene de afuera, sino de adentro. Obviamente es una forma muy particular de metafísica.

Una metafísica interior, querría decir…

Es el Hombre diferenciado, remarco. No en cuanto barón o conde, y tampoco porque sea cristiano, pagano, sufí o cosas de ese tipo. Occidente no tiene nada de eso: es porque como sostiene Evola, llegará primero al renacimiento, a la restauración, al nuevo ciclo, respecto al Oriente. Occidente se encuentra ahora en el fondo del abismo. Pero es el lugar donde renacerá el Sujeto Radical.

Su libro sobre el Sujeto Radical está en ruso…

Así es…

Deberían traducirlo…

Creo que la única lengua, la única cultura que podría entenderlo es la italiana. La cultura de Evola, la lengua en que fue escrita Cabalgar el tigre, una cultura que posee un profundo conocimiento tradicional.  Los ingleses no conocen a Evola. En Francia es considerado como uno de tantos discípulos de Guénon, o es reducido al fascismo. Por lo tanto, no sabrían en ningún grado comprender mi libro. Sería una idea muy buena traducirlo al italiano.

La cuarta teoría política crítica el Individuo Absoluto de Evola – aunque precisamente esta expresión en sentido tradicional, puede referirse al atman hindú. Según ello, ¿cómo ha hecho el paso del Individuo Absoluto de Evola a los grandes espacios de la Tradición? Creo que se trata de una mera cuestión terminológica. Yo no critico el concepto de Individuo Absoluto evoliano, sino el de individuo, que es un concepto relativo por definición. La expresión de Individuo Absoluto supera igualmente el individualismo. Creo por tanto que se trata de una simple cuestión lingüística. La teoría de Evola se comprende mejor, a mi juicio, recurriendo al concepto de Persona, en vez del de individuo. La persona es una forma que puede ser absoluta o relativa, pero siempre ligada a la relación con los otros – en sentido horizontal o vertical, siempre es una intersección de diversas relaciones. La Persona Absoluta es por tanto la forma de personificación de lo Absoluto. Esta es la idea tradicional del selbst. Por ejemplo, Martin Heidegger habla del selbst del Dasein: es precisamente el Individuo Absoluto – el Sujeto Radical. Se lo podría comparar con el Parat Atman, que es el centro de todo lo que no tiene centro, incluso en ausencia de una simetría que le da una forma. Para tener un centro debemos estar de hecho frente a una figura que lo presupone. Pero el mundo postmoderno y rizomático carece de él: el Sujeto Radical es siempre el centro, incluso cuando es imposible tener uno. Es una forma de trascendencia inmanente.

Muchos años atrás había hecho una lectura muy interesante de Evola, dicho de otro modo, “desde la izquierda”. ¿Puede explicar brevemente de qué se trataba?

Era una pequeña provocación que conllevaba una pregunta mucho más seria: no es posible leer a Evola como lo hacen mucho individuos pequeño burgueses y conservadores. Evola no pertenece a la derecha económica, sino que va en contra del mundo moderno. Y el mundo moderno puede ser tanto de izquierda como de derecha. La suya es una revuelta absoluta contra el mundo moderno que lo circunda, contra el status quo, una revuelta incompatible con el conservadurismo de derecha, el gran capital, la burguesía, la xenofobia, todas posiciones que se encierran en su conformismo pequeño burgués. Evola invita a emprender una lucha absoluta, esta es la verdad. Quien no acepta tal invitación se posiciona de hecho en defensa del mundo moderno. No es posible ser tradicionalista y aceptar la forma del occidentalismo moderno, del capitalismo, del liberalismo y del conservadurismo. Por eso he querido acentuar el hecho de que el pensamiento de Evola es revolucionario, conduciendo a una revuelta provista, en este sentido, de un “alma de izquierda”, acabando en la destrucción de todos los principios del status quo. Es posible hablar, por así decirlo, de un “anarquismo de derecha”, desarrollado en Cabalgar el tigre.

En ese ensayo a reflexionada sobre la relación entre trabajadores y burgueses…

Creo que la defensa de la burguesía contra el proletariado de Evola y Guénon es un error ligado a la aplicación de la teoría de las cuatro castas en la sociedad indoeuropea. La primera es la sacerdotal y la segunda es la guerrera, la de los khastriya:  pero, a diferencia de Evola y Guénon, estoy convencido de que la tercera casta debe identificarse con la de los campesinos. Georges Dumézil ha demostrado que las castas indoeuropeas son tres, no cuatro. Si las cosas son así, entonces la burguesía no es ninguna casta, sino un grupo de campesinos incapaces de vivir en el campo que se abrían ido a la ciudad. Los más honestos se habrían transformado en el proletariado; los peores, en cambio, en los capitalistas. La burguesía deviene una casta que reuniría a los peores guerreros, que ya no querían luchar, y a los campesinos que ya no querían trabajar. Era la unión de los peores enemigos de todas las castas. Es por eso que no se necesita defender a la burguesía, no siendo una casta indoeuropea. Odiando a los sacerdotes, a los guerreros y a los campesinos, ha creado una realidad adversa a todas las castas tradicionales indoeuropeas. Es interesante notar cómo la revolución socialista – el comunismo soviético – fue orientado primero contra la burguesía, no tanto contra los guerreros, sacerdotes o campesinos. Por lo tanto, considero que es posible concebir, por así decirlo, un socialismo – o un comunismo – indoeuropeo del todo adverso a la burguesía, que no representa de ninguna manera a la Tradición. Mis análisis se basan, no en una crítica de Evola, que odiaba a la burguesía, el status quo y el mundo moderno, sino en una corrección e integración de su teoría.

Entonces, ¿cómo aparece el Evola anti-burgués visto desde la izquierda?

Si hoy la burguesía es el enemigo absoluto, todo lo que no es moderno, occidental y burgués, está de nuestro lado: son los chinos, los rusos, los africanos, los árabes, todos los occidentales que se oponen al liberalismo. Este último, de hecho, es la cristalización de lo peor de la Edad Oscura si hablamos desde la doctrina tradicional. En esta perspectiva, el Evola antimoderno y antiliberal es un revolucionario total. Podríamos aplicar a Evola la frase que usó René Alleau sobre Guénon, definiéndolo como “el pensador más radical y revolucionario de Marx”. La mayoría de los tradicionalistas que vienen de la burguesía se limitan a una lectura estéril e improductiva del pensamiento Tradicional. Ellos son los traidores de la Tradición: si las cosas son así, me inclino más por los anarquistas. Creo que el orden burgués debe ser destruido. Mi tesis es una consecuencia lógica de mis posiciones evolianas y tradicionales.

¿Y cómo se relacionan con la Cuarta Teoría Política?

La Cuarta Teoría Política propone lo mismo, de un modo más académico, con la deconstrucción del liberalismo, del eurocentrismo y del modernismo. No es un dogma, sino una invitación a ejercer el pensamiento y la crítica. Algunos proponen encontrar un nombre para esta teoría. Es inútil hacerlo: se dedica a delinear un espacio conceptual que encontrara su propio nombre en un momento futuro, al tiempo debido. Pero mientras tanto podemos trabajar con sus conceptos, preparando el terreno para su manifestación. Los iraníes, como los chinos, podrían ver en sus acciones la manifestación histórica de la Cuarta Teoría Política. Es una invitación abierta. Este es el lado débil pero también fuerte de la expresión Cuarta Teoría Política. Quisiera precisar que no se trata de una mascara de la Tercera Teoría Política – del fascismo – sino de un paradigma realmente alternativo a los otros tres. Fascismo, comunismo y liberalismo son del todo intrínsecos a la modernidad. Yo crítico el fascismo en sus aspectos burgueses, racistas y nacionalistas. La Cuarta Teoría Política abre otro espacio conceptual. El problema es que casi todo lo que seguimos pensando pertenece al legado de las tres primeras teorías políticas. Necesitamos cumplir una gran purificación interior para desarrollar en modo fructífero el tradicionalismo y al mismo tiempo la Cuarta Teoría Política, que es la forma lógica de un cierto desarrollo de algunos aspectos del mismo tradicionalismo.

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