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Alexander Dugin

Aleksandr Guélievich Duguin (nacido en Moscú el 7 de enero de 1962), es un filósofo y geopolítico ruso con una larga actividad ideológica y política detrás. Disidente durante la época soviética, después fuerte opositor de Yeltsin, hoy cercano a Putin, al cual no deja de criticar. Debido a sus ideas políticas se ha convertido en un punto de referencia para los populistas y los antiglobalistas de todos los lugares. Su obra ha sido traducida a varias lenguas.

Recientemente ha estado en Italia para presentar su libro “Putin contra Putin” publicado en AGA Editorial, en la cual hace un retrato inédito del presidente ruso. La misma AGA Editorial ha publicado hace poco “La última guerra de la Isla Mundo”, en la cual el filósofo ruso analiza la evolución geopolítica de Rusia como potencia telurocrática global, desde sus orígenes hasta el presidente Vladimir Putin.

La siguiente es una entrevista hecha por Paolo Becchi y Donato Mancuso.

Profesor Dugin, en su último libro usted identifica la civilización rusa con la “civilización de la Tierra”. ¿Quisiera explicar brevemente el significado de esta definición?

Como he explicado en mi libro, la geopolítica admite dos posiciones. Mackinder la llamaba “el punto de vista del hombre del Mar” y “el punto de vista del hombre de la Tierra”. Se trata de dos tipos de civilización: la civilización dinámica del Mar (progresista, mercantil) y la civilización estática de la Tierra (conservadora, heroica). ¿Ejemplos históricos? Cartago contra Roma, Atenas contra Esparta. La geopolítica clásica se basa también sobre el hecho de que el territorio de la Rusia contemporánea, primero el de la Unión Soviética y mucho antes el del Imperio ruso, constituían el Heartland, es decir el núcleo del continente eurasiático. Mackinder llamó a esta zona “el pivote geográfico en la historia”. Por tanto, desde el punto de vista geopolítico, Rusia es mucho más que la Federación Rusa en sus límites actuales administrativos. La geopolítica rusa es por definición la geopolítica del Heartland, es decir, la geopolítica de la tierra. Del Zarato de Moscú pasando por la Rusia de los Romanov y la Unión Soviética hasta la Federación Rusa, del siglo XV al siglo XXI, Rusia ha sido – y continúa siendo – un polo global de la “civilización de la Tierra”, una Roma continental.

¿Y Putin qué rol tiene? En “Putin contra Putin”, leemos que usted habla de un Putin solar y otro Putin lunar. Del presidente de la federación rusa se dice de todo, desde lo positivo hasta lo negativo. ¿Pero que es realmente Vladimir Putin?

Vladimir Putin ha cambiado la historia de Rusia y de la humanidad, porque con sus acciones, con su defensa decisiva de la soberanía rusa, ha puesto en crisis en el ámbito geopolítico del modelo unipolar favoreciendo el pasaje a un mundo multipolar, que todavía no se acaba de afirmar definitivamente.

Se trata de una figura histórica compleja. Por una parte, Putin es la proyección del pueblo ruso como entidad histórica, representando también la Rusia misma, y queriendo afirmar su identidad y soberanía. Este Putin lo llamo el “Putin solar”. Y es el Putin más conocido, una figura que en Occidente es admirada por los populistas, para los cuales representa la posibilidad de transformar geopolíticamente el modelo unipolar en multipolar abriendo una nueva posibilidad para todos los pueblos, y odiado por los globalistas, para los cuales a su vez constituye un problema, el desafío a la hegemonía unipolar.

Pero existe otro lado de Putin menos conocidos. El Putin que la sociedad rusa observa en la política interna, donde ha conseguido menos éxitos. Mí crítica más importante es que Putin no le ha dado una dimensión institucional a sus reformas. Por eso todo permanece reversible desafortunadamente. Putin no ha llegado al punto de hacer irreversible sus reformas. Este aspecto representa al “Putin lunar” que tal vez no quiere institucionalizar su modelo soberanista. Por esa razón su poder – que actualmente es estable y fuerte – tenderá a debilitarse y a dejar la puerta abierta a la posibilidad de destruir todo lo que Putin ha tenido éxito una vez que el salga de la escena.

¿Qué impresión tiene de Italia respecto a la política de sus dos fuerzas antisistema?

Son muy entusiastas. Dos formas de populismo, el populismo de derecha de la “Liga” y el populismo de izquierda de las “Cinco Estrellas”, han superado sus viejas divisiones y han formado juntos un gobierno. Es el momento histórico en que el populismo ha vencido al globalismo liberal del “centro” político.

Este gobierno es la realización de nuestra esperanza desde hace muchos años, es decir que el pueblo debe representar otra división distinta entre izquierda y derecha y en oposición al centro político, que hoy ya no es de derecha ni de izquierda.

El centro liberal globalista, cuyo emblema es Georges Soros, representa en sí la derecha económica y la izquierda cultural. El populismo representa la ideología potencialmente opuesta, en la cual la justicia social se une al tradicionalismo político, la defensa de la familia, de los valores europeos, de la soberanía y de la identidad. Este populismo lo vemos emerger no sólo en Italia sino también en Austria, Hungría, en los Estado unidos, este populismo que crece siempre más, representa una nueva forma política y un nuevo sujeto político: el pueblo, que no es en sí el individuo ni la clase en sentido comunista ni tampoco la nación en sentido burgués, sino que es orgánico, la identidad, un sujeto histórico cultural, actor de la historia ignorado por la política moderna. Con el advenimiento del populismo, superamos la modernidad, por un lado, entrando en la postmodernidad y, por el otro, regresando a la premodernidad.

Todo esto es la base de un nuevo modelo ideológico-político correspondiente a la Cuarta Teoría Política, que he desarrollado en mi trabajo. Creo que eso es lo que esta sucediendo hoy en Italia. Italia está abriendo una nueva página de la historia europea y está mostrándole el camino a todos los pueblos europeos. Es un momento histórico para Europa.

Ha hablado de la Cuarta Teoría Política. ¿Puede explicarnos brevemente qué es y cómo ha llegado a elaborarla?

La Cuarta Teoría Política es antiliberal, pero sin caer en la trampa del fascismo y del comunismo histórico. Para nosotros es necesario rechazar los sujetos clásicos de la ideología política moderna – liberalismo, comunismo y nacionalismo. En el contexto del liberalismo, el sujeto central es el individuo, en el caso del comunismo son las clases, en el caso del nacionalismo es el estado nacional. Pero el hombre es mucho más profundo que el individuo, la identidad de clase o la identidad nacional entendida como ciudadanía formal. Más importante que el individuo, la clase o la nación es el concepto del Dasein, el ser-ahí de Heidegger, la forma de regresar a las raíces del ser humano.

La dimensión existencial representada por el Dasein de Heidegger es el propio aspecto que ha olvidado la política actual. Esta es también la razón de la alienación radical y del totalitarismo fascista, comunista o liberal – porque hoy estamos viviendo en el contexto del tercer totalitarismo, el totalitarismo liberal. La causa de este totalitarismo es precisamente la alienación, el concepto del hombre alienado de sí mismo. En este sentido el existencialismo de Heidegger hunde sus raíces en la esencia del hombre mismo. Por lo tanto, se ha desarrollado este concepto existencial, con el cual podemos restaurar la dimensión orgánica, cultural y humanística de la política. Desarrollando esta idea podemos llegar a unir el concepto metafísico del Dasein con el concepto de pueblo, concebido como identidad existencial. Heidegger decía “Dasein existiert völkisch”, el Dasein existe a través del pueblo, porque el pueblo dá la cultura, la lengua, la identidad. Sin esto, no es posible ser hombre y esta compresión positiva de la identidad orgánica del pueblo es precisamente la base, el fundamento del Dasein.

Este es el nivel de comprensión más difícil de la Cuarta Teoría Política, pero al mismo tiempo el más importante porque sin esta revisión de la calidad y la estructura del sujeto central de la política, no podemos crear la visión ideológica alternativa a la alienación de la política europea moderna. Sin Heidegger no podemos crear un mundo verdaderamente multipolar.

En su concepción del mundo multipolar, es muy importante la Unión Europea. Aunque la Unión Europea es un complejo de instituciones siempre en crisis, ¿no le parece?

En realidad, no hablo de la Unión Europea sino de la Europa Soberana. La Unión Europea se ha convertido en lo opuesto de Europa como entidad soberana, independiente y con su propia identidad. La Unión Europea es el fruto de la unificación desde abajo, guiada por la economía y los intereses materiales. Creo que para alcanzar un mundo multipolar es necesario crear una Europa completamente diferente, construida desde lo alto, a partir de la tradición común greco-romana y también renacentista.

Para mí, el polo del mundo multipolar es la Europa soberana, con su destino histórico intelectual, con su espíritu, con su eje de valores y su estructura intelectual filosófico-metafísica. Hoy es la lucha entre los soberanistas en contra de la Unión Europea globalista, liberal y elitista. Es el statu quo. Todavía, creo que existe un cierto punto de esta lucha que se transformara en la pelea de Europa como polo independiente, libre y soberano en un contexto geopolítico mundial multipolar.

¿En qué consiste la teoría eurasiática y qué relación tiene con la Europa soberana que acaba de describir?

El Eurasianismo, de inicios de los años veinte del siglo pasado, sostenía la idea de que Rusia representaba una civilización peculiar, eurasiática, que unía unos aspectos europeos tradicionales con algunos aspectos propiamente asiáticos u orientales. La diferenciación entre Europa Occidental y Eurasia era esencial en la visión de los eurasianos originales y también en la base del proyecto eurasiático, en cuanto al contexto del mundo multipolar Eurasia debe ser reconocida como un polo en sí, con una identidad particular, independiente de la civilización europea, americana, china o islámica. Eurasia tiene sus homólogos en el europeísmo y el americanismo, en la por ejemplo de unificación de América del Norte querida por algunos círculos norteamericanos. Esta era la idea de Carl Schmitt sobre los grandes espacios. Eurasia representa el gran espacio situado al este de Europa occidental pero que no corresponde a la civilización china o iraní.

Creo que en este contexto Eurasia representa también la defensa de la tradición. Eurasia ha conservado ciertos aspectos de la tradición premoderna, espiritual, religiosa, cultural, etc. En el contexto cristiano representa la tradición del cristianismo ortodoxo, oriental, muy diferente al cristianismo católico o protestante. Aun así, no es solamente esta herencia cristiana la que define la civilización eurasiática, sino también Gengis Khan, los imperios de los escitas, los turcos y los mongoles. Toda la herencia oriental ha sido importante para la creación de la identidad eurasiática de Rusia.

Creo que en un futuro el Eurasianismo podría representar la ideología del retorno ruso a los orígenes, a la tradición, a su propia identidad espiritual, cultural. Pero esto no excluye el retorno a las raíces de otras civilizaciones – islámica, china, europea, etc.… Por eso el concepto eurasiático es un concepto del multipolarismo inclusivo, pero no universalista, porque da la posibilidad a todas las culturas y civilizaciones de conservar la propia identidad sin incurrir en un universalismo, sea este europeo, occidental o ruso. El Eurasianismo no es imperialista. La tradición eurasista es una forma de civilización pluriversal. Esa es la idea que podemos aceptar de la diversidad sin destruirla, como el ejemplo del caso de Chechenia, en el pasado hostil a Rusia, pero hoy es la república más fiel a Moscú y a Putin porque los chechenos han comprendido que en el contexto de esta unidad pluralista y pluriversal de Eurasia es posible conservar la propia identidad mejor que en el contexto del estado nación.

Donald Trump amenaza con nuevas sanciones contra Europa y contra China y adoptó la línea dura contra Irán de John Bolton. ¿El Estados Unidos de Trump es una oportunidad o una amenaza?

No soy entusiasta del Estados Unidos de Trump, pero es sin duda mejor de lo que hubiera sido el Estados Unidos de Clinton. El Estados Unidos de Trump es la América egoísta que lucha por sus propios intereses contra todos, en cierto sentido representa la revuelta contra el globalismo a favor del imperialismo más brutal. Esto es mucho mejor que el globalismo radical de Clinton y creo que se puede utilizar el momento Trump porque constituye un factor de desestabilización para los mundialistas.

¿Un consejo final para el gobierno italiano?

Seguir su propio camino. Será un camino arduo. Heroico. Hoy el gobierno italiano es la vanguardia de Europa. La historia está abierta y habrá muchos desafíos más adelante. Es necesario tener un espíritu fuerte para resistir los duros golpes que llegarán de todas las formas y de todas partes. Esta es una gran prueba para todos los hombres y todos los partidos políticos. El único modo de conseguirlo es teniendo una profunda confianza en la propia cultura y el propio pueblo italiano. Nosotros los rusos queremos todas las victorias de este gobierno y estamos dispuestos a ayudarlos.

Entrevista a cargo de Paolo Becchi y Donato Mancuso.
Traducida al español por Juan Gabriel Caro Rivera.

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