Ramón Martínez

En el año 2012 se publicó una noticia titulada “Investigadores consiguieron hackear las ondas cerebrales para conseguir datos personalesque demostrabaque era posible descifrar la ondas cerebrales de forma que ya no estaban a salvo ni nuestros pensamientos. Cuatro años más tarde, en el año 2016,  un artículo de la Universidad de Washingtonpublicaba que algunos científicos advertían del peligro inminente que suponen ciertas tecnologías que permiten la lectura de las ondas cerebrales.

Es sospechoso que se advirtiese de un peligro “inminente” en 2016 cuando en realidad según la publicación de 2012, el peligro era ya real hacía años. Lo cierto es que no es la primera vez que se publican noticias sobre neurociencias que más tarde se muestran como algo “por llegar”. Solo por poner un ejemplo, recuerdo que en los años 1980 se publicó en el informativo Telediario de TVE, en una sección que emitíansobre avances en ciencias al final del programa, que ya se podía “leer el pensamiento” y esta misma noticia ha aparecido muchas veces con posterioridad como “algo por llegar”.

Es evidente que estas noticias de avances en neurociencias, procedentes en muchas ocasiones de fuentes indiscutiblemente rigurosas, son ninguneadas y no se les da la importancia que se debiera si se tienen en cuenta las consecuencias tan graves que pueden suponer para seguridad de la población.

Un ejemplo de como se consigue restarle importancia a este tipo de noticias, es meterlas en el mismo saco de las abducciones de extraterrestres y los fenómenos paranormales. Además existen activistas en las redes sociales que se toman un interés insistente y muy sospechoso para dejar como enfermos mentales a quienes denuncian el uso ilegal de estas tecnologías. Por ejemplo, en Plaza Podemos, lugar de discusión de un partido político emergente que supone un peligro para un sistema claramente corrupto, se puede apreciar como se acosan a los usuarios que se atreven a denunciar el uso de estas tecnologías contra la población. Esto se aprecia en este hilo y mucho más claramente por la crueldad de los interlocutores en este otro hilo.

Sería una ingenuidad pensar que un lugar como Plaza Podemos estuviese libre de activistas dispuestos a sabotear cualquier divulgación de información comprometedora para ciertos poderes corruptos. Aunque no es posible ocultar el saqueo de lo público por las dimensiones del mismo, temas como el uso de neurociencias sí es más fácil de ocultar a causa de las razones expuestas.

Aunque la sociedad española va siendo cada vez más consciente de la enorme corrupción que inunda las instituciones del Estado, es difícil que pueda llegar a entender en realidad hasta que punto esta corrupción pone en peligro a los ciudadanos. Que reputadas organizaciones criminales controlen instituciones como el Poder Judicial, el Poder Legislativo, los Medios de Comunicación, etc. es de una gravedad que puede tener unas consecuencias de una magnitudimprevisible. Solo faltaba por saber que esos delincuentes que tienen acceso a los poderes del Estado, tienen en sus manos tecnologías que permiten que ni siquiera los pensamientos de los ciudadanos estén seguros.

Pero eso no es todo, la secta Opus Dei lleva usando tecnologías basadas en neurociencias contra la población, como se muestra en este artículo sobre la cuarta planta de la clínica del Opus, sin que la gente en general sea capaz de creer lo que está ocurriendo.

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