Por Pierre Khalaf

Caen las máscaras en Siria. Las fuerzas armadas de Israel entraron directamente en la lucha del lado de los grupos terroristas a raíz del fracaso de estos últimos en la misión que les había dado la alianza que conforman la OTAN, las petromonarquías del Golfo y el propio Israel, bajo la dirección de Estados Unidos.

La aviación israelí desató un intenso bombardeo, en la noche del sábado al domingo, contra varios objetivos militares y civiles sirios causando decenas de víctimas mortales. La televisión rusa Russia Today habla de 300 muertos, entre ellos numerosos militares, como resultado de los ataques israelíes contra un depósito de armas y municiones, cuarteles y posiciones de la defensa antiaérea en la periferia de Damasco. Según informes seguros, cerca de 40 aviones participaron en esos ataques, que constituyen una franca violación de la soberanía de un país independiente.

Los ataques aéreos israelíes se producen después de una serie de reveses estratégicos infligidos a los grupos terroristas en las regiones de Damasco y de Homs, donde las estructuras de mando construidas durante los últimos 15 meses a golpes de miles de millones de dólares provenientes de los países del Golfo y gracias a los miles de toneladas de armas sacados de los arsenales de la OTAN, de Libia y de Croacia se derrumbaron en cuestión de semanas, junto con las esperanzas de la OTAN de lograr derrocar el régimen sirio.

Ante la desbandada de sus auxiliares, Israel no tenía otra opción que lanzarse directamente en la batalla, con pretextos fútiles: impedir que las armas químicas caigan en «manos poco seguras», evitar la entrega de armas al Hezbollah… argumentos que se mencionaron el domingo para justificar la agresión israelí.

Pero la verdadera explicación es otra. Hace varias semanas que los dirigentes israelíes venían multiplicando las declaraciones y llamando a Occidente a tomar medidas urgentes para derrocar el régimen del presidente Bachar al-Assad, sobre todo desde que el ejército sirio retomó la iniciativa en el plano militar.

La coordinación entre los israelíes y los grupos terroristas se manifestó claramente durante el ataque aéreo de la noche del sábado al domingo. En cuanto los aviones israelíes dispararon sus misiles y largaron sus bombas, cientos de terroristas trataron de tomar por asalto los puntos de control del ejército para entrar en Damasco. Pero se estrellaron contra el ejército sirio, que los rechazó fácilmente.

La aparición en público del presidente sirio, el sábado y por segunda vez en 3 días, ilustra ese cambio estratégico en el terreno. El líder sirio tuvo un verdadero recibimiento popular en la universidad de Damasco, donde miles de estudiantes lo acogieron como un héroe durante la inauguración de un monumento a la memoria de las decenas de estudiantes asesinados por los terroristas en Alepo, en Damasco y otros lugares.

A pesar de las presiones que el lobby proisraelí ejerce en Washington, Barack Obama no muestra entusiasmo ante la idea de meterse en una nueva guerra por causa de Israel, cuando acaba precisamente de salir del lodazal iraquí y se prepara para abandonar el pantano afgano. El sábado, en Costa Rica, incluso dijo claramente que no tenía previsto el envío de soldados estadounidenses a Siria aunque se demostrase que el régimen de Assad ha utilizado sus armas químicas. «No vislumbro un escenario en que soldados americanos [estadounidenses] en suelo sirio sean algo positivo para Estados Unidos, ni tampoco para Siria», declaró el señor Obama. Sobre todo cuando los sondeos demuestran que los estadounidenses son mayoritariamente hostiles a una intervención de Washington en Siria. Sólo un 10% de las personas interrogadas en un sondeo a través de Internet entre el 16 de abril y el 1º de mayo estiman que Washington debería intervenir en los combates, mientras que el 61% se pronuncian contra cualquier intervención. Pero Obama dio luz verde a Tel Aviv repitiendo nuevamente la eterna cantinela sobre «el derecho de Israel a defenderse».

Ante la gravedad de la agresión israelí, el mando político y militar sirio sostuvo el domingo una reunión de urgencia para examinar las posibles respuestas, mientras que la Liga y los países árabes observaban un silencio sepulcral, luego de haber removido cielo y tierra durante más de 2 años para supuestamente «defender el pueblo sirio y su derecho a la libertad». Únicamente Irán reaccionó condenando enérgicamente la agresión israelí y declarando que Siria «no está ni estará sola ante las agresiones israelíes».

El viceministro sirio de Relaciones Exteriores Faysal al-Moqdad calificó el ataque israelí de «declaración de guerra» y agregó que Siria se reserva el derecho de responder «en el lugar y momento oportunos».

A pesar de la ayuda israelí llegada del cielo, los terroristas siguen retrocediendo en todos los frentes ante el ejército sirio. Al sur de Alepo, las tropas regulares tomaron la localidad de Hreibil, en la provincia de Homs. También entraron en los barrios sur y este de la ciudad de Qoussair, última posición donde los terroristas están aún presentes después de haber sido expulsados del resto de la región. Según los primeros informes, numerosos terroristas de diversas nacionalidades han resultado muertos o han sido capturados.

Occidente contra los cristianos del Oriente

Por Ghaleb Kandil

El cambio político cualitativo que ha surgido al calor de las discusiones alrededor de la ley electoral es la unanimidad intercristiana sobre una representación electoral justa y equitativa, contrariamente a las reglas aplicadas desde las elecciones de 1992.

Se ha visto claramente, a través de las declaraciones e intervenciones de la embajadora de Estados Unidos, que Occidente –incluyendo a Francia– se niega a satisfacer ese reclamo cristiano, expresado en comunicados publicados por la Iglesia maronita, con el respaldo de las principales fuerzas políticas y bajo la égida del cardenal Bechara Rai. El apego de Washington a la llamada ley de 1960 es muestra de su temor ante el posible surgimiento en el Líbano de una nueva correlación de fuerzas al calor de la ley ortodoxa o de la introducción del escrutinio proporcional y en detrimento de la influencia occidental. Esa influencia, que se había cristalizado en el harirismo, se ha replegado hoy hacia el llamado bloque de los «centristas».

Los estadounidenses vinculan su propia visión de la situación existente en el Líbano a la evolución de su propia guerra contra Siria. Los intentos de golpear a la Resistencia en el Líbano y en la región ocupan un lugar central en el plan estadounidense-sionista y de sus auxiliares locales. Desde hace 2 años y medio, Occidente, Israel y sus lacayos esperan que se produzcan en el campo de batalla sirio acontecimientos dramáticos que les permitan imponer un cambio de la situación política en Líbano que abra el camino a una invasión israelí que liquidaría la resistencia. Es por eso que Occidente prefiere, por el momento, mantener las ecuaciones existentes ya que la adopción de cualquier otra que haga justicia a los cristianos permitiría una mejor representación de las corrientes patrióticas existentes en el seno de las comunidades sunnitas y drusas. Las realidades que saldrían a flote con una ley electoral justa impondrían una nueva correlación de fuerzas que crearía una red de protección alrededor de la Resistencia.

La actual actitud de los países occidentales ante los cristianos del Líbano desmiente la ilusión que prevaleció durante siglos sobre un Occidente protector de los cristianos. Es evidente que las nuevas opciones occidentales descansan en una alianza con la organización internacional de la Hermandad Musulmana, basada en la protección de Israel y en el apoyo a los grupos takfiristas que están minando el Estado sirio. Ese plan constituye una clarísima amenaza para la presencia cristiana del Oriente, que ha demostrado su apego a esta tierra y a las constantes nacionales a través de dirigentes como Michel Aoun y Suleiman Frangié, con la bendición del patriarca Bechara Rai.

Informaciones vehiculadas por diversas fuentes han indicado que el ex presidente francés Nicolas Sarkozy propuso al patriarca Rai una extraña solución para proteger a los cristianos del peligro takfirista. Aquella solución consistía en organizar el éxodo de los cristianos hacia Occidente. Sarkozy se sorprendió al parecer ante el apego del cardenal a las raíces orientales y su rechazo hacia la agresión contra el único Estado laico del Levante, que no es otro que Siria. Desde entonces ha venido acentuándose el despertar de los cristianos del Oriente ante el peligro takfirista, mientras que Occidente sigue metido hasta el cuello en sus propios cálculos, en los que sólo cuentan los intereses de Israel.

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