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Jacinto Pérez Arcay

Los libros, aunque marchitos, son la única esencia que deja la humanidad en su discurso eterno. Esencia para el Bien, que perfecciona al Hombre; o para el Mal, que lo corrompe y prostituye. Esencia que se internaliza desde la niñez mediante la palabra hablada, escrita o estereotipada en el entorno ambiental y que, al discurso del tiempo, se transforma en las mentes de los pueblos en monumentos a la guerra o a la paz; a la construcción o a la destrucción.

Este libro, ‘Fuego Sagrado en el Corazón del Hombre’, versa sobre pensamiento, palabra, obra y dominios espíritu-intelectuales y morales ínsitos a la avasallante personalidad de Hugo Chávez[1]; héroe  esclarecido que sacrificó su existencia tras las huellas de Bolívar para enseñar el camino, la verdad y la vida, sine qua non de la verdadera independencia. El Comandante jugó posiciones espacio-temporales investido de cierta divina intuición geopolítica y del fuego sagrado que irradiaba su alma. ¿Cómo pudo el Comandante Chávez adelantarse dos, tres, cuatro jugadas en el ajedrez esferoidal? Comenzó por establecer los principios (resortes) que le permitieran elevarse hasta el rodaje central. Veamos: ¿Qué hacía Hugo Chávez en las etapas previas a su asistencia en las Cumbres del Planeta? Reflexionaba…, reflexionaba…, en la soledad del Comandante. Preparaba jugadas posicionales desde lo alto, para evitar que los árboles le impidieran ver el bosque. Derivemos: Establecidos los principios, el Comandante discurría de observación en observación, por lo que su espíritu, sometido a las cosas y a los hechos históricos aprehendidos en su íntima naturaleza, conseguía elevarse por encima de ellas y de ellos para percibir, al fin, el gran rodaje central, el resorte principal que dice Montesquieu[2]. Admitamos que el Comandante tenía dominio de conocimientos inherentes a su vocación de estadista… y que ello era connatural a su genealogía, a su imaginación creadora para bien de nuestra institución gloriosa que lo ha dado todo cuando lo ha tenido que dar…[3].

¿Sabía el Comandante que era un designado; que todo favorece a los hombres providenciales en cuanto que marchan a la gloria y al sacrificio por una especie de impulso invencible y de orden fatal?

Extrapolemos, por correlación de ideas del pensar bolivariano de Felipe Larrazábal, que son los hombres extraordinarios los que en verdad hacen Patria; hombres como Chávez, que son providenciales: “vienen a la vida con una misión sacrosanta; son ellos los que pueden arrastrar la humanidad en su marcha gigantesca y colocarla en edades ajenas. A ellos pertenece la fuerza incontrastable; de ellos es el tesoro de la sabiduría; a ellos toca la gloria, que es la admiración de todas las virtudes útiles, de todas las acciones desinteresadas, y la recompensa de los pueblos enteros”[4].

“La pasión patriótica –explicaba Chávez, con prolijidad en el preludio de una Rueda de prensadebe llevar en sí misma elevación de la personalidad; echemos a un lado las bajas pasiones porque inclinan al delito, ¡nos pierden en el mundo inerte de las fantasías! ¡Vamos, pues, a salvar a Venezuela!; tengamos en cuenta que las pasiones sin valoración moral son francamente detestables: ¡Ese es mi llamado a todos!

Es bueno aproximarse a la verdad para que cada quien defienda a su manera los intereses de la Patria... y, además, sepa dónde está parado; es bueno que conozca, en verdad, quiénes trabajan por el país... y quiénes pudieran estar defendiendo intereses sectoriales, cupulares, corruptos o partidistas; ¡esos mismos impostores que desfiguran la verdad! ¡Los mismos que fueron enfrentados a muerte por un líder que me recuerda a Bolívar…, Jorge Eliécer Gaitán, quien los llamaba ‘engañadores de todas las horas’. ¡No obstante, ratifico mi respeto profundo a la libertad de expresión, incluso mi clamor porque seamos cada vez más libres; que cada cual diga lo que quiera decir..., al final, sólo la verdad es grande...

El hombre, como decía Jesús, es el Alfa y el Omega: el ser humano es el comienzo y el fin de todo... Es el ser humano la razón de ser de nuestra misión en el Planeta... es el hombre el centro de atención, el hombre en toda su dimensión, partiendo de la dimensión material, aunque ella no es suficiente porque si así fuese nos quedaríamos en el pasado..., en el ser humano animal. Hay que ir entonces a la dimensión espiritual del ser humano... a su ordenación moral, inspirándole a los demás el coraje y amor... y fortaleciendo su fe en la sabiduría que existe en el fondo de todas las cosas... El proyecto político de la revolución tiene un nombre: el trabajo, el honor, la probidad y el talento que deben reunirse en el solo punto de elevar las condiciones de vida de los venezolanos, de los seres humanos que habitamos en Venezuela. Y ese es el objetivo de nuestro proyecto político: alcanzar el Bien Común, la Justicia Social y la Seguridad Jurídica”[5].

Hilando fino en torno a la función y el campo de la palabra de Hugo Chávez, y a sabiendas –como decía el Redentor–, que ‘la boca habla de lo que abunda en el corazón’ tendríamos que reconocerlo como persona altamente socializada.

El prolífico humanista argentino Miguel Ángel Barrios, condiscípulo del Papa Francisco, escribió una obra sobre el Comandante[6] donde induce a remontar con el líder de la revolución socialista las fragorosas causas generales, ínsitas a la geopolítica, determinantes del destino de Venezuela como Estado. De allí que, ¡mientras no podamos salir de la ignorancia cultivando nuestro sí mismo al amparo de una eficiente y auténtica revolución educativa, no podremos salir jamás del laberinto, del darwinismo depredador, del Mercadocentrismo; no podríamos conseguir el camino de nosotros mismos!; caminos que sugieren internalizar en nuestros liderazgos no sólo el dominio de la Historia, sino también una cierta cultura geopolítica, condición indispensable del saber por qué luchar.

Decimos con el precitado escritor que “Chávez ha sido un líder histórico que convivió y coexistió entre la bisagra de un ‘orden’ mundial unipolar y otro multipolar. Queremos destacar especialmente que fue un precursor del ‘orden’ multipolar a través de su geopolítica pluripolar y multicéntrica y de la Patria Grande a través de su participación permanente e impulso en los procesos de integración en sus diferentes anillos envolventes: Mercosur, ALBA, Unasur y Celac.

Los textos de Chávez son una muestra cabal de su pensamiento geopolítico que, en apretada síntesis, podemos caracterizar del siguiente modo:

  • · Consolidar a Venezuela como país latinoamericano caribeño y sudamericano. 
  • · Reinventar en forma permanente una acción estratégica que le brinde herramientas a su pensamiento geopolítico mediante instituciones o alianzas, como Alba, Unasur, Celac, Telesur, Petrocaribe, etc. Por ejemplo, a través del Alba reinventa una geopolítica antillana y andina ante las exigencias del sistema-mundo del siglo XXI.
  • · Promover activamente una geopolítica de integración Latinoamericana, de profundas raíces bolivarianas pero innovando en función de los desafíos del siglo XXI, como en el caso de la Celac, de la que se lo puede considerar verdadero fundador.
  • · Aplicar una geopolítica bolivariana al Atlántico Sur, con la incorporación de Venezuela al Mercosur para articular un ABV (Argentina, Brasil y Venezuela), novedad geopolítica histórica que implica, desde Bolívar, lograr un más allá de Bolívar.
  • Fortalecer el nacimiento de un ‘orden’ multipolar mediante una política de alianzas estratégicas con Estados continentales industriales –China, India, Rusia–  o con Estados de proyección regional –Irán–. Impulsar de manera constante un contenido solidario para un ‘orden’ mundial más equitativo, condenando decididamente las asimetrías de la globalización en los organismos multilaterales.

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NOTAS

[1] La personalidad es ‘conciencia de sí mismo’; experiencia de su propia obra; es, de suyo la síntesis de las ac­tividades internas, íntimas, del ser humano y de sus manifestaciones exteriores, de su ‘expresión’. La per­sonalidad es como el ‘retrato’ del ser. Retrato narcisista en parte; retrato objetivamente apreciable, también; se define como ‘la representación viviente del alma de un ser humano’; (Gustavo Pittaluga; Temperamento, carácter y personalidad). Consúltese la Nota Nº 28 en las Notas Complementarias que aparecen al finalizar la presente obra.

[2] Montesquieu, ‘El espíritu de las leyes’. “Yo profundicé con Pérez Arcay –dijo Chávez–, que en aquel tiempo era teniente coronel. Yo veía en él algo diferente al resto. Era historiador, graduado en Historia, autor de La Guerra Federal: Causas y Consecuencias. Su mensaje era distinto, llegaba, vibraba con aquello de Zamora y la Guerra Federal. Yo me tomé muy en serio lo del honor militar, y lo llevo muy en serio, así como el juramento a la bandera. El día que nos pusieron a izar la bandera y jurar ser fiel a la patria, yo me lo tomé muy en serio, y me lo tomaré en serio para siempre”. (Agustín Blanco Muñoz; ‘Habla el Comandante’, pp. 41-42).

[3] Consúltese la Nota Nº 25 en las Notas Complementarias que aparecen al finalizar la presente obra.

[4] Felipe Larrazábal; ‘Simón Bolívar, Vida y escritos del Libertador’; tomo I, p. X-XI.

[5] Hugo Chávez; Rueda de prensa en referencia al Plan Cívico-Militar, Miraflores, 22 de febrero 1999.

[6] Miguel Ángel Barrios; ‘Hugo Chávez Pensamiento Histórico y Geopolítico’.

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