Por Enrique Navarro

Para los que hemos estado vinculados a las Fuerzas Armadas y, por ende, a la historia de nuestro país, 2013 conmemora dos hechos muy diferentes, pero que han sido determinantes de la historia de España y de los que debemos extraer lecciones en los tiempos que ahora concurren, el primero en relación con la Guerra de Independencia frente a Francia.

El 31 de junio de 2013 se celebrará el bicentenario de la Batalla de San Marcial, que marca la victoria definitiva sobre el invasor francés y devuelve a la nación española su soberanía, perdida por la dejación de funciones del monarca y la invasión napoleónica. Aunque en Cataluña las hostilidades continuaron algunos meses más, puede considerarse que la victoria de San Marcial constituye una de las gestas más significativas de la historia española y demuestra el valor, el coraje y la organización de los españoles, frente al todo poderoso Ejército napoleónico. Los españoles a bayoneta calada y monte abajo, llevaron a los franceses en una larga desbandada a cruzar el río Bidasoa, para no regresar jamás.

La Batalla de San Marcial, en la frontera del Bidasoa, en el mismo escenario donde los iruneses, el 30 de junio de 1522, había expulsado a los invasores franceses, algo que todavía es motivo de celebración con el tradicional alarde en Irún, con las tropas forales populares, aliadas con el duque de Alburquerque, al frente del Ejército real. En 1813, toda la nación española, con una presencia excepcional de soldados de los territorios vascos, bajo el Ejército de Galicia, que no terminó su trabajo al expulsar a los franceses de su territorio, continuó con su labor histórica hasta ultimar su misión de liberar todo el país, precisamente en los Pirineos.

Junto a ellos, los ejércitos aliados, al mando del duque de Wellington, habían venido hostigando a las tropas francesas, con su rey impuesto a la cabeza, en una acelerada larga marcha con el botín del saqueo de Madrid. Dicen las crónicas que más de dos mil carretas llevaban el producto del expolio galo. Más de doscientas obras de arte de Velázquez, Zurbarán, Murillo, etc., fueron robadas, muchas de las cuales después regaladas por el Rey a Wellington, en una de las muchas decisiones tan negativas para España del indeseado Fernando VII. Con una decidida voluntad de victoria, no descansaron hasta ver libre su última porción de territorio nacional en el río Bidasoa, para proclamar la liberación del país.

San Marcial fue la culminación de otra gran batalla cuyo bicentenario se celebra el próximo 21 de junio, la de Vitoria, en la que participaron 150.000 hombres de ambos bandos, dejando su vida 15.000 valientes combatientes. Las tropas hispano-británicas al mando de Wellington y el general Girón lograron una gran victoria sobre Napoleón. Todavía hoy 38 regimientos británicos llevan en sus banderas la palabra Vitoria, en recuerdo de tan magna batalla. Entre los españoles destacó Francisco de Longa, un herrero vizcaíno, que llego a ser mariscal de Fernando VII y que lideró la lucha de guerrillas en las Vascongadas. Fue él quien propuso al rey la creación de una condecoración en recuerdo de la Batalla de Vitoria, en cuyo anverso se puede leer Irurac vat, tres en uno, en referencia a las provincias vascas.

Tampoco olvidemos la valiente gesta en el puerto del Ordal, entre las provincias de Tarragona y Barcelona, el 12 de septiembre de 1813, donde 3.000 españoles, en especial voluntarios catalanes, y británicos lucharon frente a 10.000 franceses, causando pérdidas irreparables al Ejército invasor y por la que el coronel del Regimiento Cádiz, Antonio Brey, recibió la Cruz Laureada de San Fernando.

No puede el Gobierno, ni, en particular, el Ministerio de Defensa quedar al margen de estos hechos históricos y trascendentes en la historia de España. Imagino que no son los mejores momentos para celebrar en el sitio de San Marcial un homenaje a los caídos en la guerra de liberación y donde debía erigirse un monumento conmemorativo de semejante hazaña, que debe llenarnos de orgullo a los españoles, similar al de Vitoria, pero no hay excusa para que los actuales gobernantes conmemoren de forma conjunta dicha gesta. El pueblo vasco, como uno de los protagonistas de dicha gesta, debe sentirse orgulloso de su activa presencia en la Guerra de Independencia española. Espero que por encima de las diferencias políticas, los españoles podamos celebrar este aniversario con orgullo, que precisamente es tan necesario en estos tiempos de crisis.

Pero no todo son acontecimientos positivos y dignos de elogio. En 2013, se celebra el trescientos aniversario del Tratado de Utrecht, que marca el inicio de la decadencia territorial española ante unas potencias crecidas por nuestra división en la guerra de sucesión. En Utrecht, España no sólo perdió sus territorios en Europa, sino que cedió Gibraltar y la isla de Menorca a Inglaterra. La llegada de un rey extranjero, con unos intereses sometidos a los dictados del Rey Sol, dejó a España indefensa y corrompida. Pero fue sobre todo la división de los españoles, acentuando más los elementos separadores que los vinculantes, los que nos llevaron al desastre de Utrecht y al final de la hegemonía española en Europa. Esperemos aprender de la historia para evitar los errores del pasado.

Fuente: defensa.com

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