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Eliseo Bertolasi

Antropólogo de la Universidad Milano-Bicocca, investigador asociado del instituto de Altas Investigaciones Geopolíticas y ciencias interdisciplinarias (IsAG), el Doctor Eliseo Bertolasi comparte su opinión profesional sobre aspectos antropológicos de distinción entre la civilización occidental y Rusia, y responde a la cuestión de si Rusia puede influir destructivamente en el “sistema de coordenadas” de occidente.

Como antropólogo, estaba interesado en la declaración de PetroPoroshenko en el “Encuentro anual de Yalta”, en Kiev, acerca de que Rusia está intentando “meterse en la cabeza” de la población occidental, mantener el euroescepticismo, el anti-americanismo, y el aislacionismo.

Primero, es necesario determinar el “sistema occidental de coordenadas” en la concepción del presidente Poroshenko.

¿Cuál es el concepto de occidente en los aspectos geográficos, culturales, políticos y geopolíticos? Todos estos parámetros nos dan varias definiciones.

Déjenme empezar con las fronteras. Aparentemente, para Poroshenko, la frontera geográfica de Europa está entre Ucrania y Rusia. Sin embargo,  ¿Qué hay sobre Turquía y Georgia que están tan fuertemente orientadas a occidente? Esta cuestión es extremadamente difícil.

Tras el colapso de la URSS, muchos países en Europa occidental empezaron a considerarse a sí mismos como “occidentales”. Sin embargo, tratamos con un concepto muy inconsistente, especialmente cuando llega a puntos de vista ideológicos.

Durante la mayoría del siglo XX, el continente europeo estuvo dividido por la “Guerra Fría”, que forzó a las dos partes del continente a distanciarse entre sí. Esta dicotomía, que fue exitosamente usada por los anglo-americanos en la estrategia de “poder blando”, finalmente les ayudó a crear el denominado “oeste” [occidente] y extender la idea de “diferencia del este” [oriente].

Es obvio que la teoría de la “diferencia de los eslavos” es muy próxima al nazismo. Esta teoría forma una imagen de los eslavos como “otros” o “extraños”. En el mundo moderno, los “rusos” son “diferentes”, “extraños”.

La brutal invasión de fascistas a la URSS fue una clara demostración de la guerra contra el pueblo eslavo, que eran considerados como “inferiores”. Espero que los intentos ucranianos para reescribir la historia no conduzcan a una total obliteración de estos hechos históricos. Desgraciadamente, puedo ver la retórica tipo guerra fría en las declaraciones de Poroshenko.

¿Rusia está realmente tan lejos de occidente?

Rusia está en el mismo continente que Europa. A través de los siglos, Rusia compartió el mismo destino histórico y se enfrentó a los mismos retos. Sin embargo, concuerdo con la declaración del profesor Alexander Dugin de que occidente no es Europa. Occidente es un concepto de individualismo, que encontró la manifestación más completa en la sociedad americana.

Europa está colonizada cultural, geopolítica y estratégicamente por los Estados Unidos. Ha perdido su unicidad y las raíces. ¡Europa en la era postmoderna es Anti-Europa!

Anti-Europa no puede y no quiere reconocer su propia identidad cultural. El principal problema es que Europa renunció a sus raíces cristianas y ahora soporta un proceso de degradación espiritual. Rechazando su propia identidad cultural y religiosa, los europeos adoptaron “pseudo-valores” de liberalismo e individualismo. Esas ideas son extranjeras no solamente a Europa, sino también a la naturaleza humana. En un intento para resistirlas, la gente giró hacia la idea de Euroescepticismo.

Es obvio que Europa no es esa organización burocrática que actúa bajo bandera de la UE. La verdadera Europa es un gran número de personas, que quieren retornar su soberanía nacional robada.

¿Hay algún anti-americanismo en Europa?

El anti-americanismo es un fenómeno extendido en la moderna Europa. Es una reacción natural a la dictadura de América. Su poder, que infectó los aspectos sociales, económicos, militares e incluso culturales de la vida, se ha vuelto demasiado opresivo.

No obstante, América no es Europa desde el punto de vista de las tradiciones de civilización. El americano moderno es un perfecto individualista. La persona puede existir sólo como modelo, que los americanos quieren exportar a todo el mundo.

Para la élite política del oeste atlántico, el objetivo último es una transformación de Europa en un denominado “meltingpot” (crisol), una olla infernal, donde diferentes grupos étnicos se mezclarán (con los guetos americanos típicos, la pobreza, crimen y tensiones raciales).

De hecho, apuntan a crear a un individuo que represente al “consumidor” ideal: Sin rostro, sin carácter, fácilmente manipulado, porque fue privado de las partes más esenciales de su naturaleza, esto es, de su identidad cultural.

 

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