Por Viriato

El pasado 18 de octubre de 2012 pudimos conocer que el día anterior, miércoles, el consejero de Interior en funciones de la Generalidad catalana, Felip Puig (CiU), apeló a la lealtad de los Mossos en caso de conflicto con España. Sin el menor rebozo aseguraba, refiriéndose a Cataluña,  que los Mossos d'Esquadra estarán "al servicio del país y de sus instituciones" si hay algún momento en el que se quiera "contraponer una legalidad jurídica a una legalidad democrática" (¿?), o sea que él y el enloquecido Mas marcan la legalidad que llaman democrática cuando se mofan de la Soberanía nacional Española.

El conseller de Interior, Felip Puig, definió en ese acto a los Mossos como una "estructura de Estado" no sé si refiriéndose al estado catalán, y continuó afirmando "en momentos de cambios sustanciales como el actual", aporta seguridad en el país. Estas afirmaciones las espetó durante su asistencia al primer congreso del Sindicato de Mandos de Mossos d'Esquadra (SICME).

A la vez que Puig pedía respeto por la legalidad (¿?) señalaba que en este contexto de cambio, "podrá haber momentos en que haya gente que quiera contraponer una legalidad jurídica a una legalidad democrática" entendiendo en ello que lo que vale será lo que él marque, es decir que en el caso de que la Generalidad decida saltarse la ley, como están haciendo, y van a continuar haciendo, en referencia a la secesión unilateral que ya están dibujando estos tahúres, incitando a que este cuerpo apoye sus demandas y se sitúe al lado del gobierno autonómico. En esta tesitura Puig se mostró convencido de que los Mossos "estarán al servicio del país y de sus instituciones", refiriéndose claramente a Cataluña.

Es una situación evidente en la que un político azuza a la sedición a una fuerza policial contra la autoridad del Estado español. Partidos como Regeneración consideraron de inmediato que el presidente de la Generalitat incurría en delito de sedición afirmando que Mas debía ser detenido e ingresado en prisión preventiva a la espera de juicio, igualmente señalaba que “la misma responsabilidad tienen los que, rompiendo por completo el imperio de la Ley y lo más nuclear de ese imperio que es la unidad de España, han votado en el sedicioso Parlamento catalán una moción a favor de un referéndum separatista”. Lo que sorprende es que PP, PSOE, UPyD y la jefatura del Estado permanezcan como Don Tancredo.

En esta semana de enero de 2013, CiU y ERC han consensuado un borrador de declaración de soberanía que ayer jueves remitían al resto de grupos del Parlament definiendo, sin ninguna autoridad para ello a Cataluña como "sujeto político y jurídico soberano”.

Ello significa que hacen de su capa un sayo y directamente dinamitan la Soberanía Nacional española.

Entendemos que de inmediato el jefe del Estado y el Gobierno saldrán por TV y dirán algo, me imagino que no se irán de finde y se currarán el desafío de estos mangarranes y escamots consentidos por el opresor estado centralista.

Con este texto, que pretenden aprobar este mismo mes de enero pretender poner de manifiesto que "el pueblo de Catalunya tiene, por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano" y de ahí la necesidad de convocar su anunciada a bombo y platillo consulta de autodeterminación “que se hará si o si” y “a la que no pararán constituciones ni tribunales” según palabras del sedicioso Mas.

En el prólogo de la iniciativa, se establece que con esta declaración de soberanía, se inicia "el proceso para hacer efectivo el derecho a decidir como plasmación del derecho a la autodeterminación de los pueblos", para alcanzar un Estado catalán dentro de la UE.

Tras recalcar que lo que legitima este proceso es que sea avalado por las urnas, apoyado en que el 25-N los electores expresaron su voluntad "clara e inequívoca" de convocar una consulta de autodeterminación.

Se arrogan un "mandato democrático para que la nueva Cámara, en representación de la voluntad del pueblo de Cataluña, inicie el proceso para la constitución de Catalunya como nuevo Estado a partir del reconocimiento de su soberanía".

Con los dontancredos inmóviles, rey gobierno y oposición, el toro en su enloquecida y desenfrenada carrera decide seguir adelante y en su bravuconería y arrogancia ha decidido llevar su decisión al presidente Rajoy y al Rey.

Está claro que nuestros políticos y el pueblo adormecido inyectado de modorra televisiva ha decidido no recordar ni aprender del doloroso siglo XIX y principios del XX sin considerar aquello de que "Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”.

En aquel no tan lejano año de 1934, la Generalitat proclamó unilateralmente la República Catalana. Entonces, el presidente de la República era Niceto Alcalá-Zamora y Torres y el presidente de gobierno Alejandro Larroux, quienes proclamaron el Estado de Guerra y ordenaron la detención en pleno del gobierno de Cataluña. En aquel momento la Guardia Civil se hizo cargo de la detención y custodia de los Mossos d´Esquadra, tal como muestra la imagen tal vista estos días.

Nuestro Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal escribía aquel año de 1934 un artículo sobre esta candente cuestión que podría haberse firmado hoy mismo.

En su libro "El Mundo a los Ochenta Años. Parte II, 1934", editado en Madrid afirmaba:

"No me explico esta desafección a España de vascos y catalanes"

"Deprime y entristece el ánimo, el considerar la ingratitud de los vascos, cuya gran mayoría desea separarse de la Patria común. Hasta en la noble Navarra existe un partido separatista o nacionalista, robusto y bien organizado, junto con el Tradicionalista que enarbola todavía la vieja bandera de Dios, Patria y Rey.

En la Facultad de Medicina de Barcelona, todos los profesores, menos dos, son catalanes nacionalistas; por donde se explica la emigración de catedráticos y de estudiantes, que no llega hoy, según mis informes, al tercio de los matriculados en años anteriores. Casi todos los maestros dan la enseñanza en catalán con acuerdo y consejo tácitos del consabido Patronato, empeñado en catalanizar a todo trance una institución costeada por el Estado.

A guisa de explicaciones del desvío actual de las regiones periféricas, se han imaginado varias hipótesis, algunas con ínfulas filosóficas. No nos hagamos ilusiones. La causa real carece de idealidad y es puramente económica. El movimiento desintegrador surgió en 1900, y tuvo por causa principal, aunque no exclusiva, con relación a Cataluña, la pérdida irreparable del espléndido mercado colonial. En cuanto a los vascos, proceden por imitación gregaria. Resignémonos los idealistas impenitentes a soslayar raíces raciales o incompatibilidades ideológicas profundas, para contraernos a motivos prosaicos y circunstanciales.

¡Pobre Madrid, la supuesta aborrecida sede del imperialismo castellano! ¡Y pobre Castilla, la eterna abandonada por reyes y gobiernos! Ella, despojada primeramente de sus libertades, bajo el odioso despotismo de Carlos V, ayudado por los vascos, sufre ahora la amargura de ver cómo las provincias más vivas, mimadas y privilegiadas por el Estado, le echan en cara su centralismo avasallador.

No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto, la amnesia de los vizcaitarras es algo incomprensible. Los cacareados Fueros, cuyo fundamento histórico es harto problemático, fueron ratificados por Carlos V en pago de la ayuda que le habían prestado los vizcaínos en Villalar, ¡estrangulando las libertades castellanas! ¡Cuánta ingratitud tendenciosa alberga el alma primitiva y sugestionable de los secuaces del vacuo y jactancioso Sabino Arana y del descomedido hermano que lo representa!

La lista interminable de subvenciones generosamente otorgadas a las provincias vascas constituye algo indignante. Las cifras globales son aterradoras. Y todo para congraciarse con una raza (sic) que corresponde a la magnanimidad castellana (los despreciables «maketos») con la más negra ingratitud.
A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos, prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez catalana, aunque no se nos oculte que en los pueblos envenenados sistemáticamente durante más de tres decenios por la pasión o prejuicios seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas.

No soy adversario, en principio, de la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no rocen en lo más mínimo el sagrado principio de la Unidad Nacional. Sean autónomas las regiones, mas sin comprometer la Hacienda del Estado. Sufráguese el costo de los servicios cedidos, sin menoscabo de un excedente razonable para los inexcusables gastos de soberanía.
La sinceridad me obliga a confesar que este movimiento centrífugo es peligroso, más que en sí mismo, en relación con la especial psicología de los pueblos hispanos. Preciso es recordar –así lo proclama toda nuestra Historia– que somos incoherentes, indisciplinados, apasionadamente localistas, amén de tornadizos e imprevisores. El todo o nada es nuestra divisa. Nos falta el culto de la Patria Grande. Si España estuviera poblada de franceses e italianos, alemanes o británicos, mis alarmas por el futuro de España se disiparían. Porque estos pueblos sensatos saben sacrificar sus pequeñas querellas de campanario en aras de la concordia y del provecho común.

Majestad, señor presidente del Gobierno de España y jefe de la oposición…

… ¿A qué esperan?

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