Pedro Bustamante

Tras los atentados del pasado 13.11.2015 en París echamos de menos entre los comentaristas más referencias a lo que ocurrió en Saint-Denis. Sin duda porque quedó eclipsado por la matanza en la Sala Bataclan, que según las autoridades se elevó a unas 80 personas. Pero quizás lo que ocurrió en Saint-Denis, a pesar de no ser tan trágico, fue más trascendente.

Venimos observando que en este tipo de grandes rituales, que suelen consistir en varios ataques o eventos simultáneos o consecutivos que se extienden a lo largo de un cierto ámbito temporal o espacial, a menudo algunos de ellos suelen quedar en un segundo plano, a pesar de que pueden tener mayor relevancia de lo que puede parecer. En otras palabras, parte del ritual consistiría en que unos eventos sirviesen para enmascarar otros, de manera que la atención del público sea atraída hacia ellos y actúen como cortinas de humo de otros más relevantes. Seguramente haya algo de esto en la demolición controlada de la torre 7 del World Trade Center.

Pues bien, creemos que esto también sucedió en los atentados del pasado 13 de noviembre en París, en concreto con respecto a un singular ritual profanatorio que tuvo lugar en Saint-Denis, eclipsado literalmente por el ruido estridente, por el "bataclan" que tuvo lugar en la sala homónima. Y es que además de esta matanza, los medios informaron de que 3 terroristas se autoinmolaron en el exterior del Estadio de Francia, en la periferia parisina de Saint-Denis. Lo que llamó la atención de la mayoría de los analistas es que estos "ataques" apenas causaron víctimas (un muerto, a parte de los tres terroristas, y una decena de heridos), que ni siquiera llegaron a entrar al estadio donde las bajas habrían sido mucho mayores. Pero esta supuesta falta de efectividad de los terroristas cobra más sentido si la interpretamos a la luz del conjunto del ritual de Saint-Denis. Si consideramos que precisamente de lo que se trataba, para los autores intelectuales, era de que no fueran tanto verdugos como víctimas.

Entrando en materia, lo que se celebró el noviembre pasado en Saint-Denis fue un ritual profanatorio, en concreto el 222 aniversario de otro rito profanatorio muy singular: el que tuvo lugar en 1793 cuando los revolucionarios franceses entraron en su Basílica y profanaron los restos mortales de unos 70 monarcas franceses. Pero vayamos por partes.

Douris (pintor), sparagmos o desmembramiento de Penteo, ca. 480 a.C., Kimbell Art Museum.

Saint-Denis se construyó sobre los restos del mártir del mismo nombre, primer obispo de París, al parecer decapitado en el siglo III. Sabemos que Dionisio era uno de los dioses más extremos, más cruel, más excesivo, del panteón griego. Encarnación del egipcio Osiris. Dios por excelencia de la ebriedad, de la hibris, de la mania. Sus cultos se asocian a las prácticas más salvajes, al sparagmos o desmembramiento y a la omophagia o ingesta de la carne cruda de las víctimas sacrificiales (cf. H. Jeanmaire, Dionysos: Histoire du culte de Bacchus). Teniendo esto en cuenta creemos que la autoinmolación mediante cinturones explosivos de los tres terroristas frente al Estadio de Francia, causando apenas un muerto, a unos 1000 metros de la Basílica de Saint-Denis, fue una actualización hollycapitalista del desmembramiento dionisíaco u osiríaco. Enmascarada tras la yihad.

En cuanto a la supuesta decapitación del Dionisio cristiano, todo parece indicar que, si de verdad este santo encarna al Dionisio griego y al Osiris egipcio, esta en realidad encubre una amputación de otro tipo: la del falo. Este detalle no es baladí en el momento en que lo asociamos con un símbolo fálico por excelencia como es el obelisco y comprendemos hasta qué punto toda una serie de obeliscos egipcios reerigidos en diversas ciudades occidentales simbolizan una continuidad del orden pagano en el marco aparente de las culturas cristianas, monárquicas o republicanas. De Roma a París, de Londres a Washington, entre otras.

Pierre-Henri Révoil, Le roi Philippe Auguste prend l'oriflamme à Saint-Denis et reçoit le bourdon et la pannetière du pèlerin, 1841, RMN-Grand Palais, Château de Versailles.

Sobre los restos de San Dioniso se construyó la Basílica, un hito en la historia de la arquitectura en la medida en que fue la vanguardia del estilo gótico en el siglo XII, que luego se extendería por toda Europa. Pero por lo que Saint-Denis se convirtió en un símbolo central de Francia es porque en ella se enterraron la mayoría de sus monarcas, desde Dagoberto I en el s. VII a Luis XVIII en el XIX. De ahí que fuera un objeto de profanación privilegiado para los revolucionarios en 1793, después de que tomaron el Palacio de las Tullerías un año antes. También porque en ella se guardaban las regalías y el tesoro real, parte del cual fue convertido en moneda. Y además porque cobijaba el "oriflama de la muerte" o estandarte de Saint-Denis, el pendón de guerra de los reyes de Francia. Un objeto lleno de significado porque simbolizaba la sacralidad de la guerra y las transferencias de poder y las alianzas entre la Iglesia y la Monarquía.

Pues bien, no parece una casualidad que 222 años [sic] después, esta profanación se haya conmemorado con otro ritual profanatorio. Así, unos días después de los atentados del 13 de noviembre, con el pretexto de capturar al supuesto cerebro de los ataques, las fuerzas de seguridad francesas derribaron a golpes de hacha la puerta y entraron a la fuerza en Saint-Denis. Por cierto que el hacha tiene unas connotaciones muy concretas en el ámbito de los sacrificios paganos.

Como se aprecia en la foto que abre este artículo, los policías tuvieron tiempo de esperar a que todos los periodistas y las cámaras estuviesen preparados para grabar el ritual, pero no lo tuvieron para conseguir las llaves o forzar la cerradura, lo que parece que habría sido más operativo. Porque de lo que se trataba, las órdenes que habían recibido de alguien muy poderoso o que trabajaba para alguien muy poderoso, eran que derribaran la puerta a hachazos.

http://bcove.me/splq70fi

Sabemos que uno de los símbolos fundamentales de la caída del Antiguo Régimen fue la toma de la Bastilla en 1789. Pero creemos que a la trascendencia simbólica de este evento hay que sumar la profanación de Saint-Denis en 1793, que pone el acento en la vinculación del poder religioso y el monárquico. De ahí que haya que leer lo ocurrido en Saint-Denis en noviembre de 2015 como una conmemoración muy significativa. Máxime teniendo en cuenta que también el reciente atentado en Niza, como hemos comentado en otro artículo, supone también una conmemoración del 14 de julio de 1789 (http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/07/niza-el-inicio-del-exodo-frances.html).

Si la revolución llamada francesa fue en realidad instigada por la masonería para avanzar en su agenda de implementación de la república universal, hoy nos encontramos en una fase posterior de un mismo proceso. Todo esto debería ayudarnos a comprender que la revolución francesa y los valores repúblicanos en general tenían más que ver con un proyecto perverso de dominación global que con aquello detrás de lo que se enmascaraba: los derechos humanos y los valores democráticos. Todo esto debería permitirnos también comprender que quién está hoy detrás de la mayoría de los supuestos atentados yihadistas, o de los perpetrados por "lobos solitarios", en realidad controlados mediante programas tipo MkUltra, y con seguridad de los mayores de ellos rodeados de una importante dimensión ritual, son las mismas élites, de nuevo enmascaradas detrás de valores vacíos, instigando una revolución de color global para instaurar un Nuevo Orden Mundial orwelliano.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/

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