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Pedro Bustamante

El poder se ha basado siempre en la práctica de lo que se suelen denominar rituales satánicos, que son la versión más cruda, más lasciva, más sádica, más obscena, de lo que nosotros denominamos genéricamente rituales hierogámico-sacrificiales: violaciones, abusos físicos y psíquicos, torturas,  sexo con animales, orgías, desmembramientos, asesinatos, etc. particularmente de mujeres vírgenes, embarazadas y niños o adolescentes.

El verdadero poder ha sido siempre y sigue siendo hoy poder-religión, y se ha basado siempre y se sigue basando hoy en estos rituales hierogámico-sacrificiales, sea en forma más explícita o más simbólica. Estos rituales hierogámico-sacrificiales forman parte de lo que denominamos la máquina hierogámico-sacrificial, que es de hecho el mecanismo genérico de control y de dominación de la población por parte de las élites que ostentan el verdadero poder en la sombra.

La cultura como tal comienza alrededor de estos rituales, que funcionan como dispositivos de moralización, de institución y sanción de las prohibiciones, de escenificación y legitimación del poder-religión, alrededor de los cuales se producen la cohesión y la identidad sociales. A medida que las culturas se hacen más civilizadas, que las convenciones morales y legales son interiorizadas, estos rituales se van sustituyendo por otros más simbólicos, que siguen cumpliendo parecidos roles, pero en los que ya no es necesario recurrir a la violencia y al goce explícitos. La misa y en concreto la eucaristía cristiana es un ejemplo evidente de uno de estos rituales sustitutorios, en el que el sacrificio y la ingesta antropofágica de una víctima se reproduce, pero simbólicamente.

Pero al mismo tiempo que los rituales más explícitos se sustituyen por otros más simbólicos, los primeros tienden a pervivir en ámbitos secretos. Es el caso de las denominadas religiones de misterios. De esta forma estos rituales más reales se han transmitido y conservado hasta el día de hoy, a lo largo de distintas tradiciones, en ciertos círculos restringidos de las grandes instituciones religiosas, en ciertas órdenes de caballería y sociedades secretas, en complicidad con los grandes linajes reales y nobiliarios, y después mercantiles, bancarios y capitalistas. Caballeros Templarios, Nobleza Negra, Órden de Malta, Illuminati, Skulls and Bones, Templo de Set...

Las élites que conforman el verdadero poder en la sombra han practicado siempre y siguen practicando hoy rituales hierogámico-sacrificiales de diverso tipo, y en particular su modalidad más real, más explícita, más lasciva, más sádica y más obscena. Como es natural lo hacen al margen más completo de la legalidad, con total impunidad, en la medida en que los máximos responsables políticos, judiciales y policiales de los Estados criminalizados o bien forman parte de ellos o bien los protegen, por acción o por omisión. El poder real de estas élites está más allá de la legalidad de los llamados Estados de derecho, de tal forma que cualquiera que exponga este tipo de actividades de manera concreta se expone a las consecuencias.

Estos rituales hierogámico-sacrificiales o satánicos son la clave de bóveda del sistema de control y dominación, a todos los niveles. Son los filtros entre el verdadero poder en la sombra y el poder aparente subordinado. Funcionan como tamices de iniciación, control, selección y compromiso de los distintos niveles de poder, sobre todo en las cúpulas. Juegan un papel central en todo el sistema de dominación, porque en esencia todo el sistema de dominación es una máquina hierogámico-sacrificial. Esto es, el verdadero poder es siempre poder-religión que responde a una mecánica en última instancia religiosa, mistérica, iniciática, mágica, propiciatoria. Por más que se sirva instrumentalmente de un aparato científico, tecnológico, racional, académico, este aparato está en última instancia subordinado a la mecánica religiosa y ritual principal, a menudo sin que los "expertos" científicos y académicos lo sepan.

Esta mecánica ritual se materializa a distintos niveles, a distintas escalas, todos ellos alrededor de la producción espectacular, pero en parte real, de goce y de violencia, para generar los correspondientes flujos de deseo y de amenaza que hacen posible el control social.

Estos rituales satánicos más explícitos, más patentes, son, insistimos, la clave de bóveda de todo el sistema de dominación. Porque operan como modelos, como referencias, como paradigmas concretos, reales, vivenciales, para toda una serie de otros rituales menos explícitos, menos patentes, menos formales, que de hecho la mayor parte de la población no identifica como tales rituales. Nos referimos a todo un arco de fenómenos que aparentan ser naturales, espontáneos, auténticos, pero que en su mayor parte son producciones híbridas, en parte naturales o espontáneas y en parte artificiales, manipuladas, instigadas, fabricadas o ingenierizadas. Es el caso del terrorismo y  los atentados terroristas de bandera falsa, las pandemias de laboratorio, las catástrofes "naturales", las revoluciones de color, los "accidentes" industriales o de transporte, las crisis migratorias, etc. En la mayoría de estos eventos o crisis está presente la mecánica hierogámico-sacrificial, en la medida en que ponen en escena sus ingredientes rituales básicos: el nacimiento, el erotismo, la fertilidad, la maternidad, la vida y la muerte, las víctimas y los verdugos, el bien y el mal, etc.

La mecánica ritual también está presente, aunque sea acompañada de un sofisticado aparato científico-tecnológico, en programas secretos de control mental tipo MkUltra o Monarch, que producen políticos de élite, agentes de inteligencia, supersoldados, prostitutas de élite, estrellas de cine y música, participantes en rituales, etc. También en programas encubiertos de investigación científica y tecnológica desarrollados en bases secretas, que experimentan con ingeniería genética, hibridación de especies, transhumanismo, y en general la transformación del ser humano en esclavo o ganado, su confluencia con la máquina y la mercancía.

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También las grandes crisis económicas y financieras tienen una dimensión ritual. Son también en buena medida fenómenos híbridos, en parte espontáneos y en parte ingenierizados, desencadenados por el poder real en el momento y en el lugar oportunos, de la manera precisa para implementar agendas políticas. Pero, lo que interesa subrayar aquí, haciendo también uso de la mecánica de víctimas y verdugos, produciendo procesos de transferencia de miedo, de culpabilidad, de castigo, etc. La crisis de deuda griega es un ejemplo de esta dimensión sacrificial, que opera de hecho simbólicamente a nivel global, además de al nivel local.

Lo importante es entender que todos estos niveles rituales están íntimamente relacionados. En esta vinculación está la clave del poder-religión. En otras palabras, todos ellos conforman una misma máquina hierogámico-sacrificial. Son como las distintas capas de una cebolla que dan consistencia al conjunto aunque no se manifiesten, aunque solo se vea la capa más exterior. En este entramado los rituales más explícitos, más concretos, los llamados satánicos, funcionan como una suerte de referencia, de modelo, de paradigma. Así, alrededor de ellos se organizan los demás, los menos explícitos, los que ni siquiera aparentan ser rituales para la mayoría, que atribuyen a fuerzas de la naturaleza o a la acción maléfica de grupos radicales, cuando esto es solo la fachada. Entre unos y otros se da una suerte de homotecia, en la medida en que en todos ellos opera la misma mecánica hierogámico-sacrificial, que es más explícita, más transparente, en los primeros.

Veamos algunos ejemplos. Un líder político comprometido por haber participado en estos rituales satánicos, en algún nivel, no tendrá escrúpulos a la hora de tomar decisiones que a su vez impliquen el sacrificio de miles de personas, especialmente cuando su reputación o su seguridad estén amenazadas. A otro nivel, actores y cantantes sometidos a programas de trauma y perversión sexual desde que son bebés —MkUltra, Monarch—, son los mejores candidatos a promover la agenda de decadencia y de perversión moral de la sociedad, no solo a través de los contenidos de películas, series y temas musicales, sino sobre todo porque estos esclavos encarnan de la manera más concreta este modus operandi, de manera inconsciente, subliminal.

La máquina hierogámico-sacrificial es la clave para comprender el mundo, y en particular los rituales llamados satánicos, en la medida en que son el centro de su mecanismo, la sala de control desde la que se manejan los hilos invisibles que controlan y transforman las sociedades. No se puede comprender en todo su alcance cómo opera el poder al margen de esta mecánica. A pesar de que este conocimiento no está al acceso del público, a pesar de que es un saber iniciático, mistérico, que las élites que ostentan el verdadero poder transmiten de generación en generación y ocultan al público con el mayor celo, enmascarándolo detrás del saber oficial.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/

 

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