José Rodríguez Sojo

La lucha contra el coronavirus se acerca a una nueva fase. Una vez doblegada la curva de transmisión, el Gobierno afronta la desescalada, una etapa de transición sobre la que aún hay más preguntas que respuestas. Aunque la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, ha situado en el 26 de abril el punto de inflexión para recobrar la normalidad "de manera muy controlada", el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha rebajado las expectativas durante su comparecencia en la Comisión del Congreso y ha hecho hincapié en que "España sigue en un momento duro".

Tal y como ha reiterado María José Sierra, directora adjunta del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y encargada de sustituir a Fernando Simón a cargo del parte diario, Sanidad se plantea varios escenarios: desde la detección precoz y el posterior aislamiento de los nuevos positivos, hasta medidas generalizadas de higiene y distanciamiento social a la japonesa. Precisamente, la clave es "ir desescalando medidas" y evaluar sus resultados; "analizar cada paso antes de dar el siguiente".

El primer paso será un gran estudio de seroprevalencia, esto es, una radiografía de la población que permita saber qué porcentaje ha pasado la enfermedad. No hay evidencias de que todo el que padezca Covid-19 no vuelva a contraer el virus, pero sí de que quienes sufren la patología y sobreviven generan un nivel bastante alto de anticuerpos y, por tanto, quedan inmunizados al menos un tiempo. Sanidad ya está trabajando en un proyecto a gran escala junto al Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Instituto de Salud Carlos III.

Los siguientes pasos son más difusos y dependerán de lo que decida en última instancia el Comité Científico-Técnico encargado de liderar la lucha contra la pandemia desde una semana después de decretarse el estado de alarma. Uno de los expertos que ha ofrecido su trabajo a las autoridades sanitarias es el epidemiólogo Oriol Mitjà, al que la Generalitat ha encargado la redacción de un informe que trace la estrategia a seguir después de levantar el confinamiento en Cataluña.

En un estudio firmado por el propio Mitjà y el también especialista en enfermedades infecciosas Joel López, los científicos contemplan como "escenario de futuro más probable" que la transmisión del SARS-CoV-2 no se pueda eliminar a corto plazo y que se originen "brotes recurrentes durante los próximos meses". "Incluso si usamos medidas de control de infección eficaces, lo más probable es que algún caso pueda escapar al control epidemiológico", advierten.

Partiendo de esta premisa, su propuesta se sustenta en cuatro pilares:

  1. Un "desconfinamiento secuencial" según el cual los primeros en hacer vida normal serían las personas más jóvenes y sanas, a las que habría que monitorizar mientras la población de riesgo permanece todavía en casa. Esta hipótesis contempla, en primer lugar, la reapertura de los negocios considerados no esenciales; después, la vuelta de la hostelería; más tarde, los centros educativos; y, por último, el fin de las restricciones a los eventos con más de 50 personas.
  2. La evaluación de la inmunidad de la población mediante una "prueba rápida serológica" para medir los anticuerpos. Entrando al detalle, López y Mitjà sugieren habilitar múltiples puntos de control donde el ciudadano pueda acceder en coche o a pie y ofrecer un "certificado de inmunidad" a los que hayan pasado la infección. La información habría de computarse en la aplicación habilitada por el Gobierno, sea cual sea el resultado.
  3. La detección precoz de nuevos casos y el seguimiento de sus contactos para detectar los posibles focos de infección seguirá siendo imprescindible. Para ello, los infectólogos recomiendan la realización de pruebas rápidas de antígeno o PCR a cualquier persona que tenga síntomas y los controles sistemáticos a sanitarios e internos en residencias de ancianos.
  4. Medidas de confinamiento focalizadas en zonas calientes, lo cual incluiría confinamientos parciales en zonas geográficas concretas, en caso de surgir un brote preocupante, e intervenciones para buscar posibles casos en función de los datos obtenidos a través de la aplicación.

El ejemplo asiático

Los países occidentales quieren verse en el espejo de China, donde tras varias semanas de anecdóticos contagios locales las restricciones tocan a su fin. El levantamiento de las prohibiciones referidas a la movilidad ha tenido su último coletazo en la ciudad donde se originó la pandemia, Wuhan, cuyos habitantes pueden viajar desde este martes a otras partes del país. No fue hasta un día antes cuando los primeros de ellos recibieron autorización para salir de casa, ir a trabajar o incluso dar paseos en grupos limitados, al tiempo que el transporte público retoma sus servicios de forma paulatina.

El único requisito es el llamado código verde, un certificado que acredita la ausencia de síntomas y que se incluye en la aplicación Suishenban, de uso obligatorio para toda persona que quiera acudir a espacios públicos. Si el ciudadano presenta un código amarillo deberá aislarse durante siete días ante la sospecha de haber estado en contacto con alguien infectado, mientras que si presenta un código rojo estará obligado a permanecer en cuarentena durante dos semanas al considerarse que puede ser portador de Covid-19.

Qué veremos tras la curva: así predicen las matemáticas la vuelta a la 'normalidad'

Cuando todo estalló, allá por finales de febrero y principios de marzo, toda España miraba las gráficas y las predicciones. Empezaba el momento de familiarizarse con representaciones numéricas y términos estadísticos que se han acabado convirtiendo en parte de nuestro día a día, comenzábamos a otear la curva que tocaba escalar y aplanar, pero ahora, mes y medio después, se ha superado el pico y toca cambiar la perspectiva. ¿Qué nos espera más allá? Los mismos matemáticos e investigadores que intentaron predecir la situación actual echan cuentas y calculan contrarreloj los posibles escenarios que veremos en las siguientes semanas y meses. Una situación con muchos escenarios y demasiadas variables.

En España, hay numerosos grupos de investigadores que llevan desde antes incluso de que llegase la epidemia a nuestro país con modelos que intentan predecir la posible evolución de la situación, y no han parado con el confinamiento, todo lo contrario. Equipos como Momat, de la Universidad Complutense de Madrid, o el que une la Universidad Rovira i Virgili y la Universidad de Zaragoza ya piensan en las siguientes situaciones y presentan un futuro sin 'pico'. Pero las posibilidades de que volvamos a encontrarnos con una situación como la que estamos viviendo en estos instantes, o incluso peor, son aún más factibles ahora si no se toman, y la población no sigue, las medidas correctas.

"Todos los grupos manejamos diferentes escenarios para el futuro y trabajamos nuestros modelos para que puedan predecirlos de forma lo más certera posible, aunque, claro, todo puede variar", explica a Teknautas Alex Arenas, jefe del grupo de investigación de la URV. Su equipo fue de los primeros en modelar cómo sería el impacto de la epidemia en las diferentes provincias españolas y ahora trabajan en dos escenarios de futuro basados en un posible desescalamiento de las medidas y vuelta a una cierta normalidad. El primero es geográfico (cómo podría ser una salida progresiva por provincias) y el segundo trata una posible salida intermitente (con tiempos de más libertad y tiempos de confinamiento), hasta encontrar una solución definitiva.

Como Arenas, el grupo del Momat, dirigido por Ángel Manuel Ramos del Olmo, también simula varios escenarios y trabaja en ellos, aunque alguno parece casi imposible que se dé. "El modelo matemático que nosotros hemos desarrollado tiene en cuenta las características especiales de esta pandemia y puede estimar su evolución para diversos escenarios". Incluso estudian una situación tan complicada como que "todas las medidas de control y distanciamiento social se eliminen de golpe una vez que la pandemia lleve un tiempo disminuyendo, en ese momento no hay todavía suficiente población inmune y el comportamiento del virus no varía significativamente por mutaciones, cambios de virulencia por distintas condiciones climatológicas, etc.".

Esta situación provocaría un aumento de muertes e infectados, cayendo en una situación casi peor que la actual, pero Ramos del Olmo cree que es algo casi imposible de ver, pues "nuestra forma de vida ha cambiado bruscamente y probablemente no volveremos a la antigua normalidad, sino a una nueva normalidad en la que probablemente no bajaremos del todo la guardia". Quitar todas las medidas de control de golpe y acabar con el distanciamiento social en un instante es algo que ni siquiera entra en la cabeza de estos expertos. Pero sí otean otras salidas progresivas.

Posibles salidas

Ahora, según Arenas, viene uno de los momentos más cruciales de la evolución de la epidemia, o quizás el más importante. Se trata de la salida del confinamiento. Según el matemático, de no seguirse las mejores medidas, podemos volver a una situación parecida a la actual o incluso peor. "La gente se debe concienciar de que pasar la curva no es el final. Lo del pico tiene ese peligro, que imaginamos que superada esa curva todo ha pasado, y esto no es así. Hay que ser claros y concienciarnos como adultos de que esto va para largo, que tenemos que ser disciplinados y que al menos habrá que seguir con restricciones hasta que tengamos una vacuna o un tratamiento exitoso contra el virus", apunta el experto.

Entre las salidas que contempla su equipo, de momento la más plausible sería la que imagina unos próximos meses marcados por momentos de algo de apertura y momentos de confinamiento total. Algo que Arenas imagina como un coche cuesta abajo y sin marcha. "Tú necesitas ir pisando el freno para que el coche no se embale demasiado, pues esta medida iría un poco en ese camino. Podríamos abrir de forma muy controlada para no parar el sistema y que la economía pueda funcionar un tiempo y luego parar otra temporada todo para evitar que los casos se disparen más de lo que el sistema pueda controlar. Así, podríamos tener una situación que aunque no fuera perfecta por lo menos no colapsaría el sistema ni llegaríamos a gráficas como las actuales".

 

Gráfico del estudio del Imperial College con los periodos de intermitencia marcados desde ahora hasta noviembre de 2021.

La idea del equipo de Arenas no es totalmente nueva sino que se viene hablando de ella desde los años ochenta, y otros centros como el Imperial College de Londres, uno de los más prestigiosos en este campo del mundo, ya lo planteó hace días. "Al final, hay un puñado de estrategias y todos los equipos trabajamos con ellas dando nuestra propia visión y con nuestros propios modelos. No hay tantas soluciones funcionales por explorar y, vuelvo a incidir, lo importante es aguantar de la mejor forma posible hasta conseguir una vacuna o un tratamiento que sirva de medida definitiva para acabar con el problema", añade Arenas.

Por su parte, Ramos del Olmo y los suyos acaban de presentar uno de sus últimos análisis, que muestra la evolución de la enfermedad en la Comunidad de Madrid hasta finales de mayo si todo continúa, más o menos, como hasta ahora. Este análisis contempla un plazo bastante corto de tiempo, pero ya da una idea de lo que puede estar por venir.

Aquí se puede ver ya la dificultad de pensar en lo que pasará en el futuro, pero hay que añadir aún más incertidumbre, ya que algo que destacan Ramos del Olmo y su equipo son los problemas que dan los datos oficiales recabados hasta ahora. "Un buen modelo matemático debe ser capaz de reproducir lo que ha pasado hasta ahora y de estimar lo que puede pasar en el futuro, dependiendo de los posibles escenarios de confinamiento, medidas sanitarias y de control, etc. que se planteen. Siempre, eso sí, con el hándicap de la calidad de los datos que se reportan sobre la enfermedad, que en muchas ocasiones es insuficiente y no permite calibrar adecuadamente el modelo (lo que puede generar estimaciones con mucho margen de error)", apunta.

 

Por último, el matemático asegura que están trabajando en diversos escenarios de cara al futuro, pero no pueden dar más datos de momento pues no es un trabajo terminado. Arenas tampoco ha publicado aún el resultado de sus modelos y todos, además, corren el peligro de que les pase como a otros grupos de investigadores, que se vean obligados a borrar sus publicaciones y análisis por problemas con los datos que recaban las instituciones.

El problema de los datos y el largo plazo

Eso mismo le ha ocurrido a otro de los equipos que habían llevado la delantera en la modelización de la epidemia y que ha tenido que frenar sus publicaciones e incluso borrarlas por el problema con los datos. El grupo de investigación de matemáticas Modelling Uncertainty Quantification, del IMM de la Universidad Politécnica de Valencia, había lanzado el pasado 2 de abril una publicación con diversos gráficos sobre la epidemia en el corto y el largo plazo, pero este lunes tuvo que borrarlos porque desde el 2 de abril el Ministerio de Sanidad confirma un problema con el dato de personas hospitalizadas. Cada comunidad da un dato diferente y eso trastoca todo el modelo.

"La consecuencia de esto es que cualquier estudio que esté utilizando estos datos debe revisarse, en particular, el nuestro. Es por esto que vamos a retirar los informes publicados el 1 y 2 de abril. Lo sentimos mucho, y esperamos pronto publicar nuevos informes corregidos, si bien será difícil que sean aplicables a toda España por la falta de homogeneidad de los datos en las diversas comunidades autónomas", apuntaba el equipo valenciano. Tanto el de Ramos del Olmo como el de Arenas siguen trabajando pese a estos problemas en los datos, pero dan una idea de por qué es tan difícil hacer predicciones sobre lo que viene. Además de los problemas que puede dar una enfermedad nueva y desconocida, está la poca calidad de la información que llega.

"Nosotros seguiremos trabajando para ofrecer a las autoridades la mejor información posible y ayudarles a tomar las decisiones correctas y pertinentes con todos los problemas que debemos enfrentar, pero creo que debemos dejar claro que hay que seguir siendo disciplinados, claros y seguir a rajatabla las recomendaciones. Algo seguro es que si nos saltamos todo esto, nos tendremos que enfrentar a una situación incluso peor que la actual", termina Arenas.

Fuente: El Confidencial

Análisis: Sin medios contra el coronavirus: cómo España intentó huir a ciegas del "tsunami"

Ángela Bernardo 

Al principio de la crisis sanitaria, solo 7 personas eran las encargadas de analizar todas las muestras de coronavirus que llegasen de todo el país. Así lo había estipulado Sanidad el 24 de enero, cuatro días después de que China confirmase que el virus SARS-CoV-2 se podía transmitir entre personas. El equipo, del Centro Nacional de Microbiología (CNM), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, fue también el que confirmó el primer caso de covid-19 en España.

A finales del mes de enero, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria internacional y España conseguía repatriar a una veintena de ciudadanos atrapados en Wuhan (China), el Ministerio decidió cambiar de criterio. Sanidad dio entonces luz verde a que las autonomías pudieran diagnosticar la infección. Eso sí, solo podían descartarse los casos negativos. El resto, los que hubieran sido positivos o fueran dudosos, debían enviarse al CNM para que realizase la confirmación, una vez que Salud Pública lo autorizara.

Según explica a Civio Jesús Oteo, director del CNM, esto era necesario porque, en un primer momento, “la metodología no estaba puesta a punto en la mayoría de los hospitales” y los kits comerciales “eran escasos y no bien conocidos”. Su centro reorganizó el equipo habitual de 7 personas para formar un laboratorio de más de 60 especialistas dedicados al diagnóstico del coronavirus. Los medios en la ciencia española son escasos: la cifra del centro nacional tan solo duplica el número de profesionales (28) que trabajan en la actualidad en el Hospital de Oviedo para detectar la infección.

Durante semanas, todas las muestras positivas y dudosas debían seguir enviándose al CNM, siempre contando con la aprobación de Salud Pública. Estos dos trámites se mantuvieron igual hasta el 11 de marzo, cuando dejó de ser necesario salvo en casos dudosos o positivos de pacientes graves. Fue el mismo día que la OMS declaró a la covid-19 como una pandemia. Hoy el problema “ya no es administrativo”, explica Julio García, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), que señala que en un principio faltó “diligencia”.

A comienzos de marzo, los hospitales madrileños se adelantaron y dejaron de enviar muestras para que las confirmase el CNM. “Rápidamente nos vimos superados por este tsunami”, reconoce García, ante el “explosivo” número de casos detectados en Madrid. El 3 de marzo, la Comunidad de Madrid notificó 49 infectados; el día 9, esta cifra se había multiplicado casi por diez, hasta alcanzar los 469 afectados. Pero estos datos no ofrecían una imagen a tiempo real debido a los días que tardan en aparecer los síntomas y al tiempo necesario para obtener los resultados de las pruebas.

¿A quién se le ha hecho la prueba de diagnóstico del coronavirus?

  • El primer plan de Sanidad, del 24 de enero, estableció que solo se analizara a aquellos individuos con síntomas y que hubieran mantenido un contacto estrecho con un caso positivo o que hubiesen viajado a Wuhan (China) en los catorce días previos. Poco después, el 6 de febrero, se amplió el radio de búsqueda a toda China, donde ya empezaba el confinamiento.
  • El protocolo del 27 de febrero incrementó todavía más la detección hacia las áreas con “evidencia de transmisión comunitaria”, donde no resulta factible relacionar el contagio de nuevas personas con casos previamente conocidos. Por aquel entonces, el norte de Italia ya lo era. Además, el plan pedía que se investigara a pacientes hospitalizados o fallecidos, que, por ejemplo, tuvieran neumonía de origen desconocido, algo que no se había hecho hasta entonces. Así fue como Valencia confirmó el primer fallecido con coronavirus, que había muerto el 13 de febrero.
  • El documento del 11 de marzo indicó las pruebas para todas aquellas personas con síntomas que hubieran tenido contacto estrecho con un positivo o que hubiesen viajado o residido en áreas donde el virus ya circulaba sin control, donde estaban incluidas la Comunidad de Madrid y el País Vasco. El 15 de marzo, Sanidad ya admitió el escenario de “transmisión comunitaria sostenida” en toda España. Pero la prueba, a partir de entonces, solo se indica en hospitalizados, personal sanitario y trabajadores de servicios esenciales.

El virus pasó desapercibido en España

Durante semanas, el virus parecía estar demasiado lejos. Así había ocurrido también con los anteriores coronavirus, el del primer SARS y el del MERS, cuyo impacto había sido más localizado, lo que puede explicar en parte la falta de reacción occidental. Salvador Peiró, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), apunta otro factor para el exceso de confianza en España: la experiencia de la gripe A, cuando se criticó la sobrerreacción de Sanidad por la compra masiva de vacunas y antivirales contra una enfermedad que, al final, tuvo mucho menos impacto en nuestro país.

Esa confianza explica también que no se hicieran muchas más pruebas. “Estábamos asumiendo que [el coronavirus] solo podía venir de fuera”, dice Peiró. A finales de febrero, nuestro país había investigado un total de 276 casos, de los que 31 eran positivos. Los criterios para hacer pruebas permitían detectar a las personas con síntomas, pero no a aquellos que no los tuvieran o que padecieran signos leves, “que era por donde se estaba colando todo el mundo”, algo que en un primer momento no se sabía.

“Probablemente a partir de la segunda quincena de febrero el coronavirus ya circulaba de forma importante”

Salvador Peiró, experto en salud pública

“Probablemente a partir de la segunda quincena de febrero el coronavirus ya circulaba de forma importante”, explica a Civio. Sin embargo, lo hizo de forma sigilosa, a través de personas sin síntomas o con signos muy leves, que pasaron desapercibidas. España estaba a ciegas en el peor momento, ya que “epidemiológicamente es muy importante tener pruebas” para rastrear por dónde circula el virus. Fue a finales de febrero cuando se encendieron todas las alarmas. El virus ya no estaba tan lejos: de los 483 casos confirmados en Europa, 400 habían sido detectados en Italia, la mayoría en el norte, en las zonas de Milán, Bolonia y Venecia. “Italia y España tienen tal nivel de interacción que era imposible que no tuviéramos montones de casos ya metidos dentro”, lamenta Peiró.

La dispar respuesta autonómica

Sanidad “recomendaba” desde principios de febrero que cada autonomía dispusiera de “al menos un laboratorio con capacidad diagnóstica”. Pero al principio los medios autonómicos también eran muy escasos. Aragón, por ejemplo, solo habilitó dos hospitales en Zaragoza, donde también se tenían que llevar las muestras de Huesca y Teruel. Andalucía hizo lo propio con dos hospitales, en Granada y Sevilla, para atender a toda la región. La Comunidad de Madrid solo contaba en un principio con los cuatro hospitales más grandes para hacer las pruebas. “Hubo previsión para una situación mucho menor que la que nos hemos encontrado. Se pensó en casos importados, brotes locales y localización de contactos, no en una situación masiva”, apunta Peiró.

Final del formulario

Al comienzo del brote, según cuenta a Civio un portavoz de la Junta de Castilla y León, la región también centralizó sus análisis en los complejos más grandes -Burgos, Valladolid, Salamanca y León-. Las muestras de Soria, por ejemplo, tenían que hacer un viaje de dos horas por carretera para llegar al hospital burgalés. Y en Baleares, inicialmente todas las muestras se analizaban en Son Espases (Mallorca). Todavía hoy, según explica una facultativa, la mayor parte de muestras de Ibiza viajan a Mallorca por la falta de medios. Un problema similar en Canarias, la carencia de material, también ha obligado a que las muestras vayan de Lanzarote a Gran Canaria para ser analizadas, según el diario local La Voz de Lanzarote.

La reacción a la crisis del coronavirus ha sido dispar en España. Comunidades pequeñas como La Rioja, Cantabria y Asturias son las que más pruebas por millón de habitantes habían hecho a finales de marzo, según los datos recabados por Civio -cifras que, en paralelo había obtenido y publicado de forma previa El Confidencial. La Rioja parece haber seguido el consejo de la OMS, que a través de su director general, Tedros Adhanom, lanzó un mensaje claro: “test, test, test”. Tal vez su elevado número de pruebas responda a dos factores. El primero, el miedo inicial. El 6 de marzo, según los datos de Sanidad, esta comunidad era la que más incidencia acumulada de casos (9,15) tenía por cada 100.000 habitantes, muy por delante de Madrid (2,06) y el País Vasco (2,04), en parte debido al primer gran foco de coronavirus en España, localizado en el municipio de Haro. El segundo factor tal vez sea que La Rioja es una comunidad uniprovincial con pocos habitantes y relativamente rica. En las últimas semanas, la región ha desplegado equipos de diagnóstico móvil para tomar muestras y ha centralizado las pruebas en el Hospital de San Pedro de Logroño.

 

Si la falta de transparencia sobre el total de pruebas realizadas es muy preocupante, la opacidad es aún mayor en el número de personas que se han sometido al análisis. Hasta la fecha España no ha dado a conocer estos datos. A nivel regional, La Rioja, Madrid, Galicia, Cantabria, Canarias y País Vasco son las seis únicas autonomías que han hecho público el número de personas que se han sometido a test de PCR, según la información obtenida por Civio. En términos relativos, la comunidad riojana vuelve a liderar la corta clasificación al haber analizado a 14.000 personas por millón de habitantes.

 

Durante semanas, no ha habido infraestructura ni medios para atrapar al virus a tiempo. Por ejemplo, hasta mediados de marzo, Extremadura solo contaba con un único hospital para hacer análisis, el de Cáceres, ya que el de Badajoz comenzó a funcionar hace unas semanas, según el periódico regional Hoy. Entre marzo y abril, cada autonomía ha intentado multiplicar su capacidad de detección del coronavirus: la Comunidad de Madrid cuenta ahora con 12 laboratorios en hospitales frente a los 4 iniciales; Andalucía, con 14 centros respecto a los 2 con los que comenzó. En las regiones que publican las pruebas realizadas de forma periódica, Cataluña y País Vasco, también se ve que el número de pruebas se disparó a partir de marzo.

¿Por qué no sabemos a cuántas personas se ha analizado?

  • Desde el 15 de marzo, las comunidades envían a Sanidad el número de pruebas realizadas a diario, pero el Gobierno ha dado datos incongruentes. El 15 de marzo, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, habló de “más de 30.000 test”. El día 21, Raquel Yotti, directora del Instituto de Salud Carlos III, citó 355.000 determinaciones por PCR, cifra que repitió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, esa misma noche.
  • Una portavoz del Carlos III puntualiza que Yotti “se refirió a pruebas, no a personas”. Preguntado por Civio, el Ministerio de Sanidad insiste en que “se hacen entre 15.000 y 20.000 al día”, mientras que Jesús Oteo señala que el CNM consiguió en la semana del 16 de marzo llevar a cabo más de 4.000 determinaciones. Los datos recabados por Civio suman algo más de 247.000 análisis para las 15 comunidades disponibles, algo menos que el número obtenido por El Confidencial. No obstante, a esta cifra habría que añadir las pruebas hechas en el CNM y otros organismos, pero que ni el Instituto de Salud Carlos III ni Sanidad han querido detallar a este medio.
  • Los protocolos de Sanidad también han variado de forma considerable: el primer plan, del 24 enero, exigía una única prueba por persona, la realizada en el CNM. Desde el 30 de enero y hasta el 11 de marzo se pedían dos en casos positivos o dudosos. A partir del 27 de febrero, se necesitaban al menos tres pruebas -la de diagnóstico y dos para dar el alta- para los positivos. Sin embargo, el plan del 11 de marzo estipuló que los individuos hospitalizados se hicieran al menos tres pruebas, la de diagnóstico y dos para recibir el alta, mientras que, en los casos domiciliarios, el número era de dos -para detectarlos y para considerarlos curados-. Esto volvió a cambiar a partir de los protocolos del 15 y 31 de marzo, que indican al menos dos análisis, el de diagnóstico y el del alta.

Por qué no se hacen más pruebas en España

Los test se llevan a cabo mediante un análisis llamado RT-PCR en tiempo real. La prueba, considerada como el “método de elección” por su “alta sensibilidad” -en torno al 70%-, tarda en condiciones ideales entre dos y tres horas, según el portavoz de SEIMC. “Si no estuviéramos sepultados por toneladas de muestras”, puntualiza. De acuerdo con Nerea Irigoyen, viróloga de la Universidad de Cambridge, la PCR tiene dos limitaciones importantes, la necesidad de mayor soporte técnico y el tiempo que se requiere. Pero a día de hoy sigue siendo la mejor herramienta disponible para atrapar al coronavirus. “Nos sirve para detectar a las personas que tienen el virus en ese momento en sus células”, apunta Peiró, pero no para identificar a aquellos que ya han pasado la infección, para los que se requieren otro tipo de pruebas.

El microbiólogo Julio García reconoce que necesitan más gente que ayude para diagnosticar a personas infectadas. Y la PCR es un procedimiento común en los laboratorios de biología molecular de todo el mundo. Pero, en su opinión, cualquier investigador que utilice esta técnica no puede hacer diagnóstico. García advierte de un problema logístico: no solo se necesita hacer el análisis, sino también gestionar bien la muestra y validar clínicamente los resultados. Tan problemático puede ser no hacer pruebas como hacerlas ofreciendo conclusiones erróneas. Además, se necesitan laboratorios que cumplan condiciones de seguridad biológica, ya que el virus es “muy contagioso”. Hubo que esperar hasta el 2 de abril para que Pedro Duque, ministro de Ciencia, anunciase un protocolo de formación para que más profesionales sanitarios se dedicasen al diagnóstico del coronavirus.

Las partidas anunciadas por Pedro Sánchez para ciencia están centradas en el estudio del virus y el desarrollo de potenciales vacunas y tratamientos. Un 4% de esta financiación, 1,2 millones de euros, se dedica a “cubrir necesidades excepcionales” para esta crisis, como la adquisición de material y el pago de guardias en el Instituto de Salud Carlos III. Pero, según confirma a Civio una portavoz del Ministerio de Universidades, esta inversión de momento no va para aquellas instituciones que intentan hacer más pruebas, como la Complutense (UCM) y la de León.

La UCM, que desde hace tres semanas trata de detectar casos en residencias de la Comunidad de Madrid, confirma que no recibe ayuda del Ministerio, salvo los kits de PCR proporcionados por el Carlos III. La universidad ha aportado sus propios medios, incluyendo los científicos que se han ofrecido de forma voluntaria, y cuenta con el apoyo de tres fundaciones para una parte del material. El Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA) es otro organismo de I+D que trabaja haciendo análisis en personal esencial de la Policía, los Bomberos o Protección Civil. En las últimas horas y a través de las redes sociales, algunos de los investigadores implicados en estas tareas han demandado coordinación y organización al Gobierno.

A la carrera detrás de un virus desconocido

En la actualidad, además, existen dificultades para obtener los productos para hacer las pruebas. El mayor problema, según Oteo, “está en los reactivos para el proceso de extracción de material genético de la muestra”, un paso fundamental para detectar el virus. “Estamos estrangulados”, admite García. Los laboratorios de países de todo el mundo, entre ellos España, se enfrentan al desabastecimiento. Y ello porque está habiendo una “demanda masiva”, según Stephen Baker, profesor de la Universidad de Cambridge. España está intentando sortear esta dificultad apoyándose en empresas biotecnológicas nacionales, intentando extraer el ARN del virus de forma automatizada y probando nuevos protocolos.

Lo sucedido con el SARS-CoV-2 es una problemática habitual de los llamados virus emergentes, es decir, virus inesperados que aparecen de la noche a la mañana. “Sucedió también con el zika”, comenta García, pero ahora se han visto completamente “desbordados” ante un número de casos “tan grande”. La falta de test rápidos, que sí hay para la gripe, también ha limitado el desarrollo de pruebas masivas. El tsunami del coronavirus vuelve a demostrar, como sucedió con el VIH y el ébola, que las enfermedades infecciosas no son cosas del siglo XIX. “Es difícil prever situaciones como esta”, admite el portavoz de SEIMC, quien recuerda que, tras la crisis del ébola, se crearon numerosas unidades de aislamiento de alto nivel, casi inexistentes hasta entonces, que ahora ayudan al tratamiento de pacientes. Quizás esa sea una de las lecciones más importantes de esta crisis: dotarnos de capacidad suficiente para detectar a tiempo virus emergentes como el SARS-CoV-2.

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