Ramón Martínez

Un ejemplo de cómo el vocabulario puede ser usado para manipular es sin duda la palabra psicópata.

El término psicopatía se refiere a un trastorno de la personalidad que confiere a las personas afectadas carácter antisocial. Es un término que se usa popularmente de forma inadecuada porque las referencias que mucha gente tiene sobre este tipo de trastornos, suelen ser personajes de cine que asesinan sin razón justificada. Hay que aclarar que, tratándose de psicología, al igual que en psiquiatría, no hay evidencia científica para poder afirmar quien es un psicópata y quien no lo es. Además se ha demostrado que la mayoría de los resultados de investigación, especialmente en psicología y medicina, son falsos.

A pesar de que los investigadores tienen incongruencias y en ocasiones no se ponen de acuerdo, parece ser que existe cierto consenso sobre algunas características comunes entre los psicópatas y que son un marcado comportamiento antisocial, una empatía y remordimientos reducidos, y un carácter desinhibido. Según estas características no es difícil caer en la tentación de ver a quienes tienen el poder, especialmente en el mundo neoliberal, como unos psicópatas debido a sus políticas antisociales que causan tantas víctimas mortales sin que, al parecer, a los responsables les cause el menor remordimiento. Pero irónicamente no son quienes tienen el poder quienes sufren diagnósticos psiquiátricos, sino que, por el contrario, en muchas ocasiones son sus víctimas quienes son estigmatizadas con tales diagnósticos. Un ejemplo muy claro es  la práctica en psiquiatría descrita en el artículo sobre la cuarta planta de la Clínica de la secta Opus Dei, así como también se ha visto como el Opus ha utilizado términos psiquiátricos para desacreditar a disidentes.

Se ha demostrado que la psiquiatría y por ende la psicología han estado con frecuencia al servicio de poderes corruptos, y la tradición de interpretar mediante argumentos falsos se arrastra en el mundo anglosajón ya desde el siglo XIX con los psicólogos ingleses, de quienes se burla Nietzsche, acusándolos de falta de orgullo intelectual, en su tratado sobre la genealogía de la moral.

En la obra El Príncipe de Maquiavelo se recogen multitud de ejemplos de como a la largo de la historia antigua los tiranos han conseguido el poder mediante comportamientos antisociales, con un carácter desinhibido y con una absoluta falta de remordimientos al asesinar a sus adversarios con frecuencia mediante traiciones, engaños y maquinaciones. En la actualidad, como se sabe, se sigue asesinando a presidentes de Gobierno por intereses de poder. En la historia más reciente tenemos a Allende, Olof Palme, Carrero Blanco, Gadafi, etc. Y presidentes de Gobierno actuales como Nicolás Maduro o Evo Morales corren un claro riesgo de ser también asesinados.

Una precisión que conviene aclarar, es que el concepto de “antisocial” que se utiliza por los psicólogos investigadores no parece estar enfocado hacia quienes tienen el poder en el mundo neoliberal, sino más bien parece que el concepto se enfoca como un arma de control social hacia quienes se salen de la norma, contribuyendo de esta forma a una homogeneización social donde los disidentes a los sistemas corruptos son diagnosticados con enfermedades mentales. Los Estados Unidos es un ejemplo de Estado con este tipo de represión según se recoge en el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de EE.UU (DSM). No hay que olvidar que la CIA ha causado y sigue maquinando guerras y golpes de Estado en muchos países disidentes hacia los intereses neoliberales de quienes tienen el poder en EEU, y por esta misma razón no iban a permitir disidentes en su propio país, aunque EEUU pretenda dar una imagen de democracia y libertad.

Una forma de control y presión social es mediante el acoso a disidentes, lo cual se viene llevando a cabo en Europa por medio de sectas religiosas que actúan para la CIA. En España concretamente viene documentado este proceder en el artículo sobre la cuarta planta de la clínica del Opus que, por medio de los miembros de la secta acosan a sus víctimas creándoles síntomas artificiales que son usados para darles un diagnóstico psiquiátrico. Todo esto sucede sin que los medios de comunicación de gran alcance informen sobre tan graves hechos que amenazan la democracia y la seguridad de los ciudadanos.

En EEUU el periodista Gary Webb fue encontrado muerto con dos tiros en la cara tras haber demostrado en su libro Dark Alliance: The Book que, la CIA se financió por medio de la venta de drogas a los sectores más desfavorecidos de la sociedad americana. En este caso el periodista fue acosado y difamado asignándole trastornos psíquicos en un sucio proceso que culminó con su muerte. Una vez más se demuestra que quienes tienen el poder acusan de enfermedades mentales para restarle credibilidad a quienes hacen público el proceder corrupto, cuando en realidad los corruptos en el poder actúan de forma antisocial y reuniendo los requisitos para ser diagnosticados de psicópatas según los criterios que los psicólogos de su propio sistema se han inventado.

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