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Ramón Martínez

Un autor que escribía sobre política y que usaba el seudónimo de “Herr Koch” publicó en el año 2008 un artículo en periodistadigital.com titulado “En ocasiones oigo voces”. El artículo, que denunciaba el uso ilegal de tecnologías que producían voces en la cabeza, afirmaba lo siguiente:

“La próxima vez que crea oír voces en su cabeza, présteles atención. Es posible que no se trate de su imaginación desbocada ni del insoportable estrés tan habitual en nuestros días. Es posible que no sea una vulgar posesión por parte de un puñado de diablillos con ganas de fastidiarle. Es posible que las voces sean de verdad. En realidad, la capacidad para introducir voces ajenas en la mente de otros no es exclusiva de algunos telépatas de Ciencia Ficción, sino que la tecnología necesaria para ello está disponible desde hace al menos cuarenta años (probablemente más). De hecho, se ha utilizado en más de una ocasión para llevar a cabo unas, digamos, "operaciones encubiertas" de control mental que, mediante el manejo a distancia de una mente incauta, ha dejado a sus promotores a salvo de toda sospecha. Resulta tranquilizador para el que organiza, por ejemplo, un magnicidio, el hecho de que, si detienen al encargado de ejecutar materialmente el asesinato, éste pueda jurar (y hacerlo además con total convencimiento) que actuó de esa manera porque "la voz de Dios (o del Demonio) así me lo ordenó...; créame señor juez, no le miento, su voz me decía una y otra vez lo que debía hacer..."

Aunque pueda parecer que el artículo trataba sobre teorías de la conspiración, no deja de sorprender, que el asesino de Anna Lindh, ministra sueca de AAEE, escuchase “voces en la cabeza” que le ordenaban atacarla.  Además, se ha demostrado que la vida de la ministra socialista se pudo haber salvado tras el atentado, pero no fue así por negligencia de los médicos que la trataron al llegar a urgencias. Da la impresión como si la hubiesen rematado en el hospital, y esto refuerza la idea de que en realidad se trató de una operación encubierta contra un político que molestaba a ciertos poderes. No es la primera vez que un político socialista sueco es asesinado, y este magnicidio se suma a otros muchos de políticos que, estando en contra de los intereses de EEUU, han muerto de forma violenta. Solo en la Operación Cóndor se estima que fueron torturados y asesinados cientos de miles de personas debido a su afinidad política.

Pero además de posibles operaciones encubiertas hay otros motivos para usar estas tecnologías aún más peligrosos. Si oír “voces en la cabeza” se asocia a homicidios, se consigue difundir el miedo a quienes denuncian ser víctimas de estas tecnologías, porque son estigmatizadas como esquizofrénicas. Aunque está constatado que la inmensa mayoría de las personas que escuchan “voces en la cabeza” no son peligrosas,  basta buscar en Internet las palabras “Homicidio” y “Voces en la cabeza” para comprender que realmente hay muchos casos que contribuyen a crear una especie de psicosis hacia quienes denuncian tener estos síntomas.

En Suecia es mucho más grave la situación. Buscando en Internet por las palabras clave “Mord” (homicidio) y “Röster i huvudet” (voces en la cabeza) puede sorprendernos la cantidad de homicidios que suceden en Suecia causados por gente que dice “oír voces en sus cabezas”. Una víctima sueca ha creado un sitio en Internet (White TV) que recoge multitud de casos de personas que han cometido homicidios bajo la presión de programas ilegales de lo que han dado en llamar “control mental”. Pero en el caso de que realmente fuese cierto que existiese una conspiración para causar muertes en operaciones encubiertas, ¿cuál sería el objeto de estos homicidios? Para responder a esta pregunta hay que atender a distintas situaciones y no dar una sola respuesta como posible explicación.

  1. En España habría que recordar el artículo sobre la cuarta planta de la clínica del Opus Dei, que, según la víctimas, “los siervos de a pie (del Opus) son los encargados de provocar en el infortunado paciente algunos de los síntomas que lograrán dar con sus huesos en el hospital, la cárcel o el psiquiátrico”. En este caso se trata eliminar mediante acosos a personas que se interponen en los intereses del Opus Dei. Las razones pueden ser políticas, administrativas, etc. Aunque en el fondo todo se reduce siempre a intereses económicos.
  2. En Suecia se han dado numerosos casos de homicidios donde los agresores se quejaban de oír voces en su cabeza que les ordenaban atacar. Por ejemplo, un caso en un colegio en la ciudad sueca de Tröllhättan sentó precedentes para crear un clima de psicosis hacia quienes denuncian ser víctimas de estas tecnologías. Gracias a estos atentados, muchas víctimas de las tecnologías mencionadas prefieren probablemente guardar silencio, y vivir una vida de continuas vejaciones, por miedo a posibles consecuencias y ante la certeza de que nadie les va a creer.
  3. En los Países Bajos, según un estudio realizado por investigadores holandeses, mucha gente considerada sana escucha voces regularmente. En este caso se normaliza el abuso contra la población sin que necesariamente las víctimas se consideren una amenaza. Aunque pueda parecer un disparate, las neurociencias tienen una escalofriante aplicación en producción animal y los homínidos no se escapan de estos objetivos.

Existe cierta similitud entre la utilización de estas tecnologías con la Operación Cóndor, el fin parece ser el mismo, eliminar o torturar a opositores políticos, o quizá más preciso, personas que suponen un obstáculo para los intereses económicos de las mafias financieras que dominan los países occidentales. El espectro de víctimas mortales de esta política de eliminar a quienes estorban o amenazan la impunidad de estas mafias, es mayor de lo que muchos pueden imaginar, y no solo se trata de activistas de izquierdas o periodistas, también muchos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado están muriendo de forma violenta sin que se esclarezcan los hechos sobre estas muertes. De esta forma se podría explicar cómo pueden ciertos lobbies lucrarse impunemente gracias al invento neoliberal, por el que, gracias a privatizaciones masivas del sector público, se estafan fortunas del erario sin que la sociedad, que es quien en realidad paga, pueda impedirlo.  La gran diferencia con la Operación Cóndor, es que las tecnologías basadas en neurociencias desarrolladas en las últimas décadas, permiten demonizar a las víctimas y usarlas como pretexto para aumentar las medidas de represión, de forma similar a como se han usado los atentados terroristas como pretexto para tomar medidas contra la integridad de los ciudadanos completamente inaceptables en una democracia.

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