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Ramón Martínez

Según algunos artículos recogidos en una publicación de la Universidad de Washington, algunos científicos advertían hace algunos años del peligro inminente que suponen ciertas tecnologías que permiten la lectura de las ondas cerebrales, ante la amenaza de hackers que puedan registrar los pensamientos de la gente.  Para muchos esto parece inverosímil al no entender cuál es el fundamento de estas tecnologías, y se preguntan cómo es posible que  se puedan leer las ondas cerebrales.  La respuesta es que de la misma forma que se puede intervenir cualquier llamada con un teléfono móvil , también se pueden intervenir  las ondas que emite el cerebro, las cuales solo se podían registrar por medio del electroencefalograma antiguamente .

Una de las consecuencias del hackeo cerebral es que los códigos que podamos tener para acceder a cuentas bancarias etc. no estarían a salvo. Pero obviamente hay consecuencias aún peores.

Como ya se ha publicado en otros artículos, la agencia militar gubernamental americana DARPA, lleva desarrollando tecnologías basadas en BrainComputer Interface (BCI) que permiten la lectura e interpretación de las ondas cerebrales  desde al menos los años 70 del siglo pasado.  La existencia desde hace décadas de sitios en Internet que denuncian el hackeo cerebral, muestra que se están usando clandestinamente estas tecnologías contra la población. Esta información contrasta con las ingenuas advertencias de ciertos científicos que avisan de un peligro inminente. Así muestran que sus conocimientos sobre BCI se encuentran algo desfasados respecto a los avances que una agencia militar como DARPA hubiese podido llegar hace ya algunas décadas.

Independientemente de los testimonios publicados por víctimas de estas tecnologías, como el testimonio del sueco Magnus Olsson sobre las consecuencias del hackeo cerebral, yo,  que también soy víctima, deseo explicar de forma somera las consecuencias que ha tenido para mí. De esta forma el lector puede imaginarse que le espera si tiene la desgracia de ser elegido por alguna organización criminal con acceso a estas tecnologías.

En mi caso concreto es el Opus Dei quien lleva abusando del uso de estas tecnologías desde mediados de los años 80 del siglo pasado, los detalles los describo en la entrevista que me hizo Cristina Sánchez, y me pregunto cómo es posible que el Opus Dei pueda tener acceso a tecnologías desarrolladas por una agencia militar como DARPA.

Consecuencias en mi caso particular:

No puedo usar códigos para cuentas bancarias y todos mis asuntos los tengo que resolver personalmente en el banco.

Tampoco puedo tener intimidad de ninguna clase y estoy expuesto continuamente a insultos y amenazas.

Como consecuencia de la falta de intimidad no puedo exponer a otra persona a una vejación de ese calibre y esto se traduce en una ausencia total de relaciones sexuales al menos desde que tengo consciencia de que me están aplicando esta tecnología.

La ausencia de intimidad también supone, por ejemplo, que no te puedas tocar la nariz sin que te insulten, o que no puedas tener tranquilidad ni en el baño. Esto implica una desnudez sin defensa contra quienes muestran una sordidez y una falta de escrúpulos que repugna.

Esta información puede ayudar a algunos a entender la diferencia entre la imagen que da el Opus Dei gracias a los medios que controla, de buscar la santidad en el trabajo, y la imagen que yo tengo de ellos y que está más acorde con los testimonios del artículo de Cristina Sánchez sobre la cuarta planta de la clínica del Opus, o con la conducta de los opusinos políticos del PP.

Consecuencias de modo general:

Unos estudios publicados hace una década indican que el hackeo cerebral de los ciudadanos se realizaba ya de forma masiva en países como Holanda. En este caso podemos hablar de un intento formal de conseguir la Sociedad Psicocivilizada de la que hablaba el doctor José Delgado en su libro Control físico de la mente. En Suecia, por ejemplo,  he comprobado que bastantes padres buscan ayuda porque sus hijos tienen voces en la cabeza.

Lo horrible de todo este asunto, es que quienes ostentan el poder de los Estados occidentales son marionetas de un imperio que desprecia abiertamente los Derechos Humanos y no duda en cometer los más espeluznantes crímenes contra la humanidad para beneficiar sus intereses que, en definitiva, son los intereses de unos pocos ciudadanos con una ambición sin límites.

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