Por Juan Aguilar*

«A Rusia le espera la quiebra completa», «Rusia está aislada, y su economía rota», «A punto de la suspensión de pagos», son las consignas que los zombies tratan de inculcarnos a través de sus medios.  Algunos de ellos prometen que si no hoy, será mañana, la economía rusa  volverá a niveles de los años noventa. En aquellos tiempos terribles, como muchos recuerdan, las formulaciones más optimistas que definían aquella situación sonaban así: «los ritmos impetuosos de la caída disminuyen».

El intento de las potencias occidentales es intentar que de nuevo Rusia caiga en el precipicio de los años noventa. Pero la guerra económica contra Moscú no tiene capacidad de destruir todos los logros conseguidos en los últimos 14 años bajo el liderazgo de Vladimir Putin.

Se podría pensar que los “analistas” han quedado ciegos y no ven los datos expresados en cifras concretas de las acciones del Estado ruso en estos años, pero mucho nos tememos que es una acción intencionada de intoxicar a la opinión pública occidental y a la ciudadanía rusa para alimentar la desconfianza a los líderes del Estado contando con la complicidad de los quintacolumnistas occidentales entre los oligarcas rusos. Por suerte, la dinámica económica en cuanto al nivel de vida de la población en estos años se puede comprobar fácilmente. Hagamos un sencillo ejercicio y miremos como ha cambiado el nivel de vida medio de los rusos en estos 14 años pasados, y comprenderemos si es realista la posibilidad de retornar a los años noventa.

Para este análisis podemos apoyarnos en los datos del Rosstat sobre los salarios, las pensiones y la cantidad del mínimum vital en periodo con 2000 a los 2014. El sueldo medio mensual del trabajador ruso en 2000 era de 2223,4 rublos. A los pensionistas se les pagaba por término medio unos 694,3 rublos. El mínimum vital, en que Rosstat incluye el coste de la cesta de la compra con una selección mínima de los productos de la alimentación, productos no comestibles y servicios, pagos obligatorios y tasas, equivalía a 1210 rublos.

Es decir, los trabajadores disponían de un poco menos del doble del mínimo vital y los pensionistas solo disponían de un poco más de la mitad de ese mínimo vital. Además, había entonces 42,3 millones de personas con ingresos por debajo del mínimum vital, lo que representaba un 29 % de toda la población. O sea, casi un tercio de los rusos vivían al borde de la borde de la miseria.

Ahora observemos como han cambiado estos índices con los años. Por comodidad mostraremos los datos que nos interesan en forma de diagramas.

Como vemos en el primer gráfico, el salario medio de la población ha crecido, por término medio, un 21 % por año.

 

Al mismo tiempo, aumentaban las pensiones. Hacia 2014 su suma acumulada ha superado el índice de 2000 en 16,7 veces.

 

Ahora bien, por sí mismo el crecimiento de los salarios y las pensiones podrían no ser significativos si una lata inflación “devora" cualquier aumento de los ingresos. Para descontar el efecto de la inflación  y el aumento de los precios, se puede calcular la variación anual de capacidad adquisitiva de los ingresos estadísticos medios de los trabajadores y pensionistas. Para esto, veamos en el gráfico siguiente como ha variado el mínimum vital en los 14 años investigados respecto al los ingresos medios de los ciudadanos rusos, trabajadores o pensionistas.

 

El mínimum vital se basa en el coste de la cesta de la compra sobre una serie de productos y servicios básicos, luego es un indicador que refleja el crecimiento de los precios descontada la inflación. Como vemos en el gráfico, desde 2000 se ha aumentado en 6,7 veces y en 2014 alcanzaba los 8086 rublos. Ahora veamos como tomando en cuenta este crecimiento, han cambiado las posibilidades de compra de la población.

 

Aquí las elevaciones se alternan con caídas pequeñas, pero, con todo eso, en 2000 el salario medio correspondía a 1,84 veces el mínimum vital, y en 2014 los supera en 3,92 veces.

 

Con las pensiones, la situación ha mejorado igualmente. Durante algunos años los pensionistas no alcanzaban el mínimo vital, llegando a un límite de 0,8 veces el mínimum vital. Pero en 2009, las pensiones se igualaron con el mínimo vital, iniciando una marcha ascendente. Para el año 2014, la pensión ya superaba el mínimum vital en un 43 %.

Así, si en 2000 había un 29 % de rusos por debajo del umbral de la pobreza, en 2013 su número se había reducido hasta 10,8 % de la población. Según los datos de Rosstat para los primeros trimestres de 2014 coinciden con los índices del año anterior.

Los economistas de servicio al imperialismo pueden decir que ese crecimiento económico está condicionado a los dólares del petróleo y las reservas de oro, y que a Rusia le espera ahora la crisis. Pero  las pequeñas caídas de la capacidad adquisitiva de los salarios se observan después de 2008, es decir, cuando se desencadena a nivel mundial la crisis financiera, que afecta también a Rusia. Sin embargo, de los gráficos se infiere que tras los dos primeros años de crisis todos los índices principales han vuelto al nivel de antes de la crisis.

Occidente le ha declarado una guerra económica a Rusia. Ha sido memorable el potente ataque al rublo del pasado mes de diciembre y de la caída de los precios bajos del petróleo. A lo que hay que unir las denominadas sanciones que aunque no son mortales para la economía rusa, perjudican a las empresas nacionales y a ramas enteras de  la producción. Hay dificultades en Rusia, pero las superará ampliamente al mismo tiempo que se promete un firme apoyo a la población: la parte socialmente significativa del presupuesto se reconoce como inviolable, incluidas las ayudas a las compañías nacionales.

Con todo eso, la caída del nivel de vida de los rusos será temporalmente inevitable respecto a los últimos años. Pero se está muy lejos de poder hablar de hundimiento de la economía rusa. Los índices de hoy no han caído hasta el nivel que precede  a la crisis de 2008. Es difícil predecir si continuarán por mucho más tiempo los ataques a la economía rusa y cuánto tiempo llevará la superación de todas las dificultades. Pero está claro que en un tiempo Rusia saldrá de esta situación y se lanzará a un nuevo crecimiento. Las sanciones abren una hermosa posibilidad de lograr una vía propia de desarrollo sin depender de la economía financiera internacional sujeta a las decisiones de las potencias occidentales. Rusia no debe perder esta posibilidad.

*Director de Elespiadigital.com