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Por Enrique Rubio

En el XV Congreso del Frente Nacional (FN) se habla mucho de Francia, pero otro país ha conseguido hacerse un hueco en casi todas las conversaciones: la Rusia de Vladimir Putin. Pongámonos futuristas. (¿Utópicos?... Tampoco tanto) Pensemos en una victoria electoral del Front National  que le brinde el poder “democráticamente” a Marine Le Pen en la vecina Francia. Pensemos también –soñar de momento es gratis– que, ¡por fin!, el FN (a ver cuándo le cambian el nombre), además del eslogan “ni de izquierdas, ni de derechas”, asume las principales tesis político-ideológicas elaboradas durante los últimos cuarenta años por la Nouvelle Droite.

¿Existiría, entonces, una alianza franco-rusa que acabase con la hegemonía económico-financiera alemana y expulsase a los anglosajones junto a sus amigos norteamericanos, poniendo fin al histórico fracaso de la Unión Europea y abriendo una nueva era multipolar cuyos principales actores serían el imperio angloamericano, el interrogante asiático y una Europa guiada por la coalición franco-rusa? ¿Se imaginan, queridos lectores, cómo podría cambiar la meta-geo-política con una Francia de Marine Le Pen que se inspirase, así fuera de lejos, en las ideas de Alain de Benoist, y que estuviera aliada a una Rusia de Vladimir Putin, asesorada por Alexander Dugin? Pues esa posibilidad, en las actuales circunstancias, no es tan descabellada.

Dicho lo cual, pasemos a ver lo que nos cuentan que aconteció en el reciente Congreso del Front National clausurado el pasado domingo en Lyon.

En el XV Congreso del Frente Nacional (FN) se habla mucho de Francia, como no puede extrañar en un partido ultranacionalista [¡la dichosa manía de confundir "afán nacional" y "ultranacionalismo"!...; en fin, dejémoslo. N. de la Red.], pero otro país ha conseguido hacerse un hueco en casi todas las conversaciones: la Rusia de Vladimir Putin. Los guiños –recíprocos– de la dinastía Le Pen hacia el presidente ruso no son nuevos, pero conocen días de vino y rosas en el momento en que la presión occidental hacia Moscú se hace más fuerte. El partido de Marine Le Pen acaba de obtener un préstamo del banco ruso First CZech Russian Bank de nueve millones de euros, que según algunos medios franceses alcanza hasta los cuarenta millones, un extremo que el FN ha negado [¡Regocijémonos! Al final habrá servido de algo "el oro de Moscú" que los rojos entregaron, efectivamente, a los soviéticos; suponiendo, claro está, que éstos hubieran dejado una sola onza en las arcas. N. de la Red.]. El Frente Nacional asegura que recurrió a Rusia ante el rechazo de todas las entidades bancarias francesas y europeas para financiar su partido.

Más allá del crédito, la evidencia de que la ultraderecha francesa apuesta por Putin y su modelo, frente a la vigente democracia liberal, quedó de manifiesto a lo largo de toda la jornada. Por si hubiera dudas, el mandatario ruso envió a Lyon al vicepresidente de la Duma, Andrei Isayev, para respaldar a Le Pen, ante una audiencia que asistió impertérrita pero disciplinada a un discurso en ruso, que sólo rompió al final para entonar en francés: “¡Viva Francia, viva Rusia, viva la amistad franco-rusa!”. Grandes aplausos.

Cuestionada de forma recurrente por sus vínculos moscovitas, Marine Le Pen no ocultó su sintonía con Putin y criticó al gobierno de su país por congelar sine die la entrega de dos buques de guerra Mistral a Rusia a causa de la crisis ucraniana.

Tampoco se olvidó Le Pen de criticar la guerra de sanciones entre la Unión Europea y Rusia, ni de recordar a las víctimas del conflicto en las regiones secesionistas de Ucrania. Pero esta defensa de los intereses rusos, a contrapelo de la posición oficial de su país, se quedó corta frente a las flores que lanzó después a la gestión de Putin como presidente:

“Ya dije hace tiempo que sentía admiración por Putin, porque consiguió meter en cintura a los oligarcas que durante diez largos años saquearon de forma consciente las riquezas rusas.”

El nacionalismo económico de Putin también sirve de espejo para el Frente Nacional, “un modelo patriota que contiene parte del programa que querríamos aplicar en nuestro país”, sentenció Marine Le Pen.

Fuente: El Manifiesto

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