El presidente de EEUU, Donald Trump, intenta convertir la ola de protestas en el país en una "estrategia electoral", dijo a Sputnik el analista internacional mexicano Dámaso Morales. A su juicio, Trump busca rédito político declarando a movimientos antifascistas como terrorismo e intentando vincular al demócrata Joe Biden con actos violentos.

Designar como grupo terrorista en Estados Unidos al movimiento antifascista conocido como Antifa no es más que una "estrategia electoral" de su presidente, Donald Trump, dijo a Sputnik el analista internacional mexicano Dámaso Morales. Para el especialista, no existen elementos suficientes para que el Gobierno estadounidense tome esa decisión, por lo que la declaración podría ser revertida.

"Antifa quiere decir antifascista", clarificó Morales, recordando que se trata de "un movimiento histórico que surgió en la Europa convulsionada de los años 30, cuando hervía en movimientos liberalistas, conservaduristas, socialismos, nacionalismos, extremas derechas y fascismos". Los movimientos antifascistas, caracterizó el analista, "no tenían aún una ideología definida", aunque "el fascismo tampoco la tuvo".

Morales puntualizó que el movimiento ya tiene una presencia importante en países europeos pero comenzó a fortalecerse en EEUU a partir de 2016, cuando Trump llegó a la Casa Blanca. La movilización en tierras estadounidense se centró en rechazar las "políticas racistas contra negros, latinos y musulmanes".

"Como movimiento no tiene fines políticos o de participación en elecciones sino las de participar en marchas", añadió el analista.

En ese marco, y en medio de la ola de protestas en varias ciudades del país desatadas a partir del asesinato de George Floyd en manos de un policía en Minneapolis, Trump anunció el 31 de mayo a través de su cuenta de Twitter que nombraría a Antifa como una organización terrorista. Según Morales, no se trata de una idea nueva para el mandatario, ya que "ya desde algún tiempo grupos de ultraderecha han presionado a Trump para que designe a este grupo como organización terrorista".

Sin embargo, cumplir su anuncio no será tan fácil para el 45° presidente estadounidense. En opinión de Morales, "en lo formal no sería muy difícil torcer esa decisión ante la falta de elementos para catalogar al grupo como terrorista".

Para comenzar, no se trata de una organización tradicional, ya que "no tiene una estructura definida o jerarquía conocida". A su vez, el analista señaló que "hay una ausencia de una ley interior sobre este tema que sirva de guía en cuanto a las definiciones y acciones contra organizaciones terroristas".

A meses de una elección general en EEUU, Morales estimó que Trump busca aplicar una "estrategia electoral" a partir de las protestas, emprendiendo acciones contra Antifa e intentando vincular al candidato presidencial demócrata, Joe Biden, al asegurar que paga la fianza de los detenidos por acciones violentas.

"Trump ha llamado al orden y al ejercicio de la ley, en un discurso netamente conservador. Para él las protestas ya no tienen ningún sentido y solo son actos vandálicos promovidos por grupos de izquierda radical, anarquistas y violentos", comentó el analista.

Según Morales, el mandatario busca mostrar que Biden "estaría vinculado al desorden, a la destrucción de la propiedad privada y a la llegada de anarquistas de izquierda radical a la Casa Blanca". En ese sentido, el analista señaló que Trump intenta redirigir un "discurso desde el poder de la Casa Blanca" hacia su adversario político en las próximas elecciones.

Protestar en tiempos de COVID-19

Para Dámaso Morales, la ola de protestas que se desató a partir del crimen de Floyd "hacen evidente una acción sistemática de violencia de las fuerzas policiales y el uso de la fuerza desproporcional en contra de las poblaciones negras, latinas y otras minorías". Se trata, añadió, del "corolario de una serie de ofensas y violencias históricas que no se han terminado  y que hacen patente una de las fallas más evidentes en el sistema político y social norteamericano".

El analista señaló el hecho de que incluso "en ciudades donde la mayoría de la población es negra, la Policía es blanca". Esto ocurre porque "se trata de lugares deprimidos con poco empleo y los que hay, como policía y bomberos, los obtienen los blancos para asegurar su ingreso de vida". El cóctel se completa con el hecho de que los policías reciben un bonus económico por multas y aprehensiones que terminan cometiendo sobre la población negra.

El hartazgo de la población con este tipo de situaciones se incrementa en tiempos en que la pandemia de COVID-19 obliga a la población a mantener el distanciamiento social y pone a la economía estadounidense en crisis, ocasionando que haya más de 36 millones de desempleados. El contexto alimenta "la frustración de miles de personas que salen a las calles y se expresan de forma violenta".

Análisis: Protestas en EEUU, otra zancadilla en el camino electoral de Trump

Héctor Miranda Pérez

A Donald Trump le llueven las zancadillas en los últimos tiempos. A la ya grave crisis generada por la pandemia del coronavirus se suma la muerte del afroamericano George Floyd, el pasado 25 de mayo. Las protestas por el deceso del referido ciudadano llegaron a más de un centenar de ciudades y constituyen otro reto electoral para el mandatario.

Lo de Floyd, de 46 años de edad, explotó como una caldera de vapor sometida a presiones por años y se escapó de Minneapolis, la ciudad donde ocurrieron los hechos, para llegar a todos el país con una violencia inusitada, que muchos se apresuraron a considerar como la más virulenta desde finales de los años 60 del siglo pasado.

El mandatario, fiel a su costumbre, cargó contra sus rivales políticos y los acusó de estar detrás de las manifestaciones, incluso culpó al alcalde de Minneapolis de tener la mano floja a la hora de controlar los disturbios, que llegaron hasta los alrededores de la Casa Blanca, con lo cual su guardia personal decidió que se refugiara en un búnker dentro de la mansión ejecutiva por unas horas.

La del 31 de mayo fue una mala noche para Estados Unidos, cuya Guardia Nacional terminó desplegada en 21 de su medio centenar de estados, según The New York Times, en tanto otros medios informaron de más de 4.000 detenidos por unas protestas respaldadas por íconos de la raza negra, entre ellos el afamado baloncestista Lebron James.

Las redes en contra de Trump

Unos años atrás, el episodio de violencia policial que se vivió en Minneapolis tal vez no hubiera llegado muy lejos. Algunas notas en algún medio, unos autos quemados —seguramente de la Policía— y nada más. Pero las redes sociales, esas aliadas de Trump camino a la Casa Blanca, le jugaron ahora una mala pasada.

Las redes convirtieron en viral el vídeo en el que se ve a un policía blanco con la rodilla sobre el cuello de Floyd durante varios minutos, mientras este le dice repetidamente que no puede respirar, hasta que queda inconsciente.

Floyd murió unos minutos después en un hospital, el agente y otros que lo acompañaban fueron cesados y se abrió una investigación, pero comenzaron las protestas como el fuego sobre las briznas de pasto seco: primero en Minneapolis y después con más fuerza por muchos estados del país.

Las manifestaciones también se viralizaron y las redes se llenaron de imágenes violentas en varias ciudades, lo mismo en Los Ángeles que en Nueva York o Miami, en tanto en algunos lugares los bomberos no dan abasto para detener los incendios que pululan por doquier, en una situación que, al parecer, continuará.

Más lastre a la campaña

Las revueltas callejeras suman más lastre a la constante campaña de Trump con la intención de reelegirse en noviembre próximo para otros cuatro años al frente del país, en lo que ha sido un año de retos constantes para el controvertido mandatario.

Primero debió enfrentar el impeachment por los manejos sucios (alegados por los demócratas) con la intención de desacreditar a Joe Biden, en supuesto contubernio con las autoridades ucranianas; luego el coronavirus, y ahora las protestas con abierto carácter de reivindicaciones de derechos de los afroamericanos.

Y encima de eso, frentes abiertos en el exterior contra los gobiernos de Venezuela e Irán, y una cruzada contra China, a la que acusa de no haber hecho lo suficiente por detener la propagación del coronavirus, incluso de ocultar información, además de enfrentar reiterados llamados de Pekín para que Estados Unidos no se inmiscuya en los asuntos de Hong Kong.

A un lado y otro

En uno de sus mensajes a través de las redes y en referencia al acecho a la Casa Blanca escribió: "Una gran multitud, profesionalmente organizada, pero nadie se acercó a atravesar la valla. Si lo hubieran hecho, habrían sido recibidos por los perros más feroces y las armas más amenazantes que he visto jamás. Ahí es cuando la gente podría haber sido herida de gravedad, por lo menos. Muchos agentes del servicio secreto solo aguardaban para pasar a la acción".

​En sus palabras dejaba claro que le interesaba poco lo que pasara con cualquiera si se aventuraba a acercarse a la verja de la mansión presidencial, pero poco después, desde el Centro Espacial Kennedy, admitió el derecho a la protesta y a que todos sean escuchados, en un mensaje completamente opuesto al anterior.

"Apoyamos el derecho de los manifestantes pacíficos y escuchamos sus súplicas. Pero lo que estamos viendo ahora en las calles de nuestras ciudades no tiene nada que ver con la justicia o con la paz. La memoria de George Floyd está siendo deshonrada por alborotadores, saqueadores y anarquistas", dijo Trump.

Por el momento y a poco más de cinco meses de los comicios, muchos se preguntan si las constantes zancadillas en el camino de Trump no le impedirán ganarse otros cuatro años al frente de Estados Unidos. O si el coronavirus, la crisis económica que se avecina como consecuencia del mismo, y ahora las protestas, lastrarán el crédito que le queda y devolverán la Casa Blanca al dominio demócrata.

Análisis: Doble discurso de Trump: alienta protestas en Hong Kong y reprime en casa

Raúl Zibechi 

Las sonrisas cambiaron de bando. Ahora son los jerarcas chinos los que apuntan con el dedo al Gobierno de Donald Trump, que días atrás defendía a los manifestantes en Hong Kong como héroes, y ahora defiende en su país el toque de queda, el estado de sitio y la represión contra las protestas anti-racistas.

Las protestas anti-racistas tras el asesinato del afroamericano George Floyd por un policía blanco alcanzaron 40 grandes ciudades de los Estados Unidos, conformando una oleada impresionante como no se había visto en mucho tiempo. Una de las reacciones de Trump consistió en anunciar, a través de sus redes sociales, su intención de designar al movimiento Antifa (antifascista) como organización terrorista.

La acusa de actos vandálicos, yendo mucho más lejos que las autoridades chinas frente a las protestas en Hong Kong. Una de sus frases podría haber sido pronunciada por la gobernadora de la ciudad o por algún miembro de la dirección del Partido Comunista Chino.

"Apoyamos el derecho de los manifestantes pacíficos y escuchamos sus súplicas, pero lo que estamos viendo en las calles de nuestras ciudades no tiene nada que ver con la justicia o la paz", dijo Trump en Florida, al asistir al lanzamiento de un cohete tripulado hacia la Estación Espacial Internacional.

Los medios chinos no dejaron de enfatizar en las contradicciones de Washington en el tratamiento de las manifestaciones en Hong Kong y las que suceden en EEUU ahora. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores en Pekín dijo: "¿Por qué los Estados Unidos glorificaron a las llamadas fuerzas independentistas en Hong Kong como héroes, pero critican a los manifestantes estadounidenses decepcionados con el racismo?".

"¿Por qué Estados Unidos criticó a la auto-contenida policía de Hong Kong pero disparó a sus manifestantes y movilizó las tropas de la Guardia Nacional?", se explayó el ministro.

El editorial del oficialista Global Times del domingo 31 de mayo, recuerda que el gobernador de Minnesota, la ciudad donde se cometió el crimen de Floyd, dijo públicamente: "Al observar que esto se expande por todo Estados Unidos, uno comienza a ver si esto es terrorismo interno, extremistas ideológicos para radicalizar o si se trata de una desestabilización internacional de nuestro país".

La denuncia china del doble rasero de EEUU la lleva a recordar cómo las potencias occidentales apoyaron la violencia en las manifestaciones en Hong Kong: "El Gobierno y el Congreso de los Estados Unidos, así como el Reino Unido, simplemente echaron una mano a las manifestaciones violentas que no tenían nada que ver con sus objetivos iniciales y las elogiaron como un hermoso paisaje".

Destaca que si las autoridades chinas actuaran de forma simétrica a las de EEUU y el Reino Unido, ahora estarían apoyando la "revuelta del pueblo estadounidense", y además "exhortarían al Gobierno de los Estados Unidos a entablar un diálogo serio y negociaciones con los manifestantes y a ejercer moderación al tratar de restablecer el orden".

Por el contrario, el gobierno chino dice que Washington debería agradecerle que no se haya inmiscuido en sus asuntos internos. Así y todo, el editorial de Global Times lleva un título cargado de sorna: "El hermoso paisaje se extiende de Hong Kong a EEUU".

La frase hace referencia, según Diario del Pueblo, las palabras de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien en junio de 2019 calificó las protestas en Hong Kong como "una imagen hermosa para la vista". Miles de internautas chinos la recordaron con sarcasmo al comentar los disturbios en Estados Unidos.

"No esperábamos que los políticos estadounidenses pudieran disfrutar de este tipo de 'imágenes hermosas' en su propio país tan pronto", fue uno de los comentarios más repetidos. El diario del Gobierno chino asegura que los hashtags "disturbios de EEUU" y "los disturbios de EE.UU se extienden a 22 estados", recibieron más de 1.740 millones de visitas en la plataforma de medios sociales Sina Weibo.

La situación merece algunas reflexiones. La primera es que debería llegarse a un acuerdo en cuanto a la no intromisión de los Estados y los gobiernos en los asuntos internos de otros países, un principio que siempre había guiado las relaciones internacionales entre naciones. Es cierto que la no intromisión no implica neutralidad ante violaciones fragantes de los gobiernos hacia sus propios ciudadanos, pero deben ser éstos los que pongan límites a los gobernantes.

Este principio de no injerencia fue modificado unilateralmente por Occidente y por EEUU al adoptar la doctrina de los derechos humanos durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981), como parte de su ofensiva contra la Unión Soviética.

El debate debería haberse actualizado durante la globalización, en la cual las relaciones entre naciones fueron más estrechas que en el período de la guerra fría, pero las principales potencias occidentales utilizaron los derechos humanos como arma arrojadiza contra sus enemigos geopolíticos, pasando por alto las flagrantes violaciones que cometían sus aliados o en sus propios países como sucede con el racismo en EEUU.

A mi modo de ver, la comunidad internacional no debería dar por buena cualquier actuación de los gobiernos ante sus poblaciones. Pero eso no debe ser excusa para promover bloqueos o aislar naciones, para emprender el derribo de gobiernos a través de invasiones o desestabilizaciones.

​Estados Unidos no abre la boca ante las evidentes y flagrantes violaciones que comete Arabia Saudí en Yemen, o la propia monarquía saudí contra su población (país donde las mujeres sufren enormes restricciones, incluso para conducir coches), pero pone en la lupa a los gobiernos de Venezuela y de Cuba, por ejemplo.

Por eso lo más sensato debería ser abstenerse de entrometerse en los asuntos internos de los demás países y, a la vez, difundir los valores que cada quien considere adecuados, sin esperar que los demás los adopten pero alentando un debate sereno.

En este sentido, China se ha mostrado más prudente que Washington. "La próxima vez, cuando Pelosi y otros políticos estadounidenses hagan comentarios sobre Hong Kong, deberían pensarlo dos veces", dijo Lyu Xiang, de la la Academia China de Ciencias Sociales en Beijing a Diario del Pueblo.

Lyu dijo además que con el impacto de la epidemia de COVID-19 y los disturbios, los movimientos hostiles de la Administración Trump contra China disminuirán. "Trump hablará más, pero hará menos al desafiar a China", dijo.

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

HONOR Y RESPETO

PARA LOS QUE NOS DEJARON POR EL COVID-19

elmundofinanciero

El Tiempo por Meteoblue