La ‘caza del bulo’ en las redes que está se está llevando a cabo desde el Ministerio del Interior se ha estructurado a través de una compleja red de cuerpos policiales y centros de coordinación. En el centro de ese esquema se encuentra la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad (OCC), dependiente de la Secretaría de Estado de Seguridad, pero también están involucrados en el apoyo a estas operaciones elementos del Centro Criptológico Nacional (CCN por sus siglas, dependiente del CNI) o del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO). El equipo lo forma un centenar de personas.

Una cosa es luchar contra los bulos y otra contra la información crítica para el Gobierno. Parecía que esta distinción entre ambos conceptos era meridianamente clara para el Ejecutivo socialista. Pero las palabras del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el teniente general José Manuel Santiago, advirtiendo que trabajan para «minimizar el clima contrario al Gobierno» han despertado dudas sobre cuál es el verdadero enfoque de la lucha gubernamental contra la desinformación, en la que a día de hoy hay involucradas alrededor de un centenar de personas según fuentes de Interior.

El Gobierno ha encargado esta persecución de la desinformación al Ministerio del Interior. Y este ha encargado la misión a una unidad concreta, la Oficina de Coordinación Cibernética. Este grupo, formado por agentes de Policía Nacional y Guardia Civil, depende directamente de la Secretaría de Estado de Seguridad. Está encuadrado bajo el Centro Nacional para la Protección de las Infraestructuras Críticas (CNPIC). El Gobierno ya activó a la OCC en las elecciones de abril del 2019, convocando un ‘Dispositivo Extraordinario de Ciberseguridad’ y dando órdenes para localizar y neutralizar campañas de desinformación.

La principal misión encomendada a la OCC a este respecto consiste en el rastreo de redes para localizar bulos y desinformación con capacidad potencial para causar un daño al Estado. Bien sea a nivel de generar estrés social, alarmas sanitarias o, como dejó entrever el general de la Guardia Civil, en forma de desafección hacia el Gobierno, a pesar de que las primeras órdenes de Interior en el momento de decretar el estado de alarma sólo hacían mención al primero de los escenarios:

 

Órdenes del Ministerio del Interior a la Policía para combatir los bulos durante el estado de alarma. 

Sin embargo, tal y como ha podido confirmar OKDIARIO de varias fuentes policiales, esta tarea no sólo involucra a la OCC. El dispositivo para ‘cazar bulos’ tiene una estructura de red en la que colaboran otros centros y unidades relacionadas con la ciberseguridad a nivel estatal. Por ejemplo, explican, el Centro Criptológico Nacional: la rama del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que se ocupa de ciberataques, amenazas y vulnerabilidades en las redes de comunicación gubernamentales.

«Parte de la estructura operativa del CCN, en calidad de centro de respuesta, está dedicada a luchar contra las ciberamenazas desde el principio del estado de alarma. Y eso incluye también la desinformación y los bulos, que son entendidos como un frente más de esta lucha», detalla a OKDIARIO una fuente de la seguridad del Estado directamente involucrada con este protocolo. La labor de este grupo es «eminentemente técnica«, explican sin entrar en más detalle. El CCN cuenta con un ‘Equipo de Respuesta ante Emergencias Informáticas’ (CERT, en inglés) preparado para acometer misiones de este calibre.

Antiterrorismo

Además de esta rama del CNI, el protocolo de Interior involucra al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO). Un organismo dedicado a la lucha contra las amenazas yihadistas y las mafias de diversa índole que coordina la labor de inteligencia de los diversos servicios de información policiales. La información obtenida es puesta en conocimiento tanto del Departamento de Seguridad Nacional (bajo jerarquía directa de Presidencia del Gobierno) y de Interior.

Las labores  encomendadas al CITCO para la lucha contra los bulos no están claras, ya que entre las atribuciones de este centro no se encuentra ninguna relacionada con la desinformación. Sin embargo, en base a lo publicado por Europa Press, el CITCO habría identificado como tal medio centenar de bulos en WhatsApp y redes sociales sólo en la primera semana de aplicación del estado de alarma.

Entre esos bulos que recopiló el CITCO en un informe se encontraba el que afectaba al vicepresidente de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias, y la ministra de Igualdad, Irene Montero, y que indicaba que ambos tenían dos ambulancias con sendos respiradores a la puerta de su domicilio de Galapagar (Madrid).

También Justicia

La lucha del Gobierno de Pedro Sánchez contra los bulos tiene un enfoque multidisciplinar. Además del policial, también hay una derivada jurídica, incoada hace ya dos semanas por el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, cuando habló de reformar la ley para dotar al Estado de instrumentos legales para impedir bulos. «O al menos para que no se vayan de rositas lo que contaminan la opinión pública de manera grosera y sin justificación ninguna».

Sánchez crea un ‘Gran Hermano’ para controlar a la prensa en el Centro de Infraestructuras Críticas

El Centro Nacional de Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad (CNPIC) es un organismo creado en el año 2007 en el seno de la Secretaría de Estado de Seguridad. Su objetivo principal es coordinar la protección de todo un catálogo de infraestructuras críticas y establecer esa defensa entre la Policía Nacional y Guardia Civil. En ningún caso, controlar a la prensa.

Pero Pedro Sánchez no ha dudado en recabar su ayuda para elaborar sus informes contra la supuesta desinformación: en usar sus servicios para aplicar su particular visión de lo que él dice que es proteger “la estabilidad institucional”. Los informes están recabando informaciones que, tal y como afirmó el general Santiago de la Guardia Civil, pueden afectar a la generación de un estrés social y crítica frente a la gestión del coronavirus por el Gobierno.

El CNPIC gestiona, efectivamente, la protección frente a los ataques cibernéticos. Pero, de nuevo de forma bastante evidente, es complicado calificar a la prensa como atacante cibernético, a menos que el Gobierno que da la orden esté empeñado en considerar así las “noticias negativas, noticias falsas en definitiva”, tal y como afirmó la ministra Isabel Celaá.

La propia web del CNPIC destaca que el primer objetivo marcado para el organismo -la creación de un catálogo de infraestructuras conjunto para Policía Nacional y Guardia Civil-, “se amplió posteriormente, ya que si el fin último era mejorar significativamente el nivel de seguridad, se necesitaba de la colaboración de múltiples actores, sobre todo, de aquellos que gestionan las infraestructuras y proporcionar los servicios esenciales para la sociedad”. Y uno de esos servicios es la información. Motivo por el que Moncloa se ha encargado de extender sus manos y tirar de los servicios de este organismo.

Nivel 4 de alerta en el CNPIC

El CNPIC mantiene en estos momentos un nivel de alerta 4 sobre un total de 5. Un nivel que corresponde a “riesgo alto”. Y ese nivel, como es lógico, activa sistemas de control y defensas. “La activación de un nivel de seguridad del PNPIC compete al Ministerio del Interior, a través de la Secretaría de Estado de Seguridad, correspondiéndose con el grado de riesgo detectado en cada momento, en atención a la valoración de la amenaza y otras circunstancias asociadas a la misma. Pero, en el caso del presente plan, se considerará especialmente la intención, capacidad y probabilidad de comisión de un ataque deliberado contra infraestructuras críticas que proporcionan servicios esenciales a la ciudadanía”, señala la propia documentación del CNPIC. En base a ello, y de la defensa de las infraestructuras críticas, se analiza la información divulgada en prensa.

El Departamento de Seguridad Nacional del Gabinete de la Presidencia del Gobierno interviene en esa coordinación. Los informes elaborados se denominan ‘INFORME DE SITUACIÓN DESINFORMACIÓN COVID-19’ y se confeccionan diariamente a partir de la información recibida de las unidades tecnológicas de Policía Nacional y Guardia Civil, INCIBE y la Oficina de Coordinación Cibernética (OCC).

El CNPIC es un organismo dependiente del Gabinete de Coordinación y Estudios (GCE) de la Secretaría de Estado de Seguridad integrado por unos 50 funcionarios de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Existe un Servicio de Ciberseguridad, que es donde se incardina la OCC. Desde su creación el director del CNPIC es el teniente coronel Fernando José Sánchez Gómez. Y concretamente en el seno de la OCC se vienen desarrollando desde hace tiempo diversas actividades de monitorización de redes sociales tales como Twitter o Facebook. Todo un escenario de control y protección frente a los ataques cibernéticos que el presidente Sánchez ha decidido enfocar a su forma de ver a la prensa.

Ruptura entre La Moncloa y el resto del Gobierno: "Han perdido el contacto con la realidad"

La brecha entre la cúpula del Gobierno en el Palacio de la Moncloa y el resto de los Ministerios crece a medida que avanza la crisis del coronavirus. Los ministros de la gestión, sobre todo los económicos, están cada vez más descontentos con la respuesta a la epidemia de Pedro Sánchez, su director de Gabinete, Iván Redondo, y los responsables del mando único. Y ya no lo disimulan.

"Han perdido el contacto con la realidad", dice un alto cargo de un Ministerio a Vozpópuli.

La improvisación, los errores y la falta de un horizonte de salida a la emergencia sanitaria han terminado por desesperar a buena parte del Consejo de Ministros. No es tanto una división entre PSOE y Podemos, que también; sino una ruptura entre La Moncloa y el resto. En esa élite que parte del Gobierno ve alejada de la realidad que vive el país se encuentra también el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. El líder de Podemos despacha habitualmente con Sánchez para reclamar el espacio del partido morado en la coalición, caiga quien caiga.

Ruedas de prensa frente a problemas reales

El confinamiento para frenar el virus ha congelado la economía. Y muchos Ministerios alertan de una hecatombe si no se planea ya una desescalada que devuelva algo de pulso a la actividad. En lugar de atender a las demandas incesantes de los sectores más castigados por la Covid-19, los responsables ministeriales se encuentran con un batiburrillo de ruedas de prensa huecas, enlatadas y plagadas de contradicciones y anuncios que, dicen fuentes consultadas por este diario, "no somos capaces de cumplir".

"Por no hablar de las eternas comparecencias del presidente el sábado", dicen.

La desconexión entre el “equipo” de la Moncloa y el resto de ministros ha acabado afectando al propio sistema de toma de decisiones. Estas fuentes señalan, por ejemplo, que algunos ministros de áreas importantes se han encontrado con un decreto o una medida que firmar sin antes haberla debatido con nadie. Esa deriva “autoritaria” ha creado malestar en muchos ámbitos ministeriales, y no solo económicos.

En lugar de atender a las demandas incesantes de los sectores más castigados por la Covid-19, los responsables ministeriales se encuentran con un batiburrillo de ruedas de prensa huecas

Además de las ya conocidas ministras Nadia Calviño y María Jesús Montero, que se han enfrentado en más de una ocasión con los criterios de Moncloa y a veces con Podemos, otros departamentos se sienten incómodos. Son los de Transportes liderado por José Luis Ábalos, como adelantó Vozpópuli, y los de Seguridad Social, Industria y hasta Ciencia (Pedro Duque).

Todos esos ministerios ven efectos negativos en la falta de coordinación en el Ejecutivo y reprochan a Sánchez tener que lidiar con sectores afectados por la pandemia sin tener por otro lado los poderes necesarios para resolver sus inquietudes.

El papel de Illa

Caso aparte merece el ministro de Sanidad, Salvador Illa. El catalán, que según varias fuentes amagó con dimitir en los primeros brotes de la crisis sanitaria, sigue en el cargo “por instrucción de (Miquel) Iceta”. “Sánchez le eligió para el tema catalán y no le dice nunca que no.

"Está noqueado y suele callar en las reuniones”, comenta una fuente del Ejecutivo a la pregunta si el ministro de Sanidad, que tiene la última firma en todos los decretos de confinamiento y desescalada, ha intentado imponer su juicio sobre las directrices de la Moncloa.

La situación es tan tensa que en algunos casos ha derivado en un choque entre el propio Sánchez y los ministros socialistas. Algunos de ellos se han encontrado en la situación de tener que responder por unas declaraciones “equivocadas o inoportunas” de ministros de Podemos. Después de resolver el problema, han tenido que encajar la reprimenda de Sánchez y la defensa de que “todo lo que dicen [los ministros de Podemos] lo pactan antes conmigo”.

Iglesias, en la élite de Moncloa

El peso de Iglesias en el organigrama interno va por otro lado in crescendo. Su relación con Redondo es buena y esta situación preocupa en Ferraz, donde reciben a diario críticas de alcaldes y dirigentes regionales por la falta de información del gobierno socialista. La inacción que detectan ante la estrategia de Iglesias de capitalizar las medidas positivas en la crisis añade gasolina en el fuego.

“[Los ministros de Podemos] adelantan medidas que pueden generar titulares positivos, y dejan las malas noticias a los socialistas. Así no puede ser", dicen fuentes ministeriales socialistas que se han quejado ante Sánchez por la campaña de “filtraciones” de los morados.

En la pugna entre propaganda y gestión, incluso con una crisis pandémica que ha llevado a España a tener más de 20.000 fallecidos la prioridad de Sánchez parece ser el segundo elemento. Después de los errores en los primeros compases de la crisis, el peligro es que esta situación de emergencia convierta la desescalada hacia la “nueva normalidad” en una cadena de patinazos, como la del anuncio de la salida a la calle de los niños.

Fuente: Vozpopuli, OKDiario

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