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Ante el reciente asesinato de varias figuras importantes de la vida política y de la prensa ucraniana, unido a una ola de muertes en circunstancias extrañas, la gran mayoría de ellas calificadas como suicidios, el Servicio de Seguridad de Ucrania ha querido lanzar una recomendación a la oposición. En un momento en que la retórica nacionalista del Gobierno y de sus partidarios continúa en auge, el SBU recomienda a la oposición guardar silencio. Eso se desprende al menos de las declaraciones de Vasily Vovk, director del Departamento de Investigación del SBU. Introduciendo un nuevo delito de odio, la “ucranofobia”, Vovk ha querido advertir a esa parte de la oposición a la que se acusa de traición a la patria y a sus intereses de que su seguridad no está garantizada.

Debido a los recientes asesinatos de personas relevantes en Ucrania, es necesario minimizar la retórica de “ucranofobia” para garantizar la seguridad de cada uno, dijo el director del principal departamento de investigación del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), Vasily Vovk según cita Sputnik.

“Creo que en este momento, cuando hay prácticamente una guerra, los ucranófobos, si no cierran la boca, al menos deberían acabar con su retórica. Creo que en la situación actual, no debería haber nadie hablando directamente contra Ucrania y lo ucraniano”, dijo en su aparición en un programa del canal de televisión ICTV, curiosamente titulado “Libertad de prensa”.

Advirtiendo de que “no va a salir nada bueno” de esas declaraciones de supuesto odio a Ucrania y lo ucraniano, Vovk no quiso dar una clara definición del término. “Todos comprendemos de qué estamos hablando”, afirmó.

La vaga definición del término y esa afirmación de que todos comprenden su significado deja abierta la posibilidad de acusar de tal falta a cualquiera, político o periodista, que ose  alzar la voz contra el actual Gobierno de Kiev. La generalización de toda la oposición como “pro-rusa” ya se ha convertido en la norma en la prensa europea, por lo que calificar a los más críticos como “ucranófobos” no es más que el siguiente paso en un proceso de demonización de la oposición que el Gobierno de Kiev inició con la complacencia y, en muchos casos colaboración, de una buena parte de la presa europea.

En un país en el que han surgido un buen número de milicias nacionalistas radicales de extrema derecha, armadas y en muchos casos entrenadas para el combate, y en el que la falta de un determinado patriotismo ya se considera delito, la introducción de la “ucranofobia” no es más que otro paso en la deriva autoritaria de un Gobierno que dice haber nacido de una revolución que luchaba por los valores democráticos europeos. La recomendación de guardar silencio a ciertas voces opositoras no es más que una forma de justificar que esas voces críticas puedan ser objeto de la violencia, verbal o física, por parte de quienes defienden al Gobierno de la nueva Ucrania. El Estado no va a buscar garantizar la seguridad de quienes ejerzan su derecho a la libertad de expresión, ni va a buscar rebajar la tensión surgida tras los recientes asesinatos. La actuación del Estado ante esa lista de terroristas en la que a diario se añaden nuevos políticos, milicianos o periodistas, lo ha dejado claro: en lugar de buscar su cierre por incitar a la violencia y al odio, ha buscado garantizar su presencia en internet y, por sus canales habituales, Facebook, anima a los ciudadanos a que continúen completando la lista con nuevos terroristas.

Sin preocupación aparente por la seguridad de aquellos ciudadanos ucranianos que no comparten la ideología que el Gobierno exige de ellos, la duda es si esa petición de silencio no acarrea, de forma implícita, descargar la culpa sobre la víctima en caso de no seguir esa recomendación de la misma manera que en tiempos de la Segunda Guerra Mundial se justificó en Europa del este, también en Ucrania, el exterminio de la población judía, a la que se identificaba con la ideología comunista.

Fuente: Slavyangrad

70 mercenarios estadounidenses de Academi habrían llegado al este de Ucrania

Kiev habría transportado a la provincia de Donetsk a 70 mercenarios de la compañía de seguridad estadounidense Academi, anteriormente conocida como Blackwater, según denuncia un subcomandante del ministerio de Defensa de la república autoproclamada.

Las milicias advierten que este hecho viola uno de los puntos del acuerdo de Minsk, ya que, según lo pactado por el cuarteto de Normandía, las autoridades de Kiev deben expulsar a todos los grupos armados y mercenarios extranjeros de territorio ucraniano bajo la supervisión de la OSCE, informa TASS.

El cuarteto, integrado por Rusia, Ucrania, Francia y Alemania, ha venido discutiendo las posibles salidas negociadas al conflicto ucraniano.

En los últimos días han surgido informaciones que apuntan a que el presidente de EE.UU., Barack Obama, podría ser invitado a la próxima ronda negociadora de la crisis ucraniana.

El embajador de EE.UU. en Rusia John Tefft no descarta la participación de Obama en las negociaciones, mientras analistas como Pablo Jofré Leal creen que este paso no sería positivo.

"Tratar de que EE.UU. ingrese a este cuarteto no es una buena noticia, ni para el cuarteto ni para la paz. El interés que tiene EE.UU. es recuperar protagonismo en una zona donde ha actuado en función de los intereses del régimen nacionalista de Kiev, no de la paz", señala el periodista.