Portada - Últimas noticias

(Cristina Sánchez - Redacción) El Gobierno de España y la Corona ponen a Pedro J. Ramirez de patitas en la calle. Provocan la salida del periódico que el mismo fundó. Maquillada con el muy socorrido velo de la cuenta de resultados, la operación llevada a cabo para cesar al director del diario El Mundo es, aunque sólo sea por una vez y sin que sirva de precedente, lo que parece: una maniobra del Partido Popular y la Jefatura del Estado para quitarse de encima a un periodista incómodo que ha puesto patas arriba, con investigaciones como la del tesorero del PP, Luis Bárcenas o las prácticas delictivas e inmorales llevadas a cabo por la hija y el yerno del Rey, la legitimidad de este Estado de Derecho que practica la corrupción como norma.

La sobra de la sospecha cae sobre la Justicia, la Casa Real,  la Unidad de España, la financiación de los partidos políticos… y arrojar luz sobre estos temas, Pedro J. lo sabe bien, no sale a cuenta en España.

Este periódico ha podido saber, a través de fuentes cercanas al Partido Popular, que navega a la deriva azotada por divisiones internas irresolubles, que han sido el Ejecutivo de Rajoy, junto a la Corona de España, los que, desde hace meses, han llevado a cabo una presión constante sobre el gigante italiano de la comunicación, RCS Mediagroup para, en cristiano, quitarse del medio a Pedro J.

Una caza de brujas en toda regla

No en vano, hoy mismo, varios compañeros de peso dentro del diario hablan de “conjura de poderes fácticos”. Y es que, el fundador del mundo, liberal donde los haya, y poco sospechoso de antisistema, ha hecho demasiados amigos sin mirar dónde, “sindicatos, Monarquía, y sobre todo, Partido Popular”. Recordemos que ocurrió algo similar con el periódico que dirigía con anterioridad, Diario 16, esta vez por destapar el escándalo de los GAL. Pedro J. ha perdido la profesión, trabajando. Hoy el Consejo de Dirección ha decidido sustituirle por el subdirector de El Mundo, Casimiro García-Abadillo. Pedro J. se va cobrando una indemnización de 20 millones de euros y tras firmar una cláusula que le impedirá liderar un nuevo proyecto periodístico durante dos años. Esta ha sido la cláusula de la discordia. La cláusula obligada.

La conjura del PP se escenificaba, claramente, el pasado mes de noviembre, cuando el Gobierno decidía no hacer acto de presencia en la ceremonia por excelencia del paseíllo político, la gala de entrega de los Premios Periodísticos de El Mundo. Ningún miembro del Ejecutivo se dejó caer. Recordemos sólo, por poner un ejemplo que todavía muchos guardamos en la retina, la gala que a tales efectos llevaba a cabo el diario La Razón, hace unos meses. Las miradas entre presidentes y expresidentes, los abrazos entre políticos y/o periodistas de todos los partidos y la afluencia de miembros del Ejecutivo. Rajoy, a quien se le vio muy ensimismado con Zapatero mientras José María Aznar lo ninguneaba, o al revés, podía haber pasado lista a sus chicos tranquilamente.

La libertad de expresión ¿realidad o ficción?

Pedro J. fundó la cabecera de El Mundo en 1989. Ha sido un periodista polémico. El diario, que ha dirigido desde sus comienzos, ha sido un exponente de la libertad de expresión. Esa misma que todos los representantes de la casta política española utilizan siempre como coletilla. A sólo unas horas de su cese, ninguno de esos representantes del Pueblo soberano ha dicho “esta boca es mía”. Lo cierto es que, en este Estado de Derecho, en esta Monarquía Parlamentaria, en España, en esta democracia nuestra, el Gobierno y la Monarquía han presionado a un grupo de comunicación italiano, para acabar con el director de uno de sus medios, periodista fastidioso e inconveniente para los tejemanejes de la política española.

Sólo añadir, porque nobleza obliga, que este periódico está a su disposición para continuar denunciando las prácticas ilegales y las inmoralidades del Régimen, vengan de donde vengan. Que la libertad de expresión le acompañe, señor exdirector de El Mundo.

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente