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Las informaciones sobre el acuerdo alcanzado entre las Fuerzas Democrática Sirias y una compañía estadounidense para la modernización y desarrollo de yacimientos de petróleo en el norte y el este de Siria han desatado severas críticas por parte de Damasco y Ankara.

Un portavoz del Ministerio sirio de Exteriores calificó de "robo" el acuerdo, mientras que la Cancillería turca evocó la "integridad territorial y soberanía siria", si bien Ankara desplegó tropas en el país sin permiso de Damasco.

El acuerdo sobre los yacimientos abre perspectivas para el crecimiento de la independencia económica de los kurdos sirios, que constituyen el núcleo de las FDS y mantienen vínculos con el separatismo kurdo en el territorio turco.

"Los recursos naturales de Siria pertenecen al pueblo sirio. Lamentamos que EE.UU. apoye este acto, que desacata el derecho internacional y la unidad territorial y la soberanía de Siria, e incurre en la financiación del terrorismo", denunció este lunes el Ministerio turco de Exteriores a través de un comunicado.

Poco antes, la Cancillería siria había descrito el "acuerdo entre ladrones que roban y ladrones que venden" como una amenaza a su soberanía, negándole la legitimidad a la negociación.

El acuerdo se dio a conocer gracias al comandante de las FDS Mazloum Kobani, que lo comunicó la pasada semana a Lindsay Graham, senador republicano cercano al presidente estadounidense, Donald Trump.

Durante una reunión del Comité de Relaciones Exteriores celebrada el pasado jueves, Graham preguntó acerca del acuerdo al secretario de Estado, Mike Pompeo, que aclaró que el Gobierno lo apoya, que su conclusión "llevó un poco más de tiempo de lo esperado" y que podría tener un gran alcance.

Ambos políticos no especificaron qué compañía alcanzó el acuerdo. Fuentes cercanas al negocio contaron a Al-Monitor que se trata de Delta Crescent Energy, empresa con sede en el estado de Delaware, y que el contrato habría sido firmado con apoyo de la Casa Blanca, que al mismo tiempo sanciona a entidades que negocian en petróleo y derivados con Damasco.

  • En octubre de 2019, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la retirada de Siria de 1.000 militares, que quedaban como parte de la coalición internacional antiterrorista no invitada a su territorio por Damasco.
  • El Pentágono declaró ese mismo mes que una parte de las tropas de EE.UU. seguirá desplegada en el este de Siria, cerca de los yacimientos de petróleo para, supuestamente, "impedir el acceso a esos campos petroleros al Estado Islámico".
  • A primeros de diciembre, Trump ya aseguró que las fuerzas estadounidenses que estaban presentes en el norte de Siria controlaban campos petrolíferos y que Washington podía hacer lo que deseara con sus reservas, pues esos militares impidieron que los terroristas del Estado Islámico se apoderaran de los yacimientos.

La CIA explota ilegalmente el ‎petróleo sirio ‎

Durante una audiencia de la Comisión del Senado estadounidense a cargo de las relaciones ‎exteriores, el senador Lindsay Graham interrogó al secretario de Estado Mike Pompeo sobre una ‎empresa estadounidense que acaba de firmar un “contrato” con una llamada «administración ‎autónoma» del noreste de Siria para explotar campos petrolíferos y equipar refinerías en esa ‎región. ‎

Pompeo confirmó que la negociación de dicho acuerdo había exigido más tiempo de lo que se ‎había previsto y que él personalmente respaldaba su firma. La aplicación de dicho acuerdo debería ‎comenzar con una producción diaria de 60 000 barriles de crudo y podría elevarse rápidamente ‎hasta 380 000 barriles diarios. ‎

La «administración autónoma» firmante de dicho contrato es una estructura ficticia instaurada ‎por el Pentágono en el noreste de Siria y entregada a una facción kurda. Los gobiernos de Siria y ‎de Turquía no han emitido comentarios. ‎

Crescent Energy Services, firmante estadounidense del contrato, es una empresa “tapadera” de la ‎CIA, está registrada en el Estado de Delaware –el paraíso fiscal de Estados Unidos– y tiene su ‎sede en Louisiana. ‎

Según hemos podido saber, los ingresos que irían a la «administración autónoma» se dividirían ‎en dos: 50% para los kurdos que son la cara visible de esa “administración” y 50% para la CIA, ‎que utilizará esos fondos para financiar sus operaciones secretas en el mundo entero ‎sin depender de presupuestos provenientes del Congreso. ‎

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