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Rusia ha dado inicio a la exportación del medicamento Avifavir para el tratamiento de COVID-19.

De acuerdo con un comunicado de la Fundación de Inversión Directa de Rusia (RFPI) y el grupo de compañías ChemRar, el preparado ya se ha enviado a Bielorusia y, en el futuro próximo, se suministrará también a Kazajistán.

Además, se llevan a cabo negociaciones para la exportación del remedio a diversas naciones latinoamericanas. Países de Oriente Medio, así como distintas antiguas repúblicas soviéticas, también han mostrado interés en comprar el medicamento.

RFPI y ChemRar han aumentado su capacidad de producción en tres veces y, actualmente, son capaces de producir hasta 300.000 tratamientos de Avifavir al mes. De esta manera, logran cubrir las necesidades del mercado nacional, así como exportar parte de su producción.

El medicamento se produce sobre la base de la sustancia antivírica experimental Favipiravir, la cual tiene eficiencia comprobada contra otros virus como la influenza, la fiebre amarilla o el del Nilo Occidental. Varios ensayos clínicos han demostrado que el medicamento es capaz de bloquear los mecanismos de reproducción del coronavirus.

El Avifavir recibió el certificado de registro del Ministerio de Salud ruso el pasado 29 de mayo, convirtiéndose así en el primer medicamento del mundo basado en Favipiravir aprobado para el tratamiento del COVID-19.

"Fue creado y probado en Rusia, pasó los ensayos clínicos y estaremos encantados de ver estos resultados y descubrir que existe un medicamento seguro para las personas con el virus", expresó la científica en jefe y directora ejecutiva de la Organización Mundial de la Salud, Soumya Swaminathan, en la ocasión de la aprobación del Avifavir en Rusia.

Desde el 11 de junio, el preparado se usa en los hospitales rusos para tratar la enfermedad que ya se ha cobrado la vida de más de medio millón de personas alrededor del globo.

Llega a Madrid tren con más de 28 millones de mascarillas que partió de China hace un mes

MADRID (Sputnik) — El Gobierno de España comunicó la llegada a Madrid de un tren de suministros sanitarios cargado con 28.020.000 mascarillas quirúrgicas y 425.100 buzos desechables que partió de China hace un mes.

"El tren partió de la estación china de Yiwu el 3 de junio, con 35 vagones, equivalentes a aproximadamente cuatro aviones de gran carga", señala el Ministerio de Sanidad en un comunicado.

​La línea comercial Yiwu-Madrid es la línea ferroviaria más larga del mundo, con 13.052 kilómetros.

Es conocida como la nueva ruta de la seda con un recorrido que cruza hasta ocho países: China, Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Francia y España.

Según el Ministerio de Sanidad, con esta modalidad de traslado "se optimizan los costes derivados de estas importaciones", ya que "el transporte vía férrea es 15 veces menor que en avión".

De acuerdo con las explicaciones ofrecidas por las autoridades españolas, esta vía está dedicada al transporte de materiales ya disponibles en el país, por lo que su distribución no resulta urgente.

Los materiales llegados este 2 de julio se destinarán a una reserva estratégica nacional y desde allí serán puestas a disposición de las distintas comunidades autónomas que componen el país.

En total, desde el pasado 10 de marzo, el Gobierno español ha repartido 142.450.000 mascarillas quirúrgicas a las comunidades autónomas y otros organismos.

Este material, de uso obligatorio en los espacios públicos, se vende al ciudadano a un precio máximo fijado por el Gobierno de 0,96 euros la unidad.

El coronavirus ya estaba en las aguas residuales de Florianópolis en noviembre

RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El nuevo coronavirus ya estaba presente en las aguas residuales de la ciudad brasileña de Florianópolis (capital del estado de Santa Catarina, sur), desde noviembre de 2019, según un estudio de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC).

En un comunicado, la universidad informó que "partículas del nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2 fueron encontradas en dos muestras en aguas residuales de Florianópolis tomadas el 27 de noviembre, dos meses antes de que Brasil detectara el primer caso clínico".

El descubrimiento está descrito en la investigación "SARS-Cov-2 in human sewage in Santa Catarina, Brazil, November, 2019", realizado por investigadores de la UFSC, de la Universidad de Burgos (España) y de la start-up BiomeHub.

La profesora de la UFSC Gislaine Fongaro explicó que se analizaron muestras desde finales de octubre hasta principios de marzo y que éste sería el registro más antiguo de presencia confirmada del virus en todo el continente americano.

Otros estudios similares detectaron el virus en las aguas residuales de Wuhan (China) en octubre, y en Italia a principios de diciembre, antes de que fuera descrito oficialmente el 31 de diciembre.

"Al principio desconfiamos un poco de los primeros resultados, pero repetimos todos los datos, haciendo test en el laboratorio del hospital universitario y rastreamos el genoma del virus", dice Fongaro, que explica que se usaron varios marcadores virales del virus, lo que les lleva a estar "tranquilos" con el resultado.

La carga constatada en la muestra del 27 de noviembre fue baja: 100.000 copias del genoma del virus por litro.

Después, otras muestras dieron positivo en dosis más elevadas los días 11 de diciembre y 20 de febrero, hasta que en la del 4 de marzo la carga de SARS-CoV-2 llegó al millón de copias de genoma por litro de agua residual.

La investigadora resaltó que la población no debe alarmarse con este descubrimiento.

"El agua residual tan sólo es una representación de lo que ya está en la población", apuntó.

En este sentido, afirmó que las personas pueden haberse contagiado o no en esos meses previos en que aún se pensaba que el virus no había llegado a Brasil y haber atribuido los síntomas a otras enfermedades.

Brasil detectó el primer caso de COVID-19 el 26 de febrero, en un hombre de 61 años residente en Sao Paulo (sureste) quien acababa de regresar de un viaje por el norte de Italia, que en esas semanas era el epicentro de la pandemia.

Desde entonces, el número de casos se multiplicó y Brasil ya roza los 1,5 millones de personas contagiadas y casi 62.000 muertos.

Consiguen curar a un paciente con coronavirus con un fármaco contra el cáncer

El Centro de la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia de Alemania ha logrado curar a un paciente con Covid-19 con un fármaco utilizado contra el cáncer, el ruxolitinib, que es un inhibidor inmunológico que ahora se probará en un ensayo clínico con más enfermos del virus.

El profesor Andreas Neubauer, director del Centro Carreras contra la Leucemia de Marburg y vicepresidente de la Fundación Josep Carreras en Alemania, ha diseñado un estudio científico para probar el uso de este inhibidor inmunológico contra esta enfermedad viral.

Según ha informado la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia, Neubauer y su equipo del Centro Carreras contra la Leucemia, ubicado en el Hospital Clínico Universitario de Marburg, han probado con éxito el fármaco para curar por primera vez un paciente que sufría de síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) tras la infección de coronavirus SARS-CoV-2.

El caso, que ha sido publicado en la revista científica «Leukemia», ha hecho que el Instituto Federal de Medicamentos y Dispositivos Médicos de Alemania haya aprobado un ensayo clínico en el que el grupo del profesor Neubauer investigará más a fondo el uso del ruxolitinib para tratar el SDRA asociado a la Covid-19.

Neubauer, que enseña hematología y oncología en la Universidad de Marburg y es director de la Clínica de Hematología, Oncología e Inmunología del Hospital Clínico Universitario de Marburg, dirige desde 2009 el Centro Carreras contra la Leucemia, donde trabaja con un enfoque traslacional, es decir, combina la investigación científica con los cuidados a los pacientes.

«Sabíamos por las publicaciones chinas que la llamada tormenta de citoquinas caracteriza a los pacientes con un curso grave e incluso fatal de la enfermedad», ha explicado Neubauer.

«Durante una tormenta de citoquinas», según el profesor, «el cuerpo se inunda de sustancias que estimulan el sistema inmunológico», una reacción exagerada del sistema de defensa que daña el tejido y facilita la propagación del virus invasor.

Neubauer pensó que el paciente podría responder al ruxolitinib, un fármaco usado inicialmente para tratar el cáncer que inhibe las enzimas del cuerpo involucradas en las reacciones inflamatorias excesivas.

«Sugerimos a nuestros colegas que trataban a los pacientes con Covid-19 que el fármaco contra el cáncer podría ser capaz de prevenir los efectos potencialmente mortales causados por el daño inflamatorio en el tejido pulmonar» ha revelado Neubauer.

Probaron el medicamento con un paciente y el estado general del paciente de la Universidad de Medicina de Marburg mejoró tras recibir ruxolitinib, con «una rápida mejora en la respiración y la función cardíaca».

El equipo de Marburg también administró el mismo fármaco a otros pacientes para controlar un curso grave de la enfermedad.

«Al final la respuesta fue positiva en todos los pacientes que recibieron el medicamento contra el cáncer durante más de una semana», ha asegurado Neubauer, que considera que «el tiempo transcurrido entre el inicio de la administración de ruxolitinib y la mejora de la salud es tan corto que es razonable suponer que el fármaco contribuyó al curso clínico favorable».

La Fundación Josep Carreras en Alemania ha proporcionado apoyo financiero para este trabajo de investigación que ha sido citado también en la revista 'Nature'.

Antiguos estudios soviéticos: posible estrategia contra el coronavirus SARS-CoV-2

José Manuel López Tricas*

Año 1959: Dos investigadores soviéticos, Marina Voroshilova y Mikhail Chumakov llevaron a cabo en Moscú un experimento de vital importancia usando a sus hijos a modo de cobayas.

El experimento consistió en la administración en un terrón de azúcar conteniendo un poliovirus debilitado. Se trataba de una vacuna oral no experimentada con anterioridad contra la poliomielitis (apocopada polio). En la actualidad aquellos niños «cobayas» de 1959 son prestigiosos virólogos. La vacuna oral contra la poliomielitis podría ser un arma estratégica frente al coronavirus SARS-Covid-2.

La vacuna oral contra la polio se desarrolló en Estados Unidos, pero fue en la URSS donde comenzó a probarse de modo generalizado.

Durante su empleo masivo en niños soviéticos se observó que quienes recibieron la vacuna no contrajeron enfermedades víricas durante los meses siguientes. De hecho, la vacuna se comenzó a administrar a los niños cada otoño como prevención contra la gripe estacional.

Varios grupos de investigación, algunos en Rusia, plantean en la actualidad (junio 2020) la utilización de vacunas ya existentes, como la de la polio elaborada con virus vivos debilitados y otra contra la tuberculosis (bacilo BCG–Bacilo Calmette Guérin), para reducir el riesgo de contagio del covid-19. Con ellas se pretende conseguir cierto grado de resistencia, siquiera a corto plazo, contra la infección por SARS-Covid-2.

La antigua URSS desarrolló programas de investigación sobre vacunas, experimentando con los propios científicos y sus familias, hecho considerado irresponsable por sus homólogos occidentales.

Obviamente sería más adecuado disponer de una vacuna desarrollada específicamente contra el coronavirus, dado que los posibles beneficios de una vacuna reutilizada (para fines distintos de los que fue diseñada) son limitados (menor protección y duración del efecto).

Uno de los defensores del uso de la vacuna de la polio contra el coronavirus es Robert Gallo, actual director de la Maryland School of Medicine, y uno de los descubridores del virus VIH 1. Incluso si la protección [de la vacuna de la polio] solo durase 1 mes, la reducción de la morbilidad y mortalidad sería muy significativa.

No obstante, existen riesgos. Billones de personas hemos sido vacunados contra la polio hasta la casi total erradicación de la enfermedad en todo el mundo. Aunque en casos extremadamente raros, el virus atenuado (usado en la vacuna) puede mutar a serotipos más peligrosos y dar lugar a potenciales brotes epidémicos. Una de las secuelas más conocidas y dramáticas de la polio era la parálisis y discapacidad asociada. Con las vacunas de la polio, este riesgo es mínimo, pero no nulo (aproximadamente 1 caso cada 2,7 millones de vacunaciones). Una vez que un país logra la erradicación natural de la poliomielitis se ha de interrumpir la vacunación oral (con virus inactivados). Así sucedió en Estados Unidos hace veinte años. En España continúa formando parte del calendario de vacunación.

Las vacunas orales contra la poliomielitis contienen distintos serotipos (variantes genéticas) del virus. Cada vacuna puede contener 1, 2 o todos (3) serotipos del poliovirus debilitado. Cada tipo de vacuna tiene ventajas e inconvenientes.

Los virus que se hallan en la vacuna de la polio se replican muy eficazmente en el intestino humano (cada virus produce unas diez mil copias), pero no penetran en el tejido nervioso. No causan, por lo tanto, la enfermedad pero estimulan al sistema inmunitario a producir anticuerpos específicos contra el virus.

Este mes de junio (2020) el National Institute of Allergy and Infectious Disease, en colaboración con la universidad de Buffalo, la Cleveland Clinic y el Roswell Park Comprehensive Cancer Center (también en Buffalo), todos de Estados Unidos habían planificado un estudio para evaluar la efectividad de la vacuna de la polio oral (elaborada con virus atenuados) entre trabajadores sanitarios. Sin embargo, la Food and Drug Administration no ha autorizado de momento el estudio, diseñado por Robert Gallo, por el riesgo de que el poliovirus pueda llegar a los sistemas de distribución de agua y desencadenar infecciones. Cuando se redacta este texto (26 de junio de 2020) la autorización continúa pendiente de resolución.

Otros países han iniciado los ensayos con la vacuna de la polio como protección (temporal) contra el coronavirus. Ya han comenzado en Rusia, y están planificados en Irán y Guinea-Bissau.

Con independencia de estos proyectos de utilización de vacunas antiguas (contra la polio, y BCG contra la tuberculosis), 125 vacunas potenciales se hallan en diversos estadios de investigación preclínica. Estas vacunas usarán fragmentos del virus, bien de su ácido nucleico (ARN) o proteínas de la cápside (envoltura) vírica, sobre todo la proteína S (de Spike) que sobresale y otorga [al virus] su aspecto característico de «corona solar», tal como la describió June Almeida, la técnico de laboratorio escocés cuando lo descubrió bajo la ampliación del microscopio electrónico mientras trabajaba en un hospital de Toronto, Canadá.

Por el contrario las vacunas antiguas (contra la polio y BCG) usan virus (polio) o bacterias ( micobacterias tuberculosas ) vivas, aunque atenuadas en su virulencia. La primera vacuna contra la poliomielitis fue desarrollada por Jonas Salk. Está elaborada con virus muertos y debía inyectarse, un problema para los programas de inmunización generalizada en países pobres. Cuando esta vacuna se comercializó en 1955, Albert Sabin se afanaba en desarrollar una vacuna por vía oral hecha con poliovirus vivos debilitados. Al principio hubo reticencias hacia una vacuna elaborada con virus atenuados, frente a la de Jonas Salk formulada con virus muertos.

Albert Sabin entregó sus cepas [de virus atenuados] a un matrimonio de virólogos soviéticos, Mikhail Chumanov y Marina Voroshilova.

El primero que se vacunó fue el propio Mikhail Chumanov. Sin embargo, dado que la vacuna se destinaba a niños, el matrimonio vacunó a sus tres hijos y varios sobrinos (fotografía del matrimonio y sus tres hijos en su casa cerca de Moscú en el año 1960). Sus experimentos persuadieron a Anastas MIkoyan, un importante funcionario del Partido Comunista, quien autorizó la realización de ensayos más extensos. Estos estudios sirvieron de aval para la producción mundial de la vacuna de Albert Sabin a partir del año 1961. Toda esta historia se ha de contextualizar en los años más inflexibles de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS. El propio Albert Sabin fue investigado por el comité de actividades antinorteamericanas.

Una observación que realizó Mikhail Voroshilova hace varias décadas ha despertado interés en la actual pandemia de coronavirus: un niño sano se contagia no menos de doce veces con virus respiratorios (la mayoría también coronavirus) que no desencadenan enfermedad alguna, o ésta es muy leve (poco más que un resfriado común). Sin embargo, tras la administración de la vacuna de la polio se observó que los niños no se infectaban con estos virus banales.

Marina Voroshilova llevó a cabo un extenso estudio con alrededor de 320.000 niños soviéticos en el período de 1968 a 1975. Uno de los hallazgos del estudio fue la disminución de la incidencia de gripe en personas vacunas contra la polio. Marina Voroshilova obtuvo el reconocimiento en la Unión Soviética por demostrar la relación entre las vacunas y la protección frente a las enfermedades víricas, efecto que atribuyó a la activación del sistema inmunológico.

Uno de sus hijos (los primeros niños que recibieron la vacuna oral contra la polio en todo el mundo), Peter Chumanov es, hoy día, director científico del Engelhardt Institute Molecular Biology (Moscú) adscrito a la Academia de Ciencias de Rusia, y cofundador de una empresa en Cleveland (Estados Unidos) dedicada al estudio del tratamiento del cáncer mediante virus. Esta empresa ha diseñado alrededor de 25 virus contra tumores.

Siguiendo la estela de sus padres, ensayó la toxicidad de estos virus en él mismo. Y, ¡cómo no!, se ha vacunado contra la polio como protección contra el covid-19.

Otra de sus hijas (no aparece en la fotografía porque cuando se tomó no había nacido), Ilia Chumanov, bióloga molecular, participó en la secuenciación del genoma humano en Francia.

Otro de sus hermanos, Alexei Chumanov trabajó como investigador del cáncer en el Cedars-Sinai Medical Center en Los Ángeles, California. Mientras trabajaba en Moscú desarrolló una vacuna contra la hepatitis E 2 , que se auto-inyectó. ¡Una tradición familiar!

Experimentos hoy impensables

El tercer niño de la fotografía familiar, Konstantin Chumakov, es actualmente director asociado de la Oficina de Investigación y Evaluación de Vacunas de la Food and Drug Administration estadounidense. En su actual puesto es una persona trascendente en la autorización de las potenciales vacunas contra el SARS-Covid-2. Es así mismo coautor, junto a Robert Gallo, de un reciente artículo de la revista Science que promueve la utilización de vacunas ya existentes, como protección (temporal) frente a infecciones víricas. Konstantin Chumanov y Robert Gallo publicaron en prensa divulgativa (US Today) un artículo de opinión sobre la posible utilidad de la vacuna oral de la polio frente al coronavirus.

Los experimentos como los llevados a cabo por el matrimonio moscovita formado por Marina Voroshilova y Mikhail Chumanov serían hoy día impensables. Sin embargo, cuando se realizaron permitieron salvar de la muerte o la parálisis a un sinnúmero de niños en todo el mundo.

José Manuel López Tricas es farmacéutico especialista Farmacia Hospitalaria. Farmacia Las Fuentes de Zaragoza

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