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Miles de activistas del movimiento 'chalecos amarillos' intentan bloquear la Explanada de los Inválidos, en el VII distrito de la capital francesa.

Los manifestantes lanzan botellas y bombas de humo contra los agentes de policía.

Según los datos del Ministerio del Interior del país europeo, alrededor de 27.000 personas —de ellas 7.000, en París— toman parte en las protestas contra el alza de los precios de los combustibles, que comenzaron el 17 de noviembre y han derivado en enfrentamientos con las fuerzas del orden.

Las autoridades de París movilizaron a 5.000 policías en relación con la nueva jornada protestas de los 'chalecos amarillos', informó el canal BFMTV.

Además, precisa el medio, las autoridades planean desplegar en París ocho vehículos blindados y movilizar a 35 miembros de la unidad de reacción rápida.

A pesar de que el Gobierno francés suspendió las subidas de precios y anunció el aumento del salario mínimo, las protestas han continuado.

Más de 2.000 personas han sido detenidas desde que comenzaron las manifestaciones y 10 han fallecido. En la mayoría de los casos, las muertes se deben a colisiones entre manifestantes y vehículos.

Más de 40 detenidos en París

MOSCÚ (Sputnik) — Al menos 42 personas fueron detenidas en París durante la protesta de 'chalecos amarillos', informó el canal BFMTV citando a la policía.

Por su parte, un corresponsal de Sputnik informó desde el lugar de los hechos que la policía usó gas lacrimógeno y un cañón de agua para dispersar a los manifestantes.

Francia vive desde mediados de noviembre una oleada de protestas de los llamados 'chalecos amarillos'.

Los manifestantes, que visten chalecos amarillos fluorescentes, protestaban en un principio por el alza en los precios de los combustibles y los impuestos relacionados, pero luego sus reivindicaciones se extendieron a otras demandas sociales y políticas, incluyendo las exigencias de que el presidente galo, Emmanuel Macron, presente la renuncia.

Las manifestaciones han derivado en enfrentamientos con las fuerzas del orden, destrucción de edificios y automóviles, saqueos y otros hechos violentos.

Análisis: Choque de globalistas contra nacionalistas: Brexit, chalecos amarillos, fin de Merkel

Alfredo Jalife-Rahme

Sería un grave error de juicio sucumbir al simplismo taxonómico de la caduca dicotomía de izquierda vs. derecha de hace 230 años, cuando lo que el caos europeo refleja es una genuina batalla entre globalistas, de capa caída, y nacionalistas, en ascenso.

Más allá del masivo voto rural en el Reino Unido a favor del Brexit, muy similar a la revuelta rural de los 'Red Necks' del trumpismo en EEUU, en sus dos ejes del 'Cinturón bíblico' y del 'Cinturón Industrial ('Rust Belt'), existen razones geopolíticas por las que un segundo referéndum sobre el Brexit —que vociferan los globalistas, como su portavoz The Economist— no sería aceptable para la mayoría de votantes del Reino Unido ni de la primera ministra atribulada del Partido Conservador, Theresa May.

Son cuatro los factores geopolíticos que abonan el terreno a favor del Brexit:

  1. Las maniobras subrepticias de la 'Pérfida Albión' con China, cuando la 'City' desea convertirse en una de las principales plazas globales para la internacionalización del yuan chino.
  2. Rechazo del Reino Unido a una Unión Europea dominada por Alemania, a la que venció en dos guerras mundiales.
  3. Apoyo conspicuo de Trump.
  4. El poderío del Reino Unido en la Commonwealth de 53 países, que incluyen a la esfera anglófona y países excolonizados en África y Asia.

Después de haber sido vapuleada la 'premier' May en la Cámara de los Comunes con el rechazo de su acuerdo con la Unión Europea, inaceptable para el nacionalismo británico, ahora busca posponer la fecha fatídica del 29 de marzo, de acuerdo al artículo 50 de la Unión Europea, para una salida decorosa. Y así esperar el resultado de las elecciones del Parlamento Europeo en mayo, donde las proyecciones vaticinan el triunfo del nacionalismo europeo —descalificado como 'populista' por los globalistas, encabezados por la dupla de la banca Rothschild/Soros y sus palafreneros en los cuatro rincones del mundo—.

Un triunfo del nacionalismo europeo fortalecería las demandas —por no decir exigencias— británicas en sus negociaciones con Bruselas que, al corte de caja de hoy, no le dejó mucho margen de maniobra debido a la dureza del eje Macron-Merkel, que tampoco anda muy sólido que se diga.

El rechazo al 'voto de censura', instrumentado por el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, era más que esperado y fue más que nada teatral, ya que ni a los conservadores ni a los laboristas les conviene en estos momentos una elección. Preferirán esperar tranquilos los resultados de las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que el medio alemán Der Spiegel adelanta será un triunfo del nacionalismo europeo, motivado por su rechazo al oleaje migratorio del norte de África y Oriente Medio, curiosamente fomentado por las guerras de las tres principales potencias bélicas de la OTAN: EEUU, Francia y el Reino Unido.

​Una cosa es rechazar el acuerdo que había conseguido la primera ministra May con Bruselas —humillante a juicio de tirios y troyanos—, y otra es defenestrarla del poder. Esto en última instancia obliga a que la 'premier' busque un plan B de salida de la UE más acorde a los intereses locales, regionales y globales de la 'Pérfida Albión'.

Se han colocado sobre la mesa dos posturas que parecieran irreconciliables: un Brexit sin acuerdo con la UE con todas las consecuencias caóticas que de ello se deriven; y, en segundo lugar, un acuerdo para una salida decorosa y honrosa del Brexit de Europa, en la que Gran Bretaña busca sacar el mayor partido frente al debilitamiento del eje Francia/Alemania.

En forma coincidente, el eje Macron-Merkel empieza a mostrar sus vulnerabilidades globalistas frente al ascenso nacionalista, en este caso rural, de los 'chalecos amarillos', que van ya por su novena semana de 'fronda', sin horizonte de solución, mientras que en Alemania se inicia el fin de la era Merkel. La canciller alemana abusó de su poder geoeconómico y soslayó que la geopolítica y el nacionalismo europeo han retornado más fuertes que nunca.

Tanto en Bruselas, la capital nominal de la Unión Europea, como en las tres principales capitales europeas en pleno caos —Londres, París y Berlín— deben estar pendientes de su otrora paraguas nuclear, que supuestamente provee la OTAN cuando un antiglobalista a carta cabal, el presidente de EEUU, Donald Trump, ha insistido en retirarse de la Alianza Atlántica, como amenazó en la cumbre de julio pasado.

The New York Times, un diario anti-Trump muy vinculado a los intereses de George Soros, los Clinton y Obama, filtra que el controvertido presidente no oculta su deseo de retirarse de la OTAN. No es un asunto menor cuando, tanto Trump, por un lado, como Macron y Merkel, por el otro, han proferido e intercambiado frases altisonantes que no son precisamente las que utilizan los supuestos aliados.

Ya de por sí, a nivel trascendental, el caos desde Londres, pasando por París hasta Berlín, pone en tela de juicio todo el proyecto creativo de la Unión Europea que hoy vive embates centrífugos en el interior que la pueden llevar a su implosión.

El Viejo Continente exhibe una crisis existencial debido al ocaso de la canciller Merkel y a la angustia por el devenir del INF (Tratado de Eliminación de Misiles de Corto y Medio Alcance), del que pretende renegar Trump y que deja a Europa en la orfandad de su paraguas nuclear.

La canciller Merkel fue sacudida por los embates electorales del neonacionalismo del partido antimigrante AfD (Alternativa para Alemania).

En el marco de un debate sobre las 'tensiones' entre la globalización y la soberanía nacional, en una conferencia de la Fundación Konrad Adenauer de Berlín, la canciller Merkel sentenció que "las naciones-Estado deben hoy estar preparadas para ceder su soberanía". Grave problema: muchos países europeos no están dispuestos a ceder su soberanía; más bien todo lo contrario.

Según Merkel, la confianza y la voluntad para el compromiso son vitales para resolver las "tensiones entre soberanía y globalización".

En una clara alusión a los populistas, comentó que "el pueblo está constituido por individuos que viven en un país, no son un grupo que se defina como el pueblo alemán", en el caso específico teutón, y se sumó a la controvertida definición del presidente galo, Emmanuel Macron, quien proclamó que "el patriotismo es el opuesto exacto del nacionalismo, ya que el nacionalismo es traición (sic)".

Cuesta trabajo entender qué tiene que ver el "patriotismo" con el "nacionalismo", y menos asimilar la razón por la cual el "nacionalismo es traición",aunque no cuesta nada entender el motivo por el cual Macron, anterior empleado de la banca globalista Rothschild, se encuentra a niveles tan bajos de aceptación en Francia y enfrenta la revuelta de los 'chalecos amarillos', quienes lo acusan de ser "un nuevo Luis XVI" digno de ser guillotinado.

Al unísono de Alemania, Macron exhortó a formar un ejército genuinamente europeo con el fin de confrontar a EEUU (sic), Rusia y China.

¿Está vinculado el exitoso desenlace semántico de uno de los cuatro adjetivos esbozados —globalismo/ patriotismo/ populismo/ nacionalismo— al triunfo geoestratégico de una de las cuatro superpotencias: la Unión Europea, EEUU, Rusia y China?

Sin tomar en cuenta el reagrupamiento nacionalista de Italia, Polonia y Hungría —mientras se despliega en todo su resplandor el paraguas de la OTAN—, no es lo mismo una querella normal y anodina entre los miembros de la Unión Europea que los pleitos internos incoercibles de globalistas contra nacionalistas bajo las amenazas de un presidente jingoista como Trump, que no desea saber nada del globalismo del presidente galo Macron, y menos de la canciller Merkel, exaliada de Obama, quien ha querido llenar el vacío globalista que deja EEUU.

Dígase lo que se diga, se desprende el choque entre globalistas y nacionalistas, que está fracturando a Europa.

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