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El exilio del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en Bruselasamenaza con provocar una grave crisis diplomática entre España y Bélgica, el único país de la UE que se ha mostrado comprensivo con los secesionistas catalanes. El viceprimer ministro belga y responsable de Interior, el nacionalista flamenco Jan Jambon, del partido N-VA, ha vuelto a arremeter este domingo contra el Gobierno de Mariano Rajoy por su gestión de la crisis catalana y ha criticado la prisión provisional para Oriol Junqueras y los otros siete exconsellers en España.

"Cuando la policía va a golpear a la gente (en referencia al 1-O), uno se plantea toda una serie de cuestiones. Cuando el Estado español encarcela a dos líderes de opinión, yo me planteo interrogantes. Y ahora tenemos que el Gobierno español va a actuar en lugar de un gobierno elegido democráticamente, cuyos miembros han sido enviados a prisión... ¿Qué han hecho mal? Simplemente aplicar el mandato recibido de sus electores. Por eso, yo me planteo muchas cuestiones", ha dicho Jambon en una entrevista a la cadena flamenca VTM.

El viceprimer ministro belga ha arremetido también contra la UE por ponerse del lado de Rajoy frente a los secesionistas. "Me pregunto a qué espera Europa para pronunciarse. Si ocurriera lo mismo en Polonia o en Hungría, creo que habría otras reacciones", ha subrayado Jambon. Sus críticas se suman a las que han vertido contra España en los últimos días otros dirigentes de la N-VA, como el presidente de Flandes, Geert Bourgeois, o el líder del partido, Bart de Wever.

El primer ministro belga, el liberal valón Charles Michel, guarda silencio este domingo. Durante la semana trató de desmarcarse de Puigdemont y aseguró que se le trataría igual que a cualquier otro ciudadano europeo. Pero la supervivencia de su Gobierno depende de sus socios de la N-VA y la tensión está en máximos.

También ha atacado a Rajoy este domingo el presidente de los socialistas valones y ex primer ministro, Elio di Rupo. "Puigdemont ha abusado de su posición, pero Rajoy se comporta como un franquista autoritario", ha escrito en su cuenta de Twitter. "Hay que encontrar el camino hacia una España más federal", sostiene Di Rupo.

La cooperación entre España y Bélgica, en riesgo

A todas las críticas de Bélgica, y en particular a Jambon, ha contestado el líder del PP en la Eurocámara, Esteban González Pons, que alerta de que está en riesgo la cooperación entre España y Bélgica. "El señor Jambon parece no entender que en una democracia como la española funciona la separación de poderes: ha sido la justicia, y no el Gobierno, la que ha decidido el ingreso en prisión de los ex consejeros del gobierno catalán”, ha dicho en un comunicado.

"Estas decisiones no socavan el Estado de derecho sino que se han tomado precisamente para restaurarlo”, subraya González Pons. “Siendo el señor Jambon ministro de un Gobierno de un Estado miembro de la UE, debería respetar y confiar en la justicia española. No hay absolutamente ningún motivo para lo contrario”, ha añadido.

“Estas declaraciones son irresponsables y peligrosas para mantener la necesaria cooperación entre los Estados de la UE. Uno de los principios fundacionales de la UE es la confianza mutua entre los Estados miembros, y si el ministro Jambon duda de la imparcialidad y el respeto a la legalidad de la justicia española, sin duda tiene un problema de percepción de las democracias en Europa”, ha criticado el portavoz del PP.

Además, ha tachado a la N-VA de fuerza "nacionalista, antieuropeísta y contraria a los valores de la UE". “Este partido al que pertenece el señor Jambon tiene un acreditado historial xenófobo, en contra de la igualdad entre las personas, y también de rechazo a los inmigrantes, entre otras características. Por tanto sería deseable que no diese lecciones a una democracia como la española en la que se respetan los derechos de las personas, se cumple la ley y se cumplen todos los estándares de un estado de derecho moderno”, ha zanjado González Pons.

El juez decreta libertad vigilada en Bruselas para Puigdemont y los 'exconsellers'

El juez de instrucción belga encargado de tramitar las euroórdenes emitidas por España ha decretado este domingo libertad con condiciones para el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y los cuatro exconsellers que le acompañan en su exilio en Bélgica.

Las condiciones son tres. No pueden abandonar el territorio belga hasta que se resuelva la orden de detención enviada por la Audiencia Nacional, salvo que lo autorice el juez de instrucción. Además, deberán comunicar un domicilio fijo en Bruselas y tienen la obligación de presentarse en persona cada vez que se les cite, según ha informado la Fiscalía de Bruselas en un comunicado.

El juez ha adoptado esta decisión, tras escuchar a los cinco políticos, por considerar que no hay un riesgo de fuga que justifique la prisión provisional que había pedido la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela. La propia Fiscalía de Bruselas propuso la libertad provisional para Puigdemont y sus acompañantes. Contra esta decisión no cabe recurso.

Se produce así la paradoja de que el exvicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y los exconsellers que se quedaron en España se encuentran en prisión sin fianza, salvo Santi Vila. En contraste, Puigdemont y los exconsellers que huyeron a Bélgica estarán en libertad mientras se tramita la orden de detención y entrega cursada por España. Es decir, al menos durante los próximos 60 días.

Eso significa que podrán hacer campaña en Bélgica para las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. El PDeCAT ha propuesto este domingo al expresidente catalán como candidato y presiona para que haya una lista única de partidos secesionistas. Puigdemont anunció el viernes en una entrevista a la cadena RTBF que está disponible.

Entrega voluntaria y 14 horas detenidos

Este domingo, Puigdemont y sus exconsellers -Antoni Comín, que ocupaba la cartera de Sanidad; Clara Ponsatí, de Educación; Lluís Puig, de Cultura; y Meritxell Serret, de Agricultura- han estado detenidos en la Fiscalía de Bruselas durante más de 14 horas.

A las 9:17 de la mañana se personaron voluntariamente en una comisaría de la Policía belga en en centro de la capital. Les acompañaba su abogado, Paul Bekaert, asesor histórico de los miembros de ETA huidos a Bélgica. La entrega había sido pactada por los abogados con la Fiscalía de Bruselas. Desde allí se les ha trasladado a la Fiscalía, donde han comparecido durante toda la tarde ante el juez de instrucción. Han elegido el neerlandés como lengua de procedimiento, pese a que ninguno de ellos lo habla ni lo entiende. Un guiño a los nacionalistas flamencos que les apoyan.

La decisión del juez de instrucción de dejarles en libertad se ha retrasado hasta última hora de la noche. El primero en abandonar la Fiscalía de Bruselas, a las 23:30 de la noche, era precisamente Bekaert, que no se ha parado a hablar con la prensa, aunque ha confirmado la libertad para los cinco políticos catalanes. Poco después salía una gran furgoneta blanca con los cristales tintados en la que viajaban Puigdemont y los exconsellers, que tampoco han hecho declaraciones.

El portavoz de Puigdemont en Bruselas, Aleix Sarri, se ha felicitado en su cuenta de Twitter de la libertad vigilada para los cinco miembros de lo que él considera "Gobierno legítimo" de Cataluña. Y ha elogiado a la justicia belga por lo que considera una "lección" para España. "Qué lección Bélgica, qué lección!", ha escrito. Posteriormente ha borrado el tuit.

Una tramitación difícil para la euroorden

El expresidente de la Generalitat ya ha dejado claro que se opondrá a la euroorden hasta el final. Alega que en España no se respetan sus derechos fundamentales, en particular el derecho a un juicio justo. Para ello ha contratado a Bekaert, que ya ha conseguido tumbar varias peticiones de entrega de España que afectaban a miembros de ETA.

A partir de ahora comienza el complejo periodo de tramitiación de la euroorden, que se enfrenta a una navegación difícil en Bélgica. La próxima etapa del procedimiento es la comparecencia de Puigdemont y los exconsellers ante la Cámara del Consejo, la primera instancia judicial, que tomará una decisión sobre la entrega en un plazo de 15 días.

Tanto la Fiscalía como el propio Puigdemont pueden presentar recurso contra este fallo ante la Sala de Acusación, la segunda instancia judicial para la euroorden en Bélgica. Ésta dispondrá de otros 15 días para emitir su dictamen. Es decir, habría una decisión en segunda instancia para principios de diciembre. Contra este fallo todavía cabe recurso de casación, que puede alargar aún más los plazos. El límite son los 60 días que marca la legislación de la UE, que en casos extraordinarios puede ampliarse hasta 90 días.

Fuente: El Español

La mano que mece el exilio de Puigdemont: xenófobos y un abogado de etarras

El apoyo explícito a Puigdemont por parte del nacionalismo flamenco, socio del Gobierno belga de coalición, complica el panorama político tras la huida del expresident, asesorado por un abogado experto en retrasar extradiciones a España.

El domingo pasado, cuando Carles Puigdemont emprendía su discreta huida a Bélgica, el secretario de Estado de Inmigración, el flamenco Theo Francken, ofreció asilo político al expresident en una radio. La declaración pareció una salida de pata de banco, y Francken fue reconvenido públicamente por su primer ministro, Charles Michel, cabeza de un heterogéneo y débil Gobierno de coalición.

Aquellas palabras fueron todo menos un exabrupto: la aventura belga de Puigdemont es un plan hábilmente urdido por el separatismo catalán y el flamenco para, por un lado, mantener el desafío soberanista en España y, por otro, reforzar el discurso autonomista en un país permanentemente al borde de la ingobernabilidad. (Flandes y Valonia, las regiones en las que junto a Bruselas está dividida Bélgica administrativamente, mantienen una complicadísima relación que se remonta a sus orígenes como país, en el siglo XIX).

El partido de Francken, la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), formación ‘hermana’ de CiU y ahora del PDeCAT, es el máximo representante del separatismo flamenco en este siglo y convenció durante las últimas semanas a Puigdemont de que Bélgica podía ser un territorio idóneo para mantener vivo el ‘procés’ tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el procesamiento de los dirigentes nacionalistas por sedición.

Un vínculo de décadas

El vínculo entre el nacionalista flamenco y el catalán es longevo e íntimo: desde los tiempos de la formación de la que se escindió, Volksunie, es habitual la colaboración entre ambos movimientos y la invitación cruzada a sus actos y eventos. Por poner un ejemplo gráfico, la N-VA envió incluso “observadores” al referéndum ilegal del 1 de octubre: “Mi partido apoya el derecho de autodeterminación”, afirmó ese día su representante Peter Luykx, “y es una pena que el Gobierno español no haya elegido el diálogo político y se agarre a argumentos jurídicos para evitar el referéndum”. Otra estampa, aún más gráfica: diputados de la N-VA colgaron el pasado día 4 de octubre una 'estelada' en los pasillos del Parlamento belga para mostrar su “solidaridad” con el soberanismo catalán (ante el fuerte enfado de numerosos parlamentarios).

El catalanismo político despierta muchas simpatías en Flandes, un territorio en cuyo imaginario colectivo permanecen aún los desmanes del Duque de Alba al frente de los tercios españoles en el siglo XVI. “Mucha gente ve el proceso en Cataluña como una lucha justificada”, afirma a EL ESPAÑOL Wim Zwaenepoel, docente en varias universidades y experto en comunicación intercultural: “Tienen reclamaciones parecidas sobre el ‘nosotros pagamos y el sur se aprovecha’”.

Con el 32% de los votos de Flandes, la N-VA encabeza el pujante nacionalismo flamenco (cuyo ala más extremo, el Vlaams Belang, con el 5,5% de los sufragios, es un partido con tintes racistas y fuerte discurso antiimigración, en sintonía con el Frente Nacional francés). Antimonárquica y partidaria de un modelo confederal extremo, de plena autonomía fiscal, la corriente más radical de la N-VA propugna la independencia de Bélgica. “Antes se movían más por una cuestión de identidad nacional. Hoy en día su nacionalismo es tan económico como el de la Liga Norte en Italia”, señala Zwaenepoel.

'Liberación'

El trato que está dando la prensa flamenca a este asunto es completamente diferente al de la prensa valona (francófona) en un país con graves problemas políticos. En Bélgica apenas hay medios de comunicación nacionales: en Valonia el neerlandés apenas se entiende, y en Flandes el francés es menos que residual. En este último territorio está muy extendida la teoría de que las culpas del conflicto corresponden en gran medida a Mariano Rajoy, como cabeza de un Estado opresor: no hay territorio en Europa, con la excepción de Escocia, que dé más pábulo al deseo ‘liberador’ de los nacionalistas catalanes. (En Francia, por ejemplo, causa perplejidad el rol belga en este conflicto español).

Aunque la N-VA, integrante del Gobierno federal, no se ha atrevido hasta ahora a reconocer la presunta república catalana (un hecho que rompería el frágil Gobierno de un país que llegó a estar 541 días sin Gobierno en 2010 y 2011), la estrategia alumbrada entre el expresident y el nacionalismo flamenco en el país con más simpatía procatalana de Europa (y en la ciudad de la Comisión Europea) es menos “demente” de lo que pareció en un primer momento, como reconocen fuentes oficiales a EL ESPAÑOL.

La guinda del pastel es la contratación del célebre Paul Bekaert, un abogado de izquierdas experto en defender terroristas que dice “no fiarse un pelo de la Justicia española” y dirige la estrategia legal de Puigdemont: un recurso eficaz para asegurar que la orden de arresto europeo dictada por la Justicia española no tenga eficacia antes del año próximo y permita celebrar las elecciones autonómicas en un contexto de mayor victimismo.

Desconfianza belga

Los tribunales belgas han mostrado tradicionalmente una gran desconfianza hacia la vigencia del Estado de Derecho en España (una actitud insólita entre dos socios de la Unión Europea). Bélgica fue el único país europeo que no colaboró con la entrega de etarras tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, en 1997, y tiene una larguísima tradición de resistencia a la extradición de terroristas, entre cuyos hitos (protagonizados en persona por el letrado Bekaert) figuran la excarcelación de los presuntos etarras Luis Moreno Ramago y Raquel García Aranz en 1993 o haber evitado en 2013 la extradicióna España de la pistolera del ‘Comando Vizcaya’ Natividad Jáuregui, ‘Pepona’, sospechosa de haber asesinado a bocajarro en 1981 al teniente coronel Ramón Romeo.

Entre 1984 y 2005 no se aprobó ninguna extradición de Bélgica a España, a pesar del principio de confianza mutua que sostiene el espacio europeo sin fronteras. Varios profesores de Derecho Internacional vienen escribiendo en la prensa belga últimamente que en estos momentos la estrategia flamenca no tiene demasiadas herramientas para sustraerse a la orden de detención de Puigdemont, pero sí para demorar la entrega del acusado. Como dice un diplomático español, “con los precedentes sobre ETA, y con la cercanía de la Comisión Europea, sería estúpido negar que es mucho más fácil montar un circo en Bélgica que en otro sitio. El Gobierno belga no puede meter a Puigdemont en un avión a Madrid así como así”.

Si Puigdemont decidiese cursar una petición de asilo político, la autoridad belga competente para tramitar la petición de asilo sería el Comisionado General de Refugiados y Apátridas, un órgano independiente que no depende ni del Ministerio de Interior ni del de Justicia. Philippe De Bruycker, profesor de Derecho Europeo de la Inmigración y Asilo en la Universidad Libre de Bruselas, recordó recientemente en televisión que la concesión del asilo a un ciudadano de un Estado miembro de la UE por otro Estado miembro no es en principio admisible. Y que si, excepcionalmente, un Estado decidiese hacerlo, debería informar inmediatamente al Consejo Europeo: “Sería una decisión política con graves consecuencias”, advirtió.

"Cerca de tu gente"

Diversos columnistas, incluso próximos al nacionalismo flamenco, afirman que Puigdemont ha ido demasiado lejos y debería estar en España con sus votantes. Kris Peeters, ex presidente regional de Flandes y ahora miembro del Gobierno, afirmó esta semana que “cuando declaras la independencia, es mejor quedarte cerca de tu gente”.

“Va a haber un gran lío en el Gobierno [belga] entre los partidarios del sí a la entrega (democristianos o liberales) y del no (los nacionalistas), que tiene la potencialidad de convertirse en un conflicto grave entre Bélgica y España”, señala a este periódico Zwaenepoel. “Con la particularidad de que hablamos de un delito bastante nuevo, de tipo político. Yo temo que nada de esto es casualidad: se trata de algo planificado, con una agenda política oculta. Si los nacionalistas logran escalar el conflicto y generalizar el discurso de los ‘presos políticos’, van a intentar sacar tajada. Tienen dos o tres meses garantizados de follón, y las elecciones en Bélgica son el año próximo”.

Visto con perspectiva, resulta sorprendente que el primer ministro belga, Michel, fuese el primer mandatario europeo en tuitear sobre la “violencia” del 1 de octubre, comprando el discurso separatista y separándose del libreto europeo. Su postura generó disensiones internas en un Ejecutivo inestable, donde influyen poderosamente las presiones de la N-VA (cuyo líder, Bart De Wever, alcalde de la rica Amberes, tiene fama de ser el hombre más poderoso del país: el hombre que llamó a Puigdemont “amigo” y afirmó que “siempre será bienvenido en esta ciudad”).

La presencia de Paul Bekaert robustece notablemente las pretensiones flamencas y catalanistas de eternizar la situación. Con defendidos en su haber que van desde espías cubanos a terroristas chechenos y kurdos, autodenominado “experto en derechos humanos”, el letrado repite que “todavía no se han librado de Puigdemont en España” y que “si lo detienen lo convertirán en un mártir”. Socio del abogado ‘abertzale’ Iñigo Iruin, Bekaert fue una piedra en el zapato de la Audiencia Nacional española durante lustros, hasta que la legislación europea obligó a las repatriaciones instantáneas en casos de terrorismo.

El recuerdo de Legrelle

Los nacionalistas flamencos suelen esgrimir un nombre para justificar su negativa a colaborar judicialmente con España: León Degrelle, belga francófono, fundador del Partido Rexista (un movimiento de corte fascista) en 1930. Tras la invasión de Bélgica por Alemania en la Segunda Guerra Mundial, Legrelle colaboró con la ocupación nazi. Después huyó a Noruega y de allí en avión hasta España, donde la dictadura de Francisco Franco le dio cobijo (y donde vivió 39 años, hasta su muerte). El episodio, del que han pasado ya cuatro décadas, ha sido aprovechado ahora por sectores radicales del nacionalismo flamenco para acusar a España de “hipocresía”.

Mientras tanto, el paso de los días y la clarificación de la estrategia nacionalista va abriendo un conflicto en Bélgica de consecuencias imprevisibles. “Encerrar a líderes democráticamente elegidos es ir demasiado lejos”, afirmó el jueves el presidente regional de Flandes, Geert Bourgeois, en otra muestra de apoyo público a Puigdemont y sus exconsejeros. Por primera vez, salió a responderle el exprimer ministro Elio di Rupo, hoy líder de los socialistas: “¿Es competencia del presidente de Flandes intervenir para juzgar públicamente un procedimiento judicial en curso en España?".

El primer ministro ha dado instrucciones a sus ministros de que no echen gasolina al fuego con más declaraciones públicas sobre el asunto catalán, pero tanto su debilidad original (su partido fue el quinto más votado en 2014 y accedió a la presidencia por la atomización del electorado) como el temor a que un problema foráneo termine con un Ejecutivo sostenido con muchos esfuerzos durante tres años le resta autoridad. El problema crece: “La N-VA, en la cuerda floja: la coalición forzada a hacer funambulismo”, titulaba el viernes el diario belga Le Soir su crónica de la crisis imprevista.

Justicia y represión

Si el encarcelamiento de los exconsellers catalanes y Oriol Junqueras ha sido interpretada como políticamente inconveniente en España, en Bélgica desde luego ha reforzado el discurso victimista del separatismo. “Ahora se habla mucho de la vergüenza la represión de Madrid, etc., que ahora Europa no puede quedarse ciega”, concluye el profesor Zwaenepoel. “Y el resto del Gobierno se acoge al silencio”.

El reputado politólogo y profesor Hendrik Vos publicaba este viernes un artículo en el que negaba estar seguro al 100% de la futura extradición de Puigdemont a España, basándose en futuras revisiones del caso y en posibles excepciones belgas a la aplicación de las órdenes europeas de detención. “En algún momento”, escríbía, “el Gobierno tendrá que elegir (aunque la orden de detención sea un tema jurídico) entre extraditar a un amigo de De Wever o sufrir una colisión tremenda con España”. La partida belga de Puigdemont, en realidad, acaba de empezar, y puede acabar con otra crisis política en el corazón de la Unión Europea.

El Gobierno sigue sin llamar a consultas a nuestro embajador…

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