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El fiscal general de Venezuela, Tareck William Saab, rechaza el plan injerencista de algunos países de la región para derrocar al Gobierno de Caracas.

“La receta de Libia, Siria y Ucrania fue licuada y se la quisieron aplicar a Venezuela, pero Venezuela no está aislada”, ha declarado este jueves William Saab ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), donde ha rechazado además todo acto de invasión militar del país caribeño por fuerzas exteriores.

Las declaraciones del fiscal general son una respuesta a las amenazas del presidente de EE.UU., Donald Trump, quien advirtió el viernes pasado a Caracas de que Washington tiene muchas opciones para Venezuela, incluida una “posible opción militar, si fuese necesaria”.

Con el inicio de la actual crisis venezolana, hace casi más de dos meses, ciertos países de la región han defendido junto con EE.UU. la intensificación de las protestas violentas de la oposición al Gobierno de Caracas contra la convocatoria e instalación de la ANC para acabar con la violencia en el país y establecer la paz en le país.

En otra parte de sus declaraciones, Saab se ha referido al caso de su antecesora, Luisa Ortega Díaz, y la ha considerado responsable de todas las muertes acaecidas durante las últimas protestas violentas.

“La considero (Luisa Ortega Díaz) la autora intelectual de cada uno de los muertos que se produjeron a partir del 1 de abril”, ha sentenciado Saab, para luego asegurar que la declaración de Luisa Ortega del 31 de marzo impulsó una guerra civil y una intervención militar en el país sudamericano.

Asimismo, ha afirmado que cada declaración de Ortega Díaz fue premeditada y que, a partir de su salida del cargo, la Fiscalía General “ya no está para la impunidad”.

Cabe recordar que a finales de junio pasado el TSJ ordenó congelar todas las cuentas bancarias de Ortega Díaz y le prohibió salir del país.

Ortega, una acérrima chavista, se distanció del presidente Nicolás Maduro tras los fallos del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) contra la Asamblea Nacional (AN), de mayoría opositora. La brecha se acentuó en mayo, después de que la fiscal general pidiera la nulidad de la ANC al considerar que no es potestad del Ejecutivo convocar ese proceso sin previa consulta en referendo.

Análisis: La gira de Mike Pence y la desesperación por destruir a Venezuela

Redacción Misión Verdad

La primera gira del Vicepresidente estadounidense Mike Pence en América Latina tiene consigo un discurso central: Venezuela, y la alineación de sus recursos en favor de producir un giro en el poder político del país.

Relegadas han quedado las razones habituales que justifican las giras de quienes han ocupado la segunda silla de la Casa Blanca, que normalmente apuntan a las relaciones entre EEUU y los países visitados. La primera línea en la narrativa de Pence y el primer lugar en importancia política, apuntan a Venezuela en medio del más inédito momento de la política entre EEUU y Venezuela, signado por amenazas militares contra la nación caribeña, a cargo del presidente norteamericano Donald Trump.

Los objetivos de la gira

Desde Colombia, Mike Pence se ha estado refiriendo a la situación política que atraviesa Venezuela y dijo que su país seguirá apoyando elecciones libres en el hemisferio occidental “hasta que se restaure la democracia para el pueblo venezolano”.

Sugirió, además, la línea de la estrategia de la Casa Blanca para la región: “Venezuela se desliza hacia una dictadura, y como ha dicho el presidente Trump, Estados Unidos no se quedará parado mientras Venezuela se desmorona”, dijo Pence desde Cartagena, Colombia. “Estados Unidos, Colombia y las naciones libres de América Latina no callarán”, agregó este domingo.

En esa dirección, el gobierno norteamericano al declarar al Estado venezolano como una instancia forajida y dictatorial, infiere el desarrollo de una línea discursiva que apunta argumentos que legitiman una eventual intervención contra Venezuela.

De hecho, parece que Pence -como ya han hecho otros políticos visibles en Norteamérica como Marco Rubio y Bob Menendez-, están manufacturando consensos en la sociedad estadounidense al colocar a Venezuela como un país en total colapso, que significa un riesgo para la sociedad norteamericana: “Un Estado fallido en Venezuela amenaza la seguridad y la prosperidad de todo nuestro hemisferio y del pueblo de los Estados Unidos de América”, señaló Pence en Colombia.

El vicepresidente gringo visita América Latina con el fin de ratificar y darle cuerpo a la Declaración de Lima, una carta de navegación política emanada de EEUU contra Venezuela. Se trata del punto de inflexión en el que un grupo de cancilleres y países alineados a EEUU consagran una conjura, un cerco y asfixia contra Venezuela intentando consolidar espacios de aislamiento, que no fueron posibles mediante sanciones como la aplicación de la Carta Democrática Interamericana en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Importantes discrepancias

Las visitas de Pence a Colombia, Argentina y Chile han tenido también una posición clara por parte de los mandatarios de esos países sobre la opción militar contra Venezuela. Desde Santos a Macri, han reconocido que la acción militar no sólo complicaría la situación de Venezuela, sino que además colocaría a la región entera en un ciclo de gran inestabilidad y amenaza bélica. Una verdadera amenaza a la seguridad del hemisferio.

Los distanciamientos a la amenaza militar de Trump no implican un cese del asedio político de esos países contra Venezuela. Más bien, parten del sentido común sobre cómo de evitar ver las barbas del vecino arder, para no poner las de ellos en remojo. El efecto dominó con antecedentes ya vistos en Medio Oriente y el norte de África de los últimos tres lustros.

La gira como acto de desesperación

El apersonamiento de Pence en América Latina es la continuación de una agenda que había estado relegada a actores aspiracionales y de segundo orden, como Marco Rubio. Da cuenta de un sentido de emergencia por parte de EEUU en el propósito de propiciar la caída del chavismo en Venezuela, ante señales evidentes de su reanimación y consolidación.

Los factores políticos del antichavismo, -que hasta hace poco se enmarcaron en una escalada violenta e intento de golpe de Estado- agrupados en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), han dado al traste con la matriz de la “dictadura” al sumarse al proceso de elecciones regionales, desmoronando además la supuesta falta de legitimidad y transparencia del Consejo Nacional Electoral (CNE) en Venezuela y, además, el flojo argumento de la falta de elecciones en el país.

El cese progresivo del ciclo violento infiere una baja en los niveles de inestabilidad y tensión en Venezuela, y esa es una mala noticia para los factores que esperan una caída abrupta del chavismo. El caos es su agenda.

Por otro lado, el ascenso de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) supone un reposicionamiento del chavismo en la política venezolana, luego de que fuera insistentemente declarado inexistente o inhabilitado para regir.

En el frente externo, vale la pena subrayar los sucesivos y fracasados intentos desde la OEA en producir un tambaleo en las estructuras de poder de Venezuela. Mientras que desde otras instancias, los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) continúan sumamente cohesionados en una postura francamente antiintervencionista.

Tampoco dejan de ser destacadas las posturas de China y Rusia, que se han colocado en posiciones tajantes frente a las amenazas militares de Trump y han defendido la soberanía de Venezuela.

El gobierno norteamericano también ha estado manejando la posibilidad de sanciones económicas directamente dirigidas contra las exportaciones petroleras venezolanas. Pero han sido instados por parte de grupos empresariales y parlamentarios a contenerlas para evitar males a la economía estadounidense, por el fuerte vínculo industrial, financiero y comercial que todavía une a EEUU con Venezuela.

Dicho de otra manera, la urgencia expresada en la gira de Pence significa la relevancia de Venezuela como un hueso duro de roer, y que los oficios desde EEUU en el marco del asedio político y económico contra el país deben tercerizarse en actores y factores vasallos en la región, demandando por parte de los países alineados en la Declaración de Lima un rol más activo contra Venezuela. Algunos, como buenos cachorros, harán caso.

Pero por otro lado la navegación política del chavismo demandará el empleo de nuevas instancias y otros actores para sortear las eventuales arremetidas que se han apreciado y que se ven anunciadas desde EEUU y otros factores regionales, quedando pendiente la neecesaria restitución de los vínculos en la región que se han fragmentado, luego del avance político de la globalización neoliberal con su determinación de caotizar Venezuela.

Análisis: Los gurúes se equivocaron: la ANC trajo la paz, no la guerra civil

Clodovaldo Hernandez

En los 4 meses de violencia solo hubo una participación masiva en las primeras semanas, luego todo corrió por cuenta del ala pirómana y del aparato mediático.

Los gurúes del análisis situacional habían pronosticado que la violencia daría una nueva vuelta de tuerca si el gobierno no abortaba la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Apocalípticos como ellos solos, preveían que con cada decisión que tomara el cuerpo deliberante (espurio, según machaban en sus «análisis») habría más manifestaciones, más trancazos, más plantones y, claro, más muertos.

Los expertos se equivocaron de banda a banda.

Tras la elección constituyente, literalmente de la noche a la mañana, llegó la paz. Se acabaron los bochinches, los cierres arbitrarios de vías, no han quemado a ningún otro ser humano, no han intentado matar policías y guardias con armas «artesanales» (¡Dios, qué injuria para la artesanía!). Agosto ha sido, hasta ahora, un remanso que ni el más optimista de los comeflores podía haber imaginado.

Y, que conste en acta, no es porque la ANC haya incumplido sus promesas. Por el contrario, llegó cortando oreja y rabo, al menos en lo que respecta al plano político. Destituyó a la fiscal general, nombró a su reemplazo, tomó posesión de una parte del Palacio Federal Legislativo, reinstaló los cuadros de Bolívar y Chávez, instaló la Comisión de la Verdad, recibió al presidente Maduro, emplazó a la Asamblea Nacional a subordinarse y, como no lo hizo, asumió parte de sus funciones. Para completar la faena, allanó la inmunidad parlamentaria de Germán Ferrer, el ex «primer caballero de la Fiscalía».

Y ninguna de esas acciones y decisiones ha provocado no digamos ya un disturbio o un trancazo, sino que ni siquiera ha sido la causa de un cacerolazo con vuvuzela.

¿Qué ocurrió?, se pregunta mucha gente, empezando por los expertos que habían vaticinado la guerra civil.

Un primer elemento que podemos considerar es el peso de los hechos del 16-J y el 30-J, que tuvieron efectos demoledores para la dirigencia y, sobre todo, para la militancia opositora. Llevándolo al terreno del boxeo, el 16-J fue como un knock down, mientras el 30-J resultó ya el nocaut fulminante.

El 16 de julio, hubo dos eventos simultáneos: el plebiscito opositor y el simulacro de las elecciones constituyentes. En esa consulta privada opositora quedó demostrado, a pesar de las infladas cifras anunciadas por una comisión de «notables» (imposibles de verificar), que la base antichavista seguía estando circunscrita a zonas de clase media y alta, con el ilusorio megáfono de los organismos internacionales y de la maquinaria mediática global. Con el simulacro, en tanto, se puso en evidencia que era cierta la frase (hasta entonces meramente propagandística) según la cual «Rondón todavía no había peleado», es decir, que el pueblo revolucionario se encontraba a la expectativa para mostrar su fuerza, para decirle al mundo que no estaba desarticulado y en fuga, como la misma maquinaria había hecho creer. Ese día, a la oposición le dieron conteo de protección.

Ambos aspectos fueron confirmados el 30 de julio, cuando, adicionalmente, se observó que una parte del sector medio (raigalmente opositor) se movilizó para votar, rechazando así las amenazas y coacciones de sus vecinos violentos, muchos de ellos con el apoyo de grupos delictivos y paramilitares. Ese día, la oposición cayó a la lona.

La dirigencia opositora, la alianza internacional antibolivariana y la maquinaria mediática (una vez más) pretendieron negar la victoria popular del 30-J. Lo hicieron endilgándole al gobierno su propia violencia y divulgando la versión de que la elección había sido poco concurrida y fraudulenta. Esa «verdad» ameritaba la tan pronosticada vuelta de tuerca de la violencia. Ante tales supuestos hechos, los anteriores cuatro meses de muerte y agresión han debido quedar pálidos. La reacción ante la tan cacareada «dictadura» debió entrar entonces en una fase definitiva. ¿O no? Pero, lejos de eso, la guarimba se desinfló en cosa de horas.

Algunos analistas, reponiéndose también del nocaut, han dicho que el tránsito de la guerra a la paz fue producto de que la dirigencia opositora hizo sus análisis verdaderos (no los que hacen ante las cámaras ni en sus redes sociales) y llegó a la conclusión de que había encajado una de las peores derrotas de su historia, lo cual es bastante decir, porque es una historia plagada de fracasos. Ellos (y ellas) saben perfectamente cuántas personas participaron realmente en su plebiscito del 16-J. También saben que en los cuatro meses de violencia solo hubo una participación masiva en las primeras semanas, y que luego todo corrió por cuenta del ala pirómana, de los delincuentes contratados y del aparato mediático (¡oootra vez!) que pretendió teñir de heroísmo las expresiones más bárbaras y demenciales que se hayan visto en estos tiempos por estos lados. Y también saben que las cifras de la elección constituyente son reales. Con semejantes datos, los llamados «moderados» (que en las épocas violentas se hacen los desentendidos por si acaso los pirómanos logran el objetivo de derrocar a la Revolución), impusieron su tesis de salvar los despojos del naufragio, procediendo de inmediato a postular candidatos para las elecciones de gobernadores.

Con el giro, los violentos quedaron como fieras cebadas, ansiosos por volver a los ritos de destrucción que les habían permitido vivir sus quince minutos de fama, reseñados en la prensa mundial como mártires de la resistencia y nuevos libertadores. Los moderados andan todavía confundidos. La misma dirigencia que les lanzó a la aventura de la más absurda violencia, la que los incitó a impedir a toda costa que sus vecinos ejercieran el derecho al voto, ahora les dice que la salida es y siempre ha sido electoral.

Los pirómanos dejaron las calles muy a su pesar y están a la espera de cualquier excusa para retomarlas (así son los vicios). Los moderados se quedaron tranquilos porque se encuentran en una especie de estado catatónico. Vaya usted a saber qué inventarán cuando salgan de esa condición clínica tan grave.

Mientras tanto, la alianza antibolivariana internacional (con el pelucón Trump, en persona, al frente) y la maquinaria mediática global hacen malabares para explicarle al mundo cómo es que la Asamblea Constituyente, que iba a desatar la guerra civil, más bien ha desatado la paz nacional.

Fuente: La Haine

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